El Editorial

Llegó la hora de soñar

Los grandes cambios en los países sólo se alcanzan cuando la mayoría de la población comienza a soñar que existe un futuro mejor que el agobiante presente.

Eso fue lo que ocurrió en Polonia a principios de los ’80, cuando los obreros del astillero de Gdansk iniciaron una huelga general -algo imposible hasta ese momento en un régimen totalitario comunista-, porque sentían que si la base del sistema comunista era la clase obrera esta debía tener la posibilidad de autogobernarse y no estar sometida a los diseños y decisiones de los burócratas del partido comunista polaco. Este movimiento, conocido con el nombre de Solidaridad, logró en muy poco tiempo la adhesión de 10 millones de polacos y comenzaron su proceso de negociación con el régimen. Cierto es que tuvieron un gran aliado en su lucha por recuperar la libertad de su país, cuando la iglesia católica escogió como su nuevo Papa a Karol Wotzila, Juan Pablo II. El camino del triunfo tardó, e incluso hubo un periodo de fuerte represión cuando el general Jaruzelski intentó quebrar al sindicato y restablecer el orden socialista, pero el pueblo polaco perseveró en hacer realidad su sueño, que no era otro que sus ansias de libertad.

,Lo mismo ocurrió en EEUU cuando Martin Luther King acuñó su famosa frase I have a dream y luchó por convencer a muchos que había llegado la hora de alcanzar la igualdad racial en EEUU, y lo logró, aunque lamentablemente pagó con su vida esa gran conquista social.

Ahora a nosotros nos hace falta soñar como lo hizo la generación del 28 y la del 58 y como lo hicieron los jóvenes en 2007. Más que la unidad política, lo que necesitamos es que todos soñemos que se puede derribar el muro de la dictadura, y que al hacerlo podremos reconstruir un país en el que prevalezca la solidaridad, la tolerancia, la honestidad, la responsabilidad, pero sobre todo, el amor a Venezuela y la confianza de que juntos podremos finalmente vivir en paz.

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2 comentarios

  1. Octavio Paz propuso encontrar puntos para iniciar un debate válido sobre asuntos cruciales, sean benéficos o terribles, de los tiempos modernos y nuestra contemporaneidad, incluidas las revueltas, las rebeliones y las revoluciones.
    Él dijo: “La revuelta es la violencia del pueblo; la rebelión, la sublevación solitaria o minoritaria; ambas son espontáneas y ciegas. La revolución es reflexión y espontaneidad.” Tras examinar el significado y la evolución de esas ideas, concluye que “para que la revuelta cese de ser alboroto y ascienda a la historia propiamente dicha debe transformarse en revolución […] para los revolucionarios el mal no reside en los excesos del orden constituido sino en el orden mismo”.
    El sangriento siglo XX, con la Primera y la Segunda Guerra Mundiales y las violentas revoluciones que albergó, estuvo marcado por una industria bélica sin precedentes y una terrorífica escala de destrucción masiva.
    El siglo XXI es igual de competitivo, si no más, en el creciente campo del asesinato planetario, y ha incorporado un terrorismo nuevo, caótico y extendido, que nace del nuevo viejo fanatismo y de sus mejorados medios de poner en peligro a la humanidad. Cualquier conflicto mundial se beneficia en la actualidad de medios capaces de producir inmensos efectos destructivos.

  2. Más bien me parece que llegó la hora de despertar de este sueño chimbo en que está hundido el país.

    Que soñadera ni Que soñadera ya en eso llevamos más de 20 años Y aún parece que no queremos despertar.

    Llegó la hora de hacer, Polonia se cayó porque hicieron no porque soñaron. Despierten cómodos dormilones.

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