El Editorial

La historia la escriben los vencedores, no los vencidos

La historia de un pueblo no es lo que ese pueblo ha vivido, sino lo qué ese pueblo recuerda y cómo lo recuerda. Bajo este axioma numerosos regímenes totalitarios han borrado los hechos y los han rescrito a su mejor conveniencia. Stalin hizo desaparecer de los textos de historia la participación de Trotsky en la revolución bolchevique. Fidel Castro hizo que se borrara la imagen de Hubert Matos en la que éste lo acompañaba en su entrada triunfal a La Habana.

En Venezuela pareciera que estamos, por lo menos, en la visión del Fiscal General de la República, rescribiendo la historia del 11 de abril. Ese día no hubo un desplazamiento voluntario de centenares de miles de personas que marcharon reclamando el autoritarismo del presidente, sino simplemente una oscura y aviesa conspiración mediante la cual la intención manifiesta era dar un golpe de estado para derrocar a Chávez.

La inmensa mayoría de las personas que marcharon nunca tuvieron, ni remotamente en su mente la idea de un golpe de estado. Los marchistas eran y son esencialmente demócratas. Nacieron o se formaron en regímenes democráticos y como lo demuestran las encuestas, no son partidarios de ningún tipo de dictaduras.

Pretender ahogar el deseo libertario de una inmensa mayoría de los venezolanos, enlodándolo con los actos posteriores al 11 de abril, es una vil manipulación de la historia. Que haya habido quienes pretendieron aprovecharse del entusiasmo democrático de las masas, es un hecho histórico que debe ser probado y si lo fuere debe ser condenado. Pero la intención aislada y desorganizada de unos pocos no puede servir de base para que se pretenda desvirtuar lo que fue el propósito de la mayoría.

En Venezuela la mayoría de los venezolanos es contraria a los golpes de estado. Eso fue la realidad en el 92 y también lo sigue siendo. Lo grave es que tengamos que vivir en un permanente maniqueísmo en el que no existen venezolanos con ideas contrarias sino sólo buenos revolucionarios y perversos opositores descalificados como escuálidos.

Un país dividido no puede funcionar, todos somos necesarios para construir una gran nación. La exclusión nunca ha sido una solución sino más bien una perversión. La historia debe reconocer y describir los hechos tal y como fueron con los posibles errores que todos hayan podido cometer y no atribuirle sólo las faltas o fallas a un sector de la sociedad . El tiempo inexorablemente saca a flote las verdades y deja al desnudo las viles manipulaciones.

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