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La alternancia de las generaciones en Venezuela

Deseamos mostrar en este análisis la forma como las generaciones venezolanas se han alternando en el espacio de nuestra historia, de nuestro vivir, aquello que ellas han dejado sembrado en nuestra memoria colectiva. No es de todas maneras esta exploración un completo estudio de conjunto de tan fascinante tema, es solo un ensayo, solo sugiere su tema, toca sus puntos principales y queda abierto a nuevas consideraciones, por ello en él mostramos la silueta de nuestras generaciones y las líneas más acentuadas de la acción de quienes las integraron.

Es ensayo lo que aquí se encontrará, si seguimos a Mariano Picón Salas(1901-1965), porque escribimos, como dice el maestro merideño, “cuando ha caído a sus pies una manzana, y cuando con buen olfato de cazador y de poeta advierte que algo va a suceder o está sucediendo…Quizá el ensayista no se atreva a convertir en leyes toda una serie de síntomas, como puede hacerlo el filósofo, pero sí los perfilará o describirá…siendo muy personal…el ensayo se desarrolla de preferencia en épocas de crisis, cuando el hombre se siente más confundido y están crujiendo, amenazantes, antes que emerjan otros, los valores de una vieja cultura…La fórmula del ensayo…tener algo que decir, decirlo de modo que agite la conciencia y despierte la emoción de los otros hombres, y en lengua tan personal y propia”(Crisis,cambio,tradición. Caracas: Edime,1955,p.143-145).  Y lo hacemos también en  el sentido que le dio Manuel Caballero(1931-2010) al anotar que es: “un texto salido por la punta de la pluma, donde el autor dice lo que sabe, pero sobre todo lo que no sabe y quiere saber, y que al final cierra la interrogación con que abrió el primer párrafo…Por eso el ensayo es, sobre todo, una creación individual, donde lo que uno hace es interrogarse…ensayo, siempre, trabajo individual…la de un solitario que, aparentando dar consejos, se interroga y se angustia…su actitud dubitativa, más de pregunta que de respuesta…se le ve como un cajón de sastre, como el refugio de los desordenados…contiene mucho de intimidad, de implicación personal en su escritura…a través del ensayo se reflexiona sobre el impacto de un día…El ensayista asume su expulsión del ordenado mundo de las certidumbres…y agregarle su propia perplejidad”(El desorden de los refugiados. Caracas: Alfadil,2004,p.15-24). O como anota Atanasio Alegre(1930), observando desde el ángulo de Michel de Montaigne(1533-1592), el padre del género en sus Ensayos(1580): “esa tensión entre elegir lo que le ofrecían los nuevos tiempos y lo que habían sido su vida hizo que Montaigne se convirtiera en una observador implacable, algo así como un espía que se hizo así mismo objeto de ese espionaje con el fin de trasladar esa experiencia a los demás…La era del origen del ensayo fue una época de crisis de fundamentos. Y desde entonces el ensayo ha adquirido su mayor esplendor en épocas de ruptura. El ensayo siempre ha encontrado buen viento en esas que los ingleses llaman épocas extremas…bien logrado, el ensayo es una invitación a nuevas y gozosas aventuras intelectuales”(Los carnavales de la deconstrucción y otros ensayos. Caracas: Alfa,2010,p.14-17). Y por todo esto, por estar en esta hora y fecha nuestra, tan trágica, en que redactamos estos renglones, a partir de las concepciones expuestas.Esta ha sido nuestra perspectiva para escribir estas páginas, para “secretear un ensayo” como nos pidió Picón Salas.

 

LAS DOS VISIONES DE LA HISTORIA DE VENEZUELA 

Para trazar el que nos mueve en este momento debemos detenernos en el hecho previo que pasamos a tratar. Para llegar al tema de nuestras generaciones debemos pararnos antes en la forma como siempre hemos considerado el proceso histórico venezolano. Ante él siempre ha habido dos visiones, dos formas de verlo. El primero es la llamada visión pesismista, que es la insiste siempre en lo que se ha denominado por Augusto Mijares(1897-1979) la “autoacusación” de los venezolanos”(Lo afirmativo venezolano. 3ra. ed.Caracas: Dimensiones, 1980, p.310) o por Manuel Caballero(1931-2010) nuestra “autodenigración”. Este es el primer polo para considerar nuestra experiencia colectiva(Polémicas y otras formas de escritura. Caracas: Alfa,2008,p.153), asunto que ya había rozado en otros pasajes del mismo volumen(p.66 y184). Esto ha llevado a los venezolanos a negar todo, a considerar ni comprender los logros del país, pasarnos la vida echandonos ceniza en la cara.

El segundo es que el propio Mijares ha denominado “lo afirmativo venezolano” o  la “continuidad espiritual de Venezuela” que nunca se ha detenido con el paso de los años. Es esta la mirada comprensiva a lo que hemos logrado con el paso del tiempo.

 

¿QUÉ, CÓMO SOMOS LOS VENEZOLANOS?

Un escritor nuestro como Eduardo Casanova(1939) parece siempre preguntarse en su escribir: ¿qué somos los venezolanos? ¿por qué actuamos así? ¿por qué hacemos lo que hacemos?¿qué es lo que nos mueve cada día?. Y Casanova siempre se hace esas interrogaciones apelando a nuestros sucesos de cada día, aquellos que nos narra la historia como aquellos que vivenciamos en el presente. Ello ha sido así desde su primera novela Los caballos de la cólera.(Caracas: Monte Avila Editores, 1972. 334 p.) en la cual llevo la experimentación hasta lo más radical logrando ofrecernos una novela que sólo tiene tres párrafos, en La agonía del macho Luna.(Caracas: Monte Avila Editores, 1975. 198 p.), premiada en Madrid como el mejor libro del mes por los libreros de lance, o en Hacia la noche.(Barcelona: Planeta, 1975. 221 p.). Ello siempre ha permanecido en él, de esto no se puede ni siquiera excluir todos los contrastes que nos muestra en El arca de Daniel.(Caracas: Panapo, 1985.277 p.). En tiempos recientes en la tetralogía Cuarteto en sol.(Caracas: Actum, 1993. 4 vols) miró sucesos de su generación y en la bella fabulación que es El señor de la montaña.(Caracas: Actum/Solistas de Venezuela, 1994. 137 p.) volvió a los días de nuestro pasado colonial. Eduardo Casanova es un creador al que hay que prestarle siempre atención. No podemos olvidar hoy la invitación que nos hizo el crítico Armando Navarro(1942-2007) para que escribiéramos a cuatro manos una larga glosa de Las largas campanas de la muerte.(Caracas: Librería Cruz del Sur,1988. 268 p.), la cual él consideró de especial valor, en su evocación nos gustaría hacerlo.

Casanova es también uno de esos escritores que se ha dedicado con predilección a la novela, sin embargo es autor también de un único y sorprendente libro de cuentos. Este volumen es La región desapacible.(Caracas: Ediciones En la raya, 1974. 244 p.) en cuyos relatos vuelve a sus temas obsesivos y claro está en ellos el país “desapacible” es Venezuela.

También en La región desapacible, que es que nos va a llevar a tocar nuestra tema de esta tarde, resaltan para nuestro gusto dos, tanto en “El solo de saxofón” como en “El informe final” se destaca todo aquello que hay que criticar en Venezuela, la presencia de los que perturban el lógico vivir del país como lo dijo Manuel Vicente Romerogarcía(1865-1917), el autor de Peonía.(Caracas: Imprenta de El Pueblo,1890.367 p.), “Venezuela es el país de las nulidades engreídas y de las reputaciones consagradas”(El cojo ilustrado, Caracas: enero 1, 1896,p.65). En “El solo de saxofón” un ejecutante se pasa la vida en una orquesta pero el único día en que puede hacer su “solo” todos comprueban que para nada sabe tocar su instrumento, que siempre ha vivido en la impostura, como muchos venezolanos. Y “El informe final”, también de La región desapacible, es el recuento de vivir de un diplomático quien nunca nada ha hecho sino mermar y ni siquiera alguna vez  envió un informe, cosa cotidiana en la vida de los diplomáticos, a su Cancillería. Tal las falsas caras que Casanova nos presenta,¿y enjuicia?, en estos dos relatos.

Lo expresado bellamente a través de “El solo saxofón” o por medio de “lnforme final” y el pensamiento de Romerogracía nos debe encaminar hacia otro hecho nacional, pensando siempre a partir de la literatura. Esa es la presencia constante del “pobre diablo” en nuestra vida y en nuestra experiencia política. Sobre este punto, tan decisivo, meditó el Libertador en su Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815) al referirse a los males que causan a los pueblos la unión entre “oro y esclavos”(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela,1972, t.VIII, p.244). Escribió Simón Bolívar(1783-1830) en su famosa misiva:”encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un  siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos, o se humilla en las cadenas”(Escritos del Libertador, t.VIII,p.244). Y eso es lo que nos ha sucedido: hemos tenido dinero gracias al oro negro pero solo hemos tenido la sumisión impuesta por el dinero que nos ha dado el petróleo. Esa ha sido la vida que hemos tenido los venezolanos a todo lo largo del siglo XX y este que se sucede. De estas palabras  de Simón Bolívar partió Augusto Mijares al apuntar en un ensayo lo que es un hecho colectivo vivido por nosotros los venezolanos. Escribió el villacurano: “Esclavo no es solamente el arrastra visibles ataduras; esclavo es todo ser humano que sintiéndose explotado e impotente, sin ninguna esperanza de mejoramiento individual o colectivo, fatalmente oscila entre las dos únicas alternativas que se le dejan y ‘se enfurece en los tumultos o se humilla en la cadenas’ [Bolívar]… Desgraciadamente, cuando se abrieron para Venezuela condiciones económicas que hubieran permitido reorganizar el país, comenzando por una clase media ilustrada y económicamente independiente, otro factor adverso volvió a extraviarnos: que el aumento repentino de la riqueza amonedada y de fácil manejo, en contraste con la pobreza íntima del país, ha venido a gravar el desnivel entre los que tienen mucho y los que no tienen nada; entre los que todo pueden y los que nada se atreven. Oro y esclavos”(Longitud y latitud.Caracas: Seguros Horizonte, 1971, p.74). Pero no sólo es esto, y no se crea que nos separamos de aquello que a través del cuento nos narra Casanova, “El solo de saxofón” y “El informe final” nos llevan desde las ideas, duras pero muy válidas del hiriente Romerogarcía hasta estas meditaciones que trae el mismo Mijares en su biografía del primer caraqueño. Se refiere al momento en que los Mantuanos hicieron de todo para arruinar las buenas intenciones de servicio colectivo traídas por Francisco de Miranda(1750-1816) desde Europa cuando regresó(1810) a su patria y casi medio siglo después de haberse ido(1771), presionado también por las maniobras de los mismos Mantuanos contra su padre don Sebastián. Por ello se pregunta Mijares “cómo pudo establecerse un asedio tan minucioso y tan cruel alrededor del hombre que tenía cerca de treinta años luchando por la emancipación americana”(El Libertador. Caracas: Editorial Arte,1964,p.211). Aquello fue tan hondo y amplio que un hombre tan superior como Juan Germán Roscio(1763-1821), quien no era Mantuano, participó en ello. Hay que ver las cosas que contó Roscio en aquellos días en una carta a Andrés Bello(1781-1865) que le envió el 9 de junio del año once, cuando este ya estaba viviendo en Londres(Escritos representativos. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1971,p.51-55). Y esto que se hizo contra Miranda se ha hecho siempre entre nosotros con todos aquellos que han dejado claro que más que morir por la patria desean vivir por ella, otra idea cara a Mijares(Longitud y latitud,p.57 y 139). Es por esto que en su leemos:”Pero no debe extrañarnos descubrir en el subsuelo de tan grandes acontecimientos tan despreciable hormiguero de malas pasiones. Para lo que todavía tendremos que decir acerca de ello, recuérdese que en todos los países los trastornos políticos suelen facilitar el encumbramiento de hombres sin ningún valor que, naturalmente, se entienden muy bien entre sí para detener y derribar al que pretende sacarlos de sus menudos apetitos y rencores y ponerlos al servicio de una causa superior. Son muy numerosos también los que en esos momentos andan siempre como enredados entre las piernas de los grandes hombres, buscado ocasión de trepar. Y a los anteriores se suma una tercera clase que es la más temible: la de aquellos individuos que tiene carácter, talento y actividad, pero son perversos, intrigantes o envidiosos. Estos hombres son terriblemente dañinos en las épocas de turbulencia, y a diferencia de los otros que apenas son pobres diablos, sobreviven durante largos años, siempre colocados en la precisa situación de hacer el mayor daño”(El Libertador,p.211).

Toda esta larga glosa nos permite ver cuan claros están nuestros escritores en el análisis de nuestros vicios y nuestras escorias: el músico que no ha tocado nunca en su orquesta, que ni siquiera sabe hacerlo, y el diplomático que nunca ha cumplido con su trabajo son dos testimonios de la realidad venezolana, son otra vez esos “pobre diablos”, demasiado abundantes entre nosotros, a los cuales se refiere Mijares. Y antes Romerogarcía. Y en el medio de ambos el hombre que no tiene para expresarse más que su palabra porque es solo, y ello no es poco, un escritor.

 

EL ALTERNARSE DE LA GENERACIONES

Deteniéndonos ya en nuestro asunto debemos explicar que cada generación aparece más o menos cada veinte y cinco años, pero desde luego cada cinco lustros, veinte y cinco años, no podemos hablar, al menos en Venezuela, de la aparición de una nueva generación porque no sólo hay hechos sino elementos que la hacen surgir cada nueva promoción y estos no se dan siempre. Tratamos aquí aquellas que evidentemente son las que han contribuido a dar perfil al construir de nuestra nación.

Y, desde luego, toda generación se inicia cuestionado la que le antecede, es la única forma de dejar su huella, aunque en la madurez esta termine reperando en los hechos permanentes de aquellos a quienes siguieron. De mejor definición de una generación fue la que dio Arturo Uslar Pietri(1906-2001) al escribir el editorial de la revista válvula, registro de la generación literaria de 1928, cuando consignó “Somos un puñado de hombres jóvenes con fe, con esperanza y sin caridad”. Así se hace presente toda nueva  generación.

 

LOS TIEMPOS LEJANOS 

Hay dos momentos en nuestro pasado lejano en los cuales debemos detenernos. No formaron ninguna generación pero si fue, en cada caso, una agrupación de hombres, las mujeres no aparecieron activamente sino mucho después, de hecho nuestra primera escritora nació a fines del siglo XVIII. Pero estos dos momentos deben ser tenidos en la memoria.

 

SIGLO XVI: LA PEÑA DE CUBAGUA

Sabemos que Venezuela empezó el 3 de Agosto de 1498 al ser descubierta por Cristóbal Colón(1451-1506), de hecho fue él quien escribió el primer documento a nuestra historia, su carta a los Reyes Católicos sobre el suceso(Agosto 31,1498). Pero poco a poco aparecerán los escritores de literatura. Desde los días de la isla de Cubagua(1528-1543) los encontramos. De ellos nos ha llegado el nombre y un poema de Jorge de Herrera y las vastísimas Elegías de varones ilustres de Indias(Madrid: Imp. Viuda de Alonso Gómez,1589.202 p.) de Juan de Castellanos(1522-1607).

