Economía

Un país envilecido

Un país en el cual un supuesto representante del empresariado llega a declarar que “apoyarán las expropiaciones estratégicas, porque en ningún país se fortalecen los monopolios”; un país en el cual lejos de existir independencia de poderes, el Gobierno y en particular el jefe del Ejecutivo es “juez y parte”; en el cual la política económica se encuentra capturada, generándose las mayores distorsiones como política de Estado; y en el cuál el apoyo a un proyecto divisionista constituye un salvoconducto oficialista a prebendas e inclusión en políticas sociales; no es sino un país envilecido.

Un país en el cual el Ejecutivo ha asumido como sustitutos y excluyentes los objetivos de eficiencia económica y de equidad, donde el Estado lejos de proveer bienes públicos se encarga de perfeccionar una economía de puertos y un capitalismo de Estado para importar y comercializar bienes privados de consumo privado; es un país envilecido.

Un país en el cual la alternabilidad en el poder no constituye una institución para proteger a los ciudadanos, sino que por el contrario su negación constituye un objetivo per se del status quo; es un país envilecido.

Un país en el cual los proyectos púbicos de modos de transportes más rimbombantes presupuestariamente y de menor economía de densidad se llevan a cabo, es un país envilecido.

Un país en el cual al sector de proveedores de servicios de salud, así como el de las compañías de seguro se les pretende imponer una especia de obligación de servicio universal, a pesar de existir no solo un sistema de seguridad y financiamiento público sino igualmente proveedores de servicios de salud pública; es un país envilecido.

Un país en el cual el precio de la gasolina producto de un subsidio público termine siendo inferior al precio del agua, aun cuando constituye una política tremendamente regresiva; es un país envilecido.

Un país que producto de la estatización del sector eléctrico se producen fallas y cortes de suministro, instrumentándose multas e impuestos a la congestión y “reprivatizando” la generación por medio de la imposición de autogeneración privada; es un país envilecido.

Un país en el cual la violencia y las muertes violentas superan a los partes de guerra de países con conflictos armados; es un país envilecido.

Un país en el cual existe un grado de impunidad superior al 90%, es un país envilecido.

Un país en el cual usted podría conseguir productos importados no regulados en vez de productos nacionales, dado el pinzamiento de márgenes generado por los controles de precios; es un país envilecido.

Un país en el cual se expropie propiedades, se controlen precios y se destruya actividad económica, sin que exista ningún procedimiento que resguarde el interés público; es un país envilecido.

Un país en el cual el Banco Central financie la gestión pública corriente no productiva, es un país envilecido.

Un país en el cual los derechos y libertades económicas, políticas y civiles derivan de la gracia y concesión del jefe del Ejecutivo, es un país envilecido.

Entiéndase que nos referimos a un país envilecido no vil. Envilecido por una elite vil que detenta el poder, la cual ha vulnerado instituciones fundamentales para el progreso como los derechos de propiedad, la democracia, el Estado de Derecho, la independencia de poderes, la libre iniciativa y la competencia.

Economista. Master in Competition and Market Regulation. Master in Industrial Organization and Markets. Especialización en Economía de los Sectores Telecomunicaciones, Energía, Farmacéutico, Transporte, Agua y Banca. Programa Avanzado en Política de Competencia. Profesor universitario de Regulación Económica y Regulación de Competencia.

 

 

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