El Editorial

¿Es Zimbabwe el camino?

En un reportaje del New York Times del 7 de febrero, Michael Wines da cuenta de la terrible situación en la que se encuentra la población de Zimbabwe. El casi perpetuo dictador de esa otrora rica (pero desigual) nación-Mugabe- ha logrado destruir la economía de ese país africano y reducir la calidad de vida de sus pobladores a su más ínfima expresión. El antiguo líder de la lucha contra los residuos de la opresión colonial, hoy, después de 27 años en el poder, con el país padeciendo una gravísima hiperinflación, pareciera que finalmente se le está resquebrajando su base de poder. Y pensar que todo ello se hizo en nombre de una sociedad nueva.

Una pregunta es pertinente: ¿Es necesario que transcurran 27 años en el poder, que la inflación llegue a tal punto que los niños no puedan ir al colegio, que la electricidad no funcione y que haya graves brotes de cólera por inadecuado tratamiento de aguas; como en Zimbabwe, para que la población se de cuenta de que ese tipo de régimen no funciona? Obviamente no, pero cuando el autoritarismo, sobre todo en sus versiones totalitarias, se solidifica en el poder, son muy difíciles los cambios.

Sea cual fuere la posición ideológica del que lea este editorial es importante que se detenga por un instante a pensar que ocurrirá en nuestro país si el aparato productivo nacional generador de bienes transables acentúa su participación declinante en el producto y lo seguimos remplazando por las importaciones. Si se confunde el auge reciente, especialmente del comercio y los servicios, con el desarrollo, y si vemos en la creciente estatización de la economía la solución de nuestros problemas. La cual sólo sería el prolegómeno para el establecimiento posterior del “socialismo del siglo XXI”.

La alta inflación que padece Venezuela combinada con el deterioro relativo en la producción doméstica de transables, tienen explicaciones conocidas: Por un lado, la elevación desmesurada del gasto fiscal y parafiscal-la base de la expansión económica de los últimos tres años-soportada por altos precios petroleros, endeudamiento y financiamiento monetario. Por el otro, el anclaje del tipo de cambio (la sobre-valuación actual se estima en más de 20% y podría llegar a más de 40% a fines de año), y los desestímulos que representan el exceso de controles y la precaria situación de los derechos de propiedad para la inversión doméstica. Continuar el mismo rumbo agravaría los problemas.

Ciertamente no estamos en una situación de hiperinflación, pero tenemos una de las inflaciones más altas del mundo, muy por encima de la del resto de América Latina. En Venezuela, a diferencia de Zimbabwe hay petróleo, pero la cuerda no se estirará indefinidamente. No se debería confiar que el maná petrolero, cuyo auge ha velado temporalmente los problemas, pueda hacer funcionar cualquier dislate.

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