¿Quién fue Jorge de Herrera? Este poeta es el único vate de la isla de Cubagua a quien citan las fuentes(Enrique de Otte: Las perlas del Caribe: Nueva Cadiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton, 1977, p.391, nota 2064). De todas formas es muy poco lo que sabemos de él. Mauro Páez Pumar(1923-1974) dice que había nacido en Margarita(Orígenes de la poesía colonial venezolana. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1979,p.79) donde se le conocía como poeta según Guillermo Morón(Historia de Venezuela. Caracas: Italgráfica,1971, t.I,p.278). A pesar de lo afirmado es posible que no fuera nativo de Margarita sino que apareciera allá como consecuencia de la despoblación de Nueva Cádiz como consecuencia del maremoto que destruyó la ciudad que había en aquella isla(1541), que tal era el nombre de la ciudad que existió en la isla, y que llevara a Margarita la fama de escritor de la cual gozó en la isla cercana. Así lo afirma Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) al escribir: “Uno de estos rudos conquistadores de espada y lira, Jorge de Herrera, se trasladó, huidizo de la desolación a Margarita”(Razón y sin razón. Caracas: Editorial Ariel, 1954,p.18-19). Pudo también ser Herrera español de origen. La vida de Herrera estuvo ligada a la de la isla de Cubagua. El principal asiento de esa isla fue la ciudad de Nueva Cádiz. Fue efímera la existencia de la misma: sólo a partir de 1520 puede considerársele como ciudad cuya fisonomía estará trazada dos años después. En 1541 la urbe fue destruida por un temporal, un maremoto. Todavía en 1543 vivían allí algunos vecinos. Pero según un memorial del año siguiente ya la ciudad no existía(Guillermo Morón: Historia de Venezuela,t.I,p.218). Cuando la pequeña urbe quedó desvastada sus habitantes la abandonaron trasladándose a Margarita. Ese fue el momento en que Herrera escribió el epitafio de la misma, el cual colocaron en un alto “pilar en la ribera”. Esa composición, que es la única que conocemos de este poeta, se salvó gracias al hecho de que Juan de Castellanos la cita en sus Elegías. Y es precisamente el poeta de Tunja quien dejó constancia de la presencia de Herrera en la isla. Castellanos escribió sobre este y otros poetas de la minúscula ciudad: “Y aún tú, que sus herencias hoy posees,/ no menosprecies saber quien era/ Bartolomé Fernández de Virues,/ Y el bien quisto Jorge de Herrera:/ hombres de más valor de lo que crees,/y con otros también de aquella era, Fernán Mateos, Diego de Miranda,/ que las musas tenían en su banda”(Elegías de varones ilustres de Indias. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1962, p.121, segunda columna).

Y sobre la composición de Herrera señala Castellanos en su vasto poema: “Y el tiempo de salir desta frontera,/No sin dolor de damas y varones,/ Acuérdase que Jorge de Herrera/ compuso ciertos versos y canciones,/ Y en un alto pilar de la ribera también mandó poner ciertos renglones,/ Que si memoria tengo de aquel día/ Entre ellos hubo letra que decía: ‘Aquí fue pueblo plantado/ Cuyo próspero partido/ voló por lo más subido:/ Mas apenas levantado/ cuando del todo caído’/ Quien examinar procura/ Varios casos de ventura/Puesto en humana casta,/ Aquellos solo le basta si tiene seso y cordura”(Elegías de varones ilustres de Indias,p.119, primera columna; Mauro Paéz Pumar: Orígenes de la poesía colonial venezolana,p.79). El poema fue escrito en latín y en esa lengua lo cita Castellanos quien luego lo traduce al lengua romance.

Junto a Herrera los poetas Fernan Mateos, Diego de Miranda y Bartolomé Fernández de Virues nos dan cuenta de la vida espiritual que se llevó en Cubagua. Sus nombres nos dicen que aquella no fue ciudad puramente mercantil sino que estuvo interesada por el espíritu. Muchos de ellos fueron erasmistas confesos, es decir lectores de Erasmo de Rotterdam(c1466-1536), el autor de El elogio de la locura(1511, Bogotá: La oveja negra,1983.149 p.), como lo podemos colegir de la lectura de una carta de Francisco de Lerma a su padre. Además de estos vivían allí hombres cultos quienes se dedicaban a alguna faena intelectual, quizá, en los ratos libres que les dejaba la extracción de las perlas. Algunos como el médico Juan Martínez o el navarro Juan de Yucar hablaban francés. Entre ellos estaban los lectores de los clásicos latinos, de Bocaccio(1313-1375), de Erasmo, obras que se sabe llegaron a la islita(Enrique de Otte: Las perlas del Caribe: Nueva Cadiz de Cubagua,p.387-391). Por cierto el Decamerón había sido traducido al castellano, en edición clandestina, en 1496. Y así fue como Herrera, Fernández de Virues, Diego Miranda y Fernán Mateos formaron la que sin duda fue la “primera Academia, el primer ateneo, o peña…en nuestra Venezuela” como indicó Luis Beltrán Guerrero(Palos de ciego. Caracas: Impresores Unidos, 1944,p.24).

Como todos los cubagüenses Jorge de Herrera emigró a Margarita. Era joven y tenía la vida y la tierra firme por delante, como comenta Isaac J. Pardo(1905-200)  en Esta tierra de gracia. (4ª.ed.Caracas: Monte Ávila Editores, 1986,p.72).

La otra referencia que conocemos de Herrera es que en 1545 se le mencionó en un Juicio de Residencia “por cierto delito” perpetrado en 1541, según  parece (Enrique de Otte: Las perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua,p.391, nota 2064).

Además de Jorge de Herrera, ya lo hemos indicado, conocemos, gracias a Juan de Castellanos, la existencia en Cubagua de otros poetas. Nos referimos a Fernán Mateos, a Bartolomé Fernández de Virues y a Diego de Miranda. Gracias al cronista poeta sabemos que residían en esa isla(Elegías de varones ilustres de Indias,p.121, segunda columna). No ha llegado ninguna composición de ninguno de ellos hasta nosotros. Sus nombres los citan quienes se han detenido a analizar los orígenes de nuestra literatura(Guillermo Morón: Historia de Venezuela, t.IV,p.47 y 278; Héctor García Chuecos: “Cultura intelectual de Venezuela desde el descubrimiento hasta 1810”, en El Real Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas merideños,1963,p.287), quienes se basan en la referencia de Castellanos para nombrarlos. Todos formaban parte de los primeros pobladores de Cubagua(Enrique de Otte: Las perlas del Caribe: Nueva Cadiz de Cubagua,p.391, nota 2064) la cual se arruinó al extinguirse las perlas y como consecuencia de un terremoto(Luis Beltrán Guerrero: Palos de ciego,p.21-27; Razón y sin razón,p.17-28 y “Cubagua, la de los cantores primitivos” en Estampas, Caracas: enero 29, 1966). Todos debieron trasladarse luego a Margarita     (Guillermo Morón: Historia de Venezuela,t.IV,p.47).

Sobre Fernández de Virues señala Isaac J. Pardo una pista a tener en cuenta: “Ignoro si el rastro de este Fernández de Virues ha sido seguido, pero los Virues fueron una conocida familia de poetas del siglo XVI. Cristóbal de Virues autor de la Historia de Monserrate era hijo de Alonso de Virues, médico y humanista valenciano, y tuvo dos hermanos. De todos ellos se dijo que eran conocidos en su tiempo, no sólo como personas distinguidas en sus respectivas facultades, sino como poetas aventajados”(Esta tierra de gracia,p.91,nota 1).

A Fernández de Virues y a Fernán Mateos se les menciona también entre los pobladores de la isla de Margarita. Esto debió ser tras la devastación de Cubagua(Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1983, t.II,p.133 y el t.III,p.200 y 237).

 

SIGLO XVII: LA PRIMERA ELITE INTELECTUAL CARAQUEÑA

En Caracas existió desde sus albores la intención de establecer no sólo escuelas y colegios sino de fundar los estudios de educación superior.

El iniciador de la idea de crear un instituto de este tipo fue el indómito fray Mauro de Tovar. En 1641 siendo obispo de la diócesis caraqueña dio inicio a los trámites para la erección del mismo. No tuvo suerte ya que iniciadas las diligencias en enero de aquel año, cuando apenas tenía un mes escaso de haberse encargado del gobierno eclesiástico, el 17 de mayo de ese año, un terrible terremoto sacudió la ciudad, dejando muchos muertos y heridos. En aquel momento los bienes de la iglesia debieron utilizarse en otros menesteres. En los años sucesivos el díscolo fray Mauro, una personalidad psicopátca sin duda, tuvo tan acaloradas disputas que el proyecto pasó a segundo plano.

Fue por ello que quien logró la creación del Colegio Seminario no fue su sucesor fray Alonso Briceño (1587-1668) sino el obispo Antonio González de Acuña(1620-1682), quien sucedió en la mitra caraqueña al reputado teólogo chileno. Fue González de Acuña quien logró la creación del Colegio en 1670. El Colegio fue puesto en marcha a la vez por su sucesor el señor Diego Baños y Sotomayor(c1637-1706) en 1686.

Cuando se examina la significación del Colegio Seminario hay algunas figuras que se nos presentan como personas de acusado relieve, quienes tuvieron singular actuación dentro de sus Cátedras como en el desarrollo de la ciudad de Caracas hacia fines del siglo XVII, en especial en la vida religiosa.

Otra característica que tuvo el Colegio Seminario fue que la mayoría de sus profesores fueron venezolanos, gente destacada, quienes desde 1670 dieron impulso a la formación de la juventud. Este hecho es el mejor mentís a la peregrina tesis del bajo nivel de educación que recibían los venezolanos durante la época colonial, de la cual se hicieron eco algunos historiadores quienes no pudieron conocer los documentos que demuestran lo contrario. Quien hizo luz definitiva sobre este asunto fue Caracciolo Parra León(1901-1939) en su libro La instrucción en Caracas(Caracas: Parra León Hermanos, 1932. XII, 310 p. y en sus Obras. Madrid: Editorial JB, 1954,p.19-280).

En cualquier historia que se trace del Colegio Seminario es obligatorio el estudio de las actividades de los obispos González de Acuña y Baños y Sotomayor. Ofrecemos ahora rápidos rasgos de las ochos figuras destacadas del Colegio Seminario. También habrá que referirse al hacer la historia del instituto al caraqueño Juan de Arechederra, uno de sus alumnos fundadores, quien llegó a ser obispo de Filipinas(1745) y gobernador del mismo archipiélago. Fue el segundo venezolano en alcanzar la mitra episcopal.

Esas figuras del Colegio Seminario fueron su primer rector, el coriano Juan Fernández de Ortiz, Nicolás Herrera y Ascanio, autor de dos de las raras obras impresas del período, los sermones Lagrimas amorosas(1707) y Sermón Panegírico(1708) publicados en México porque aun no había imprenta en Caracas. Ambos son buena muestra de la literatura que se cultivada entonces entre nosotros. No hay que olvidar, como lo recalcó Octavio Paz(Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Barcelona: Seix Barral,1982,p.83) que el sermón fue en los días provinciales el sucedáneo o sustituto del ensayo en esa época; Domingo López de Landaeta fue uno de los más antiguos profesores de literatura que tuvimos,  él lo hizo a través de la clase de Retórica y Elocuencia, los archivos guardan producciones de su pluma, sobre todo de carácter eclesiástico; Felix de Acuña además de su actividad en la vida religiosa y docente de Caracas dejó el testimonio escrito sobre el viaje que varios venezolanos debieron haber a Santo Domingo para obtener el doctorado en la universidad de esa isla; Antonio Tovar y Bañes fue un distinguido teólogo; José Mijares de Solórzano, fue el primer venezolano que alcanzó la dignidad episcopal al ser nombrado obispo de Santa Marta(1743); los dos hermanos José y Francisco Martínez de Porras, se distinguieron mucho, este último, Francisco, fue el primer rector de la Universidad de Caracas al ser creada por gestión del obispo Juan José Escalona y Calatayud(1667-1737) en 1725. Todos los nombrados eran sacerdotes y varios de ellos fueron miembros del cabildo catedralicio.

Pero claro que esa elite intelectual estaría incompleta sino se nombra a su figura mayor, don José de Oviedo y Baños(1671-1738), el autor de la obra más importante, en la cual confluyen historia y literatura en hondo contrapunteo, se trata de su Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela(Madrid: Imp. de Gregorio Hermosilla,1723.380 p.), editada en Madrid en 1723. Fue don José el único laico, el único civil, de este grupo singular en el primer desarrollo de la vida intelectual de Caracas. Entonces tampoco existía en ningún lugar de Venezuela otro grupo de escritores, pensadores y profesores con las aristas de todos los que hemos nombrado. De esa elite surgió también la gran figura de don Juan de Arechederra(1686-1751), uno de sus alumnos, caraqueño de nacimiento, que llegó a ser obispo de Filipinas y gobernador de aquellas islas, posesión española entonces. Se decía entonces que en el imperio español no se ponía el sol porque cuando era la tarde en Madrid, era el mediodía en América y estaba amaneciendo en Filipinas. El obispo Arechederra es una figura venezolana por la cual pasan de largo los historiadores pese a su singularidad. Su biografía ha sido escrita con pormenor por el historiador español Antonio G. García González(El gobierno en Filipinas del Ilmo. Señor don Juan de Arechederra y Tovar, obispo de Nueva Segovia. Granada: Universidad de Granada, 1976.IX, 233 p.).

 

SIGLO XVIII: LA GENERACIÓN DE 1810

Esa generación, que apareció, encabezada por Juan Germán Roscio(1763-1821), ya un hombre mayor de cuarenta y siete años, el jueves 19 de Abril de 1810. Es esta la generación venezolana más importante; la segunda será la de los positivistas en 1883, la tercera la de 1928.

Pero aunque la llamada “generación de la Independencia”, así la llamó Pedro Grases(1909-2004) apareció aquel día tenía décadas gestándose y tuvo relación su la llegada a la madurez del país, de hecho el siglo XVIII, en el que nacieron sus miembros, como nos los hizo ver Grases(“La generación de la Independencia” en sus Obras. Barcelona: Seix Barral,1981,t.III,p.1-19), fue el más importante de los siglos coloniales, cuando la sociedad venezolana llegó a su madurez, tal como lo observó Arturo Uslar Pietri(1906-2001) al examinar las dos centurias anteriores y sus hechos(“Visión de Caracas” en En busca del Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica,1969,p.208-210). Y fue tiempo pleno porque fue, sobre todo sus décadas finales, gracias a una decisión del rey don Carlos III(1718-1788), el momento que el país logró su unidad al constituirse las instituciones centralizadores que gobernaron a Venezuela desde Caracas, fue ese logro el que permitió a Caracas poder realizar la proclamación de la emancipación desde Caracas el año diez, urbe ya, al menos desde 1576, cuando el gobernador Juan de Pimentel se mudó a ella, sitio de las grandes decisiones nacionales. El proceso integrador, como se le ha denominado, se inició en 1786 con la creación de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda(Diciembre 8,1786), con la decisión de poner en manos del Capitán General de la Provincia de Caracas todo el poder militar de las demás provincias(Septiembre 8,1777),  la constitución de la Real Audiencia de Caracas(Junio 10,1786), del Real Consulado de Caracas(Junio 3,1793) y del Arzobispado de Caracas(Noviembre 24,1803), del que, desde entonces, dependieron todas las diócesis del país.

Tan importante, tan singular, fue la “Generación  de la Independencia”  que cinco de los seis grandes venezolanos pertenecen a ella: Francisco de Miranda(1750-1816), Simón Rodríguez(1769-1854), Andrés Bello(1781-1865) Simón Bolívar(1783-1830) y Antonio José de Sucre(1795-1830), cumanés, el único nacido fuera de Caracas de aquella hornada. Nosotros, sin embargo, siempre colocamos, en pie de igualdad con estos, las figuras de Juan Germán Roscio(1763-1821), llanero de San José de Tinaznados, un pueblo que ya no existe, y el valenciano Miguel José Sanz(1756-1814).

Si siempre se ha considerado a los cinco primeros, Miranda, Rodríguez, Bello, Bolívar y Sucre como las grandes figuras de nuestra historia el sexto gran venezolano fue una mujer, la pianista Teresa Carreño(1853-1917), nacida a mediados del siglo XIX, figura internacional por sus dotes frente al teclado. Por su edad esta talentosa, voluntariosa y liberada mujer, pertenece a las figuras del siglo XIX, por lo cual deberemos volver a ella.

