El Editorial

Contradicciones democráticas

La aparición de la Coordinadora Democrática en el escenario político dio como resultado, entre otros, que los sectores de oposición al régimen que encabeza Hugo Chávez Frías comenzaran a darse cuenta de la importancia de logar un consenso. Sin embargo, es necesario hacer referencia, dentro de ese contexto, a una situación que se está presentando, tímidamente en un comienzo, pero dispuesta a extenderse de no ser atajada a tiempo, en cuanto al rol que le corresponde jugar a los partidos en el proceso de recuperación democrática que reclama la inmensa mayoría de la población venezolana.

De la lectura de algunos comentarios en diferentes medios de la prensa escrita se aprecia una postura muy definida en contra de los llamados partidos tradicionales los cuales, en esa tesitura, estarían destinados al degredo y no tendrían que cumplir ningún rol en los acontecimientos por venir de continuar el enfrentamiento que luce inaplazable entre oficialismo y oposición. Para quienes así razonan, las antiguas estructuras políticas no tienen nada que buscar en las actuales circunstancias y, a lo sumo, les corresponde actuar como comparsas, sin mayores pretensiones, de una obra en la que las estrellas son las organizaciones emergentes.

No se discute que la sociedad política requiere de un acentuado proceso de renovación para desafiar acertadamente los retos que le presenta el futuro inmediato, que no es cualquier cosa. A ese respecto habría que señalar que el aporte de los partidos, de todos los partidos sin excepción, incluidos los hoy alineados dentro del oficialismo, es fundamental para que se pueda superar la profunda crisis de todo orden que desespera a toda la población venezolana en sus más diversos estratos.

Así pues, el compromiso democrático debe abarcar a todas las fuerzas políticas, tanto a las antiguas como a las recientes, porque no es posible olvidar que merced a las contribuciones de todas ellas es como se han ido creando las condiciones propicias para que la sociedad civil organizada, entre otros aportes, disfrute hoy del merecido prestigio que impulsa las acciones cívicas que, de modo recurrente, permiten otear con optimismo nuestro destino inmediato. Por ello, se hace imprescindible superar las contradicciones que en la hora presente exhiben quienes al parecer no entienden que la democracia se edifica mediante el consenso y la participación, o sea, sumando y no restando e incorporando así a la tarea común del esfuerzo constructivo a todos aquellos capaces de reconocer que la leprosería política no es exactamente el ámbito adecuado para consumar acuerdos y establecer vínculos duraderos en esa esfera.

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