Entretenimiento

El nudo de la Marin de Narvaez

No creemos que quede hoy en día duda alguna de que el historiador Antonio Herrera Vaillant es nuestro primer genealogista, quien además de ser un investigador que pone ante nosotros la extensa e inmensa documentación que consulta, que es el fundamento de sus trabajos, también utiliza los elementos que los nuevos lenguajes, usos y utensilios que la computación pone en manos de quien examine nuestra historia, más en el caso de la ciencia que él cultiva.

 

LAS HERMANAS ROJAS

 

Eso ya fue evidente en su fundamental obra La estirpe de las Rojas(Caracas: Academia Nacional de la Historia/Instituto Venezolano de Genealogía,2007. 2 vols) a través de la cual nos hace ver como la principales familias de la Provincia de Caracas venían y eran descendientes de las dos hermanas Rojas, Ana de Rojas(c1535-1600) y Beatriz de Rojas(c1537-c1622), quienes nacieron en la isla de Cubagua, el primer asentamiento urbano de Venezuela(1519-1541), vieron la luz ambas en la tercera década del siglo XVI y  se casaron en la isla Margarita, a donde huyeron los habitantes de Cubagua tras la despoblación de la isla y posterior maremoto, ambas contrajeron nupcias con dos conquistadores, y produjeron tal descendencia que sus sucesores siguen aun vivos en nuestros días. Ana se casó con el capitán Alfonso Díaz Moreno(c1526-1602), el fundador de Valencia, y Beatriz con Garci González de Silva(c1535-1625), el “gonzalito” de nuestra historia, la gran figura militar de Caracas en su primeros tiempos. Fueron las hermanas Rojas hijas de Diego Gómez de Agüero(c1495-1561) y de Ana de Rojas(c1515-1561), ambos fueron asesinados en Margarita(Julio 20,1561) por el Tirano Lope de Aguirre(c1511-1561).  Es, desde luego, La estirpe de las Rojas pieza clave para un buen entendimiento de nuestra historia, pues son muy diversos los datos de muy diversas índole que se hayan en este fundamental libro.

 

LA HISTORIA DE JOSEFA

 

Ahora nos sorprende Herrera-Vaillant con un valioso hallazgo documental, siglos enteros de indagaciones habían rodeado el punto sin haber logrado esclarecerlo. Su luz completa se haya en la primera parte, fascinante, de El nudo deshecho/Compendio genealógico del Libertador(Prólogo: Rafael Arraiz Lucca. Caracas: Academia Nacional de la Historia/Instituto Venezolano de Genealogía,2010.531 p.).

Indica su autor: “Por casi dos siglos sobre ella ha persistido el fascinante enigma del llamado “nudo de la Marín”, que ha dado pie a múltiples especulaciones en torno a la naturaleza de una bisabuela de El Libertador que nació en Caracas, bautizada en calidad de ‘expósita’ y luego reconocida por el padre en su lecho de muerte, sin que jamás apareciera la madre…Al pasarlo han pasado por alto la más resaltante realidad de su vida: que su fugaz existencia debió constituir una tragedia desde que el momento de su concepción hasta el instante que murió bajo misteriosas circunstancias…Un extraño poder para testamento iniciado por doña Josefa Marín de Narváez el mismo día de su muerte, arroja importantes pistas no sólo sobre sus orígenes genealógicos sino sobre toda su dramática existencia…En efecto, la vida entera de doña Josefa Marín de Narváez es un clásico ejemplo de la sumisión de las mujeres en el mundo hispánico de la segunda mitad del siglo XVII, aún en caso de aquellas que, como ella, eran herederas de una cuantiosa fortuna…Cada etapa de su vida causarían asombro a cualquier feminista actual debido a la manipulación y abuso a que se vio sometida la niña y joven desde antes de nacer y hasta el momento de su muerte, envueltos ambos extremos en una aureola de misterios y vergüenzas…El propósito de este trabajo es reunir los datos disponibles a cualquier investigador sobre esta mujer a fin de esclarecer sus orígenes, pero su lectura bien puede aportar excelentes bases para una novela”(p.20-21).

 

EL SUCESO

 

Esta historia debería comenzar como se inician las historias de pareja: por el enamoramiento y la seducción de la mujer. Pero no, aquí todo comienza en el momento en que el historiador encuentra los documentos. Así partimos, siempre en Caracas, del 26 de Abril de 1669, días de nuestro siglo XVII, momento de la “presentación oficial de este niña cuyos padres no casaron, y cuya madre iba a permanecer por siglos en el anonimato”(p.34). “Josefa, hija de padres desconocidos, bautizada en casa por necesidad. Es de edad de cinco meses poco más o menos”(p.36) dice la partida de defunción, asentada en el Libro de Bautistas de Sagrario de la Catedral de Caracas, Año 1668, Folio 269. El Acta, aunque el sacramento fue administrado afuera pertenece a la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Caracas, esto nos indicaba que la bebé era blanca e hija de la alta clase social de la época, sino ni el sacramento podía ser otorgado por el clérigo de aquella iglesia ni la partida hubiera podido ser asentada allí. Y, desde luego, no era tampoco hija de padres desconocidos así la partida lo afirmara así. Desde el principio llama la atención primero que nada que siendo soltero el padre y soltera la madre de la niña el progenitor no se casara con ella. A poco del nacimiento, además, el padre separa a la hija de la madre, la entrega en adopción y se va de Venezuela para no regresar más. ¿De qué huye?¿de que lo obligaran a casarse?, es esta una pregunta que cabe.

Para el examen de todo este proceso vital que sigue debemos situarnos siempre en la sociedad caraqueña del período, segunda mitad del siglo XVII, y comprender sus modos, sus conductas, sino será imposible entender porque todo ser humano nace, vive, actúa y muere en su lugar y en su tiempo, no en ningún otro. 

De hecho el padre “el capitán [Francisco] Marín de Narváez no parece haber vivido en Venezuela más que unos seis escasos años de su vida”(p.30). Y evidentemente para aquel hecho sin duda escandaloso en aquella ciudad de tan pocos habitantes, si vivían 4000 personas en la ciudad la clase pudiente debía ser de cerca de 300 personas. Pese a todo “la memoria caraqueña para los escándalos resultó singularmente breve”(p.69).¿Yo habíamos comenzado a ser el país sin memoria que hemos sido?.

Y para poder indagar aquella historia Herrera-Vaillant busca en donde están consignados los últimos legados: el testamento del padre.

Los testamentos, indica, “son instrumentos legales en los que clásicamente se apoya la investigación genealógica para aclarar situaciones de paternidad no legítima o incógnita…aquellos que enfrentan la muerte con frecuencia suelen utilizar el instrumentos testamentario para saldar viejas cuentas, reparar ofensas, y en general preparar las cosas para pasar a otra vida con las menores cargas”(p.71).

El testamento del capitán Francisco Marín de Narváez fue otorgado en Madrid el 18 de Agosto de 1673, “con dos codicilos otorgados, respectivamente, el 20 y 22 de Agosto, día éste último de su muerte”(p.71), “El caso de…Marín de Narváez no es excepción…Pero hasta ahora no se había podido analizar en su totalidad del texto del documento completo, que contiene numerosas referencias a otras personas de la época y pudiese aclarar considerablemente la identidad de doña Josefa y, sobre todo, de su presunta madre”(p.71).