Fue la “generación de la Independencia” las que dio la emancipación, creada a partir del proyecto de acción por ellos establecido y puesto a andar. En su acción e ideas se basa la llamada lo que el historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) llamo “teoría de Venezuela”(El reconocimiento de Venezuela por España. Caracas: Banco de Venezuela,1980,p.16). Esta generación impar ha sido vista casi siempre desde el ángulo de su acción militar, singularísima sin duda, y menos desde su arista más importante: la creadora de lo que Augusto Mijares denominó el “Proyecto de América”, que es el fundamento intelectual de la creación de la república, la nación liberal y democrático creada por los próceres(Lo afirmativo venezolano,p.311-349). En esto no nos debe llamar la atención la presencia de oficiales que fueron a la vez altos intelectuales, caso Miranda y Bolívar y junto con ellos los civiles, hombre de pensamiento también, tal Juan Germán Roscio el creador de la idea justificadora de la independencia, sobre todo en su libro El triunfo de la libertad sobre el despotismo(1817, Caracas: Biblioteca Ayacucho,1996. XLVII,284 p.), como Bello, llamado con razón del libertador intelectual de América Latina, el propio Libertador hombre de acción y de pensamiento quien más de una vez hay que ver como el que ejercía la acción propia de un intelectual  sedentario, tal los días de su destierro en Jamaica o Sanz en el campo del derecho y del sentido político más previsor.

Fue esta generación también la fundadora de la república autónoma de 1830, que encabezó uno de ellos, el general José Antonio Páez(1730-1873).

La formación de la “generación de la Independencia” se inicio en 1750, año del nacimiento de Miranda, cuando la sociedad venezolana, ya en el siglo XVIII, está plenamente formada, era un país, integrado como unidad en las décadas finales, a partir de 1776: Intendencia, todo el mando castrense del país desde la Capitanía General de Venezuela, que no fue creada en 1777, como se ha repetido sin sentido y sin conocimiento, esta ya existía desde el 27 de Marzo 1528, la Real Audiencia, la Intendencia, el Real Consulado y el Arzobispado de Caracas.

Para el estudio de la “generación de la Independencia” habrá que registrar sus miembros por décadas: nacidos, todos en el siglo XVIII, de los cuales damos algunos ejemplos, pues la nómina es amplia. En la década del cincuenta: Miranda; en la década del sesenta: Simón Rodríguez, Juan Germán Roscio y Miguel José Sanz; nacidos en la década de setenta: Cristóbal Hurtado de Mendoza(1772-1829), Francisco Javier Ustariz(1774-1814), Manuel Palacio Fajardo(1784-1819);  nacidos en la década de los ochenta: Bello, Bolívar; nacidos en la década de los noventa: Sucre, Páez.  Los  nacidos en la primera década del siglo XIX fueron pocos, tal Juan José Flores(1800-1864) o  Pedro Carujo(1801-1836).

Hubo pues dos promociones entre ese misma generación: la de los mayores, hombres más que maduros el año diez como Miranda o Roscio, quienes fueron quienes dieron el paso hacia la autonomía. La otra fue la generación juvenil, sin la cual no se pudiera haberse  hecho la guerra. Así, según lo observó Ramón Díaz Sanchez(1903-1968) fue aquella una generación formada por un grupo de hombres mayores que fueron los que protagonicen el 19 de abril y otra, la de los más jóvenes, que impulsaron, sobre todo desde la Sociedad Patriótica, el 5 de julio de 1811(1960,La independencia de Venezuela y sus perspectivas.2ª.ed.Caracas: Monte Ávila Editores,1973.103 p.).

La “generación de la independencia”, pensamos, estuvo activa hasta 1835 cuando apareció otra. Ahora bien, formada por gentes predominantemente joven, varios de ellos estuvieron activos más allá de la fecha indicada. El prócer que vivió más tiempo fue el general Páez, fallecido en 1873.

 

SIGLO XIX: LA GENERACIÓN DE 1830

Quienes tomaron el poder como consecuencia de los hechos de La Cosiata(1826) o de la decesión de autonomía plena, tanto en las deliberaciones del templo de San Francisco de Caracas(Noviembre 25-26,1829) o del golpe de Estado del general Páez en Valencia(Enero 13, 1830), fueron los pertenecientes a la “Generación de la Independencia”. A estos su unieron también algunos más jóvenes y los realistas criollos, regresados tras la batalla de Carabobo(Junio 24,1821).

En la toma del poder para la acción la figura central fue el general José Antonio Páez, a quien impulsó el prócer civil Miguel Peña(1780-1833). No hay que olvidar que Páez tuvo poder y actuó en el país desde la batalla de Carabobo por lo cual a su larga hegemonía(1830-1847) hay que sumar los nueve años que van desde 1821 a 1830. Y luego, años más tarde, su tercera presidencia(1861-1863), la llamada Dictadura. Junto a ellos estuvieron presentes hombres como José María Vargas(1786-1854), Antonio Leocadio Guzman(1801-1884) y los “realistas venezolanos”, muchos llegados tras el fin de la contienda.

Fue aquel, llamado por Augusto Mijares “el régimen deliberativo” un tiempo de experiencias constructivas de largo alcance. Hay al menos tres ejemplos que podrían darse, tal lo que cualquier lector obtendría repasando las memorias y estudios de la Sociedad de Amigos del País,1829-1839(Caracas: Banco Central de Venezuela,1958. 2 vols), compilados por el sabio profesor Pedro Grases; las también Actas de la Dirección General de Instrucción Pública,1838-1843(Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1986. 2 vols), cuya alma fue el sabio José María Vargas(1786-1854), minutas reunidas por el humanista Blas Bruni Celli(1925), lo que significó el Colegio Independencia y la presencia de su gran ductor Feliciano Montenegro y Colón(1781-1853) y, desde luego la publicación de la primera historia, escrita por Rafael María Baralt(1810-1860) y de la primera geografía del país, redactada por Agustín Codazzi(1793-1859) impresas en París en 1841 y si a ello juntamos todo el trabajo parlamentario, administrativo y diplomático de las presidencias de Páez, Vargas y Carlos Soublette(1789-1870) se verá como se vertebró el país en aquellos años. Y cuál fue la obra de aquella generación que el general Páez, con su gran intuición, reunió a su lado.

 

GENERACIÓN DE 1840

Estamos convencidos que alrededor del año 1840 encontramos una nueva generación hondamente entrelazada con los hombres que tomaron el poder y gobernaron desde 1830. Fue esta una generación que apareció sin insurgir contra nadie, sin insurgencia alguna.

Hay un hecho político que subrayar: la fundación del Partido Liberal(1840), el primer partido de oposición formado en Venezuela, cuyo líder fue un hombre de la generación de 1830, de los que crecieron durante la guerra, Antonio Leocadio Guzmán, hijo de un oficial realista, quien no participó en la contienda, como casi todos los hijos de los realistas venezolanos, pasó la guerra formándose en España. No volvió a Caracas sino después de Carabobo.

La otra figura, que ya estaba en acción desde los años veinte, pero que hay que registrar aquí, fue otro hijo de un realista, Tomas Lander(1792-1845), el doctrinario, el ideólogo, de nuestro liberalismo, una figura altísima como pensador, fallecido en esta misma década.

Otros nombres que no es posible soslayar son los de Fermín Toro(1806-1865) quien tenía veinte años en 1826, hombre de temprana acción política, parlamentario, diplomático, pensador insigne de nuestra cosa pública, el primer socialista que tuvimos, socialista utópico desde luego y literato destacado, fue el autor del primer cuento y de la primera novela de la literatura venezolana.

Juan Vicente González(1810-1866) tenía veinte años en 1830. Fue González el creador del culto a Bolívar y arraigador del bellismo, la primera figura de nuestro romanticismo en prosa, educador formador de varias generaciones, pensador político desde los periódicos que fundó. Hombre tan bien formado, gran lector que en Caracas lo llamaban “tragalibros”. A uno de los hijos de don Andrés Bello, Carlos Bello Boyland(1815-1854), quien pasó por Caracas en 1846, se lo presentaron como el “literato monstruo”.

Cecilia Acosta(1818-1881) cumplió los vente años en 1838. Fue uno de nuestros grandes pensadores políticos.

Con ellos el andar de la generaciones fue hondo y preciso en aquella tan cambiante Venezuela, cuyo desarrollo fue pleno, seguro, cierto, al menos hasta 1847 cuando finalizó el período pancista, la llamada “edad de oro” de la República, los días del gobierno deliberativo(1830-1847).

 

GENERACIÓN DE 1883

Podrá llamar la atención el salto de cuatro décadas que hacemos ahora. Pero, al menos desde 1859, inicio de la Guerra Federal, hasta el inicio la paz guzmancista no hubo sosiego en Venezuela, vivimos en medio de las guerras civiles. Por ello no fue hasta 1883 cuando podemos registrar una nueva generación: llamada también del centenario, año de los grandes festejos organizados por el general Antonio Guzmán Blanco(1829-1899) para recordar el primer siglo del nacimiento del Libertador. Fue en ese momento que en la “Sociedad de amigos del saber”, por medio del volumen Ensayos(Caracas: Imprenta El Monitor,1883. IX,96 p.), que apareció la generación positivista, cuyas raíces venían de atrás, tanto en el magisterio del alemán Adolfo Ernst(1832-1899), llegado en 1861, como por medio del doctor Rafael Villavicencio(1838-1920) quien impuso la doctrina entre nosotros en célebre discurso(Diciembre 8,1866) que hoy sabemos fue el fundacional del positivismo en América Latina, no sólo en Venezuela(Escritos del Doctor Rafael Villavivencio. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1989,t.I,p.289-304).

El positivismo fue esencial en la historia de nuestras ideas, pudo surgir gracias a la paz guzmancista, produjo una renovación completa en la comprensión de Venezuela y su influencia no fue menor en la literatura porque cerca de él, como bien lo demostró el profesor Ángel Cappelletti(1927-1995), creció el modernismo, el criollismo y el regionalismo(Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores,1994.509 p.). Sus figuras destacadas fueron José Gil Fortoul(1861-1934), Lisandro Alvarado(1858-1929), César Zumeta(1863-1955), Luis López Mendez(1863-1891), a quien no hay que confundir ni con el prócer ni con el pintor contemporáneo de los mismos nombres y apellidos.

 

LA DE 1909,1912,1918,1928: ¿UNA MISMA GENERACIÓN? 

Ponemos este subtítulo por no haber llegado a una conclusión exacta del carácter de la generación de la cual vamos a tratar ahora, aunque aquí desarrollamos un punto de vista que ojala se llegara a tener en cuenta.

Cuando el estudioso de la vida venezolana se detiene ante la pieza de Julio Planchart(1885-1948) La república de Caín.(Caracas: Editorial Elite, 1936. 43 p.), grave obra que hay que considerar con atención, ello nos lleva a una serie de observaciones, no hechas con detenimiento hasta ahora, que también tocan el asunto que tratamos.

Los historiadores de nuestro teatro han insistido en la singularidad de La república de Caín, así lo vemos en el examen que de ella hace Alba Lya Barrios al referirse a sucesos teatrales sucedidos a la muerte del general Juan Vicente Gómez(1857-1935), que es el momento en que La República de Caín, una pieza que alimentó en sus pocas lectores las graves vigilias del desasosiego nacional en medio de la dictadura y alentó las esperanzas de lo porvenir. De allí que leamos en el agudo examen de Alba Lya Barrios:”La dictadura sólo había permitido ‘discreta’ mofa de lo nuestro, ahora teníamos posibilidades de mostrar abierta preocupación y angustia, como lo hace Julio Planchart en La República de Caín. Denuncia y crítica empiezan a tener mayor cabida. La apertura política viene a estimular la fe en optimistas concepciones sobre el devenir histórico…En la modernidad dramática de esta década la obra más lograda es, a nuestro juicio, la obra de…Planchart…La república de Caín ensayo de dramaturgia expresionista, en verso, que utiliza con desenfado el ‘collage’ histórico, la farsa e instrucciones escenográficas de tipo simbólico para representar la desolación del país, como lo ilustra la acotación contenida en el prólogo; ‘árbol de una sola rama y sin hojas. Un zamuro”, que obviamente no nos remite a un reconocible escenario realista, sino a un estilizado simbolismo. Desde este comienzo campea una visión pesimista que, a veces, parece coincidir con la tesis del “gendarme necesario”…La República de Caín es la primera obra grotesca de amplio aliento en nuestra dramaturgia…También la obra más pesimista del período pues todo, absolutamente todo, sin excepción, queda degradado por la deformación bufonesca. Poética del grotesco expresionista en contraste con el realismo todavía en boga. La República de Caín no merece el olvido”(Alba Lya Barrios/Carmen Mannarino/Enrique Izaguirre: La dramaturgia. Venezolana del siglo XX. Caracas: Instituto Internacional del Teatro/Unesco,1997,p.82-92).

La generación del grupo La Alborada fue significativa en la poesía, basta para ello nombrar a Salustio González Ricónes(1886-1933), para dar cuenta de ella, en el cuento por Julio Rosales(1885-1970), en la crítica literaria gracias precisamente Julio Planchart y en el pensamiento, con Gallegos. Pero también, como lo ha demostrado Leonardo Azparren Giménez(1944) también el teatro del siglo XX nació de sus manos, a través de obras del propio Gallegos, González Rincones y Planchart(El drama: la paradoja del progreso en el primer discurso teatral moderno venezolano. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua,2008.38 p). No citamos a Gallegos como narrador porque fue tras la aventura de La Alborada, frustrada por la censura de la dictadura, que apareció como tal. Su primer cuento, “Las rosas”, fue publicado en El cojo ilustrado al año siguiente(Enero 1,1910). También el dramaturgo Gallegos apareció tras La Alborada con El motor(1910) y El milagro del año(1915). El cuentista Gallegos, aspecto fundamental de su obra, apenas considerado como se debiera, se cerró cuando publicó en la serie de La lectura semanal primero La Rebelión(Abril 30,1922) y cinco meses después “Los inmigrantes” (Septiembre 9,1922), ya estas novelas cortas. Para ese momento ya se le había abierto el umbral de las novelas, de dos años antes había sido la primera que ya hemos mencionado. Sin embargo, el trabajo cuentístico de Gallegos no puede ser considerado como un camino hacia la novela porque tiene su valor en si mismo.

