El Editorial

Moral y luces

Para Bolívar la construcción de una gran sociedad debía reposar sobre dos grandes pilares: la educación y los valores éticos y morales de la población.

Lamentablemente para nosotros, su propuesta de incorporar esos principios a la Constitución no fueron acogidos con la excusa baladí de que era necesario consultar con los sabios del mundo.

Esto no es un hecho aislado en la historia de nuestros país en el que la discrepancia pareciera ser el atributo esencial de nuestra gente. Basta recordar por qué no se aprobó el maravilloso tratado Pombo Michelena, que hubiera ampliado considerablemente el territorio de la República a expensas de Colombia, como tampoco se aprobó en 1830, el acuerdo Fortique / Aberdeen, que nos confería el equivalente al 96% del actual territorio en reclamación a Guyana.

Pero, dejando de lado el mal hábito de la discrepancia, producto de un exacerbado personalismo, otro de nuestros inherentes defectos, lo importante es recalcar, como lo hizo Bolívar, que no podremos construir un verdadero país si no educamos a nuestra población, no sólo alfabetizándola, sino ofreciéndole los instrumentos necesarios para poder competir en un mundo cada vez más complejo y complicado por lo que se denomina la cuarta revolución industrial, es decir la que es producto de la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología y la biotecnología.

El otro aspecto esencial es la imperiosa necesidad de sembrar valores que acaben con muchas prácticas perniciosas que sufre nuestra sociedad, entre ellas la mal llamada viveza criolla, que tolera muchas irregularidades e irrespeto a las normas que incluso nos lleva a felicitar al vivo. La otra, igualmente perjudicial, la define el dicho popular que proclama que quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija. Y aquí, como todos sabemo,s el árbol era el Estado y por ende el gobierno o régimen de turno Y arrimarse significa llegar a “acuerdos” con los funcionarios del Estado, a sus diversos niveles, lo que conduce a que obtendrán beneficios los que sepan cómo mejor enchufarse.

Después de superada la pandemia y la destrucción del país, ya no habrá un gran samán que nos cobije. Solo contará el trabajo creativo de todos para recuperar a un país perdido y solo la solidaridad, la responsabilidad y la honestidad nos permitirán crear la nueva sociedad que convertirá a Venezuela en la gran nación que todos queremos. Pero para lograrlo tendremos que guiarnos por el consejo del libertador: Moral y Luces son nuestras primeras necesidades.

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Un comentario

  1. Cuando las leyes son buenas benefician a la comunidad siempre que los hombres las respeten y las apliquen, pero ante la evidencia de que éstas no se respetan, tendríamos que contar con políticos honestos, ya que éstos además de actuar correctamente en cada uno de sus actos, respetan la ley. Son los hombres los que hacen las leyes y las instituciones. Y así como un hombre era antaño considerado un “Hombre Ley”, un hombre con principios éticos (comportamiento social aceptado en el ámbito público), puede considerarse como un guía orientador de la comunidad y aceptado por ésta. Cualquier mejora en las instituciones públicas, será posible si se eleva la conducta moral de los individuos que la integran mediante una adecuada formación moral y ética.

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