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Cinco películas venezolanas que triunfan en el extranjero

“Yo y Las Bestias”, de Nico Manzano; “Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador”, de Anabel Rodríguez Ríos; “Plástico”, de Vero Kompalic; “La Espiral Roja”, de Lorena Colmenares; y “Loa, Mata a tus amos”, de Carlos Zerpa; cinco producciones venezolanas que han traspasado fronteras

El cine venezolano con el paso del tiempo ha logrado llegar muy lejos gracias a sus producciones de calidad y sus historias únicas que muestran a través de las pantallas, las cuales se han proyectados en diferentes festivales tanto nacionales como internacionales siendo merecedoras de importantes galardones.

Tal es el caso de “Yo y Las Bestias”, de Nico Manzano; “Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador”, de Anabel Rodríguez Ríos; “Plástico”, de Vero Kompalic; “La Espiral Roja”, de Lorena Colmenares; y “Loa, Mata a tus amos”, de Carlos Zerpa; cinco producciones venezolanas que han traspasado fronteras y han conquistado al público en espacios como el del Festival de Cine de Locarno.

En entrevista exclusiva para Analítica.com, los creadores de estas cinco películas conversaron un poco sobre sus producciones, experiencia en el Festival de Locarno y proyectos a futuro, entre otros temas.

“Yo y Las Bestias”, de Nico Manzano

Esta película cuenta la historia de una banda de rock alternativo, Los Pijamistas, la cual acepta tocar en Suena Caracas 2016, pero la paciencia del guitarrista y cantante Andrés Bravo llega a su límite. Luego de ser expulsado de la banda, comienza su nuevo proyecto musical desde cero. Los síntomas de la crisis en un entorno enrarecido y alienante romperán su aparente burbuja. Sin embargo, no estará solo: Las Bestias, dos seres enmascarados y misteriosos, lo acompañarán en el camino.

Esta producción fue una de las cinco películas venezolanas seleccionadas para la sección “Open Doors” del Festival de Cine de Locarno. Una experiencia que Manzano describió como “maravillosa”, ya que tuvo la oportunidad de “compartir con diferentes voces cinematográficas dentro de la región”.

Sobre el talento criollo que estuvo presente el festival, el director de ‘Yo y Las Bestias’ reconoció que entre sus favoritas de la historia del cine venezolano es ‘Érase una vez en Venezuela’ y confesó que la vio “por tercera vez en el festival, en pantalla grande y a moco tendido”.

“Me sorprendí muy gratamente al ver por primera vez ‘La Espiral Roja’ y ‘Plástico’, dos cortometrajes venezolanos que fueron ovacionados por el público y que creo que tienen detrás dos miradas muy interesantes para la nueva etapa del cine venezolano”, expresó.

Al ser interrogado sobre si considera que gracias a este festival pueda llegar a un escalón más grande para hacer otros proyectos indicó que, aunque abre “una ventana de oportunidades, sigue siendo un camino cuesta arriba”.

“Fue una forma de entender en qué lugar estamos. Desde ahí crear juntos o apoyarnos está en nosotros. Yo quiero postularme al Projects Hub el año que viene, que está más enfocado en eso que mencionas, de poder presentar un próximo proyecto para miembros de la industria. Muchos de nosotros venimos de la autogestión y lo que nos ayuda este tipo de encuentros es a poder llegar al siguiente paso”, explicó.

Sobre el mensaje de la película, el cual en cierta forma es una acrítica al régimen de Nicolás Maduro, Manzano indicó que en su caso realizó “una película sobre un momento en la vida de un músico”, sin embargo, destaca que la política se mete en la trama porque “la política se metió en los ámbitos más íntimos de nuestras vidas y eso es algo que si tienes un compromiso con una narración verosímil, no puedes ignorar. Fíjate que digo verosímil y no realista, porque es una película que balancea la comedia surreal y el drama psicológico”.

Resaltó que “Las películas son ese pequeño agujero por el que puedes acceder a narraciones de ámbitos específicos de diferentes partes del mundo. Así cómo yo he podido entender mejor a países como Irán, Argentina o Grecia desde la pluralidad de su cine, espero que nosotros también estemos ayudando a que eso ocurra afuera”.

¿Sientes que en Venezuela no hay libertad plena de expresión para hacer este tipo de películas?, ante esta pregunta el director de cine indicó que, en su caso ganó en el Festival del Cine Venezolano 2022 y proyectaron la película en salas de cine comercial en 2023. “Pero también es porque es una película que, si bien se desarrolla en un contexto de confrontación ideológica, imposibilidad de crecimiento, éxodo, hiperinflación y corrupción policial, no convierte esto en su epicentro”.