Con relación a la tesis del “gendarme necesario”, de lo cual nos ocuparemos ahora, es muy significativo un parlamento que también cita Alba Lya Barrios,”No se merece el habitante/de este país cobarde de ladrones/agiotistas, cuatreros y bribones/en donde se estimula a los bandidos/en sus procedimientos criminales”(La República de Caín,p.207), este tiende sus redes hasta el presente, hasta la inmensa corrupción de la democracia representativa de los setenta del siglo XX en adelante, asunto siempre presente en las obras de Rodolfo Santana(1944). Leonardo Azparren Giménez(1941) por su parte también indica la singularidad de esta pieza(El teatro en Venezuela. Caracas: Alfadil, 1997,p.114-115). Azparren en otro estudio suyo dedicado a la dramaturgia de Rodolfo Santana había indicado Azparren:”En este volumen se reúnen algunas de las más importantes obras…de… Santana(Barbarroja,1976, La muerte de Alfredo Gris,1969, Los criminales,1971, Nuestro Padre Drácula,1969, La farra,1972), importantes por corresponder a los años que el autor irrumpió a la dramaturgia venezolana. Esa irrupción, en años tan cruciales como son los del período 1967-1973, consistió en la aparición de un nuevo discurso, con proposiciones estéticas e ideológicas revolucionarias. Escasos antecedentes tenía el teatro venezolano, en los que se hubiera propuesto una ruptura radical del discurso realista, en cualquier de sus formas estéticas e ideológicas, y se hubiera atentado contra el sistema  institucional, discretamente crítico cuando no timorato, de la escritura dramática. Habría que remontarse a Julio Planchart con La república de Caín, escrita entre 1913 y 1915, pero sólo publicada en 1936 sin nunca haberse escenificado, o las dos breves piezas surealistas que Arturo Uslar Pietri escribió en 1927(“E Ultreja”, revista Cultura venezolana, Caracas, n/83,1927,p.218-227) y 1928(“La llave”, semanario Fantoches, Caracas: marzo 28,1928) como anota Azparren(Rodolfo Santana: Teatro. Caracas: Monte Ávila Editores,1994,t.I,p.7). El planteamiento de La República de Caín es antidictatorial y por tanto anti gomecista, Gómez en ella es Caín, pero La República de Caín no se pudo  editar bajo aquella autocracia, aunque un fragmento vio la luz en la revista Cultura(n/ 9,diciembre 7,1912) cosa que puede verse hoy en la Antología de la revista Cultura(Caracas: Monte Ávila Editores,1983,p.199-206). Tampoco pudo imprimir Rómulo Gallegos la primera versión de El Forastero(1921-1922), escrita en los años veinte, la cual no se logró publicar sino muchas décadas después, gracias a los hermanos Planchart Rotundo que conservaron el manuscrito, heredado de su tío el crítico Julio Planchart, siempre primer lector de su amigo Gallegos, quien lo conservó. Y desde luego al profesor José Santos Urriola(1927-1996) quien estudió aquellos venerables originales y los prologó(La primera versión de El Forastero. Novela inédita. Caracas: Equinoccio,1980.318 p.). El sentido de El Forastero de 1921, claro está, es distinto a la El forastero(Caracas: Editorial Elite,1942.289 p.) que todos conocemos, pese al especial valor que este tuvo, subrayado por el crítico Domingo Mialiani(1934-2002) al ver aparecer en esta novela “el otro Gallegos”(Prueba de fuego. Caracas: Monte Ávila Editores,1973,p.48). La república de Caín es también fundamental por traer la esencia de los ideales de la generación de Planchart e incluir su mensaje civilista, expuesto por uno de ellos, Rómulo Gallegos, desde las columnas de la revista La alborada(Enero 31,1909), trabajos que pueden leerse ahora en su libro Una posición en la vida.(México: Ediciones Humanismo, 1954.560 p.), lo cual niega la incapacidad, señalada por alguno de los adversarios políticos de Gallegos, lo cual les impedía poder mirar su obra con imparcialidad, para la vertebración de sus reflexiones ensayísticas. Tal la opinión, que la obra de pensador de Gallegos niega rotundamente, señala que ”Gallegos era un hombre muy débil, muy perezoso mentalmente, la obra de pensamiento… de Gallegos no existe. Nada ni un artículo”, como señaló Arturo Uslar Pietri en sus conversaciones con Rafael Arraiz Lucca(Ajuste de cuentas. Caracas: Libros de El Nacional,2001,p.38). No hay que olvidar para sopesar el duro juicio, injusto y falso, del maestro Uslar que este más que connotaciones intelectuales las tiene políticas porque fue el partido de Gallegos el que sacó del poder al régimen siempre positivo del presidente Isaías Medina Angarita(1898-1953) mediante un golpe de Estado(Octubre 18,1945) administración buena pero también ciega y sorda para entender la realidades políticas que tenía ante sí dentro del país, en la cual Uslar fue su eminencia gris, su figura central. Al caer Medina Uslar fue enviado Uslar al exilio y quedó siempre como cabeza de aquellos que adversaban a Rómulo Betancourt(1908-1981), Rómulo Gallegos(1884-1969) y al partido de ambos, Acción Democrática(1941). Ello fue así pese a sus justas ejecutorias de Uslar a lo largo de los cuarenta años del régimen democrático iniciado en 1958, a sus múltiples consejos y reconvenciones(es bien conocido que la salida de Carlos Andrés Pérez del poder en 1993 fue decidida en su casa de la avenida Los Pinos de La Florida). Según, la idea de Uslar, Gallegos sólo era hombre capacitado para la obra de invención creadora, para escribir cuentos y novelas. Pero la verdad es completamente distinta, ambos el narrador y el hombre de ideas convivieron en él, sus ideas e ideales no sólo están expuestos en sus narraciones breves y en las largas, también lo están en sus artículos, ensayos y discursos. De hecho los textos de La alborada, publicados entre enero y mayo de 1909, que son verdaderos ensayos, constituyen como ahora lo veremos, y no es poco, la más completa y rotunda exposición de las bases del pensamiento civilista venezolano, todavía en plena vigencia. Y siempre que se entre en estos predios de los escritos galleguianos no hay que olvidar que el maestro siempre se consideró un contemplativo(Una posición en la vida,p.385). Y al leer y repasar los parlamentos de La República de Caín no hay que olvidar aquello que se lee en ella:”quien siente la patria y reacciona con ira contra el dolor, no puede escribir suavidades en estos míseros tiempos de Venezuela”(p.13). Y fueron intelectuales los primeros en exponer el ideario contario, en criticar caudillos y gamonales, crear lo que el propio Gallegos denominó la “patria deseada”, la antimilitarista, la civilista, de la de la democracia, concepciones que fueron elaboradas por él al mismo tiempo en que Laureano Vallenilla Lanz(1870-1936) inició, sobre todo en la revista El cojo ilustrado, la publicación de los ensayos con los cuales formó su Cesarismo democrático.(Caracas: Empresa El Cojo, 1919. VIII, 307 p.) que constituyeron la justificación plena de la dictadura así no nombrara a Gómez en ningún momento. El enjuiciamiento completo de las erróneas doctrinas de El cesarismo democrático las haría otro miembro de esa misma generación de los años veinte porque de hecho, es nuestra percepción y opinión, la gente de La Alborada, los fundadores de El Círculo de Bellas Artes(Agosto 28,1912), los creadores de 1918 y los jóvenes de 1928 constituyeron, como lo hicieron ver tanto Fernando Paz Castillo(Varios Autores: Discursos de incorporación.Caracas: Academia Venezolana de la Lengua, 1983, t.VI,p.149) como Augusto Mijares(Lo afirmativo venezolano. Caracas: Dimensiones,1980, p.157-163) una misma generación, Paz Castillo y Mijares se refieren sólo a los hombres de 1918 y 1928 pero nosotros incluimos también a los escritores de La Alborada y a los que se juntaron en la fundación del Círculo de Bellas Artes, todos los miembros del Círculo de Bellas Artes no eran artistas plásticos, hubo escritores y músicos, como Juan Bautista Plaza(1898-1965) entre ellos. Y todos formaron una generación porque los ideales de todos fueron lo mismos. Fue también Augusto Mijares, otro de ellos, en La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana. (Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas, 1938. 83 p.) quien hizo la crítica más severa a las tesis expuesto por don Laureano en su Cesarismo democrático.  Pero hay más, porque la significación de La República de Caín va más allá del mero teatro, también penetra en la historia de nuestras ideas. Por ello se hace necesario, cosa que no se ha intentado aún, trazar el paralelo que hay entre La república de Caín y la novela Los adolescentes.(Barcelona: Ariel, 1958. 263 p.) de Augusto Mijares, en ambas subyace el mismo pensamiento: pesimista en Planchart, afirmativo, la palabra que era la que sin duda más le gustaba, en Mijares. Fueron aquellos los hombres que añoraron otro país, desearon otra nación, cosa que expresó  Gallegos en El Ultimo Solar(Caracas: Imprenta Bolívar,1920.298 p.), su primera novela, cuando se lee la expresión, en su primera versión, distinta, muy reelaborada, su segunda versión, la publicada con el mote de Reinaldo Solar. (Barcelona: Araluce,1930.326 p.) al llamar a esto “dolor de la patria”(Obras completas. La Habana: Editorial Lex,1949,p.179), al decir, en la misma ficción,  ”¡Qué bella eres, Patria, y como nos haces sufrir¡”(Obras completas,p.96) o “hemos cumplido con la juventud, porque hemos sabido soñar, y con la Patria, porque hemos sufrido su dolor”(Obras completas,p.180). Es el sentir  el “mal de Venezuela” como Antonio Arraiz(1903-1962), otro de ellos, el autor de Áspero(Caracas: Imprenta Bolívar,1924.70 p.), en su estremecedor poema “Quiero estarme en ti”, en su “Canto a la tierra estéril” ambos de   su poemario Parsimonia(Buenos Aires: Talleres Gráficos Argentinos, L.J..Rosso,1932.197 p.), poemas todos que se pueden leer en su Suma poética(Caracas: Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes,1966,p.105,206-208,237-246) o la tercera de sus Cinco sinfonías(Caracas: Asociación de Escritores Venezolanos,1939. 56 p.), todos agónicamente concebidos, con hondo, y por profundo, amor por Venezuela.

Para denominar una misma generación a aquellas tres que hemos señalado, que se espigan en nuestra vida pública a partir del 31 de enero de 1909, fecha de la edición del primer número de la revista La alborada y de 1913 con la publicación de Los aventureros(Caracas: Imprenta Bolívar,1913.160 p.) el primer libro de cuentos de Gallegos. Personas y obras que se fueron entrelazando a través de la iniciativa del Círculo de Bellas Artes(1912), la aparición del libro inicial de Enrique Panchart(1894-1953), Primeros poemas(Caracas: Imprenta Bolívar,1919.141 p.), miembro de la generación de 1918, la publicación de la primera novela de Gallegos, El último solar, la idea de la concepción de La trepadora(Caracas: Tip. Mercantil,1925. 356 p.), “es este mi primer libro optimista…La trepadora es ansia de mejoramiento y, por lo tanto, implica confianza en el porvenir…Hasta ahora nuestra literatura ha sido amarga y desesperanzada, pero creo que ya es tiempo de amar y confiar un poco”, como se lee en la dedicatoria a poeta Fernando Paz Castillo(1893-1981), un hombre de 1918, el sugeridor de la idea que lo llevó a escribirla como el maestro lo reconoce en la dedicatoria, que solo aparece en su primera impresión, después desapareció, hasta la edición hecha bajo el cuidado de María Josefina Tejera(La trepadora. Caracas: Monte Ávila Editores,1977.273 p.). Y desde allí siguieron nuestras letras hasta la publicación de La tienda de muñecos(Paris: Editorial Excelsior,1927.147 p.) de Julio Garmendia(1898-1977), un hombre de los de 1918, y hasta el número primero y único de la revista vanguardista válvula y de Barrabás y otros relatos(Caracas: Tipografía Vargas, 1928.159 p.), ambos de 1928, el primer libro de narraciones cortas de Uslar Pietri, autor, como ya lo hemos señalado del editorial de esa gaceta. Consideramos además que esta generación, la de 1909,1912,1918,1928, ingresa en nuestra vida pública cuando cada uno de sus integrantes llega a los veinte años, cosa que sucedió a Gallegos, el mayor de todos, en 1914, a Leoncio Martínez, Leo(1888-1941), fundador del Círculo de Bellas Artes, en 1908, a Fernando Paz Castillo, creador de 1918, en 1913, a Arturo Uslar Pietri en 1926, es decir inician su actuación que será decisiva y prolífica durante un período de diez y ocho años por ello son una generación porque una nueva generación se produce cada veinte y ocho años, es por lo que la llamada generación de 1936 estará formada por ellos mismos y serán ellos también lo que llegaran al poder, capitaneados por uno de ellos, Rómulo Betancourt, en 1945 para establecer el régimen democrático que añoraban los personajes de El último solar(Obras completas,p.123). Esta hizo verdad en todo el amplio ámbito de todas las manifestaciones culturales, en la historia de nuestras ideas y en la política aquella sentencia de Séneca(4 aC-65 dC):”Vivire militare est” o el apotegma hebreo: “Yo he combatido mis combates”. Para hacer este trazado, y para sostener esta opinión, que todos estos escritores formaron una unidad, nos hemos basado en la exposición de la teoría de la generaciones expuesta, con gran repercusión, por José Ortega y Gasset(1883-1955) en su libro El tema de nuestro tiempo(1923), considerado hoy en día por Jacques Barzum(1907) como la mejor explicación de este tiempo de declinar de una civilización que en la actualidad  vive el mundo occidental, época que se inició en el sigo XV, cosa que no nos ha dejado de llamar la atención, tan sólidas son las ideas de Ortega y Gasset que han sido consideradas por un autor anglosajón como las mejores, incluidas las expuestas por el mismo filósofo en La rebelión de las masas(1930), cuando estos siempre excluyen de sus reflexiones y análisis a los autores que escriben en castellano y pertenecen al rico mundo hispánico, al “territorio de La Mancha”(Carlos Fuentes), cuyo libro mayor, central, decisivo, de cabecera, es el Quijote(1605), ámbito situado a los dos lados del Atlántico. El libro de Barzun que hemos citado es Del amanecer a la decadencia(México: Taurus, 2005, p.1178-1179).

Todo lo relativo al pensamiento civilista de Gallegos y al “otro Gallegos” ha sido repasado, desarrollando las intuiciones que estaban apenas en germen en el estudio de Miliani antes citado, por el crítico Carlos Pacheco(1948) en su esclarecer trabajo “Gallegos, la patria deseada y el parricidio”(La patria y el parricidio. Mérida: El otro, el mismo,2001,p.77-97).

 

LA GENERACIÓN 1928

No hay duda de la significación de la generación de 1928 en la historia contemporánea de Venezuela. Fue esta la que apareció en lo literario con la edición del número primero y único de la revista válvula, el título con minúsculas como en todas las publicaciones vanguardistas, y, días mas tarde, en la Semana del Estudiante(Febrero 6-12,1928). Literariamente su figura principal fue Arturo Uslar Pietri, el polígrafo, escribió obras en todos los géneros y en cada uno escribió una obra central. Fue sin duda el “padre de la centuria” porque todos los asuntos de nuestra vida pública fueron examinados por él. Por ello fue considerado, por uno de ellos, Miguel Otero Silva(1908-1985), “el cerebro mejor organizado de nuestra generación”. Y fue sin duda el escritor mayor del siglo XX venezolano. Fue el hombre país.

Como generación literaria la de 1928 fue una especie de generación dispersa, lo esencial de sus obras lo hicieron los escritores solos, aisladamente.  En su movimiento poético tuvo escasa cohesión porque siendo sus poetas Otero Silva, Pablo Rojas Guardia(1909-1978), creador del apotegma de esta generación, “nacimos sobre la palabra angustia”, Joaquín Gabaldón Márquez(1906-1984) y Luis Castro(1909-1933) cada uno tomó un sendero distinto: Otero Silva apareció más tarde como poeta social; Rojas Guardia, el mayor como creador entre ellos, apareció como poeta pleno cuando se incorporó al grupo Viernes(1939); Joaquín Gabaldón Márquez(1906-1984) abandonó la poesía y Luis Castro falleció. Así no se puede hablar de una generación poética de 1928.

En narrativa tomó su impulso en la obra de Uslar Pietri, su libro inicial, Barrabás y otros relatos(Caracas: Tipografía Vargas,1928.159 p.) marcador de senderos, esencial en nuestras letras, lo hallamos solitario. Aunque de ese año tomó impulso el crear del maestro Uslar.

La otra cara de la generación de 1928 es la política, que es la esencial. Allí encontramos, en su franca oposición a la dictadura gomecista, a algunos miembros de la generación literaria y a otros que la apoyaron siendo mayores: Andrés Eloy Blanco(1897-1955), Antonio Arraíz(1903-1962) y Pío Tamayo(1898-1935), el introductor del marxismo en Venezuela.