“Veamos la famosa cláusula testamentaria que hoy tenemos disponible en su contexto total, y que es la que rige la vida de esta desdichada criatura, transformándose en castigo la intención paterna de dotarla de una enorme fortuna: ‘Declaro que tengo una hija natural y por tal la reconozco, nombrada Josefa, de edad de cinco a seis años poco menos, a la cual hube doncella principal cuyo nombre cayo por su decencia con la que pudiera contraer sin dispensación cuando la hube, y que se está criando por mi orden en casa del Señor Capitán Gonzalo Marín Granizo, mi tío y mi hermana doña María Marín la conoce”(p.75-76,500). Es allí cuando nombra a la hija “universal heredera” de todos sus bienes(p.76), estos eran más que cuantiosos. Y es allí también donde nombra tutor de la hija, a falta de su hermana, al Proveedor Pedro Jaspe y Montenegro(p.76). A Josefa Marín de Narvaez, la hija, la llama Herrera-Viallant “doña” aunque murió siendo apenas una mucha de veinte y cuatro años. Sabemos, desde luego, que ese modo de nombrar a las personas se usaba entoces, incluso el Rey lo concedía.

Dejó el capitán Marín de Narváez un legado a María Martínez de Cerrada,  que como hoy sabemos, gracias a Herrera Vaillant, fue la madre de su niña. Por cierto, al entregar el legado a su antigua novia y amante, y madre de su hija, dictaminó que el monto fuera de “cuatro mil pesos si fuera Religiosa y si no lo fuere, de dos mil pesos”(p.80). Este es otro hecho que no deja de llenar de perplejidad a quien lo lea, ¿aun, después de haberle hecho tanto daño, pretendía seguir dominando su vida?, incluso, vista hoy, después de que el mundo fue atravesado por el pensamiento de Sigmund Freud(1856-1939) la observación no deja de tener sus connotaciones eróticas, parece observar que no deseaba que ningún hombre la acariciara con los ojos vivos de la sexualidad.

Pero hay más, a nuestro entender, para ello no hay que ser una mujer feminista, basta que seamos un hombre sensible para preguntarnos por qué toda la interpretación del suceso, ruede alrededor de la hija y para nada se mencione a esa joven mujer que fue engañada, según los usos de la época, a quien seguramente prometió matrimonio, embarazó antes de la boda, no se casó con ella, la abandonó y separó de de su hija. Y ello dijo sin dejar de tener en cuenta que mientras seducía a la Martínez Cerrada también “estuvo pretendiendo a doña Ana Juana [de Escobedo y Quijano], presa social muy apetecible, al tiempo que engendraba una niña en otra mujer de nivel”(p.50).

¿Quién era María Martínez Cerrada?, “Se trata de una figura que aparece muy tenuemente en la documentación coetánea de Caracas, y sobre cuya identidad existen interrogantes casi tan importantes como en el caso de su presunta hija”(p.81). María Martínez Cerrada, fue hija del Encomendero de Guarenas, Lucas Martínez de Porras y de su primera esposa  Beatriz Cerrada del Mármol. Es una persona, dice el autor de El nudo deshecho, que llena de conjeturas al genealogista pues supone que tuvo a la niña un poco más de diez y seis años y a aquella edad y en aquella ciudad, como lo era la Caracas del XVII, vivía sola, “por cuenta propia”(p.86).

Además con ella, soltera, Francisco Marín de Narváez “pudo haber contraído matrimonio sin dispensación cuando hubo a doña Josefa”(p.100), de hecho el mismo lo dice en su testamento(p.500). “No se pueden saber las causas por las cuales no se efectuó un matrimonio, tratándose de una doncella principal que no necesitaba dispensa en el momento”(p.101). Como veremos es a ella a quien le atribuye Herrera-Valliant la maternidad de Josefa, ha sido su nombre el que los siglos han tratado de establecer con claridad, ahora sabemos que fue ella(p.122).

Aquí se lee “Resulta interesante notar que, si se acepta la presente hipótesis de maternidad por parte de doña María Martínez Cerrada, sería por vía de ella donde el Libertador vendría a recibir su único aporte de sangre originaria americana, a través de una de sus tatarabuelas materno-maternas(que era también una de sus cuartas abuelas por línea paterna)”(p.101).

Cuando el capitán Marín de Narváez murió Josefa tenía cerca de seis años, la madre dejó de existir cuando tenía ocho años. Fue entonce cuando quedó entonces en las manos de don Pedro Jaspe de Montenegro, hombre de escasas virtudes como había sido su propio papá. Anota Herrera-Vaillant con su precisión habitual: “No sabemos las condiciones de la tutela, pero ésta duró hasta que doña Josefa…cumplió los trece años de edad, para cuya fecha Jaspe de Montenegro dispuso casarla con su sobrino, al parecer traído recientemente de Galicia para éste mismo propósito”(p.113).

Casó Josefa en la Catedral de Caracas(Noviembre 16,1681), en la misma iglesia que guardaba en sus Libros de Registros su partida de bautismo. Se desposó a los trece años, con el capitán don Pedro de Ponte y Andrade. “Este Capitán fue Proveedor General de Caracas en 1679 y Alcalde de la Santa Hermandad en 1687”(p.116).

Desde la muerte del padre y alejada de la madre, “Escaso control tendría esta niña sobre sus destinos, pasando de una tutela en otra hasta llegar a manos de su marido”(p.116). Y, más tarde, “Lo repentino de su muerte, y el conflicto que sostenía con el marido por motivos económicos dan pié a pensar en cualquier mala acción”(p.124).

Reitera Herrera-Vaillant: “En todo caso la muerte de doña Josefa María Marín de Narváez parece tan misteriosa y triste como su breve existencia, en la que resulta muy poco probable que pudiese ejercer el menor control sobre sus propios destinos. Su desaparición física se envuelve en un misterio tan tupido como su nacimiento. Triste y breve fue también la vida de la que considero su madre, doña María Martínez de Cerrada…Decididamente la herencia con que el capitán Francisco Marín de Narváez trató de dotarla parece haber terminado como una maldición…Su corta vida fue siempre controlada por otros: el capitán Gonzalo Marín Granizo(1668-1674). Doña María Marín de Narváez(1674-1676), don Pedro Jaspe de Montenegro(1676-1671) y don Pedro de Ponte y Andrade(1681-1692)…Apenas hubo un instante en el cal, por una ley o disposición, no estuviese sometida a voluntades ajenas. Nació en situación irregular y murió bajo circunstancias misteriosas. Su vida, toda. Parece un libreto de una trágica novela”(p.125).

 

 

EL SUCEDER

 

Con estos elementos debemos señalar que Josefa Marín de Narváez(1668-1692), fue bisabuela del Libertador y sus hermanos. De ella recibieron su gran fortuna: la Minas de Aroa, la casa de San Jacinto en donde nacieron los Bolívar Palacios y la Capilla Catedralicia de la Trinidad, en donde estuvo enterrado el Libertador y lo están hoy sus padres e esposa.

Pero Josefa en apenas veinte y cuatro años de vida creó tales controversias que solo ha sido ahora, cuatrocientos veinte y ocho años después, que ello ha podido ser esclarecido, gracias a Herrera Vallilant.

Fue ella quien le dio todo lo que hemos señalado y más. Pero ella fue también, sin culpa alguna, la que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario que desearon, ello no por haber sido negra, como algunas fantasiosos creyeron, sino por la sencilla razón de haber sido hija natural, reconocida por el padre a la hora de otorgar su última voluntad. Pese a haber muerto soltero y estar aun, en Caracas, también la verdadera madre de su hija, “la doncella principal”(p.500), María Martínez de Cerrada, cuyo nombre conocemos ahora por primera, el padre de la niña no llegó a casarse con ella. Pero, a la vez, y esto permite también el libro que comentamos, una lectura contemporánea de una historia tan antigua descubrimos que Josefa fue una mujer maltratada, asunto que tanto nos interesa y ocupa hoy.