“La película no esconde la realidad, pero busca sus respuestas en el insilio, en un viaje interno de mar, color y música”, concluyó.

“LOA, Mata a tus amos”, de Carlos Zerpa y María Alejandra Rojas

Esta producción narra la historia de una huérfana privilegiada que se entrega al vudú para recorrer el doloroso y sangriento camino hacia la libertad. “LOA, Mata a tus Amos, reimagina los acontecimientos relacionados con la esclavitud y su abolición en Saint Dominique/Haití a finales del siglo XVIII. La película animada mezcla una representación históricamente plausible del período, con manifestaciones sobrenaturales y mágicas del Vodun para ofrecer finalmente una solución alternativa a la crisis revolucionaria que lleva a la emancipación y la dignidad”, explican los creadores.

En este contexto, Zerpa y Rojas indican que el proyecto “cuestiona la búsqueda de la libertad a través del ingenio y la violencia. Con LOA, queremos que la audiencia reflexione sobre el legado postcolonial racista y clasista que persiste en nuestras sociedades caribeñas”.

Este trabajo, que se encuentra en desarrollo, fue seleccionado en el programa “Project Hub” del Festival de Locarno y obtuvo el premio “Fondo de desarrollo CNC”. Sobre esta experiencia Zerpa y Rojas indicaron que “les da satisfacción por conseguir esa oportunidad después de tres años de trabajo, y luego nos invadió una ola de ansiedad por no decepcionar al programa y a nuestro equipo. Relacionarnos con otros creadores y personas de la industria resultó muy nutritivo. Recibir un espaldarazo como este nos alienta un poco más pero también nos carga de más responsabilidad”.

Confesaron también sentir mucha alegría y optimismo al ver tanto talento venezolano destacando en el extranjero. “El caleidoscopio de propuestas, el trabajo arduo y la belleza que cada equipo de trabajo volca en sus producciones es inspirador. Consideramos que en Venezuela siempre ha habido talento y gente valiosa, personas que tienen mucho tiempo alimentando sus proyectos y personas emergentes que van encontrando su propia voz. La pluralidad de voces destacando hace que crezcamos todos”.

Ambos creadores consideran que gracias a este festival pueden llegar a un escalón más grande para hacer otros proyectos, pues explicaron que en su caso los motiva “a impulsar la industria de la animación en Venezuela y el Caribe, con especial atención en apoyar artistas que carecen del privilegio de estudiar en el extranjero”.

Detallaron que con este proyecto buscan “elevar el estándar de la narración animada desde y sobre el Caribe, al mismo tiempo que impulsamos la constitución de una industria de animación en la región. Planeamos invertir aproximadamente la mitad del presupuesto en talentos y/o de la región del Caribe, para fortalecer los estudios existentes en la región y alentar una nueva generación de artistas”.

Sobre otros proyectos a futuro, expresaron que, si hay algunos. Zerpa está desarrollando Karetabla (www.karetabla.com) “una sitcom animada en coproducción con Osa Estudio, de Argentina” y Rojas trabaja en el desarrollo de un corto animado sobre “las relaciones personales dentro del espectro de la neuro divergencia”.

“Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador”, de Anabel Rodríguez

Esta producción habla de un pueblo próspero llamado Congo Mirador. “El pueblo se está perdiendo porque se está sedimentando y la gente pone sus esperanzas en las próximas elecciones. Para la líder chavista del pueblo, Tamara, cada voto cuenta y hace todo para obtenerlos. Para Natalie, tímidamente de oposición, la política es un arma para sacarla de su trabajo de maestra”, explica la sinopsis de la película.

Rodríguez, quien ha estado en más de cien festivales en todo el mundo con “Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador”, manifestó sentirse muy entusiasmada al ver en un mismo festival internacional de esta categoría, a cerca de diez cineastas venezolanos.

“Siempre he extrañado mucho la presencia de más voces de cineastas independientes venezolanos. Por ello, me he dedicado a buscar animar a mis colegas a expresarse con la mayor libertad posible en sus películas. Siento que, como resultado del colapso de nuestra casa, de nuestra sociedad, los ciudadanos venezolanos tenemos una gran necesidad de expresar las heridas y roturas del alma que esta situación produce. En ese sentido, los artistas somos los llamados a expresar esos sentimientos, pensamientos y reflexiones”, apuntó.