Ideológicamente quien mejor dibujó las ideas que ellos tenían fue Otero Silva, al señalar, en entrevista con Efrían Subero(1931-2007), que ellos habían sido “una mixtura de liberalismo romántico, anti-imperialismo ingenuo y positivismo epidérmico, amén de una inclinación intuitiva hacia teorías socialistas apenas vislumbradas…siendo leales al espíritu de justicia social y de amor a la tierra venezolana que fue, a fin de cuentas, la subsistencia esencial del fenómeno político del 28”(Cercanía de Miguel Otero Silva. Caracas: Editorial Arte,1978,p.39 y 41). Así visto el marxismo, en el que militaron casi todos, y no solamente los miembros del Partido Comunista de Venezuela(PCV), fundado en Caracas en 1931. Pero la comprensión del marxismo, en los comunistas y en los socialdemócratas, la tuvieron cuando salieron al exilio y lejos de la amurallada Venezuela de Gómez pudieron estudiarlo y acercarse al mundo que vivía entonces la fructífera primera post-guerra(1918-1939), que fue el laboratorio en donde se forjó el siglo XX, con el solo antecedente de la Revolución Soviética(Octubre 25,1917), ese dia era 7 de Noviembre en occidente que se regía por el calendario gregoriano mientras los rusos lo hacían por el juliano. Lo hecho en la URSS tuvo un  balance negativo, y con todo el mal que el fascismo y el nazismo hicieron al mundo.

Políticamente esta generación fue una “elite política”, la que, influida por el marxismo nos trajo el régimen democrático y el debate de ideas no personalizadas, fue además la antítesis del caudillismo, cuya cabeza ya había sido cortada en 1903 en batalla de Ciudad Bolívar(Julio 21-22,1903), fin de las guerras civiles, momento en que el venezolano se bajó del caballo, según la feliz expresión de Manuel Caballero(Historia de los venezolanos en el siglo XX. Caracas: Alfa,2010,p.19). La obra histórica más importante que produjo la generación de 1928 es el libro de Rómulo Betancourt(1908-1981), su figura política fundamental, es Venezuela: política y petróleo(México: Fondo de Cultura Económica,1956.887 p.).

Pero, como en todo, siempre la historia manda, de la generación de 1928 surgió el impulso de todos los momentos de la misma generación a los cuales nos hemos referido antes. Para entender a los hombres de 1928, para examinarlos y estudiarlos hay que tener en cuenta a los que fundaron el grupo y la revista La Alborada en 1909, a los que formaron el Círculo de Bellas Artes en 1912, a los miembros de la generación poética de 1918 y a los de 1928: una generación literaria y una política a la vez. De honda influencia, decisiva, en el desarrollo del país. Comenzaron a actuar en 1936. Escribió Augusto Mijares, con un dejo de ironía, que ellos eran una “generación de improvisados”, no lo fueron de ninguna manera. La generación de 1928 llegó plenamente al poder con el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, pero ya había estado activa en los gobiernos de Eleazar López Contreras(1883-1973) e Isaías Medina Angarita(1898-1953), y todavía uno de ellos, Germán Suarez Flamerich(1907-1990) ejercería la presidencia en uno de los gobiernos colegiados de la dictadura de los cincuenta, algo inexplicable en un hombre probo como aquel, pero así fue.

Puede ser vista la significación y los hechos de la generación de 1928 primero en el campo de análisis político-ideológico a través del libro de María de Lourdes Acedo y Carmen Margarita Nones: La generación venezolana de 1928, estudio de una élite política(Barcelona: Ariel, 1967. XXIX, 182 p.). Recuento personal de un protagonista es la obra de Joaquín Gabaldón Marquez: Memoria y cuento de la generación de 1928(1957,2ª.ed.aum. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal,1978.302 p.). 

La otra manera de entender esta generación esa través de las novelas de Miguel Otero Silva: Fiebre(Caracas: Editorial Elite,1939.246 p.), de Juan Oropesa(1907-1971): Fronteras(Caracas: Artes Gráficas,1943.333 p.), de  José Fabiani Ruiz(1911-1975): Mar de leva(Caracas: Editorial Elite,1941.144 p.), de Antonio Arraiz: Todos iban desorientados(Buenos Aires: Editorial Losada,1951.212 p.), de Guillermo Meneses(1911-1978): El falso cuaderno de Narciso Espejo(Barcelona: Nueva Cadiz,1952.219 p.), de Felipe Massiani(1906-1995): Dinamarca, solamente una pensión(Santiago de Chile: Carmelo Soria Impresor,1952.150 p.), la de Juana de Ávila(1914-1986): Los años inquietos(Caracas: Fuentes, 1975.311 p.) y la de Federico Vegas(1950) Falke(2004, Caracas: Mondadori,2006.455 p.).

Del capítulo V, podemos decir que es el estudio pormenorizado de la generación del 28. Así apuntan sus autoras: “los acontecimientos con que inicia su vida política la generación del 28 pueden agruparse dentro de las siguientes categorías: Movimientos estudiantiles de febrero de 1928, tentativa revolucionaría del 7 de Abril. Nuevos disturbios estudiantiles en Octubre. Movimientos armados de 1929”(p. 85), con lo cual queda delimitado   con   mucha claridad su punto de partida.

Para cerrar debemos reiterar, siguiendo el estudio de las licenciadas  Acedo y Nones, que los hechos, definen a la generación política  de 1928 en estos términos:   “en    sentido   amplio, suele considerarse “generación del  28″   al  conjunto  de  estudiantes universitarios y de bachillerato   que   en   el   año   de 1928 se rebelaron .contra la tiranía del general Gómez. En sentido más estricto (son) los que se han destacado a partir de ese año por su actividad política, bien durante al período de la dictadura, bien a partir del año de 1936” (p. 97), “estos hombres constituyen una élite intelectual por cuanto lo que hace que sean una minoría respecto a su generación es su carácter de intelectuales. Al mismo tiempo, su orientación política nos permite diferenciarlos de los intelectuales puros y considerarlos como una intelligentzia” (p. 99). Es fundamental, como ya lo hemos mencionado la influencia del ideario de Carlos Marx(1818-1883) pero ya en su concreción expuesta por Vladimir Illich Lenin(1870-1924), ya que esta, como subrayan las autoras citadas, “La influencia marxista, tan extendida en Europa y América, formó el estrato básico de la conciencia generacional”(p. 39). Esta generación determinó “la vida política nacional desde 1936 hasta el presente[1967]”(p.139. Ver nuestro “La generación venezolana de 1928, en El Universal, Caracas: Diciembre 3,1967).

Los hechos esenciales de la generación de 1928 fueron el año de su insurgencia: los sucesos del Semana del Estudiante, el golpe del 7 de Abril y los disturbios estudiantiles de Octubre, sobre todo la manifestación del 12 de Octubre. Y en 1929 la serie de movimientos: el alzamiento del general José Rafael Gabaldón(1882-1975) en Trujillo, el de Norberto Borges en el Tuy, la toma de Curazao(Junio 8,1929) y la invasión del Falke(Agosto 15,1929), todos fracasados, don Juan Vicente tenía todos los elementos para vencerlos en sus férreas manos.

Y, desde entonces, los jóvenes renunciaron a las aventuras garibaldinas, sobre todo Betancourt. Se encerró a estudiar y preparar el futuro en su exilio en Costa Rica y comenzó su polémica con los marxistas. Betancourt se dio cuenta bien temprano que el comunismo no era la forma de gobernar a Venezuela, por ello si bien estudió el marxismo con atención, encerrado en la Biblioteca Nacional de la capital tica, a la vez se entregó al estudio de la Historia contemporánea de Venezuela(Caracas: Empresa El Cojo,1909-1925. 15 vols) de Francisco González Guinan(1841-1932) porque comprendió que el futuro de Venezuela era la democracia por lo cual creó el partido policlasista que fue Acción Democrática(Septiembre 13,1941). Y leyó el libro del viejo ministro guzmancista porque sabía que nadie puede gobernar en Venezuela no ha leído con atención los quince tomos de esta obra esencial.

 

PRIMERA GENERACIÓN FEMENINA

Nuestra primera generación femenina apareció el 30 de diciembre de 1935, cuando un grupo de ellas suscribieron el Mensaje de las mujeres venezolanas al presidente Eleazar López Contreras. La primera generación literaria en las que hubo mujeres presentes fue en la de 1942. El Mensaje fue el primer documento femenino de la historia de Venezuela. Desde ese momento la presencia de la mujer marcara la sociedad venezolana porque, gracias a ellas, ya no será la mujer entre nosotros la “expulsada de la historia” que dijo Manuel Caballero(Ni Dios ni Federación.3ra.ed. Caracas: Alfa,2007,p.66-71). Examinar esto, para mostrarlo en los rasgos de aquello que examinamos en este estudio, requiere una serie de precisiones que ahora exponemos.

Y esos hechos se comenzaron a suceder a las pocas horas de la muerte del general Juan Vicente Gómez cuando se pusieron las bases de nuestra democracia contemporánea, la cual fue ratificada plenamente durante la gran marcha del 14 de febrero de 1936, a los cuarenta y siete días del deceso del tirano, jornada que se debe considerar entre nosotros como “El día de la democracia” según lo propuso el historiador Manuel Caballero(Las crisis en la Venezuela contemporánea. Caracas: Monte Ávila Editores, 1998,p.55-75; “Dos no celebradas fiestas nacionales” en Revolución, reacción y falsificación. Caracas: Alfadil,2002,p.195-198). Todo comenzó la madrugada que se supo la noticia veraz del deceso del gran dictador. Hubo personas que no olvidaron nunca el sonido de los corchos de las botellas de champaña al abrirse en sus casas en aquella madrugada para celebrar aquella buena nueva. Esos mismas horas el poeta Andrés Eloy Blanco escribió, al calor de aquellos instantes, el “Manifiesto” a favor de la democracia dirigido al general Eleazar López Contreras, ya elegido Presidente de la República. Evidentemente estaba implícito en el pedido la concesión de la libertad a los presos políticos y el regreso de los exilados. El mismo Andrés Eloy blanco, cuya faceta como hombre cívico apenas se ha explorado entre nosotros, no sólo escribió aquellas dos cuartillas sino que personalmente, a pie, fue de casa en casa de cada uno de los signatarios, seres que deseaban la democracia, y recogió sus firmas, las que encabezó con la suya. Al día siguiente una larga cola de automóviles se trasladó a Maracay e hizo entrega al nuevo presidente del pronunciamiento. “Aquí está Venezuela, Señor” le dijo Andrés Eloy al general López al ponerlo en sus manos. Y esto es memoria viva, todavía la puede testimoniar con sus propios labios el Dr. Ramón J. Velásquez(1916), joven estudiante de diez y nueve años entonces, quien formó parte de aquella caravana. El 19 de diciembre, dos días después de la muerte de Gómez,  publicó aquella gran petición El Heraldo de Caracas en sus columnas(verlo en José Rivas Rivas: Historia gráfica de Venezuela. Caracas: Centro Editor,1972,t.I,p.24-26).

Claro está, podemos decir hoy también, siguiendo lo dicho por el profesor  Germán Carrerra Damas(1930), que la democracia plena se inicio en Venezuela, tras la Guerra Federal(y después del Tratado de Coche firmado el 24 de abril de 1863 que puso fin “a la presente desastrosa guerra” como se lee en él), con el  “Decreto de garantías” del 18 de agosto de 1863 del general Juan Crisóstomo Falcón(1820-1870), en cuyo único considerando se lee:”Que triunfante la revolución debe elevarse a canon los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización, a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de sus derechos políticos e individuales”(ambas citas en Varios Autores: Documentos que hicieron historia.Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1962,t.I,p.568 y 572). Falcón no era en ese momento Mariscal. Desde luego fue aquel día el de la democracia plena por haberse superado con aquella decisión la democracia censitaria de los períodos paecista y monaguista y porque si bien el voto directo de todos para la elección de las autoridades había sido aprobado en la Constitución de 1858 y practicado para elegir a Manuel Felipe Tovar(1803-1866) presidente, aquellas elecciones se había realizado como se pudo pues el país vivía en plena Guerra Federal. De allí la importancia que para Venezuela tuvo el “Decreto de Garantías”. Y desde ese papel que hemos citado en adelante la democracia se convirtió en el sistema de vida de los venezolanos, en su forma de ser. Nadie, ni siquiera grandes y largas dictaduras, pudieron contra él. Se sostiene erguido y viviente entre los venezolanos. Y ruin sea el hombre que pretenda incumplirlo.

Lo que no sabían todos los que leyeron aquel 19 de diciembre de 1935 El Heraldo era que ya en ese momento las mujeres también se habían movilizado. En la casa de habitación de Ada Pérez Guevara(1905-1999), entre las esquinas de Veroes a Jesuítas, un grupo de mujeres  se habían reunido y habían dirigido, a los trece días de la muerte del dictador, al nuevo mandatario el Mensaje de mujeres venezolanas al general Eleazar López Conteras(Diciembre 30,1935). A este Mensaje también se unieron las dirigentes de varias asociaciones de mujeres que ya existían aunque hacían sus tareas en voz baja, aunque algunas iniciativas por formar a las mujeres se habían hecho como una que registra uno de los pocos números impresos de la Gaceta de América(Caracas, n/ 1,enero 1935,p.3). Sin embargo, y esto es lo histórico, aquel 30 de diciembre por vez primera las mujeres en voz alta pidieron en favor de sus derechos y por el bien de los niños. En ese momento algunas de las más jóvenes entre sus redactoras, todavía menores de edad, no pudieron firmar aquel documento porque sus mayores no se lo permitieron. Tal era la opresión de la mujer en aquel momento que una petición tan justa no podía ser firmada por todas las mujeres que lo concibieron porque a unas no se los permitía el padre o el hermano mayor y a otras el marido. Ello porque aquel año las mujeres no tenían derechos civiles.  Allí, casa de Ada Pérez Guevara, siempre cercana a su cálido esposo Antonio Bocalandro, surgió también, como consecuencia del “Mensaje” la “Asociación venezolana de Mujeres”(AVM) y el gran movimiento de las féminas de los años treinta y cuarenta las cuales lograron por su empuje y paciencia, por su decisión y constancia, lograr mejoras para la mujer y los niños, conquistar los derechos civiles primero(1942) y más tarde los políticos(1947) de la mujer venezolana. Fue así como se puso en práctica la consigna de una de ellas Irma De Sola Ricardo(1916-1991): “Las mujeres tenemos vocación de servicio”.

Hay hechos logrados desde aquella hora que no deberían dejarse de mencionar como fue el establecimiento de la “Casa pre y post natal María Teresa Toro”, que todavía existe, tarea de la AVM. Varios destacados hombres se unieron entonces a las mujeres: se logró rápidamente la fundación de todas las instituciones que desde el Estado se ocuparon del niño y del adolescente. Allí tuvo una presencia singular ese gran venezolano que fue Rafael Vegas(1908-1973), aquel mismo que cuando fue Ministro de Educación del presidente Medina Angarita llegaba en bicicleta a su despacho. Es el mismo ser que ahora mucha gente ha descubierto gracias a la novela Falke de Federico Vegas, su sobrino y a través de la biografía suya escrita por su discípulo Eduardo Casanova(Rafael Vegas. Caracas: El Nacional/Bancaribe,2009.121 p.) y la semblanza suya que nosotros hemos trazado(“Rafael Vegas: psiquiatra y civilizador contemporáneo”, www.literanova, Caracas: Septiembre 1,2008 y 64.207.147.4: Caracas: Octubre: 11,20, 23,2008). Para hoy nos bastará sobre él con mencionar un hecho: el haber logrado el doctor Vegas sacar de las cárceles a los niños, donde estaban junto con los delincuentes adultos y crear la “Casa de Observación de Menores” constituyó toda una revolución en su sentido verdadero, profundo y no demagógico. Revolución, como dice Augusto Mijares, es “proyecto y no violencia; doctrina y no gesticulación y palabras”(Lo afirmativo venezolano, p.349). Y fue un  cambio tan alto que Vegas pidió al gobierno que no le pagara sueldo alguno por hacerlo. Y esto no sólo por ser aquel gran psiquiatra y pedagogo un apóstol sino porque se dio cuenta que si cobraba un salario pronto habría una persona que desearía su cargo sin pensar siquiera en la importancia que tendría la tarea por él emprendida. Vegas pensó que al no tener sueldo él podría dedicar todas sus energías y toda su magnífica preparación, obtenida en París y en Barcelona, en esta última junto con su maestro el sabio Emilio Mirá y López(1896-1964), el autor de Los cuatro gigantes del alma, al servicio de los niños, cosa que para él fue una de sus razones vitales. Sacar a los infantes de las cárceles de adultos fue un suceso tan alto para la Venezuela de su época como cuando en Francia se logró sacar de las cárceles a los enfermos mentales y llevarlos a instituciones propias para sus dolencias, hecho considerado hoy por la historia como la segunda revolución psiquiátrica, lograda por Jean-Martín Charcot(1895-1893), el maestro parisino de Sigmund Freud(1856-1939). Al doctor Vegas lo consideró Francisco Herrera Luque(1927-1991) “Figura notable y arquetípica”(En la casa del pez que escupe el agua. Caracas: Alfaguara,2002,p.552, nota 153).

