El Editorial

El día después

La economía mundial, según algunos expertos, padece la crisis más severa que ha vivido la humanidad desde la Gran Depresión de los años 1929 y 1930. Nadie duda que una vez que se haya controlado la pandemia el mundo va a ser diferente. No sabemos las secuelas que el COVID-19 va a dejar en los distintos países. Ni siquiera sabemos cuándo podrán reactivarse las economías, ni en qué forma podrán reabrirse las actividades.

Hay gobernantes ansiosos por volver a la normalidad para mitigar el daño causado lo antes posibles y, hay otros que, temerosos de que una segunda oleada del virus pueda tener consecuencias mucho peores que las actuales, son renuentes a reabrir las economías.

Hay estudios científicos que generan profunda precupación y alarma, en tanto hay otros que, como el que recientemente publica la Universidad de Stanford -una de las más importantes de los EEUU y la cuarta institución de investigación médica de ese país- plantean que la tasa de letalidad del virus es mucho menor de la que se le ha atribuido, que el número real de personas infectadas y que nunca fueron diagnosticadas porque sus síntomas no lo ameritaron es mucho mayor del que se viene señalando y que el nivel de personas que ya cuentan con inmunidad debería conducir a una reactivación temprana de la economía. Sugiere además que una prolongación indebida del cese de actividades dificultaría la “inmunización del rebaño” requerida para superar el mal.

Lo cierto es que la humanidad no conoce aún las secuelas económicas, políticas y sociales que dejará el virus.

Muchos piensan que para enfrentar la pandemia los gobiernos han tenido que desempeñar un rol tan relevante que, superado el virus, inevitablemente el papel del Estado será mucho mayor que el anterior y que, en consecuencia, habrá un resurgimiento del Estado intervencionista como el que en buena medida preconizaba John Maynard Keynes.

Sin embargo, hay casos como el de Venezuela donde el fracaso del régimen ha sido tan exhaustivo, que luce imposible que la recuperación del país pueda quedar en manos de un Estado quebrado. Todo da a entender que en nuestro caso la única posibilidad de recuperación dependerá de una economía en la cual le corresponda al sector privado una participación mucho más importante y un Estado mucho menor que se concentre en sus funciones primordiales como la educación, la salud, la justicia, la seguridad y la defensa.

Nuestra recuperación necesariamente dependerá del efecto multiplicador de las inmensas inversiones que se requerirán para reactivar los distintos sectores de la economįa, incluyendo el sector industrial, el sector agrícola, el sector manufacturero, el sector servicios y el comercial. Muy particularmente se requerirán enormes recursos si se quiere recuperar la industria petrolera. No está el Estado venezolano, responsable de tanta destrucción e incapaz de generar confianza, en condiciones de contribuir a la reactivación del aparato productivo. Cualitativamente tendremos una economįa diferente, con un Estado más pequeño pero idealmente más eficiente, y un sector privado más responsable y activo.

Sin duda nuestra recuperación se dificultará por la postración en que ha caído la industria petrolera mundial, donde hay grandes reservas almacenadas después de la fuerte contracción del consumo derivada de la pandemia. Esos stocks serán los primeros en ser utilizados. Del mercado habrán salido buena parte de los productores con mayores costos y los más ineficientes (entre ellos Venezuela). Sin embargo, contando todavía con importantes reservas petroleras en el subsuelo y con una infraestructura que, aunque en muy malas condiciones aún es recuperable, la industria venezolana de los hidrocarburos podrá resurgir, pero ya no en manos del Estado.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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2 comentarios

  1. Destaco del editorial este párrafo:
    «Todo da a entender que en nuestro caso la única posibilidad de recuperación dependerá de una economía en la cual le corresponda al sector privado una participación mucho más importante y un Estado mucho menor»
    El texto en general es optimista, tal como lo expresa: «Sin embargo, contando todavía con importantes reservas petroleras en el subsuelo y con una infraestructura que, aunque en muy malas condiciones aún es recuperable, la industria venezolana de los hidrocarburos podrá resurgir, pero ya no en manos del Estado».
    Confiemos en la sabiduría y el empeño de superación de nuestros compatriotas.

  2. Me gustaría compartir el optimismo del EDITORIAL de hoy pero algunos no vemos el problema de esa manera. De entrada, el «Club» de multinacionales afincadas en Dubai, han decidido ir en la otra dirección y mi hija que por años gerencia uno de los departamentos de su empresa, ha recibido el encargo de reestructurar el organigrama de la misma en función de automatizar la producción, institucionalizar el trabajo en casa, ampliar el área operativa y de trabajo en Arabia Saudita que seguirá el camino de Dubai, donde el petróleo será para afianzar la transición hacia una economía no petrolera. y donde las corporaciones del petróleo van a entrar de lleno en el negocio hotelero, turístico, juego y entretenimientos, pensiones y hoteles para jubilados a nivel mundial, etc. En fin, preparar el camino para un mundo de negocios sin dependencia de la renta petrolera. Pero, debemos advertir que se apuesta a una muy larga permanencia de muchas formas y variedades de coronavirus y que, en gran medida se prevé una reducción de la población mundial, por lo que, llamar a la vuelta al trabajo sin protección alguna, será el gran experimento para ver si la pandemia es o no el instrumento para tal fin. Y, lo de la «vacuna», es verdad, pero vista como el negocio más importante del siglo, al menos para combatir las dos primeras modalidades del coronavirus, después ya veremos. Y del Bethesda Frankenhaus en Hamburgo ( Alemania ), mi hijo me informa que, ha vuelto a sus cirugías pediátricas dado que tienen de nuevo el control de los casos del COVID 19 y la disciplina del pueblo alemán bajo la Merkel, se cumple a rajatabla. También van a una gran reorganización sanitaria y al igual que en Medio Oriente y más lentamente en Europa y finalmente USA, la vuelta a un Estado protector, piensan que será lo que se imponga. Y ven a la empresa privada como la gran colaboradora y socia, para la creación de un nuevo orden social y económico. De hecho, la tendencia aceptada hasta por los privados es que, apenas son un engranaje más que colabora en el mantenimiento de ese nuevo «statu quo». Sin imposiciones, con cooperación y solidaridad. Al respecto, creemos que con nuestro petróleo, vamos a llegar de nuevo algo tarde, a nuestra cita con la historia de la humanidad y que, nos quedan muchos años con el coronavirus de vecino, enseñándonos nuevas formas de vida y de organización económica y social desconocidas. Estamos equivocados si queremos hacer de nuestras empresas y empresarios, los disfrazados sustitutos de la noción de Estado. Esas nociones de Estado – Nación, son incompatibles con una sociedad más austera, complicada y con menos recursos que compartir al estilo de aquella Venezuela Saudita.

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