Herrera-Valliant ha logrado esclarecer el punto por haber logrado encontrar en un Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el testamento de Francisco Marín de Narvaez(c1625-1673), padre de Josefa. Es allí donde se engendró el llamado “nudo de la Marín” ya que en aquellos infolios el capitán Marín de Narváez, aunque reconoció a la hija y le dejó su inmensa fortuna(p.497), señaló que la madre de su hija había sido una “doncella principal cuyo nombre cayo por su decencia”(p.500), con ella pudo contraer matrimonio pues murió soltero y ella se casó después de del deceso de Marín de Narváez.

Ese es el “nudo de la Marín”, que fue como entre los Bolívar Palacios se llamó el asunto de la bisabuela, cuyo origen como hija natural les impidió demostrar ante el rey Carlos IV(1748-1819) la limpieza de sangre que era la que les hubiera permitido obtener aquel deseado título nobiliario, auque de haberlo poseído, gracias a las gestiones que en la península realizó don Esteban Palacios(1763-1830), tío materno de los Bolívar Palacios y además padrino de Simón José Antonio, él es el tío Esteban de la “Elegía del Cuzco”(Junio10,1825), les hubiera durado muy pocos años pues el 21 de diciembre 1811, en el artículo 204, de nuestra primera Constitución los títulos nobiliarios fueron prohibidos para siempre en nuestro país, desde ese momentos son ilegales. Y de hecho, fueron muy escasos los venezolanos que los tuvieron, y siempre fueron títulos espurios porque eran comprados por los Mantuanos con el dinero que producían sus haciendas, por lo cual se les llamó “grandes cacaos”, porque ninguno fue noble de cuna, el primer requisito para poseer un título. Desde luego, no fueron títulos ilegales pues fueron pagados y otorgados por su Majestad, pero hoy en el país republicano que somos causan risa. Y de hecho los grandes venezolanos, los verdaderos, para serlo, no lo necesitaron para nada: les bastó con su inteligencia, formación y capacidad de trabajo e ingenio.

Durante más de tres siglos se ha tratado de averiguar, como ya lo hemos indicado, cual fue la verdad sobre la Josefa Marín de Narváez y segundo, descubrir el llamado “nudo”, es decir quienes fueron su padre y su madre y cómo se llamó la progenitora. Herrera-Vaillant lo ha logrado esclarecer al señalar, tras larga, minuciosísima y muy cuidosa pesquisa, hecha a través de las 4000 personas que vivían en Caracas en 1673, año de la muerte, en Madrid, del capitán Marín de Narvaez que la madre de aquella niña se llamó: María Martínez Cerrada(c1652-1675), “Por todas las evidencias anteriores y hasta tanto se logre demostrar alguna hipótesis al contrario, genealógicamente se puede considerar a doña María Martínez de Cerrada como la probable madre de doña Josefa Marin de Narváez, a quien el capitán Francisco Marín de Narváez pudo haber engendrado una hija y abandonar  al costo de dejar el país por siempre a pesar de su evidente riqueza e influencia”(p.101). Esta es la afirmación central de El nudo deshecho.

Aunque desde atrás se sabía que Josefa no podía ser negra pues había sido bautizada en la Catedral de Caracas y su padre la había tenido con una joven de la alta clase, “doncella principal” la llama(p.500). Ahora tenemos más clara la historia, gracias a Herrera-Vaillant. Que no fue Josefa Marín de Narváez negra sino blanca y de la clase alta, solo fue hija natural, pero fue ello lo que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario al cual aspiraban, pues fue Josefa una hija natural reconocida pero cuyos padres nunca se casaron.

“Nudo” llamó al asunto don Feliciano Palacios y Sojo(1689-1756), el abuelo materno de los Bolívar Palacios, en carta a su hijo Esteban Palacios quien estaba en Madrid(Noviembre 9,1792), le dijo en ella “no sé como compondremos el nudo de la Marín”(p.41).

En genealogía, indica Herrera-Vaillant, “nudo” es una ascendencia que es casi imposible remontar, pero no tiene otra implicación”(p.41).

Hay sabemos que si bien se negó por mucho tiempo que el Libertador tuviera ascendencia negra si la tuvo, bien lo demuestra el autor de esta obra, le venía desde sus ascendientes canarios(p.131), pero la negritud no le llegó por la sangre de la bisabuela Josefa. La sangre indígena le vino por el camino de su tatarabuela natural María Martínez de Cerrada, este hecho, desde luego, no impide recibir la herencia genética. Al tener en sus venas, como lo vemos ahora bien, sangre negra e india y haber nacido en hogar blanco fue el Libertador un mestizo, uno más de una sociedad que él encabezó como el primer venezolano, fue uno más del “pequeño género humano” que él dijo en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815), del “mundo aparte” del Discurso de Angostura(Febrero 15,1819). Fue así el Libertador el completo hijo del mundo hispánico que ya dijo don Miguel de Unamuno(1864-1936) en 1914, un mestizo más del país más mestizo de Europa en el momento de iniciar la conquista de nuestras tierras.

 

UNA OBSERVACION

 