Pero hizo también Rafael Vegas otra revolución a favor de la mujer. En 1944 siendo Ministro de Educación del presidente Medina auspició el inicio de la educación mixta en el país. Se abrió entonces tanto el bachillerato como la universidad a las mujeres. Consecuencia de esta decisión, en contra todos los prejuicios de la época porque muchas personas acusaron entonces a Vegas de estar auspiciando con aquella sabia decisión que nuestras niñas y muchachas se convirtieran en prostitutas. Sin embargo, ni el presidente Medina ni los compañeros de Vegas en el gabinete, vacilaron en la aprobación de la decisión. Para entender esto bien habría que repasar los nombres de quienes eran los miembros de aquel gabinete progresista. Fue aquella decisión del doctor Vegas lo que permitió la incorporación plena de la mujer a la vida venezolana, lo que hizo posible el número de graduadas que existen hoy en día, que en 1966 llegara al gabinete la primera mujer, la economista Aura Celina Casanova, y que podamos ver hoy que será muy pronto cuando una mujer ocupe la primera magistratura. Y el doctor Vegas sabía y conocía esto, había hecho sus estudios universitarios en París y habían sido muchas las mujeres que habían sido sus compañeras. Sabía que era impensable ya ver el desarrollo de una sociedad, en que este caso la venezolana, sin la presencia de la mujer. Tal la iniciativa de quien ha sido considerado el mejor Ministro de Educación que tuvo Venezuela en el siglo XX, en donde ya lo habían sido hombres como Felipe Guevara Rojas(1878-1916) o Arturo Uslar Pietri(1916-2001). Y, además, hoy es imposible, por esta iniciativa, trazar la historia de la mujer en nuestro siglo XX sin referirnos a Rafael Vegas.

Así junto a las mujeres, como lo veremos ahora, gracias a diversas citas tomadas de la prensa de los años treinta y cuarenta a los que nos referimos, siempre estuvieron presentes varios hombres. Por ello no debe llamar la atención que hayan sido seres masculinos, bien sintonizados con lo que Carl Gustav Jung(1875-1961) llama su ánima, quienes hayan estado cerca de estas actividades. Grandes civilizadores como el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa(1902-1993), el pediatra Pastor Oropesa(1901-1991), autor del primer libro de pediatría publicado un nuestro país(El niño. Caracas: Editorial Elite,1935) o el propio Vegas en lo relacionado a los niños. Pero también aquellos hombres que eran diputados y senadores cuando se reconocieron los derechos civiles de las mujeres y los que luego estuvieron en la Asamblea Nacional Constituyente de 1946 donde se aprobaron los derechos políticos de las mujeres los cuales fueron practicados por vez primera en las elecciones de 1948. Hay que recordar, de todas maneras,  que la primera vez que las mujeres votaron en Venezuela fue para elegir precisamente la Asamblea Nacional de Constituyente(Octubre 27,1946), de la cual formaron parte varias mujeres. La Constitución de 1947, que sancionó estos derechos, ha sido considerada por especialistas, como el constitucionalista español Luis Mariñas Otero(1928-1988), como la constitución más democrática que ha tenido Venezuela. Más que la de 1961, lo cual es decir mucho, aunque esta se basa en aquella. Siempre se ha considerado a Rómulo Betancourt como la persona que otorgó esos derechos a las mujeres, en verdad, esos son los caminos de la historia, esto fue logrado por el empuje del movimiento femenino que lo pidió una y otra vez, cosa que este mandatario ratificó con su firma al poner el ejecútese a la Carta fundamental a la que nos hemos referido.

Pero hay un segundo hecho: fue esa misma generación femenina, formada por mujeres de muy diversas edades, la que a vez que logró los derechos para la mujer estableció nuestra literatura femenina. Para explicar el modo como surgió la idea fundadora de dar base al desarrollo de la literatura de las mujeres debemos echar una mirada a varios sucesos, que apenas registramos, los cuales hicieron posible que un día comenzara a existir la “Biblioteca Femenina Venezolana”.

Dentro de estas numerosas actividades que reseñamos tuvo su lugar la literatura que ahora vamos a bosquejar. Actividades que desde fines de los años treinta realizaron un grupo de mujeres quienes siempre trabajaron en equipo, quienes nunca dijeron, de la serie de iniciativas a las cuales nos vamos a referir, “yo hice” sino “nosotras hicimos” porque siempre se sintieron formando parte de un colectivo. Así fue que impulsaron aquello que en esos tiempos, hace casi siete décadas, se llamó la “literatura femenina” y la cual debemos llamar hoy “literatura escrita por mujeres”, ya que al transcurrir de los años las mujeres pasaron del recuento de sus cuitas hogareñas, de los encuentros y desencuentros del amor, de la imposibilidad del diálogo con los hombres, del “amargo fondo” en que vivían, según la nítida expresión de Gloria Stolk(1912-1979), a introducirse en todos los terrenos en los cuales pueda vivir el arte de la imaginación. Así, sin dejar de registrar la “casa por dentro” como lo hizo, en bello poemario, nuestra Luz Machado(1916-1999), pasó a contar su presencia en la sociedad, sus luchas civiles y políticas, sus congojas amorosas, sus retos y logros, sus deseos utópicos, sus fantasías eróticas, las grandes tragedias de nuestra época como pudo ser en su día la explosión de una central nuclear(Abril 26,1986) como nos lo hizo ver Lucila Velásquez(1928-2009) en El árbol de Chernobyl(Caracas: Monte Ávila Editores,1989.235 p.). Todo esto nos han mostrado las escritoras venezolanas desde todos los registros del escribir femenino. Es por ello que nuestra literatura escrita por mujeres es hoy tan rica, es capítulo decisivo de nuestra actividad creadora, por ello no se puede hablar hoy de nuestra literatura sin poner en el centro de este proceso la voz, el escribir, el dramatizar de nuestras mujeres.

Esa presencia es hoy intensa y activa. Pero tuvo sus orígenes en la actividad de estas mujeres quienes a fines de los años treinta, durante el período de nuestra recuperación democrática, que encabezó, una vez muerto Gómez, el general López Contreras, con su modo creador de actuar, pusieron, mediante su acción, las bases para que la literatura mujeril tuviera un lugar, fuera escuchada como se debía. Eso permitió el florecimiento del escribir de las mujeres entre nosotros. Esa fecunda presencia, que comenzó a sentirse en plena década del cuarenta, en la cual varios de los mejores poetas fueron mujeres como Ida Gramcko(1924-1994), Ana Enriqueta Terán(1918) y Luz Machado, se hizo evidente en los años cincuenta que nos dieron a una ensayista, dramaturga y ahora novelista de la talla de Elisa Lerner(1932) o la ampliación del espectro de lo femenino que vivimos desde los años sesenta, período en el cual la poeta mas destacada fue Miyó Vestrini(1938-1991), quien abrió con sus escritos todos los tópicos por los cuales ha atravesado el decir poético de las creadoras venezolanas. Y que ahora, por vez primera en nuestra historia literaria, una mujer, Ana Teresa Torres(1945), sea nuestro mayor novelista. Y tras ella hemos visto el largo florecer de todo aquello que las mujeres han dado a nuestra literatura desde los años sesenta, vigoroso árbol que hoy es imposible silenciar, so pena de no entender nuestra literatura.

Pero todo este progreso se inició calladamente. Fue en los días en los cuales, al decir del ensayista Juan Oropesa, muchas evas instalaron en nuestro país aquello que este llamó la “escuela de las mujeres”, ya que aquellas, según lo afirmó desde su celebrada columna “Testimonios”, que publicaba en el desaparecido diario Ahora(1936-1945), vocero de la reimplantación democrática entre nosotros, que estas amazonas habían decidido ponerse a enseñar al país(“La escuela de las mujeres”, Ahora, Caracas: junio 17,1940).

Fue tres años antes de que se reuniera el primer congreso femenino venezolano(Junio 13, 1940), al cual alude Oropesa en su crónica, el cual presidió nuestra escritora Antonia Palacios(1904-2001), que otra agrupación, la «Asociación Cultural Interamericana”, fundada el 27 de febrero de 1937, decidió promover el trabajo literario femenino. Y lo hizo primero auspiciando la edición de la novela de Ada Pérez Guevara Tierra talada.(Caracas: Tipografía La Nación, 1937. 203 p.) a través de la cual la mujer habló al país el mismo año en que Lucila Palacios(1902-1994) dio a la luz su también primera e imperfecta novela Los buzos.(Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas, 1937. 512 p.). Para editar Tierra talada debió su editora, Irma De Sola Ricardo, lograr que le fuera regalado el papel en que fue impreso y que una de nuestras artistas plásticas de la época dibujará la carátula, la hermana de Ada la pintora Gloria Pérez Guevara(1917-1991), quien firmó aquella cubierta con sus iniciales. Se debe decir hoy que Gloria Pérez Guevara fue como artista plástica una pionera en nuestras artes, junto con Elisa Elvira Zuloaga(1900-1980), porque aquella fue una promoción de mujeres adelantadas. En Tierra talada está expuesto el ideario de esta generación de mujeres, que todavía hay que buscarle un apelativo para hacerles su historia. Esta novela circula ahora en la edición(1997) de Monte Ávila Editores.

Pero no se detuvieron allí las iniciativas. A poco, dos años después, en 1939, decidieron crear la “Biblioteca Femenina Venezolana” la cual se dedicó a la publicación de obras escritas por mujeres, cosa que nunca había existido en el país. Casi inmediatamente, el 17 de octubre de ese año lo divulgó la prensa(“Plausible iniciativa de la Asociación Cultural Interamericana”, Ahora: Octubre 17,1939), decidieron crear dos premios anuales para estimular el trabajo intelectual femenino entre nosotros. Este año fueron creados estos galardones siguiendo una sugerencia de Mariano Picón Salas(1901-1965), como Irma De Sola Ricardo lo recordó en “La Casa de Bello” el 10 de abril de 1985, en un foro en homenaje al humanista emeritense. Esa presea permitió la insurgencia en nuestras letras de figuras tan destacadas de nuestra poesía como Ida Gramcko, cuyo libro inicial Umbral (Caracas: Asociación CulturaI Intreramericana, 1942. 43 p.) fue lanzado gracias a ese concurso y dentro de la colección creada a ese efecto. También Jean Aristigueta(1922) inició su trayectoria gracias a ese evento, Lucila Palacios prosiguió el suyo con su entonces controvertida, y muy discutida, novela Tres palabras y una mujer.(Caracas: Asociación Cultural Interamericana, 1944. 146 p.), acusada entonces de poseer ”un feminismo desquiciado”, y también apareció allí ese enigma de nuestra narración corta que fue durante muchos años Dinorah Ramos, seudónimo con el cual Elba Arraiz(1920-¿1960?) presentó su libro de cuentos Seis mujeres en el balcón.(Caracas: Asociación Cultural Interamericana, 1943. 67 p.). El misterio en torno a Dinorah Ramos fue resuelto años después por uno de nuestros memorialistas, Laureano Vallenilla Planchart(1912-1973) en su Escrito de memoria(Caracas: Ediciones Garrido,1967,p.142). Allí ese evento y en esas publicaciones, algunas de las cuales hemos citado, se inició el sendero, se logró que la mujer escritora comenzara a ser escuchada por sus propias palabras. Coetáneo fue por ello el largo movimiento cuentístico femenino de los años cuarenta y cincuenta, que con agudo ojo crítico nos presentó la profesora Luz Marina Rivas(1958) en su tesis de maestría La literatura de la otredad.(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1992. 231 p.). Y de donde en buena parte surgió su antología Las mujeres toman la palabra.(Caracas: Monte Ávila Editores,2004.221 p.). También las escritoras más significativas de esta década han sido estudiadas y antologadas por Yolanda Pantin(1954) y Ana Teresa Torres en El hilo de la voz(Caracas: Fundación Polar,2003,p.179-274). Mariana Libertad Suarez(1974) dedicó su tesis de maestría al examen de las narradoras venezolanas, novelistas y cuentistas del postgomecismo(Criaturas que no pueden ser. Caracas: Monte Ávila Editores,2005.195 p.) De allí en adelante el conocido auge no nos debe llamar la atención pues fue gracias a todas las iniciativas a las cuales nos hemos referido que la mujer halló un eco, una resonancia honda y significativa como la que había logrado con sus libros en los años veinte, en forma solitaria, Teresa de la Parra(1889-1936), los cuales hicieron de ella nuestra primera gran escritora. Fue ella señal y signo de la acción de esta mujeres, de hecho aparece citada en Tierra talada. Y la admiraron tanto que cuando sus restos fueron trasladados a Caracas en 1947, Teresa había muerto en Madrid once años antes, un grupo de mujeres de la generación a la que nos referimos se acercó al protocolo a pedir les permitieran a ellas cargar la urna.

Y tanto creció el trabajo intelectual de la mujer que este pudo ser presentado con amplitud en la exposición “La mujer en las letras venezolanas” (Octubre 5-26, 1975), realizada en Caracas hace exactamente treinta y seis años. Irma De Sola Ricardo fue su organizadora. Pudo así encontrarse el país ante un descubrimiento casi ignorado: la producción intelectual de nuestras mujeres era mucho más amplia y mucho más significativa de lo que se había pensado hasta entonces. Y tal visión, al entender de Juana de Avila, otra de ellas(“Irma De Sola”, El Mundo, Caracas: enero 25, 1978) tuvo una resonancia: se tomó entonces con seriedad la labor creadora de la mujer venezolana. Y, muy poco tiempo después, esas consideraciones se expresaron en hechos concretos. Un año mas tarde, por vez primera, una mujer, Antonia Palacios, obtuvo el “Premio Nacional de Literatura”(1976), al año siguiente lo obtuvo también por primera vez una poeta, Ida Gramcko(1977). Ese mismo año Laura Antillano(1950) obtuvo el premio del concurso de cuentos de El Nacional(Agosto 3,1977), que es consagratorio en nuestra literatura, el cual nunca había sido recibido por una mujer, con un relato que es una elegía en prosa, estremecedor e inolvidable, “La luna no es como pan de horno”. Todo ello hizo posible que se sembrara una tradición y que en el sucederse del tiempo Luz Machado(1986), Ana Enriqueta Terán(1989), Elizabeth Schön(1994) y Elisa Lerner(1999) hayan podido obtener el máximo galardón nacional. Y que varias otras creaciones escritas por mujeres hayan sido premiadas con el galardón anual que otorga el “Consejo Nacional de la Cultura”. Todo ello propició lo que hemos visto en adelante, cuando nos hemos dado cuenta hasta donde nuestras creadoras están en sitios prominentes dentro de nuestra creación literaria. Y es ello lo que explica que tratemos el asunto aquí, razón por la cual no hemos podido dejar de evocar a las protagonsitas que laboraron para que esa alborada fuera posible, fructificara, que la mujer fuera escuchada, para que la “escuela de las mujeres”, que dijo Juan Oropesa, no dejara de actuar, que las “mujeres fueran brújulas de la patria” como Irma De Sola Ricardo lo deseó.

