El Editorial

La negociación no es un fin sino un camino

La mayor parte de los comentarios que se leen sobre lo que puede o no resultar de las negociaciones que se llevan a cabo, pecan de algo que se ha insertado en el alma de gran parte de los venezolanos, algo parecido a una desesperanza crónica, porque las frustraciones acumuladas a través de los años y el deseo de que ocurra algo mágico, que le ponga punto final a la pesadilla, es entendible, pero no por ello realista.

La negociación en México no va a acabar de un plumazo con el régimen, porque, si bien este tiene problemas, no ha sido derrotado. Lo que las negociaciones pueden producir, si no le vuelven a dar una patada a la mesa, es un camino que se debe transitar para iniciar una nueva forma de lucha, en la que el participar unidos con una misma tarjeta electoral es un primer paso para que la oposición enfrente al régimen en un terreno en el que quizás este no las tenga todas consigo.

Por supuesto para que tengan algún efecto positivo, se requiere que en las negociaciones se hayan aprobado algunas condiciones indispensables, entre ellas la observación -no el acompañamiento- de la comunidad internacional, la liberación de los presos políticos, la supresión de las inhabilitaciones personales y de partidos y, por supuesto, que los candidatos de oposición puedan cobijarse bajo la tarjeta unitaria.

Es obvio que eso no garantiza que el CNE va ser transparente y va a reconocer las derrotas que pudieran ocurrir a lo largo u ancho del país, pero lo que no puede evitar es que, como muestran las encuestas, haya una participación si no masiva, lo suficientemente amplia, que contraste con la paupérrima presencia popular en las primarias del PSUV y, si pretenden hacer un fraude masivo, no es descartable que ocurran situaciones parecidas a las de 1953 y los 1957, que si bien no derrocaron a la dictadura, abrieron el ánimo a una resistencia democrática activa que dio frutos en 1958.

Está claro que lo que suceda o deje de suceder en Ciudad de México ni pasará desapercibido a nivel internacional, ni mucho menos será intrascendente en la lucha por restablecer la democracia en Venezuela. Una vez que se abra un camino transitable, el cambio será inevitable. ¿Qué forma tendrá? Hoy es difícil de visualizar, pero las trágicas circunstancias que vive Venezuela, que no tienen ninguna posibilidad de mejorar si persisten las actuales circunstancias, abren una pequeña rendija para que se den condiciones para comenzar a resolver la crisis humanitaria, y quien sabe si entramos en un camino que pueda hacer viable una solución política.

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