Hay un pequeño detalle que debió haberse aclarado mejor. Cuando se refiere Herrera-Vaillant a que Rafael Diego Mérida(1762-c1828) fue el “primero que publicó desinformación sobre el origen de la Marín de Narvaez”(p.39) no indica la fuente en donde lo tomó, no dudamos de su veracidad pero que en obras de este tipo eso se requiere. Es verdad que lo dijeron José de la Riva Agüero(1783-1858), con el seudónimo de P.Pruvonena, y Pedro Nuñez de Cáceres(1800-1863) en sus libelos. Se ha señalado que los datos que utilizó Riva Agüero provenían de Rafael Diego Mérida, posiblemente, suponemos, de un impreso suyo titulado Angustias de Colombia en 1828(Panamá: Imp.José Ángel Santos,1828), edición escasa y rara  fue aquella que nuestros pacientes bibliógrafos Ángel Raúl Villasana(1920-2004) y Blas Bruni Celli(1925) no lograron registrar entre las ediciones del “tuerto” Mérida que registraron con tanto detalle y precisión en sus obras. El primero en su Ensayo de un repertorio bibliográfico venezolano,1808-1950. Caracas: Banco Central de Venezuela,1976,t.V,p.166-167) y el segundo en su  Venezuela en 5 siglos de imprenta. (Caracas: Academia Nacional de la Historia,1998,p.950-955). Solo la hemos visto citada, con muy escasos datos en su descripción bibliográfica, en el Diccionario de Historia de Venezuela (2ª.ed.Caracas: Fundación Polar, 1997,t.III,p.148) gracias al general e historiador Héctor Bencomo Barrios(1924). Pero el “tuerto” Mérida, a quien se llama aquí “cojo”(p.39), considerado el mas controvertido de los  contemporáneos de Bolívar por su biógrafo Jorge Luciani(1894-1956), en estas incidencias ni siquiera lo cita don Manuel Segundo Sánchez(1868-1945) en su estudio sobre el punto que Herrera-Vialllant refiere (“Mito genealógico. Origen de Josefa Marín de Narváez” en sus Obras. Caracas: Banco Central de Venezuela,1964,t.II,p.426-451), trabajo, como siempre fueron los de don Manuel Segundo, esclarecedor, de hecho nos pone, con antelación, en el sendero al cual nos lleva ahora, con su vasta documentación Herrera-Vaillant, allí ya se sabía, en los años diez del siglo XX, año de su primera edición en El Universal(Caracas: Julio 5,1917) que Josefa no era hija de una negra esclava sino que era blanca y había sido bautizada en la Catedral de Caracas, iglesia  de los Mantuanos caraqueños de la época. Con ello no negamos que el “tuerto” Mérida, hombre tan lengua suelta, hubiera podido referir el punto pero el historiador está obligado a señalarlo con precisión, indicando el lugar de donde lo toma. Lo que con sus libelos causó el “tuerto” Mérida en Caracas fue tan grande que María Antonia Bolívar(1777-1842) la hermana mayor del Libertador, que era mujer bravía y de armas tomar, llegó a decirle a su famoso hermano(Julio 29,1824) “El Bribonaso de Mérida ha tenido el atrevimiento de escribir contra todos los principales de Caracas, y entre ellos los Toro incluyendo hasta las mujeres y el día que su malignidad te tome a ti…le hago sacar el otro ojo a palos”(Papeles de Bolívar. Caracas: Litografía del Comercio,1917,p.357. Respetamos la ortografía de la época). La mejor definición de lo que fue el “tuerto” es la que ofrece su biógrafo Jorge Luciani: “¡Inaudita y desconcertante fusión de malos instintos y de soberbias cualiadades¡.El arrojo del rebelde y las argucias del intrigante, la verdad y la mentira, el patriotismo y la venganza, el orgullo y la envidia, el desinterés y el cálculo, la convicción y el disimulo, la rectitud y la felonía conviven en el alma y se tropiezan. Son dos aspectos, cuán diferentes, de una misma figura, que la imprimen relieve original. ¡Cuántas tinieblas!¡Cuanta luz¡ ¿Dónde termina el bien?¿Dónde comienza el mal?¡Ser ambiguo que muchos no saben si elogiar, si maldecir!”(El máximo turbulento de la Gran Colombia. Caracas: C.A.Artes Gráficas,1943,p.94)

 

 

 

LA NOVELA DE JOSEFA

 

Pero, además, al leer con atención El nudo deshecho nos damos cuenta que aquí, con el caso de Josefa, muerta a los veinte y cuatro años, tienen un gran material nuestros narradores para componer una sabrosa novela histórica, que algún día un buen novelista que se afirme en el pasado para componer su obra podrá componer una bella obra sobre nuestro  siglo XVII caraqueño y seguir así la lección dada por Francisco Herrera Luque(1927-1991) nuestro primer novelista de aquellos días de la colonia, especialmente en Los amos del valle(Barcelona: Pomaire,1979. 2 vols).

Será esta novela que proponemos, a partir de sugestiones del propio autor de El nudo deshecho, una narración sobre los escándalos en las altas clases caraqueñas de la colonia, fue la misma época de las turbulencias del benedictino fray Mauro de Tovar, obispo de Caracas entre 1640-54, un psicópata sin duda, quien al irse dijo “De Caracas no quiero ni el polvo”. Será la novela del suceder vital de una niña nacida en lo más alto de la sociedad provincial, hija de dos personas de aquel medio, el padre activo en la vida municipal de la urbe, quien sedujo, dejó sin virginidad, al decir su testamento que era “doncella”(p.500) está indicando que la joven era virgen y la virginidad era un valor en  aquellos días y en aquella sociedad. Ya que embarazó a aquella muchacha no decidió casarse, y de hecho se fue y no volvió más a Caracas, ¿por qué huyó, por ello?.

Seria también la novela que proponemos una obra sobre el abandono de la madre y de la hija, sobre una niñita, Josefa, que fue separada al nacer de su madre y enviada a un Convento, el de las Concepciones en la esquina de Las Monjas, que fue el sitio donde se escondían todos los llamados “malos pasos” de las niñas de la alta clase caraqueña de la colonia, en ese mismo cenobio nació más tarde el general Manuel Carlos Piar(1774-1817), otro hijo natural de una mantuana, Belén Jerez de Aristiguieta y Blanco(1765-1850), una de las Nueve Musas.

Pero sería a la vez un libro sobre la inmensa fortuna que formó y poseyó el padre de Josefa, sobre el tutor don Pedro Jaspe de Montenegro(1617-1691), “uno de los personajes más prominentes y de mayor actividad económica de Caracas en la segunda mitad del siglo XVII”(p.113), pero sin duda un corrupto de la época, tanto como el propio Marín de Narváez, de hecho debió salir de Venezuela, años antes del nacimiento de la hija, perseguido por diversas denuncias(p.30). Que Jaspe de Montenegro fue un muy parecido corrupto a los hemos conocido nosotros con el tiempo es cosa conocida por nuestra historia desde atrás, sus fraudes cometidos contra la Real Hacienda fueron públicamente investigados(p.32).

Sería la que decimos una novela sobre el matrimonio casi impuesto de Josefa con Pedro de Ponte y Andrade(1650-1716), traído aquí por su tío, tutor de Josefa, Pedro Jaspe de Montenegro, para casarlo con la rica heredera Josefa Marín de Narvaez, de la cual era tutor.

Josefa, a la vez, tuvo siete hijos: en “94 meses que duró su matrimonio, entre los 13 y 24 años…se mantuvo encinta 63 meses y lactando unos cuantos más”(p.118), observa Herrera-Vaillant. Sobre lo que sufrió en los años del matrimonio hasta el punto de haber entablando pelea judicial con el marido en los años finales de su vida, es posible que estuvieran separados en el momento del deceso de ella, hay evidencias en esta obra, la vida de Josefa fue como un calvario en esta valle de lágrimas que para muchos ha sido siempre Caracas.

Para escribir la fascinante novela que sugerimos deberá empaparse bien el novelista de la Caracas del siglo XVII. Allí encontrará los cimientos para escribir el libro sobre una joven mujer: maltratada por sus progenitores, el padre la abandonó, la madre dejó que se la llevaron de su lado y la enviaran a un convento(p.78), el tutor se aprovechó de su fortuna al igual que el marido quien prácticamente la mantuvo embarazada a lo largo de la mayor parte del matrimonio.

 

LA SEGUNDA PARTE

 

En la segunda parte de El nudo deshecho nos ofrece Herrrea-Vaillant la más completa genealogía del Libertador que se haya compilado hasta ahora, basada en certera documentación. Según ella más de 800 personas se pueden considerar hoy en día sus verdaderos descendientes.

Para ofrecernos esta parte, siempre construida sobre la base de amplia documentación y precisas afirmaciones, nos indica Herrera-Vaillant que realizó “una especie de ‘auditoría genealógica’ de sus antepasados conocidos…todo ser humano tiene exactamente dos padres biológicos, lo cual deriva en cuatro abuelos, ocho bisabuelos y seis tatarabuelos, y así sucesivamente en multiplicación geométrica. Cada generación suma un 100% de modo que 2 constituye el 100% por ciento de los padres, 4 el 100% de los abuelos, el 16% de los bisabuelos, y así en adelante. De este modo asignamos a cada uno de los padres un 50%, a los abuelos un 25%, bisabuelos un 12,5%, tatarabuelos un 6,25% y así sucesivamente, exclusivamente para los fines de demostración y análisis”(p.131).