Y estudiar los hechos y leer los libros que hemos presentado tiene un sentido, pese a que se ha propalado, como consecuencia de cierto radicalismo de los movimientos feministas de los años sesenta, que tomaron su impulso a fines de los años cuarenta con la publicación de El segundo sexo(1949,Buenos Aires: Siglo XX,1965.2 vols) de Simone de Bauvoir(1908-1986) la biblia del feminismo, que los libros de las mujeres sólo deben ser comentados por las mismas mujeres. Ellas tienen que hacerlo  porque ellos les revelan su identidad y pertenencia pero a los hombres atañen también porque a ellos les hacen comprender su propia conciencia e intimidades, los rasgos de su virilidad. Y ningún hombre puede haber dejado de leer muchos libros escritos por mujeres si al lado suyo hubo constantemente la presencia de una mujer que les indicaba leerlos o les decía que además de aquel volumen sobre tal y cual tema escrito por hombre también lo acompañaba, muy de cerca, otro sobre lo mismo escrito por una mujer. La insistencia femenina abre surcos, sube montañas, logra cosas impensables.

Por eso mismo, también hay que citar los numerosos comentarios crítico literarios e históricos escritos por hombres, por escritores, sobre los libros de ellas. Y ello llegó tan hondo desde entonces que no es casualidad que la primera antología de la poesía femenina, Por manos de mujer(Barquisimeto: Universidad Centro Occidentral,1980. 207 p.), haya sido seleccionada y prologada por un hombre: Oscar Sambrano Urdaneta(1929). Y que entre los comentaristas de la obra escrita por mujeres hayan estado muchos varones, “hombres de alma femenina” como nos decía la poeta Astrid Lander(1962) en un e-mail, como fue el caso, primero de Héctor Cuenca(1897-1961), en los años cuarenta, uno de los primeros analistas del significado del decir de María Calcaño(1906-1956), alta poeta hoy al fin comprendida(“Apunte sobre La poesía femenina venezolana”, El Universal, Caracas: marzo 3,1940), desde 1969, el crítico Julio Miranda(1945-1998) quien fue quien atestiguó en su prosa interpretativa lo que llamó la “rebelión de las musas” a través de nuestra poesía desde los años sesenta(en Varios Autores: Diosas, musas y mujeres. Caracas: Monte Ávila Editores,1993,p.221-227), el de Ludovico Silva(1937-1988) La interpretación femenina de la historia(Caracas: Ediciones Centauro,1987,p.17-33), nuestro Lo masculino y femenino entrelazado(Caracas: Pomaire/Fuentes,1992.262 p.) o Manuel Caballero en su disquisición: “La mujer expulsada de la historia”(en Ni Dios ni federación,p.65-70). Fueron todos estos varones de ayer y de hoy los “hombres sensibles” que pidió nacer Anais Nin(1903-1977) nacer como antídoto contra el machismo y el sexismo. Así se lee en su libro Ser mujer(Barcelona: Debate,1979,p.59). En verdad, el verdadero título de Ser mujer era en verdad, en inglés, “En búsqueda del hombre sensible”. Anais Nin quizá fue la mayor autobiógrafa, la mayor, del siglo XX, incluso, posiblemente, la mas grande de la historia literaria universal por su Diario(Barcelona: RM/Bruguera,1977-85. 7 vols). Este Diario tiene quince mil hojas manuscritas, todas escritas desde la sensibilidad femenina, para fundar la escritura de la mujer.

 

LA GENERACIÓN DE 1936

Se ha hablado de una generación con este cognomento, pero ya hemos explicado que los hombres que llegaron al poder una vez terminada la dictadura gomecista eran los hombres quienes habían aparecido en nuestra escena pública desde comienzo del siglo XX y otros más jóvenes que se incorporaron entonces. Pero no creemos que sea correcto hablar de una generación de 1936, aunque si podríamos referirnos a aquellos a los que uno de ellos, Augusto Mijares, llamó la “generación de improvisados”. No eran tales, todos se habían preparado para servir el país cuando las condiciones políticas cambiaran.

Fernando Paz Castillo señaló que las generaciones de 1918 y 1928 eran una misma generación en dos etapas. Mijares insistió, con lo que coincidimos en nuestro análisis, que las llamadas generaciones de 1918 y 1928, a las que nosotros unimos también, como lo hemos mostrado, a los hombres que aparecieron ya en 1909 al fundar la revista La Alborada y aquellos que estuvieron a iniciarse el Círculo de Bellas Artes, eran una misma. Aunque Mijares señala que la mayoría había nacido en los primeros años del siglo XX en verdad varios de ellos, entre ellos el propio Mijares, Gallegos y sus compañeros, Leoncio Martínez, los pintores de la llamada “Escuela de Caracas”, el más singular de todos fue Armando Reverón(1889-1954), Paz Castillo, el maestro Vicente Emilio Sojo(1887-1974), el propio José Rafael Pocaterra(1889-1955), Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964), la misma Teresa de la Parra(1889-1936), vieron la luz en las décadas finales del siglo XIX. Los nacidos en el siglo XX fueron, quizá con la excepción de Mariano Picón Salas, nacido en 1901, en general los miembros de la generación de 1928, los nombres que citamos los mencionamos a modo de ejemplo. A esa generación la caracterizó Mijares de este modo “Fue una sola generación: la de los hombres que habiendo nacido al comenzar el siglo, se formaron bajo la más duras condiciones de opresión y de desamparo y emprendieron sin embargo, después, una improvisación de obras colectivas que merece historia…La verdad es que toda la vida venezolana se transformó a partir de 1936…. Nada de eso teníamos  y lo hicieron aquellos hombres que solos con sus sueños durante su juventud y bajo la presión de un ambiente en que todo estaba prohibido, apenas se atrevían a cuchichear los proyectos que cada cual guardaba para el día de la liberación”(Lo afirmativo venezolano,p.157-159). Cita Mijares algunos nombres: Pastor Oropeza, José Ignacio Baldo(1898-1976), Luis Caballero Mejía(1903-1959), el creador de la educación técnica, el propio Sojo, fundador de la Orquesta Sinfónica Venezuela(1930), la más antigua institucional cultural de país aún. A ella siguió, fundado por un mujer, la compositora María Luisa Escobar(1903-1985), la creación del Ateneo de Caracas(1931), la segunda de nuestras instituciones culturales.

Como hombres aparecidos en 1936, apenas llegados a los veinte años, debemos nombrar a Rafael Caldera(1916-2009) o a  Ramón J.Velásquez(1916). Y, desde luego, fue hecho claro la aparición de la mujer en nuestra vida pública. Muchas de ellas se habían hecho presentes en los sucesos de 1928 y estuvieron entre las firmantes del documento mujeril al cual antes nos hemos referido. En 1936 se graduó la primera médico, Lya Imber de Coronil(1914-1981), en 1943 la primera abogada Panchita Soublette Saluzzo(1909-1987)

Es, desde luego, esta promoción un grupo que fue fundamental en nuestra vida política, una generación política, tanto los hombres de la generación de 1928 como otros que son individualidades que se presentaron solas, es el caso de Alberto Adriani(1898-1936) o del propio Arturo Uslar Pietri.

Parte de la acción de estos hombres y mujeres, fuera de que muchos participaron junto a los presidentes López Contreras y Medina Angarita en su forma creadora de gobernar y fueron responsables del establecimiento del país moderno a partir del Plan de Febrero(Febrero 21,1936) del presidente López Contreras.

Junto con esto se establecieron los grandes partidos políticos, hijos de las tendencias ideológicas de su tiempo, todos con afán modernizador. La socialdemocracia, bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt, pasó por diversas denominaciones hasta la fundación de A D(Septiembre 13,1941). Los socialcristianos tuvieron su dirigente principal en Rafael Caldera, sus agrupaciones aparecieron desde 1936 con la Unión Nacional de Estudiantes hasta convertirse una década más tarde, después de haber pasado por otras denominaciones, en el partido Copei(Enero 13,1946). La tercera formación fue la marxista, fundadora del Partido Comunista de Venezuela(1931). Posterior fue la fundación de URD(Diciembre 18,1945) por Jóvito Villalba(1908-1989). Tanto AD como Copei se convirtieron en fuerzas determinantes de nuestro desarrollo político. AD tuvo cuatro presidentes, Betanocurt, Raúl Leon(1905-1972), ambos pertenecientes a la generación de 1928, Carlos Andrés Pérez(1922-2010) dos veces presidente, con un segundo mandato trunco y Jaime Lusinchi(1924). Copei tuvo dos presidentes en tres gobiernos, Rafael Caldera, quien llegó a ser el hombre que durante más tiempo ejerció la presidencia por elección popular en el siglo XX y Luis Herrera Campins(1925-2007).

Y, desde luego, en el mismo período, tuvo el país un franco desarrollo literario, del cultivo de la historia y de vertebración del pensamiento politico. Las agrupación literario esencial de aquel período fue el Grupo Viernes(1938-1941) cuya figura más alta fue el poeta Vicente Gerbasi(1913-1992).

 

LA GENERACIÓN DE LOS CUARENTA

De la misma forma que no puede hablarse de una generación de los años cuarenta, dado que la marcha del país, iniciada el 17 de Diciembre 1935, prosiguió sin colisiones hasta la ruptura institucional del 18 de Octubre de 1945, esta llevó a la generación de 1928 al poder, encabezando el gran cambio, la llegada del país a la democracia representativa plena, Rómulo Betancourt. De todas formas el camino tomado para llegar al poder fue el incierto.

Pero en ella al menos se dieron claras dos promociones literarias de largo aliento para las letras venezolanas. La llamada de 1942 cuya figura fundamental fue el poeta Juan Beroes(1914-1975). Si los escritores de 1942, poetas, destacadísimos en su mayoría, fue un grupo de aedas, la siguiente, la de Contrapunto(1948-1950) nos trajo un singular grupo de narradores, especialmente de cuentistas que se encuentras entre los mejores de nuestra literatura, maestros del género varios de ellos, Antonio Márquez Salas(1919-2003) ,Gustavo Díaz Solis(1920), Alfredo Armas Alfonzo(1920-1990), Héctor Mujica(1927-2003) y Oscar Guaramato(1916-1987). Entre ellos la figura esencial como creador y crítico literario fue Andrés Mariño Palacio(1927-1965) quien en sus estudios de interpretación literaria, reunidos en sus Ensayos(Caracas: Inciba,1967.326 p.) puso las bases teóricas de esta promoción y quien se debió, sobre todo en su novela Los alegres desahuciados(Caracas: Ediciones Contrapunto,1948.113 p.) el proyecto de la renovación de nuestra narrativa que llegó a su plenitud, primero a través de Guillermo Meneses, tanto en su cuento La mano junto al muro(Paris: Faquet et Baudier, 1952. 36 p.), con razón considerado el mejor cuento de nuestra literatura, y sus novela El falso cuaderno de Narciso Espejo, desde allí se abrió el sendero para que a finales de los años cincuenta, con el escribir de Salvador Garmendia(1928-2001), nuestra ficción se hiciera plenamente urbana, desde Los pequeños seres(Caracas: Ediciones Sardio,1959.151 p.). En aquel mismo tiempo no pueden soslayarse el estremecedor relato de Adriano González León(1931-2008): Asfalto infierno(Caracas: El Techo de la Ballena,1962. Páginas sin numerar) luego incorporado a su novela País portátil(Barcelona: Seix Barral,1969.231 p.). El tercer texto es la novela Alacranes(Caracas: Universidad Central de Venezuela,1968.148 p.) de Rodolfo Izaguirre(1931), libros todos que no se hubieran podido escribir si Caracas no hubiera llegado a su primer millón de habitantes(1955) volviéndose así metrópolis.

 

LA GENERACIÓN DE 1960

El escribir el subtítulo de esta parte dudamos. ¿Fue la generación de 1958 o la de 1950, más bien?. Y lo decimos porque varios de los que luego formarían el Grupo Sardio en 1957 ya aparecieron en 1950 en las páginas de la revista Cantaclaro, de la cual, fue publicada en la imprenta de José Agustín Catalá(1915) en Santa Rosalía y teniendo como mentor al poeta Juan Liscano(1915-2001), gaceta que fue secuestrada por la policía política. Por ello esta generación literaria debe considerarse, como lo dijo uno de ellos, Elisa Lerner, una “generación postergada”. Y ello porque la dictadura no los dejó actuar con libertad. Sin embargo, uno de ellos, figura central de nuestra poesía, Juan Sanchez Peláez(1922-2003) publicó su primer poemario, Elena y los elementos(Caracas: Tip. Garrido,1951.46 p.) en esos años. Fragmentos de Elena y los elementos habían aparecido antes en las páginas de la revista Contrapunto(Número 5,1949,p.59-61).

La generación de 1960 será testigo de la gran cambio político: el desarrollo del sistema político democrático, gracias a la gran alianza de los partidos democráticos que condujo al Pacto de Punto Fijo(Octubre 31,1958) y a su concreción: la Constitución de 1961. Fue aquel período, de cuatro décadas, el más largo tiempo de estabilidad política y desarrollo económico de nuestra historia.

Fue este tiempo, sobre todo en la presidencias de Betancourt(1959-1964) y Leoni(1964-1969) testigo de la insurrección de la izquierda, del PCV y del MIR contra el sistema democrático, gracias al financiamiento recibido de la dictadura cubana. Los insurgentes fueron vencidos y sus concepciones y prácticas quedaron rezagadas para siempre, tras su vuelta al sistema democrático tanto el PCV como el MIR no pasaron de tener el 3% de los votos dados por sus candidatos, la inexplicable insurgencia armada los borró de nuestro panorama político. Fue una insurgencia “sin programa ni rumbo”, como escribió Miguel Ángel Burelli Rivas(En primera persona. Caracas: Grijalbo,2009, p.247). De hecho las guerrillas aunque fueron vencidas por nuestras Fuerzas Armadas de hecho fueron derrotadas por los venezolanos en las elecciones del 1 de Diciembre de 1963 cuando la guerrilla hizo una campaña por la abstención y la gente salió a votar y eligió a Raúl Leoni. El PCV terminó dividiéndose, como consecuencia de la crisis del comunista internacional, consecuencia de los hechos de la Primavera de Praga y la invasión de la URSS a ese país(Agosto 20,1968) para poner fin al intento democratizador, de la creación de un socialismo con rostros humano. Hoy se puede decir que la caída del socialismo autoritario se inició con los sucesos de Praga. Con la división de PCV surgieron tanto en el MAS(1971) como la Causa Radical(1977).

Suceso particular e interesante de este período, al menos hasta 1974, fue el intento de la creación de una Tercera Fuerza, distinta a AD y a Copei, que tuvo en el político Miguel Ángel Burelli Rivas(1922-2003) su adalid, pero la fortaleza de la AD y Copei se impusieron a este sano proyecto.

La que llamamos generación de 1960 apareció públicamente a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez(1914-2001), aunque la formación del grupo Sardio, el primero principal, se había adelantado unos meses con la publicación de la primera edición del libro inicial de Adriano González León(1931-2008), los cuentos de Las hogueras más altas(Caracas: Ediciones Sardio,1957.131 p.). La generación de 1960 es esencial en el desarrollo de nuestras letras contemporáneas, tanto en poesía, en la novela y el cuento, en el teatro, en la crítica literaria como en el cultivo de la historia y de la historia de las ideas. 

 

GENERACIÓN DE 1968 

Se ha señalado siempre que en nuestra historia literaria el año ocho de cada década aparece una nueva generación literaria. Muchas veces ha sido así, tal 1928, 1948, 1958. En 1968 los sucesos mundiales de ese año nos hacen llegar a la conclusión de la aparición de una nueva generación tanto por razones políticas, por el gran cambio que significó para el mundo aquel año, como por el hecho de haber sido aquel el momento que vez primera en nuestra historia ganó las elecciones un partido de oposición, fue así como Rafael Caldera fue elegido presidente. Los sucesos centrales se sucedieron en la primavera de aquel año tanto en Praga(Abril 15,1968) como en París cuarenta y cuatro días después(Mayo 29,1968). El primero un movimiento libertario, liberador de las conciencias, con sus proporciones de cambios fundamentales en el sistema educativo universitario y de empuje de la liberación sexual. En Praga la raíz de todo fue política, un cambio dentro del socialismo pero el sentido liberador de la vida íntima no estuvo ausente como se ven claramente en los libros del checo Milán Kundera(1929), de hecho su novela La broma(1967, Barcelona: Seix Barral,1984.328 p.) fue considerada la “biblia de la primavera de Praga”. Más explicita, fue años más tarde, la aparición de La insoportable levedad del ser(1985, Barcelona. Tusquets,1993.320 p.) la gran requisitoria contra todas las formas de autoritarismo. Recuérdese este pasaje kunderiano: “A los que creen que los regímenes comunistas de Europa Central son exclusivamente producto de seres criminales se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello ejecutaron a mucha gente. Más tarde se llegó a la conclusión generalizada de que no existía paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron ser asesinos”(La insoportable levedad del ser,p.180).

