Cultura

Asdrúbal Colmenárez: El Arte como Paradoja

Eduardo Planchart Licea

El arte como vía de indagación, búsqueda, reflexión y participación a través de lo lúdico, han sido algunos de los horizontes de Asdrúbal Colmenárez, desde que sorprendió al público tanto en Venezuela como en París con su Alfabeto Polisensorial y los Psicomagnéticos al convertir en arte estos principios estéticos.

Desde hace un tiempo su vida transcurre entre París y Tenerife, donde construyo el taller que siempre soñó. Tras jubilarse de la docencia en la Universidad Experimental de Vincennes, Páris-Francia adonde dicto cursos de arte contemporáneo, desde 1974.

Para un trujillano, que nació y creció entre un enceguecedor verdor, y amaneceres y atardeceres neblinosos, vivir en una isla rodeado de océano, y de sus poéticos azules, es una experiencia que impacta tanto sensibilidad, como la visión del mundo.

Los módulos escultóricos cromáticos, de la obra 37 Modelos para Armar, 2018, tienen un carácter transformacional como la vida, de ser una y múltiple a la vez; asumen ese rasgo propio de la contemporaneidad, donde la identidad individual parecieran perderse, como está ocurriendo en la actualidad, donde la percepción de la civilización humana como aldea global, tal como lo planteaba M. Mcluhan se ha convertido en una realidad, que travesó la revolución digital donde la información y el conocimiento desmoronan las fronteras, a través de paquetes comprimidos de información de todo tipo que pueden llegar a la velocidad de 8.7 mps o más -en Venezuela es de1,7 mps- y que invaden los espacios privados y públicos de todo el planeta.

“Andando por un sitio que llaman El Rastro, encontré un señor que vendía marcos con vidrio y pensé que podría hacer ventanales para evitar la arenilla y el viento del mar. Pero un amigo me dijo que ese vidrio era muy delgado, y se rompería. Entonces decidí hacer unas esculturas con los marcos pero pintados…” (Asdrúbal Colmenárez: 2018)

asdrubal colmenarez artista

Entre azarosas caminatas por el Rastro, en un pequeño mercado de Tenerife, el artista vio los marcos de vidrio, y decidió adquirirlos para llevárselos a su taller. En un primer momento, pensó en utilizar los ventanales, pero el vidrio era muy delgado y se iba a romper con la fuerte brisa de la isla.

Esto lo ayudo alejar estos ventanales de su funcionalidad utilitaria, y empezar a convertirlos en un reto creativo para el artista. Se inició el proceso de experimentación al empezar a bosquejar, con estas formas geométricas, posibles esculturas, y así el objeto se fue convirtiendo en un divertimento estético.

Y empezó la intervención, pintando los vidrios, para crear contrastes cromáticos, y evitar que se perdiera entre el paisaje, y gritara por su existencia, como el silencioso Grito de Edvar Munch. Así, fue construyendo este conjunto recubierto de pinturas con colores puros, que potencian su fuerza cromática con los marcos blancos, y al ser la superficie de vidrio reflejan el entorno, lo cual les transmite una dimensión que la integra al espacio circundante.

Tal como observo un amigo de Colmenárez, al ver esta escultura, la asoció a paneles solares, y tiene razón. Al enfrentarse a ella, ante todo uno se pregunta ¿Qué es son esas estructuras cromáticas? Son lo que cada quien, desee imaginarse, pero lo que no se puede negar, es que provocan y retan al otro a cuestionar, a problematizar y buscar sentido a través de la imaginación para ese despliegue volumétrico, cromático, y geométrico, capaz de asumir múltiples formas.

Gracias a estar compuestas por estructuras básicas, uniformes que le permitieron crear módulos, a partir de las unidades básicas. Podría ser este conjunto escultórico de un colorido muro, el cobijo de un nómada, una metáfora visual a un arcoíris, un misterioso mecanismo…Y esta diversidad de interpretaciones, es una de las razones del arte contemporáneo, provocar al espectador a cuestionar, preguntarse sobre la realidad a la cual se enfrenta. Para hacer cambios en ella. Y esa capacidad es lo que ha convertido a la humanidad en creadora de civilizaciones y épocas, tan diferentes unas de las otras, como serian la helénica, la maya, la persa o la era postindustrial.

obra asdrubal colmenarez

37 Piezas para Armar, 2018 es una obra efímera, como la existencia, que acerca el arte a la filosofía entendida como mayéutica socrática. Aquí no sería el molesto Sócrates el paridor de ideas, el que entraría en un diálogo con el otro, sino el arte será el buceador de las verdades de cada ser humano, y de la sociedad….

Por tanto, estamos ante una obra provocativa, al incitar al público a preguntarse sobre su razón de ser, y a su vez desear transformarla, recrear sus formas, y esto le transmite una dimensión política, pues hace que el otro rompa con la pasividad propia del esclavo, y se invierta la relación.

Proceso que estudió H. Hegel en su Fenomenología del Espíritu, en el capítulo de la dialéctica del amo y el esclavo. Se convierte el arte, a partir de estos postulados en provocación al despertar la conciencia activa, opuesta a la conciencia contemplativa y pasiva que promueve el statu quo hacia el arte y la vida social, situación paralela a la conciencia promovida por los regímenes autoritarios y alienantes para imponer su Poder.

Inspirado en esta dialéctica afirma Asdrúbal Colmenárez:

“Lo importante no es que una obra sea bella o fea, lo importante es que nos conduzca a una reflexión”.(AC, 2018)

Y por tanto a provocar cambios en la conciencia del ser individual y social que promueva la acción trasformadora, y Venezuela está urgida de esta concientización actuante.

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