Entretenimiento

Caracas atrapada en el tiempo de Elizabeth Schön

Por el abismo humano en que nos asomamos, surge una ciudad animada y virginal, que no es la Caracas de hoy, aturdida entre el cemento y la política, sino la capital de principios del siglo pasado que conquistó el alma de una infante, quien afortunadamente continúa siendo niña a través de su poesía.

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Es la Caracas de días claros y luminosos a la que perteneció Elizabeth Schön, una de las más prestigiosas poetisas venezolanas, y cuya lucidez parece provenir del álbum familiar que atesora las fotos de su tío Luis Ibarra, amén de postales y pequeñas confesiones escritas con letra amorosa desde el fondo de esa misma niñez.

Mientras otros miran con repugnancia y desdén el pasado, Elizabeth Schön abre cada tarde su pequeña caja de Pandora de donde emergen intactos los viajes familiares a la hacienda de Los Ibarra (lo que hoy es la avenida Baralt, de Caracas) o la breve estadía en las riberas del río Guaire, para sentir las ligeras caricias del sol dominical.

Son fotografías inéditas, casi diría originales, puesto que pocas personas o instituciones conservan en la actualidad imágenes de esa Caracas tan especial, de una cortés y paciente hospitalidad, que se recorría a través del tranvía y en cuyo seno se fraguaba sin embargo los destellos de un movimiento político y cultural que ansiaba la modernización del país. A través del álbum fotográfico de Luis Ibarra recorremos el Avila en su naturaleza pura y virginal, por caminos salvajes, abrumados por la neblina y la sobrecogedora soledad de la naturaleza indomesticada. Ascendemos al Picacho de Galipán y a la Silla de Naiquatá; o descendemos a Los Chorros o la hacienda Los Dos Caminos, lugares irreconocibles hoy, porque una urbe ruidosa y anarquizada ocupa su lugar. Es lo que llaman el precio de la modernidad.

La quebradiza luz del sol de la tarde sirve así de testigo para que Elizabeth Schön, colocada frente al álbum de su tío Luis, permita que escapen las imágenes de una Caracas que no conoceremos jamás, porque no sólo se extravió en la oscuridad y el abandono, sino que no quedan otros testimonios tan reveladores como esas fotografías que insisten en manifestar la angustia del tiempo, como si algo más le faltara el mundo.

El amor nos recuerda
Que el instante es el fruto inseparable
De los linderos del tiempo
Manantial de cestos

Entra en los espacios
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Cálidos del corazón
Aun en las distancias entrañables
De la primera sombra del mural

Hay un río semejante al cielo
En el fondo de la montaña
Río arriba, en el árbol y la cumbre
Y otro igualmente, en el sueño
Sueño de los hombres

Sabemos hacia que lugar marchamos
Más, en el río
¿Habrá sitio alguno para la elección?
El es aquí, acá, allá
En toda profundidad
De cualquier veloz río otro
En este del río hondo, siempre
Únicamente él, dejando ser

Del río hondo aquí
El amanecer/
Entre las siluetas de los lechos que empujan
Y el río que no huye
Al relámpago lo respalda tu sombra
Tu dolor, tu cuerpo de río brillante árbol
Aun las heridas
Que tapiaron los azahares íntimos, lúcidos
Del sol amante

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Y por el río marcamos
Los hilos interminables de los bosques
De los hombres
En sus comienzos, finales y equivocaciones
De lobos creyentes, o incrédulos
Y con el río las manos señalan
El vacío de la piel dormida
Junto al compacto y lejano enjambre de areniscas
Grifos, máquinas, paladines

La hoja hundida en la acera
Es siembra directa hacia lo que estamos transitando

El amor nos recuerda
Que el instante es el fruto inseparable
De los linderos del tiempo
Manantial de cestos

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Poemas del libro «La flor, el barco, el alma»
Sabemos hacia que lugar marchamos
Más, en el río
¿Habrá sitio alguno para la elección?
El es aquí, acá, allá
En toda profundidad
De cualquier veloz río otro
En este del río hondo, siempre
Únicamente él, dejando ser

Decimos amor
Y nos rebasa
La blancura de lo exacto
Así el ventanal de la flor inalcanzable.
Al barco no se le llama
Llega a tierra
Sin ningún faro que lo alumbre

Las fotos que ustedes pueden apreciar , fueron tomadas a principios del siglo pasado, por Alfredo Cortina, esposo (fallecido) de la poetisa y uno de los pioneros de la radio en Venezuela, y Luis Ibarra, tío de Elizabeth Schön, La página fue concebida y montada por el artista venezolano Ernesto León

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Derechos Reservados Elizabeth Araujo

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