Sobre el talento venezolano que destaca en diferentes festivales, Rodríguez dijo que para ella es un alivio, pues “siento que ‘Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador’ abrió una puerta a toda una corriente de narrativa cinematográfica que ve y cuenta a nuestro país desde el pensamiento crítico”.

Me parece que es una ola, una corriente, que trae estas películas y muchas más, que responden a nuestra situación y que al mismo tiempo están dando un salto cuántico en nuestro desarrollo como cineastas y como sociedad”, agregó.

Además, admitió que le da mucho orgullo sentir “la valentía de nuestros cineastas”. “En particular, al ver en la sala la película cortometraje llamada “Plástico” quedé boquiabierta. La capacidad de generar un relato crudo, satírico, irreverentemente libre, hecha con los recursos disponibles, y además lograr poderosísimas imágenes cinematográficas, a mí me anunció la posibilidad de un cine venezolano nuevo, que responde a las situaciones muy serias que nos tocó vivir como sociedad, y que además genera símbolos que resuenan en el mundo entero”.

Opinó que este tipo de festivales internacionales dan la oportunidad de “conectarnos directamente con la comunidad de cineastas independientes del mundo, ayudan mucho al desarrollo de próximas películas. Sin embargo, el camino pareciera igual de duro, pues fuera de los circuitos comerciales de grandes plataformas tipo Netflix, los recursos no se dan abasto para la cantidad de cineastas que concursamos por esos fondos”.

Pero resaltó que “es muy importante para nosotros desarrollar una consciencia de que pertenecemos a esa comunidad internacional y ver que sí hay espacios en los cuales desarrollarse y en los que podemos conectar con instituciones, espacios de formación y entrenamiento que nos pueden apoyar para construir un camino para nuestras películas y que nuestras historias venezolanas pueden ser de interés en esos contextos”.

Sobre el mensaje que transmitan las cinco producciones venezolanas antes mencionadas, la cineasta dijo que “éstas películas están expresando un sentimiento, una suerte de ahogo existencial, como producto de un sistema social que aprisiona a la persona a esos estados de ahogo. No son críticas hacia el particular gobierno de Maduro, pero sí del sistema, del liderazgo del cual éste gobierno es la punta del iceberg”.

Es un alivio saber que hay gentes en todas partes del mundo que se identifican con los sentimientos, las historias y los retos por los que pasamos los venezolanos hoy día. No estamos solos”, agregó.

¿Sienten que en Venezuela no hay libertad plena de expresión para hacer este tipo
de películas?, ante esta pregunta expresó que “en nuestra realidad hay muchas grietas en las cuales el cineasta y el artista en general, pueden moverse. Hasta el momento no sé de cineastas y/o artistas que sean presos del gobierno, como sí hay periodistas, diputados y otros actores de la sociedad civil”.

“Considero además que la libertad como tal implica un alto grado de responsabilidad, pues uno expresa no sólo un punto de vista personal, sino que expresa situaciones que, en el caso de las películas de no ficción, necesitan ser verídicas, no sólo con una realidad histórica, sino además coherentes con las historias de la gente que protagoniza estas historias. Hay también una responsabilidad en cuanto al poder mismo que tiene una película, sus efectos en la audiencia y la sociedad”, continuó.

Explicó que, ante ese panorama “sí es cierto que hay mucha presión sobre todo artista crítico al sistema, porque en una sociedad polarizada como la nuestra, o en la que las personas que liderizan instituciones de la cultura están también parcializados, se le cierran los espacios a este tipo de películas”.

Como ejemplo, indicó que le gustaría ver esta selección de películas venezolanas que estuvo en la edición 76 del festival de cine de Locarno, en la Cinemateca Nacional, “donde muchos de nosotros nos formamos y que es nuestra casa también. El día en que eso ocurra, podremos empezar a hablar de que hay una mayor plenitud en la expresión de todos los cineastas venezolanos”.

Además, dijo que sigue esperando que permitan que su película “venida de las entrañas de este país, y que ha logrado más de 30 premios internacionales, logre ver la luz de la pantalla de nuestra Cinemateca Nacional. Y bueno, si Telesur, otro espacio público venezolano, programara la película, sería también una gran satisfacción, pues significaría que el cerco que impone la polarización se está disolviendo y que podemos desarrollarnos como sociedad y poder discutir civilmente nuestras opiniones y perspectivas”.