 

 

Mayo 31,2011

 

 

 

 

 

No creemos que quede hoy en día duda alguna de que el historiador Antonio Herrera Vaillant es nuestro primer genealogista, quien además de ser un investigador que pone ante nosotros la extensa e inmensa documentación que consulta, que es el fundamento de sus trabajos, también utiliza los elementos que los nuevos lenguajes, usos y utensilios que la computación pone en manos de quien examine nuestra historia, más en el caso de la ciencia que él cultiva.

 

LAS HERMANAS ROJAS

 

Eso ya fue evidente en su fundamental obra La estirpe de las Rojas(Caracas: Academia Nacional de la Historia/Instituto Venezolano de Genealogía,2007. 2 vols) a través de la cual nos hace ver como la principales familias de la Provincia de Caracas venían y eran descendientes de las dos hermanas Rojas, Ana de Rojas(c1535-1600) y Beatriz de Rojas(c1537-c1622), quienes nacieron en la isla de Cubagua, el primer asentamiento urbano de Venezuela(1519-1541), vieron la luz ambas en la tercera década del siglo XVI y  se casaron en la isla Margarita, a donde huyeron los habitantes de Cubagua tras la despoblación de la isla y posterior maremoto, ambas contrajeron nupcias con dos conquistadores, y produjeron tal descendencia que sus sucesores siguen aun vivos en nuestros días. Ana se casó con el capitán Alfonso Díaz Moreno(c1526-1602), el fundador de Valencia, y Beatriz con Garci González de Silva(c1535-1625), el “gonzalito” de nuestra historia, la gran figura militar de Caracas en su primeros tiempos. Fueron las hermanas Rojas hijas de Diego Gómez de Agüero(c1495-1561) y de Ana de Rojas(c1515-1561), ambos fueron asesinados en Margarita(Julio 20,1561) por el Tirano Lope de Aguirre(c1511-1561).  Es, desde luego, La estirpe de las Rojas pieza clave para un buen entendimiento de nuestra historia, pues son muy diversos los datos de muy diversas índole que se hayan en este fundamental libro.

 

LA HISTORIA DE JOSEFA

 

Ahora nos sorprende Herrera-Vaillant con un valioso hallazgo documental, siglos enteros de indagaciones habían rodeado el punto sin haber logrado esclarecerlo. Su luz completa se haya en la primera parte, fascinante, de El nudo deshecho/Compendio genealógico del Libertador(Prólogo: Rafael Arraiz Lucca. Caracas: Academia Nacional de la Historia/Instituto Venezolano de Genealogía,2010.531 p.).

Indica su autor: “Por casi dos siglos sobre ella ha persistido el fascinante enigma del llamado “nudo de la Marín”, que ha dado pie a múltiples especulaciones en torno a la naturaleza de una bisabuela de El Libertador que nació en Caracas, bautizada en calidad de ‘expósita’ y luego reconocida por el padre en su lecho de muerte, sin que jamás apareciera la madre…Al pasarlo han pasado por alto la más resaltante realidad de su vida: que su fugaz existencia debió constituir una tragedia desde que el momento de su concepción hasta el instante que murió bajo misteriosas circunstancias…Un extraño poder para testamento iniciado por doña Josefa Marín de Narváez el mismo día de su muerte, arroja importantes pistas no sólo sobre sus orígenes genealógicos sino sobre toda su dramática existencia…En efecto, la vida entera de doña Josefa Marín de Narváez es un clásico ejemplo de la sumisión de las mujeres en el mundo hispánico de la segunda mitad del siglo XVII, aún en caso de aquellas que, como ella, eran herederas de una cuantiosa fortuna…Cada etapa de su vida causarían asombro a cualquier feminista actual debido a la manipulación y abuso a que se vio sometida la niña y joven desde antes de nacer y hasta el momento de su muerte, envueltos ambos extremos en una aureola de misterios y vergüenzas…El propósito de este trabajo es reunir los datos disponibles a cualquier investigador sobre esta mujer a fin de esclarecer sus orígenes, pero su lectura bien puede aportar excelentes bases para una novela”(p.20-21).

 

EL SUCESO

 

Esta historia debería comenzar como se inician las historias de pareja: por el enamoramiento y la seducción de la mujer. Pero no, aquí todo comienza en el momento en que el historiador encuentra los documentos. Así partimos, siempre en Caracas, del 26 de Abril de 1669, días de nuestro siglo XVII, momento de la “presentación oficial de este niña cuyos padres no casaron, y cuya madre iba a permanecer por siglos en el anonimato”(p.34). “Josefa, hija de padres desconocidos, bautizada en casa por necesidad. Es de edad de cinco meses poco más o menos”(p.36) dice la partida de defunción, asentada en el Libro de Bautistas de Sagrario de la Catedral de Caracas, Año 1668, Folio 269. El Acta, aunque el sacramento fue administrado afuera pertenece a la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Caracas, esto nos indicaba que la bebé era blanca e hija de la alta clase social de la época, sino ni el sacramento podía ser otorgado por el clérigo de aquella iglesia ni la partida hubiera podido ser asentada allí. Y, desde luego, no era tampoco hija de padres desconocidos así la partida lo afirmara así. Desde el principio llama la atención primero que nada que siendo soltero el padre y soltera la madre de la niña el progenitor no se casara con ella. A poco del nacimiento, además, el padre separa a la hija de la madre, la entrega en adopción y se va de Venezuela para no regresar más. ¿De qué huye?¿de que lo obligaran a casarse?, es esta una pregunta que cabe.

Para el examen de todo este proceso vital que sigue debemos situarnos siempre en la sociedad caraqueña del período, segunda mitad del siglo XVII, y comprender sus modos, sus conductas, sino será imposible entender porque todo ser humano nace, vive, actúa y muere en su lugar y en su tiempo, no en ningún otro. 

De hecho el padre “el capitán [Francisco] Marín de Narváez no parece haber vivido en Venezuela más que unos seis escasos años de su vida”(p.30). Y evidentemente para aquel hecho sin duda escandaloso en aquella ciudad de tan pocos habitantes, si vivían 4000 personas en la ciudad la clase pudiente debía ser de cerca de 300 personas. Pese a todo “la memoria caraqueña para los escándalos resultó singularmente breve”(p.69).¿Yo habíamos comenzado a ser el país sin memoria que hemos sido?.

Y para poder indagar aquella historia Herrera-Vaillant busca en donde están consignados los últimos legados: el testamento del padre.

Los testamentos, indica, “son instrumentos legales en los que clásicamente se apoya la investigación genealógica para aclarar situaciones de paternidad no legítima o incógnita…aquellos que enfrentan la muerte con frecuencia suelen utilizar el instrumentos testamentario para saldar viejas cuentas, reparar ofensas, y en general preparar las cosas para pasar a otra vida con las menores cargas”(p.71).

El testamento del capitán Francisco Marín de Narváez fue otorgado en Madrid el 18 de Agosto de 1673, “con dos codicilos otorgados, respectivamente, el 20 y 22 de Agosto, día éste último de su muerte”(p.71), “El caso de…Marín de Narváez no es excepción…Pero hasta ahora no se había podido analizar en su totalidad del texto del documento completo, que contiene numerosas referencias a otras personas de la época y pudiese aclarar considerablemente la identidad de doña Josefa y, sobre todo, de su presunta madre”(p.71).

