El Editorial

Vivimos una entelequia

La entelequia, en su uso común, y tal como lo reconoce el DRAE, es vivir una situación irreal.

Eso es lo que estamos viviendo desde hace un tiempo para acá en nuestro país, ya que los referentes mentales que habíamos construido a lo largo de nuestra existencia cómo nación, se han venido esfumando en los últimos veinte años de nuestra existencia como país.

En nuestro pensamiento colectivo, a partir de mediados del siglo XX, aceptamos como válidas la idea de la democracia como el mejor sistema de organización política para nuestra nación, y ella lleva como sustento la participación universal de la población en unas elecciones libres, mediante las cuales elige sus representantes a diferentes niveles, desde lo municipal a lo nacional.

Ahora el régimen, que ha tomado por asalto el poder, al falsificar los mecanismos que lo sustentan en la Constitución, pretende renovar los poderes del Estado, a través de la entelequia de un CNE instituido con procedimientos pseudojurídicos emitidos por un TSJ que no tiene legitimidad de origen y ordenado por un Presidente que también dejó de ser legal cuando se autoadjudicó un nuevo periodo de gobierno, violando las disposiciones que fundamentan la manera como deben realizarse elecciones libres y válidas en nuestro país.

Y así, seguimos en este estado de permanente entelequia al convocarse ahora unas elecciones parlamentarias que no cumplen con lo dispuesto en la ley.

En este sentido, la Iglesia, a través de la CEV, señala en un lacónico pero profundo documento, que la esencia de la democracia es el voto, y describe con minuciosa precisión las condiciones necesarias para que haya unas elecciones libres, o mejor dicho en libertad; con participación de todas las organizaciones políticas; regidas por valores éticos y morales; y condena las acciones de confiscación de los partidos por parte del régimen, así como la persecución de dirigentes opositores. Pero más que invitar a votar por votar, la Iglesia sostiene que el llamado a la abstención sin más, es decir, sin acciones que la complementen, priva a la población de mecanismos para reclamar los derechos que le han sido confiscados por el régimen.

Creemos que este comunicado es una voz de alerta y no una adhesión a las maniobras de alacranes y otros personajes que quieren vendernos sin más la entelequia de votar.

Seamos reflexivos y veamos qué hay que agregar al llamado hecho por 27 partidos políticos a no participar en el fraudulento proceso electoral convocado por el régimen y sus nuevos aliados y sigamos exigiendo que se restablezcan las condiciones establecidas en nuestra Carta Magna, para que se puedan efectuar legítimamente elecciones libres que nos lleven progresivamente a la reinstitucionalidad de nuestra Venezuela.

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Un comentario

  1. Maduro no tiene ningún cargo político. En las inexistentes elecciones se proclamó presidente, en un acto que no tiene base en la CN. Sus «decretos» no tienen fundamento constitucional ni legal.
    Maduro no convocó a elecciones y fue declarada la falta absoluta del presidente de la república.
    Se aplicó el art, 233 CN que sostiene válidamente a Guaidó.
    Diosdado Cabello justificó su propuesta de adelantar los comicios presidenciales en Venezuela para antes del próximo 30 de abril, en lugar de celebrarlos en diciembre, acto tradicional. La fecha de las elecciones está pautada en el Art. 231 de la CN.
    No hubo plebiscito para constituir otra Asamblea Constituyente, ya que la originaria ya había sido formalizada. Maduro se eligió a su voluntad única.
    La violación descarada de la CN nos obliga a invocar la Carta Magna como fundamento de un Estado legítimo.

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