“Me gustaría que los responsables de esos espacios recordaran que esta película recibió el Premio coral a mejor película documental en el Festival de La Habana, y ello no debería molestarlos, sino más bien abrir su consciencia a reconocer la expresión auténtica de un dolor muy profundo que tiene la gran mayoría de la sociedad venezolana hoy”, concluyó la directora de cine, quien desveló que actualmente están trabajando para lograr asentar las bases financieras para levantar su siguiente película.

“Plástico”, de Vero Kompalic

Este proyecto, que recibió en el festival de Locarno el premio “Mención Especial, Open Doors”, se basa en un equipo de filmación que documenta a un comandante que se vuelve cada vez más sádico mientras obliga a un grupo de actores -que interpretan a los soldados- a fines violentos.

Vero Kompalic, directora y escritora, reconoció que la experiencia en Locarno “fue completamente increíble”, ya que, le dio la oportunidad de reencontrarme con parte de su familia que “no había visto hace mucho tiempo”.

Además, destacó que compartir con varios cineastas venezolanos en el mismo festival “fue una experiencia inolvidable”. “Anabel (directora de Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador) es alguien a quien he admirado por mucho tiempo y cuya película marcó un antes y después para mí. Así que fue un sueño las conversaciones y el apoyo que ella nos brindó a todos.”

“Conocer a Nico (director de Yo y Las Bestias) y Lore (La Espiral Roja) fue espectacular y sus películas son profundamente artísticas y brutalmente honestas. Quedamos todos enormemente impresionados con el trabajo que hace Mecha Coop y su dedicación a sus historias y grupo. Carlos y Nana (creadores de Loa, Mata a tus amos) son lo mejor de lo mejor. Me llena de un orgullo inexplicable el estar considerada junto a ellos”, dijo Kompalic, quien agregó que el festival le dio la oportunidad de pasar un rato con su productora y amiga, Emiliana Ammirata.

Consideró que estos festivales dan “un empujón fuerte, no solo por poder mostrar nuestras películas, sino por poder mostrarlas cada una junto a la otra”. “Creo que los próximos años de la narrativa venezolana serán un acto de costura. Y es importante que así sea. Al cineasta venezolano, tal como al individuo en nuestras vidas cotidianas, le ha tocado buscar apoyo económico, social, o político en otros países”, continuó.

Resaltó que en el festival también estaban otros cineastas venezolanos desarrollando películas en países como México, República Dominicana o Brasil, al igual productoras que “hemos admirado por el increíble trabajo que han hecho para formar la industria”. “Es importante que continuemos viendo cada esfuerzo, cada logro, cada proyecto, como venezolano”.

Para esta cineasta fue “fascinante, y en parte conmovedor, darnos cuenta de lo flexibles que pueden ser nuestras identidades. Que no se hayan quebrado en tiempos difíciles y confusos, y continúen en pie, avanzando, bajo el mismo nombre en otros lugares”.

Sobre el mensaje que su película está llevando a otras partes del mundo, apuntó que es “chévere”, pero “llegar a Venezuela siempre es la meta. La única que realmente importa”, pues opinó que “en algún momento de los últimos años, Venezuela dejó de ser solo un lugar y se convirtió en un compromiso,”

“Un compromiso presente en cada familia que decide mantenerse unida a pesar de casas fragmentadas. Presente en médicos que han redefinido lo que significa sanar y cuidar. Presente en profesores que siembran a pesar de todos los obstáculos y de todas las estupideces de un sistema que no está interesado en el bienestar de su gente. Cada uno de esos actos es un acto de resistencia contra un régimen. Venezuela, en su día más cotidiano, es un acto constante e imaginario de pura resistencia”, subrayó.

En este sentido, indicó que “todas las películas del grupo, quieren ser parte de esa cotidianidad. Nuestras películas son una crítica hacia Maduro, porque cualquier acto de imaginación es siempre de resistencia”.
Al ser preguntada sobre hasta dónde quiere llegar con “Plástico”,
dijo que la conversación ideológica no le interesa mucho, y “tampoco creo que estemos listos para tenerla de forma honesta y segura”.

Sin embargo, resaltó que “lo que realmente importa es la audiencia. No hay entidad más políticamente importante en el cine que la audiencia. El cineasta no es tan relevante, pero la persona que ve una película, que puede decodificar una pregunta lanzada al aire, conversarla, procesarla y responderla, es el verdadero protagonista de cualquier arte. Más que mostrar la situación en Venezuela, lo interesante será ver a dónde llegaremos todos como audiencia”.