“Veamos la famosa cláusula testamentaria que hoy tenemos disponible en su contexto total, y que es la que rige la vida de esta desdichada criatura, transformándose en castigo la intención paterna de dotarla de una enorme fortuna: ‘Declaro que tengo una hija natural y por tal la reconozco, nombrada Josefa, de edad de cinco a seis años poco menos, a la cual hube doncella principal cuyo nombre cayo por su decencia con la que pudiera contraer sin dispensación cuando la hube, y que se está criando por mi orden en casa del Señor Capitán Gonzalo Marín Granizo, mi tío y mi hermana doña María Marín la conoce”(p.75-76,500). Es allí cuando nombra a la hija “universal heredera” de todos sus bienes(p.76), estos eran más que cuantiosos. Y es allí también donde nombra tutor de la hija, a falta de su hermana, al Proveedor Pedro Jaspe y Montenegro(p.76). A Josefa Marín de Narvaez, la hija, la llama Herrera-Viallant “doña” aunque murió siendo apenas una mucha de veinte y cuatro años. Sabemos, desde luego, que ese modo de nombrar a las personas se usaba entoces, incluso el Rey lo concedía.

Dejó el capitán Marín de Narváez un legado a María Martínez de Cerrada,  que como hoy sabemos, gracias a Herrera Vaillant, fue la madre de su niña. Por cierto, al entregar el legado a su antigua novia y amante, y madre de su hija, dictaminó que el monto fuera de “cuatro mil pesos si fuera Religiosa y si no lo fuere, de dos mil pesos”(p.80). Este es otro hecho que no deja de llenar de perplejidad a quien lo lea, ¿aun, después de haberle hecho tanto daño, pretendía seguir dominando su vida?, incluso, vista hoy, después de que el mundo fue atravesado por el pensamiento de Sigmund Freud(1856-1939) la observación no deja de tener sus connotaciones eróticas, parece observar que no deseaba que ningún hombre la acariciara con los ojos vivos de la sexualidad.

Pero hay más, a nuestro entender, para ello no hay que ser una mujer feminista, basta que seamos un hombre sensible para preguntarnos por qué toda la interpretación del suceso, ruede alrededor de la hija y para nada se mencione a esa joven mujer que fue engañada, según los usos de la época, a quien seguramente prometió matrimonio, embarazó antes de la boda, no se casó con ella, la abandonó y separó de de su hija. Y ello dijo sin dejar de tener en cuenta que mientras seducía a la Martínez Cerrada también “estuvo pretendiendo a doña Ana Juana [de Escobedo y Quijano], presa social muy apetecible, al tiempo que engendraba una niña en otra mujer de nivel”(p.50).

¿Quién era María Martínez Cerrada?, “Se trata de una figura que aparece muy tenuemente en la documentación coetánea de Caracas, y sobre cuya identidad existen interrogantes casi tan importantes como en el caso de su presunta hija”(p.81). María Martínez Cerrada, fue hija del Encomendero de Guarenas, Lucas Martínez de Porras y de su primera esposa  Beatriz Cerrada del Mármol. Es una persona, dice el autor de El nudo deshecho, que llena de conjeturas al genealogista pues supone que tuvo a la niña un poco más de diez y seis años y a aquella edad y en aquella ciudad, como lo era la Caracas del XVII, vivía sola, “por cuenta propia”(p.86).

Además con ella, soltera, Francisco Marín de Narváez “pudo haber contraído matrimonio sin dispensación cuando hubo a doña Josefa”(p.100), de hecho el mismo lo dice en su testamento(p.500). “No se pueden saber las causas por las cuales no se efectuó un matrimonio, tratándose de una doncella principal que no necesitaba dispensa en el momento”(p.101). Como veremos es a ella a quien le atribuye Herrera-Valliant la maternidad de Josefa, ha sido su nombre el que los siglos han tratado de establecer con claridad, ahora sabemos que fue ella(p.122).

Aquí se lee “Resulta interesante notar que, si se acepta la presente hipótesis de maternidad por parte de doña María Martínez Cerrada, sería por vía de ella donde el Libertador vendría a recibir su único aporte de sangre originaria americana, a través de una de sus tatarabuelas materno-maternas(que era también una de sus cuartas abuelas por línea paterna)”(p.101).

Cuando el capitán Marín de Narváez murió Josefa tenía cerca de seis años, la madre dejó de existir cuando tenía ocho años. Fue entonce cuando quedó entonces en las manos de don Pedro Jaspe de Montenegro, hombre de escasas virtudes como había sido su propio papá. Anota Herrera-Vaillant con su precisión habitual: “No sabemos las condiciones de la tutela, pero ésta duró hasta que doña Josefa…cumplió los trece años de edad, para cuya fecha Jaspe de Montenegro dispuso casarla con su sobrino, al parecer traído recientemente de Galicia para éste mismo propósito”(p.113).

Casó Josefa en la Catedral de Caracas(Noviembre 16,1681), en la misma iglesia que guardaba en sus Libros de Registros su partida de bautismo. Se desposó a los trece años, con el capitán don Pedro de Ponte y Andrade. “Este Capitán fue Proveedor General de Caracas en 1679 y Alcalde de la Santa Hermandad en 1687”(p.116).

Desde la muerte del padre y alejada de la madre, “Escaso control tendría esta niña sobre sus destinos, pasando de una tutela en otra hasta llegar a manos de su marido”(p.116). Y, más tarde, “Lo repentino de su muerte, y el conflicto que sostenía con el marido por motivos económicos dan pié a pensar en cualquier mala acción”(p.124).

Reitera Herrera-Vaillant: “En todo caso la muerte de doña Josefa María Marín de Narváez parece tan misteriosa y triste como su breve existencia, en la que resulta muy poco probable que pudiese ejercer el menor control sobre sus propios destinos. Su desaparición física se envuelve en un misterio tan tupido como su nacimiento. Triste y breve fue también la vida de la que considero su madre, doña María Martínez de Cerrada…Decididamente la herencia con que el capitán Francisco Marín de Narváez trató de dotarla parece haber terminado como una maldición…Su corta vida fue siempre controlada por otros: el capitán Gonzalo Marín Granizo(1668-1674). Doña María Marín de Narváez(1674-1676), don Pedro Jaspe de Montenegro(1676-1671) y don Pedro de Ponte y Andrade(1681-1692)…Apenas hubo un instante en el cal, por una ley o disposición, no estuviese sometida a voluntades ajenas. Nació en situación irregular y murió bajo circunstancias misteriosas. Su vida, toda. Parece un libreto de una trágica novela”(p.125).

 

 

EL SUCEDER

 

Con estos elementos debemos señalar que Josefa Marín de Narváez(1668-1692), fue bisabuela del Libertador y sus hermanos. De ella recibieron su gran fortuna: la Minas de Aroa, la casa de San Jacinto en donde nacieron los Bolívar Palacios y la Capilla Catedralicia de la Trinidad, en donde estuvo enterrado el Libertador y lo están hoy sus padres e esposa.

Pero Josefa en apenas veinte y cuatro años de vida creó tales controversias que solo ha sido ahora, cuatrocientos veinte y ocho años después, que ello ha podido ser esclarecido, gracias a Herrera Vallilant.

Fue ella quien le dio todo lo que hemos señalado y más. Pero ella fue también, sin culpa alguna, la que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario que desearon, ello no por haber sido negra, como algunas fantasiosos creyeron, sino por la sencilla razón de haber sido hija natural, reconocida por el padre a la hora de otorgar su última voluntad. Pese a haber muerto soltero y estar aun, en Caracas, también la verdadera madre de su hija, “la doncella principal”(p.500), María Martínez de Cerrada, cuyo nombre conocemos ahora por primera, el padre de la niña no llegó a casarse con ella. Pero, a la vez, y esto permite también el libro que comentamos, una lectura contemporánea de una historia tan antigua descubrimos que Josefa fue una mujer maltratada, asunto que tanto nos interesa y ocupa hoy.

