El Editorial

Domingo de periodistas

El pasado domingo 27 fue día de recordar la serie de grandes figuras y de iniciativas extraordinarias. La primera figura a recordar es Andrés Bello, el caraqueño que por dos años sembró cultura y excelente redacción en la Gazeta de Caracas, así con zeta, o la idea del Libertador copiada por el ya fallecido Hugo Chávez, aquel Correo del Orinoco que nació por decisión de Simón Bolívar para difundir informaciones e ideas de libertad y democracia y no simple y sumisa propaganda de notas de prensa.

Fue nuestro siglo XIX no sólo de independencia primero y de montoneras, golpes de estado y tiranos después, sino también de magníficos periódicos y periodistas que no sólo hacían escuela de la información, sino del pensar profundo y el buen escribir. Ha sido Venezuela, bajo tiranías y democracias, con militares y civiles, país de notables emprendedores del periodismo. Un obispo, Monseñor Navarro, sucedido por Monseñor Pellín, fueron baluartes del diario que fue por décadas el auténtico decano de la prensa nacional, tristemente desaparecido por la falta de conciencia de los anunciantes, La Religión. Bajo dictaduras y en democracia aquél combativo La Esfera, la tradición de sobriedad de Andrés Mata con El Universal, la audacia política, retadora y siempre buscando lo moderno de los Otero con El Nacional, la originalidad ágil y sabrosa  del Diario de Caracas con el respaldo de Marcel Granier y el empeño de Carlos Ball, la ferocidad informativa de Últimas Noticias y la constante innovación de 2001, la larga tradición familiar de Panorama, El Carabobeño y otros grandes diarios del interior tan buenos como cualquiera del continente, además de semanarios que como Quinto Día y Las Verdades de Miguel, para sólo citar dos, forjaron lealtades empecinadas, aparte de revistas que hicieron historia como Elite, Momento y Resumen, entre otras, apenas unos pocos ejemplos de tantos ejemplos del notable periodismo venezolano, sin olvidar el campo extenso del Cojo Ilustrado o el humor ingenioso y punzante del Morrocoy Azul.

Hoy la libertad de expresión, de información y de opinión ha sido frenada, aunque no del todo detenida por la más amplia represión, y la profesión de periodista se ha hecho un oficio de alto riesgo –y sin mencionar periodistas por nombre y apellido porque son muchos los que han hecho de sus carreras ejemplos a seguir en conducta y cumplimiento.

Vaya con este editorial un fuerte abrazo solidario con los periodistas, con tantos hombres y mujeres que han dedicado sus vocaciones y empeños a informar, a difundir opiniones, a profundizar la patria día tras día.

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