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Giselle Cesin, un corazón que late alto

Por Susana Vielma

@suevielma

Dicen que no hay mujer más valiente y guerrera que la venezolana. También dicen que es conquistadora. La atleta Giselle Cesin es la personificación de todo eso y mucho más. A los 14 años soñaba con escalar el Everest y ahora, con 30, se prepara para hacerlo, a pesar de ser paciente cardíaca.

Estuvo practicando este año en El Aconcagua, en Argentina, pero el campamento en el que estaba se incendió y ella sufrió lesiones. Se fue a Panamá, donde la curaron, y de ahí a Boulder, en Estados Unidos. Allí continúa con la preparación para llegar a la cumbre más alta. Ya ha superado retos importantes. En dos oportunidades nadó en las peligrosas aguas que separan la isla de Alcatraz de San Francisco, también en Norteamérica.

Quienes la conocen la definen como una persona que no se rinde y que enfrenta los sueños “con todos los hierros”. Ella, por su parte, insiste en que a lo único que hay que temer es al fracaso.

—¿Cómo comenzó todo?

—Desde niña siempre he sido atleta. Mi primer deporte formal fue golf, cuando tenía cuatro años.  Pero una vez un tío me regaló una bicicleta y desde ahí comenzó la aventura. Creciendo tuve la oportunidad de pasar mucho tiempo en Canadá y Colorado (Estados Unidos). Así fue como surgió el amor por la naturaleza, con el amor por los deportes de hielo.

—Pero ese amor, por poco, no prosperó.

—En agosto de 2011 comencé a sentirme mal. En ese momento tenía 24 años. Resulté ser paciente cardíaca. Con 24 años uno no piensa que es el corazón lo que puede estar fallando. No sabía que lo que me hacía sentir mal eran ataques de arritmia.

En ese momento me estaba preparando para el maratón de Berlín 2011 y no quise decir nada. Corrí el maratón de Berlín y un mes después de regresar salí a correr un domingo. Ese domingo me sentí muy mal y le escribí a una amiga que es médico, por instrucciones de ella me fui a la clínica. Cuando me atendieron me dijeron que era paciente cardíaca, que tenía una comunicación interauricular, es una condición donde tienes la aurícula abierta.

Es algo con lo que naces y generalmente se desarrolla cuando eres niño, pero en mi caso nadie se dio cuenta porque los síntomas son que empiezas a cansarte más rápido y dormir más, y nunca fui una niña sin energía.

Giselle Cesin, atleta venezolana
Tras una operación a corazón abierto, los médicos le dijeron que sería difícil que llegara a lugares muy altos y que mantuviera el mismo estilo de vida. Pero ella siempre tuvo presente que el corazón “es un músculo que se puede volver a entrenar”

Por esa misma razón, con el pasar de los años, la condición fue empeorando. Como consecuencia, me creció más la parte derecha del corazón y empecé con las arritmias. Decidieron operarme a corazón abierto, me colocaron una prótesis y me hicieron una ablación. En ese momento, mis médicos me dijeron que por la prótesis siempre quedarían pases de sangre y que sería difícil ir a lugares muy altos, mantener el mismo ritmo de vida.

Pero poco a poco fui entrenando. Siempre tuve presente que el corazón es un músculo que se puede volver a entrenar y, efectivamente, tres meses después de mi operación, hice mi primer triatlón.

¿Qué se siente terminar un Ironman dos veces?

—El Iroman de Arizona fue en extremo especial. Iba súper emocionada porque cada pasito que daba significaba estar más cerca de la alfombra que te ponen al final de la meta, donde te esperan y dicen tu nombre: ahí está el escándalo, la celebración. Para ese Ironman estuvieron conmigo dos de mis mejores amigas y un primo. Eran dos vueltas de 21 kilómetros. Cuando completas la primera vuelta sientes que no puedes completar la segunda. Ya era de noche, con 11 horas de competencia encima. Pero a lo lejos, ves la estructura de la llegada y escuchas perfecto el animador del Ironman diciendo: «You are an Ironman«, y ves las luces. Allí es cuando te das cuenta que estás cerca de vivir ese momento.

Cuando iba llegando bajé la intensidad porque quería disfrutar el momento. Esos son los últimos pasos. Luego vi a mis amigos en el público, me pasaron la bandera de Venezuela, y yo diría que es tan bonito lo que se vive en un Ironman que yo considero que es algo que la gente tiene que vivir al menos una vez en su vida, sea como participante o como espectador.

¿Qué lugar ocupa Venezuela dentro de ti? 

—Para mí es muy importante abrir la bandera de mi país al momento de pasar la cumbre. “Aquí está Venezuela”, ese es el mensaje. “Aquí vino Venezuela a participar, somos parte de esto”. Cuando retomé mi sueño de querer escalar montañas y fui a Denali, me di cuenta que haber abierto la bandera allá valió muchísimo. Si tengo la oportunidad de regalarle el fruto de mis metas a mi país y tratar de dar una buena noticia en estos momentos, entonces vale la pena.

¿Cuál de todos tus retos te ha dado más miedo?

—Miedo al fracaso me han dado todos. Miedo a la vida, el Pequeño Alpamayo en Bolivia. Las condiciones del hielo estaban complicadas. Siempre trato de enfocar el miedo: pensar en todas las cosas que pueden salir mal. Enfrento el miedo: lo veo cara a cara. Respiro y lo dejo ir.

*Este es uno de los mejores trabajos de la cátedra de Narrativas periodísticas híbridas, de la concentración Periodismo, que cursan los estudiantes de la carrera de Comunicación Social, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

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