Herrera-Valliant ha logrado esclarecer el punto por haber logrado encontrar en un Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el testamento de Francisco Marín de Narvaez(c1625-1673), padre de Josefa. Es allí donde se engendró el llamado “nudo de la Marín” ya que en aquellos infolios el capitán Marín de Narváez, aunque reconoció a la hija y le dejó su inmensa fortuna(p.497), señaló que la madre de su hija había sido una “doncella principal cuyo nombre cayo por su decencia”(p.500), con ella pudo contraer matrimonio pues murió soltero y ella se casó después de del deceso de Marín de Narváez.

Ese es el “nudo de la Marín”, que fue como entre los Bolívar Palacios se llamó el asunto de la bisabuela, cuyo origen como hija natural les impidió demostrar ante el rey Carlos IV(1748-1819) la limpieza de sangre que era la que les hubiera permitido obtener aquel deseado título nobiliario, auque de haberlo poseído, gracias a las gestiones que en la península realizó don Esteban Palacios(1763-1830), tío materno de los Bolívar Palacios y además padrino de Simón José Antonio, él es el tío Esteban de la “Elegía del Cuzco”(Junio10,1825), les hubiera durado muy pocos años pues el 21 de diciembre 1811, en el artículo 204, de nuestra primera Constitución los títulos nobiliarios fueron prohibidos para siempre en nuestro país, desde ese momentos son ilegales. Y de hecho, fueron muy escasos los venezolanos que los tuvieron, y siempre fueron títulos espurios porque eran comprados por los Mantuanos con el dinero que producían sus haciendas, por lo cual se les llamó “grandes cacaos”, porque ninguno fue noble de cuna, el primer requisito para poseer un título. Desde luego, no fueron títulos ilegales pues fueron pagados y otorgados por su Majestad, pero hoy en el país republicano que somos causan risa. Y de hecho los grandes venezolanos, los verdaderos, para serlo, no lo necesitaron para nada: les bastó con su inteligencia, formación y capacidad de trabajo e ingenio.

Durante más de tres siglos se ha tratado de averiguar, como ya lo hemos indicado, cual fue la verdad sobre la Josefa Marín de Narváez y segundo, descubrir el llamado “nudo”, es decir quienes fueron su padre y su madre y cómo se llamó la progenitora. Herrera-Vaillant lo ha logrado esclarecer al señalar, tras larga, minuciosísima y muy cuidosa pesquisa, hecha a través de las 4000 personas que vivían en Caracas en 1673, año de la muerte, en Madrid, del capitán Marín de Narvaez que la madre de aquella niña se llamó: María Martínez Cerrada(c1652-1675), “Por todas las evidencias anteriores y hasta tanto se logre demostrar alguna hipótesis al contrario, genealógicamente se puede considerar a doña María Martínez de Cerrada como la probable madre de doña Josefa Marin de Narváez, a quien el capitán Francisco Marín de Narváez pudo haber engendrado una hija y abandonar  al costo de dejar el país por siempre a pesar de su evidente riqueza e influencia”(p.101). Esta es la afirmación central de El nudo deshecho.

Aunque desde atrás se sabía que Josefa no podía ser negra pues había sido bautizada en la Catedral de Caracas y su padre la había tenido con una joven de la alta clase, “doncella principal” la llama(p.500). Ahora tenemos más clara la historia, gracias a Herrera-Vaillant. Que no fue Josefa Marín de Narváez negra sino blanca y de la clase alta, solo fue hija natural, pero fue ello lo que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario al cual aspiraban, pues fue Josefa una hija natural reconocida pero cuyos padres nunca se casaron.

“Nudo” llamó al asunto don Feliciano Palacios y Sojo(1689-1756), el abuelo materno de los Bolívar Palacios, en carta a su hijo Esteban Palacios quien estaba en Madrid(Noviembre 9,1792), le dijo en ella “no sé como compondremos el nudo de la Marín”(p.41).

En genealogía, indica Herrera-Vaillant, “nudo” es una ascendencia que es casi imposible remontar, pero no tiene otra implicación”(p.41).

Hay sabemos que si bien se negó por mucho tiempo que el Libertador tuviera ascendencia negra si la tuvo, bien lo demuestra el autor de esta obra, le venía desde sus ascendientes canarios(p.131), pero la negritud no le llegó por la sangre de la bisabuela Josefa. La sangre indígena le vino por el camino de su tatarabuela natural María Martínez de Cerrada, este hecho, desde luego, no impide recibir la herencia genética. Al tener en sus venas, como lo vemos ahora bien, sangre negra e india y haber nacido en hogar blanco fue el Libertador un mestizo, uno más de una sociedad que él encabezó como el primer venezolano, fue uno más del “pequeño género humano” que él dijo en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815), del “mundo aparte” del Discurso de Angostura(Febrero 15,1819). Fue así el Libertador el completo hijo del mundo hispánico que ya dijo don Miguel de Unamuno(1864-1936) en 1914, un mestizo más del país más mestizo de Europa en el momento de iniciar la conquista de nuestras tierras.

 

UNA OBSERVACION

 