¿Sienten que en Venezuela no hay libertad plena de expresión para hacer este tipo de películas?, a esta pregunta contestó que cree que existen dos tipos de miedos. “Uno es el miedo gubernamental y militar, lo cual no podemos negar debido al historial de represión de las últimas décadas en Venezuela. Cineastas, periodistas, artistas, políticos e individuos que han sido reprimidos por el trabajo que han realizado. Y uno aprende acerca de las libertades de uno a través de las experiencias de los demás”.

Explicó que el otro miedo que hay “es aquel que hemos internalizado. Los sistemas de vigilancia que existen dentro. A mí me dio mucho miedo en el momento de hacer mi película. No necesariamente porque pensara que habría consecuencias inmediatas, sino porque podía sentir el sistema de vigilancia dentro de mí. Cosas que vemos juntos – imágenes, protestas, uniformes – las digerimos y, después de un tiempo, se quedan pegadas en la piel”.

Por otra parte, desvelo que junto a su equipo tiene otros proyectos a futuro. “Tenemos varios años desarrollando una trilogía de películas sobre Venezuela. Estamos muy entusiasmados con filmar el primer largo, El Evangelio Según Santa María, pronto«.

“La Espiral Roja” de Lorena Colmenares

Esta cinta se desarrolla en una escuela donde las paredes observan y donde Santiago debe dar el discurso más importante de su vida: la bienvenida a la primera visita del Gran Señor Comandante. Sin embargo, el miedo crece en su garganta cada vez que repite palabras que parecen carecer de sentido, y que solo le traen malos recuerdos.

Para Colmenares, directora de la película, estar en un festival tan reconocido con el de Locarno fue una “experiencia iluminadora”, pues le brindó “la posibilidad no sólo de proyectar la película, sino también poder conocer y conectar con otros cineastas de la región”, algo que “cambió por completo mi perspectiva del cine latinoamericano y me motivó a reconectar con el cine”.

Afirmó que se sintió agradecida en el festival, pues pudo ver las películas de compañeros venezolanos. “No miento cuando digo que se me paró el corazón y se me salió una lágrima con cada una de ellas. Sentirme identificada con mi país, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva, era algo que anhelaba luego de estar tanto tiempo viviendo en el extranjero”.

Colmenares cree que este tipo de festivales pueden llegar a abrir puertas, y confesó que actualmente trabaja «en el desarrollo de guion de mi primer largometraje», por ello, espera que «haber participado en Locarno sirva como una puerta que permita llegar a más laboratorios o festivales en el futuro.”

También expresó que, para ella significa mucho que el mensaje de su película llegue a otras partes del mundo, pues siente que, “con respecto a lo que hemos vivido y muchos todavía siguen experimentando en Venezuela, hay demasiada desinformación en el resto del mundo. Nuestra situación política y económica es tan compleja que incluso a muchos de nosotros que la hemos vivido en carne y hueso, nos es difícil exteriorizarla o si quiera explicarla”.

Destacó que “el cine es una herramienta para comunicar no sólo lo que hemos experimentado y sentido a lo largo de estos años, sino para también invitar a una reflexión más profunda sobre la misma”.

Más allá de mostrar lo que se vive en Venezuela, Colmenares dijo que “inicialmente cuando hice la película lo que necesitaba era desahogarme. Sentía mucha frustración por lo que estábamos viviendo en Venezuela, por lo que yo misma había experimentado de pequeña, y por lo que veía que estaba pasando progresivamente en las escuelas”.

Luego, sentí que mi cortometraje podía ser una herramienta para invitar a la reflexión sobre quiénes somos y qué estamos dejando para las generaciones futuras. Creo que el cambio en Venezuela debe ser tanto exterior como interior, y siento que el cine es una forma de invitar a ese cambio”, explicó.

Agregó que, siente que en “Venezuela no hay espacios siquiera para mostrar este tipo de películas. A parte, sentí mucho miedo de mostrarla en Venezuela en principio por proteger la privacidad de los niños”. “Es una historia que critica mucho el gobierno y no quería que a los niños se le cerraran puertas debido a esto. Ahora que ya ha pasado el tiempo ese miedo se ha disminuido, pero aún sigue ahí”.

Por su parte, Colmenares dijo que actualmente trabaja en la escritura de guión de un largometraje que se desarrolla durante el apagón que ocurrió en Venezuela en el año 2019.

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