Hay un pequeño detalle que debió haberse aclarado mejor. Cuando se refiere Herrera-Vaillant a que Rafael Diego Mérida(1762-c1828) fue el “primero que publicó desinformación sobre el origen de la Marín de Narvaez”(p.39) no indica la fuente en donde lo tomó, no dudamos de su veracidad pero que en obras de este tipo eso se requiere. Es verdad que lo dijeron José de la Riva Agüero(1783-1858), con el seudónimo de P.Pruvonena, y Pedro Nuñez de Cáceres(1800-1863) en sus libelos. Se ha señalado que los datos que utilizó Riva Agüero provenían de Rafael Diego Mérida, posiblemente, suponemos, de un impreso suyo titulado Angustias de Colombia en 1828(Panamá: Imp.José Ángel Santos,1828), edición escasa y rara  fue aquella que nuestros pacientes bibliógrafos Ángel Raúl Villasana(1920-2004) y Blas Bruni Celli(1925) no lograron registrar entre las ediciones del “tuerto” Mérida que registraron con tanto detalle y precisión en sus obras. El primero en su Ensayo de un repertorio bibliográfico venezolano,1808-1950. Caracas: Banco Central de Venezuela,1976,t.V,p.166-167) y el segundo en su  Venezuela en 5 siglos de imprenta. (Caracas: Academia Nacional de la Historia,1998,p.950-955). Solo la hemos visto citada, con muy escasos datos en su descripción bibliográfica, en el Diccionario de Historia de Venezuela (2ª.ed.Caracas: Fundación Polar, 1997,t.III,p.148) gracias al general e historiador Héctor Bencomo Barrios(1924). Pero el “tuerto” Mérida, a quien se llama aquí “cojo”(p.39), considerado el mas controvertido de los  contemporáneos de Bolívar por su biógrafo Jorge Luciani(1894-1956), en estas incidencias ni siquiera lo cita don Manuel Segundo Sánchez(1868-1945) en su estudio sobre el punto que Herrera-Vialllant refiere (“Mito genealógico. Origen de Josefa Marín de Narváez” en sus Obras. Caracas: Banco Central de Venezuela,1964,t.II,p.426-451), trabajo, como siempre fueron los de don Manuel Segundo, esclarecedor, de hecho nos pone, con antelación, en el sendero al cual nos lleva ahora, con su vasta documentación Herrera-Vaillant, allí ya se sabía, en los años diez del siglo XX, año de su primera edición en El Universal(Caracas: Julio 5,1917) que Josefa no era hija de una negra esclava sino que era blanca y había sido bautizada en la Catedral de Caracas, iglesia  de los Mantuanos caraqueños de la época. Con ello no negamos que el “tuerto” Mérida, hombre tan lengua suelta, hubiera podido referir el punto pero el historiador está obligado a señalarlo con precisión, indicando el lugar de donde lo toma. Lo que con sus libelos causó el “tuerto” Mérida en Caracas fue tan grande que María Antonia Bolívar(1777-1842) la hermana mayor del Libertador, que era mujer bravía y de armas tomar, llegó a decirle a su famoso hermano(Julio 29,1824) “El Bribonaso de Mérida ha tenido el atrevimiento de escribir contra todos los principales de Caracas, y entre ellos los Toro incluyendo hasta las mujeres y el día que su malignidad te tome a ti…le hago sacar el otro ojo a palos”(Papeles de Bolívar. Caracas: Litografía del Comercio,1917,p.357. Respetamos la ortografía de la época). La mejor definición de lo que fue el “tuerto” es la que ofrece su biógrafo Jorge Luciani: “¡Inaudita y desconcertante fusión de malos instintos y de soberbias cualiadades¡.El arrojo del rebelde y las argucias del intrigante, la verdad y la mentira, el patriotismo y la venganza, el orgullo y la envidia, el desinterés y el cálculo, la convicción y el disimulo, la rectitud y la felonía conviven en el alma y se tropiezan. Son dos aspectos, cuán diferentes, de una misma figura, que la imprimen relieve original. ¡Cuántas tinieblas!¡Cuanta luz¡ ¿Dónde termina el bien?¿Dónde comienza el mal?¡Ser ambiguo que muchos no saben si elogiar, si maldecir!”(El máximo turbulento de la Gran Colombia. Caracas: C.A.Artes Gráficas,1943,p.94)

 

 

 

LA NOVELA DE JOSEFA

 

Pero, además, al leer con atención El nudo deshecho nos damos cuenta que aquí, con el caso de Josefa, muerta a los veinte y cuatro años, tienen un gran material nuestros narradores para componer una sabrosa novela histórica, que algún día un buen novelista que se afirme en el pasado para componer su obra podrá componer una bella obra sobre nuestro  siglo XVII caraqueño y seguir así la lección dada por Francisco Herrera Luque(1927-1991) nuestro primer novelista de aquellos días de la colonia, especialmente en Los amos del valle(Barcelona: Pomaire,1979. 2 vols).

Será esta novela que proponemos, a partir de sugestiones del propio autor de El nudo deshecho, una narración sobre los escándalos en las altas clases caraqueñas de la colonia, fue la misma época de las turbulencias del benedictino fray Mauro de Tovar, obispo de Caracas entre 1640-54, un psicópata sin duda, quien al irse dijo “De Caracas no quiero ni el polvo”. Será la novela del suceder vital de una niña nacida en lo más alto de la sociedad provincial, hija de dos personas de aquel medio, el padre activo en la vida municipal de la urbe, quien sedujo, dejó sin virginidad, al decir su testamento que era “doncella”(p.500) está indicando que la joven era virgen y la virginidad era un valor en  aquellos días y en aquella sociedad. Ya que embarazó a aquella muchacha no decidió casarse, y de hecho se fue y no volvió más a Caracas, ¿por qué huyó, por ello?.

Seria también la novela que proponemos una obra sobre el abandono de la madre y de la hija, sobre una niñita, Josefa, que fue separada al nacer de su madre y enviada a un Convento, el de las Concepciones en la esquina de Las Monjas, que fue el sitio donde se escondían todos los llamados “malos pasos” de las niñas de la alta clase caraqueña de la colonia, en ese mismo cenobio nació más tarde el general Manuel Carlos Piar(1774-1817), otro hijo natural de una mantuana, Belén Jerez de Aristiguieta y Blanco(1765-1850), una de las Nueve Musas.

Pero sería a la vez un libro sobre la inmensa fortuna que formó y poseyó el padre de Josefa, sobre el tutor don Pedro Jaspe de Montenegro(1617-1691), “uno de los personajes más prominentes y de mayor actividad económica de Caracas en la segunda mitad del siglo XVII”(p.113), pero sin duda un corrupto de la época, tanto como el propio Marín de Narváez, de hecho debió salir de Venezuela, años antes del nacimiento de la hija, perseguido por diversas denuncias(p.30). Que Jaspe de Montenegro fue un muy parecido corrupto a los hemos conocido nosotros con el tiempo es cosa conocida por nuestra historia desde atrás, sus fraudes cometidos contra la Real Hacienda fueron públicamente investigados(p.32).

Sería la que decimos una novela sobre el matrimonio casi impuesto de Josefa con Pedro de Ponte y Andrade(1650-1716), traído aquí por su tío, tutor de Josefa, Pedro Jaspe de Montenegro, para casarlo con la rica heredera Josefa Marín de Narvaez, de la cual era tutor.

Josefa, a la vez, tuvo siete hijos: en “94 meses que duró su matrimonio, entre los 13 y 24 años…se mantuvo encinta 63 meses y lactando unos cuantos más”(p.118), observa Herrera-Vaillant. Sobre lo que sufrió en los años del matrimonio hasta el punto de haber entablando pelea judicial con el marido en los años finales de su vida, es posible que estuvieran separados en el momento del deceso de ella, hay evidencias en esta obra, la vida de Josefa fue como un calvario en esta valle de lágrimas que para muchos ha sido siempre Caracas.

Para escribir la fascinante novela que sugerimos deberá empaparse bien el novelista de la Caracas del siglo XVII. Allí encontrará los cimientos para escribir el libro sobre una joven mujer: maltratada por sus progenitores, el padre la abandonó, la madre dejó que se la llevaron de su lado y la enviaran a un convento(p.78), el tutor se aprovechó de su fortuna al igual que el marido quien prácticamente la mantuvo embarazada a lo largo de la mayor parte del matrimonio.

 

LA SEGUNDA PARTE

 

En la segunda parte de El nudo deshecho nos ofrece Herrrea-Vaillant la más completa genealogía del Libertador que se haya compilado hasta ahora, basada en certera documentación. Según ella más de 800 personas se pueden considerar hoy en día sus verdaderos descendientes.

Para ofrecernos esta parte, siempre construida sobre la base de amplia documentación y precisas afirmaciones, nos indica Herrera-Vaillant que realizó “una especie de ‘auditoría genealógica’ de sus antepasados conocidos…todo ser humano tiene exactamente dos padres biológicos, lo cual deriva en cuatro abuelos, ocho bisabuelos y seis tatarabuelos, y así sucesivamente en multiplicación geométrica. Cada generación suma un 100% de modo que 2 constituye el 100% por ciento de los padres, 4 el 100% de los abuelos, el 16% de los bisabuelos, y así en adelante. De este modo asignamos a cada uno de los padres un 50%, a los abuelos un 25%, bisabuelos un 12,5%, tatarabuelos un 6,25% y así sucesivamente, exclusivamente para los fines de demostración y análisis”(p.131).

 

 

Mayo 31,2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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