Pero fue aquella una generación también literaria la que tuvo en Francisco Massiani(1968), en Hanni Ossott(1946-2002), en David Gutiérrez Caro(1946), en Laura Antillano(1950), aunque su primer libro apareció al año siguiente, sus figuras esenciales. Tuvo esa generación, como todas nuestras promociones literarias, su crítico.

Pero aquel 1968 también tuvo otra significación: fue ese año cuando Adriano González León ganó el Premio Biblioteca Breve, en Barcelona, España, con País portátil, fue el tiempo de La mala vida(Montevideo: Arca,1968.259 p.) de Salvador Garmendia, de Alacranes de Rodolfo Izaguirre, de Largo(Caracas: Monte Ávila Editores,1968.141 p.) de José Balza(1939). Un año colmado de hechos singulares. Y a los meses, ya en 1969, consecuencia de los sucesos mundiales del año anterior, se produjo el proceso de la Renovación Universitaria, que dejó su huella también en nuestras letras.

Otro hecho decisivo de esta generación, no subrayado como se debiera, fue lo que para ella significó el “boom” de la novela latinoamericano, que pese a que tenía años desarrollándose, para nosotros desde La región más trasparente(1958, Madrid: Real Academia Española,2008. LXVII,677 p.) de Carlos Fuentes(1928) y, desde luego, a partir de La ciudad y los perros(1962,México: Seix Barral,1992.394 p.) de Mario Vargas Llosa(1936), este inmenso proceso, que convirtió a las letras de nuestro continente en hecho central de la creación literaria contemporánea, llegó a Venezuela precisamente cuando a Vargas Llosa se le otorgó en Caracas, por La casa verde(Barcelona: Seix Barral,1965.430 p.) el “Premio Rómulo Gallegos” la primera vez que este se entregó, de hecho lo recibió de manos del propio maestro Gallegos.

Fue aquel 1967 esencial desde el punto de vista de nuestra historia literaria pues ese año, meses antes, había aparecido Cien años de soledad(Buenos Aires: Sudamericana,1967.365 p.) de Gabriel García Márquez y tanto Vargas Llosa, García Márquez como el gran maestro Juan Carlos Onetti(1909-1994) se encontraban aquel día en Caracas(Agosto 11,1967). Los lectores, nuestro mundo literario, descubrió aquello que se venía fraguando de atrás, desde muy atrás, porque antes de los novelistas del “boom” estaban los grandes maestros que lo hicieron posible, Jorge Luis Borges(1899-1986), siempre primero y antes que nadie, Macedonio Fernández(1874-1952), Juan Carlos Onettti,  Miguel Ángel Asturias(1899-1974), Alejo Carpentier(1904-1980), Leopoldo Marechal(1900-1970), Adolfo Bioy Casares(1914-1999), Juan Rulfo(1918-1986). Todo aquello se hizo más preciso gracias al curso que en Museo de Ciencias de Caracas dictó el uruguayo Emir Rodríguez Monegal(1921-1985), quien fue el crítico que avizoró antes que nadie ese movimiento, fue su crítico, y en su disciplina el mayor de la América Latina en la última mitad del siglo XX, fue también uno de los grandes humanistas de la cultura continental. De allí en adelante su abrió un espacio y pudieron ser leídos con atención aquellos nuevos maestros cuyas obras hoy son canónicas, ya consagrados con dos veces con premio Nóbel de Literatura, García Márquez(1982) y Vargas Llosa(2010). Fue así como hicimos nuestras las obras de los citados y de figuras cenitales como Julio Cortázar(1914-1984), Augusto Roa Bastos(1917-2005), José Donoso(1924-1996), Guillermo Cabrera Infante(1929-2005), Manuel Puig(1932-1990) y de figuras aisladas como José Lezama Lima(1910-1977) o Ernesto Sábato(1911-2011) y los que le siguieron en el llamado “post boom”, como Alfredo Bryce Echenique(1939), Fernando del Paso(1935) o Reynaldo Arenas(1943-1990). Y desde luego todo el significado de la novela brasileña, que fue también Rodríguez Monegal quien mejor mostró, ya que hablaba aquella lengua. Allí está la inmensa figura de Joao Guimares Rosa(1908-1967). Todo ese vasto proceso lo asomó muy bien aquí Rodríguez Monegal en  El boom de la novela latinoamericana(Caracas: Editorial Tiempos Nuevo,1972.119 p.), impreso aquí.

También desde ese momento se incorporó a nuestra meditación, también gracias a Rodríguez Monegal, el conocimiento de la obra del mexicano Octavio Paz(1914-1998) el primer pensador de la América Latina. Gran poeta fue Paz e interprete del fenómeno literario. Pero fue el hombre que nos mostró, como ensayista, las grandes falacias del marxismo y sus construcciones políticas. Y vaticinó, antes que nadie, la caída del comunismo a meses del gran suceso de Berlín(Noviembre 10,1989). Tal su discurso del 22 de Junio de 1989, en Valonges, Francia(Poesía, mito, revolución. México: Vuelta,1989,p.47-69). Faltaban aquel día ciento cuarenta jornadas para el gran hecho, el inicio de un nuevo tiempo para la humanidad. Todavía la ola democrática, nacida aquella media noche, en el Charlie Check Point de Berlín, recorre el mundo. Había visto el poeta Paz la caída del mito revolucionario, “la seducción del horror”(p.56) como lo llamó, “el ocaso del mito revolucionario…el fin del mito del socialismo autoritario…el crepúsculo de la idea de Revolución en su última y desventurada encarnación, la versión bolchevique…el fin del mito revolucionario tal vez nos permitirá pensar de nuevo en los principios que han fundado a nuestra sociedad y en sus carencias y lagunas”(p.66-67). Así fue. Recordemos que fue el maestro Paz el primer latinoamericano en denunciar la existencia de los campos de concentración stalinistas, ya en 1951(El ogro filantrópico. Barcelona: Seix Barral,1979,p.235-238).

 

1978 y 1998: OTRAS DOS GENERACIONES

Cuando el país llegó al año 1978 negros nubarrones ya nos cercaban aunque no eran visibles para la mayoría. La llamada “gran Venezuela” comenzó a caer ese año al no lograr haber encontrado la forma de administrar la riqueza petrolera que nos había llegado en el último lustro. Carlos Andrés Pérez entregó el poder a Luis Herrera Campins y este a  Jaime Lusinchi. Fueron aquellos los días de la despolitización del país, asunto que tratamos más adelante, que es esencial, sobre todo para comprender los por qué de la insurgencia de la última generación presente en nuestro país: la que denominamos de 2007 por haber aparecido en el momento del cierre de Radio Caracas Televisión ese año.

¿Cómo estaba el país en aquellos años? No creemos que hay mejor ejemplo que lo que un día, en los tiempos de Lusinchi, vimos en el programa de Sandra Mondolfi, “¿Quién tiene la razón?”, a través de la Televisora Nacional(Canal 5). No sabemos si los televidentes se dieron cuenta pero allí estaba presentado el país tal cual estaba. Se trataba de la caza de delfines en nuestros mares. Y allí fueron convocados un funcionario del gobierno, un empresario privado y la voz solitaria de un venezolano consciente, que ese día no era otro, nada más y nada menos, que el médico Rubén Jaén Centeno, no lo podemos olvidar. Se trataba de detener la caza indiscriminada de esos animales. ¿Y que vimos? Al funcionario del gobierno que era un indolente, para nada le interesaba lo que se discutía, de hecho la forma como estaba sentado era bien parlante; el otro era el empresario: solo interesado en sus negocios, en ganar todo lo posible sin estar movido por ninguna concepción, lejanísimo a los intereses de la ecología, era un “ecocida”. Y el tercero, el venezolano auténtico, impotente. Nunca sus razones fueron escuchadas como se debía. Nos dimos cuenta que aquello era representativo del país tal cual estaba en aquellos días. Lo que vimos terminó proyectándose al sucederse del país: un gobierno insensible y apático ante nuestra problemática, una empresa privada solo interesada en ganar dinero y un venezolano raigal, solo, a quien nadie escuchaba. 

Mientras, en estas dos décadas, prosiguió la despolitización, la crisis económica, cuyas fechas claves fueron el 31 de Diciembre de 1977 y el 18 de Febrero de 1983. Y más tarde, todo lo que engendró el segundo gobierno de Pérez: cataclismo social en 1989, militar en 1992 y pérdida del poder en 1993, todo producto de la erosión ética y sobre todo de lo incorrectamente pensado que fue “paquete económico” que el país entero rechazó. Tras la caída de Pérez fue tesonero, y aun incomprendido, lo será un día futuro, lo que hicieron los presidentes Ramón J. Velásquez y Rafal Caldera, tratando de salvar y reconducir la democracia. No ha podido ser comprendido lo hecho porque los venezolanos solo desean todo o nada, no están dispuestos aceptar los matices que la política exige. Para estos dos presidentes la política era “el arte de lo posible, la ciencia de los relativo”(Septiembre 19,1851), como indicó el gran Otto von Bismarck(1815-1898). Eran aquellos dos hombres avezados en el manejo de la política, se dieron cuenta del peso de las realidades que tenían ante si, actuaron como educadores de su pueblo, lo hicieron con sobriedad, moderación y prudencia, reflejaron las propias inseguridades de todos sentían, sabiendo siempre, como indica Hennry Kissinger(1923), “es responsabilidad de los estadistas resolver la complejidad, y no limitarse a contemplarla”(La diplomacia. México: Fondo de Cultura Económica,2010,p.108). Pese al esfuerzo, no fueron entendidos y ambos gobiernos fueron vistos como los responsables de aquello que los venezolanos habíamos apoyado sin pensar. Pero ambos nos dieron mucho: el primero, Velásquez, logro ordenarlo todo el conducirnos hacia las elecciones de 1993, fue la suya una presidencia predominantemente política. El segundo, no se ha visto aun, dio al país cinco años de paz y desarrollo, un gobierno que fue “una mezcla de renovación y conservación” como lo indicó Manuel Caballero(Historia de los venezolanos en el siglo XX,p.344), una administración que no podía hacer milagros, ni políticos ni  económicos, habiendo heredado lo que dejó sembrado Pérez. Pero la gente se fue tras quien gritó más alto, a quien apoyó la izquierda, la siempre enemiga de la democracia, los que al decir de Pérez, en su última discurso, fue “la rebelión de los náufragos”(Mayo 20,1993) quienes actuaron por la misma serie de graves errores que él mismo cometió, porque que nunca quiso escuchar las críticas que lo invitaban a hacer las necesarias trasformaciones dentro del sistema de libertades públicas.

 

1978

En este período se dio tal tirantez en nuestros grandes partidos, AD y Coipei, que no apareció la nueva generación política que requeríamos. Este de la alternancia de las generaciones fue un las graves caremcioas y dolencia del sistema político fundado en 1958. Pero ello aquí hablamos de dos nuevas generaciones literarias en estos veinte años, ambas ya con obra destacada y bien cernida, que aparecieron la primera en 1978 y la segunda en 1998.

Como toda nueva generación la de 1978 comenzó cuestionando lo recibido, tal los alegatos de Juan Carlos Santaella(1956) su primer ensayista. La segunda, la de 1998, está en plena acción y es la autora del momento luminoso que viven nuestras letras y ha sido especialmente en la que sus obras se ha reflejado el drama que vive el país en estos días trágicos.

Pero ya los hombres y mujeres de 1978 tienen obra cernida. Nombres como los de Yolanda Pantin(1954) que se cuenta entre los mayores nombres de nuestra poesía; Rafael Arraiz Lucca(1959) poeta, ensayista e historiador; Antonio López Ortega(1957) un estilista en sus textos; Alberto Barrera Tyszca(1960) cuya obra como novelista, a través de La enfermedad(Caracas: Anagrama/Alfa,2006.168 p.), ha tenido proyección internacional al recibir premios en España, Francia e Inglaterra, con traducciones ya al francés e inglés, debe ser mencionada.

 

1998

Es casi una costumbre de nuestros anales literarios decir que cada década, durante el año octavo de la misma, aparece una nueva generación literaria, aunque no siempre los libros de esos nuevos creadores aparecen en el año terminado en ocho de cada decenio. A veces, como en 1928, el libro que definió a una nueva promoción literaria apareció aquel año. Tal Barrabás y otros relatos, de Uslar Pietri. En cambio en otros momentos los libros decisivos aparecieron más tarde, a veces mucho más tarde, como sucedió entre los poetas de 1918.

Lo que decimos lo documentan ciertos hechos literarios que ya hemos tocado. A la generación del maestro Gallegos la definió su revista La Alborada (1909) aunque el libro decisivo de la misma, Doña Bárbara, apareció veinte años después; de 1918 fueron llamados los grandes poetas de ese momento, aunque los libros decisivos se publicaron en la década del treinta tales La voz de los cuatro vientos(Caracas: Tipografía Vargas,1931.178 p.) de Fernando Paz Castillo, Respuesta a las piedras(Caracas: Editorial Elite,1931.173 p.) de Luis Barrios Cruz(1898-1968) o Virajes(Caracas: Editorial Elite,1932.217 p.) de Jacinto Fombona Pachano(1901-1951). De ellos el primero en publicar fue Enrique Planchart cuyos Primeros poemas fueron del año diecinueve; alrededor de 1938 surgió «Viernes» que encabezó Vicente Gerbasi; 1948 fue el año del grupo «Contrapunto», un conjunto de narradores de alta significación en el campo del cuento; en 1958 se agruparon en «Sardio» Salvador Garmendia, Adriano González León, Elisa Lerner, Rodolfo Izaguirre y Guillermo Sucre, sus libros se cuentan entre los más valiosos del tiempo contemporáneo; en 1968 vimos surgir a Francisco Massiani, a Laura Antillano, a Luis Alberto Crespo(1941) y a Hanni Ossott entre los mejores de sus días; en 1978 a Yolanda Pantin, aunque su primer libro es de 1981, Armando Rojas Guardia(1949) o Antonio López Ortega; en 1988 a Rafael Arráiz Lucca, Miguel Márquez, Rafael Castillo Zapata(1959) o a María Auxiliadora Alvarez(1956).

Los de 1998, para colocarlos en algún lugar, para llamarlos de alguna forma, aparecieron antes de de fecha. Entre ellos destacaríamos al narrador Israel Centeno(1958) quien preside esta hornada; seguiríamos con el nombre de Martha Kornblit (1959-1997), la mayor poeta de entre estos nuevos escritores, fallecida prematuramente, por voluntad propia, cosa que ella registró más de una vez en su poesía; nombraríamos al narrador Slavko Zupcic(1970), a la crítico Carmen Verde Arocha(1967), quien tiene una aguda comprensión de lo literario, cosa que nos dejó ver en su libro sobre Herrera Luque; le siguen los poetas Carmelo Chillida(1964), Graciela Bonnet, José Luis Ochoa(1965), Abraham Abraham, Blanca Elena Pantin, autora de agudos y graves poemas sobre lo yermo de lo urbano, especialmente en su libro El ojo de la orca.

Pero esta generación, en medio de la tragedia de nuestra vida colectiva le ha tocado dos tareas.

La primera son una serie de destacadas obras que ya singularizan a este grupo de hombres y mujeres. Tal los cuentos de Milagros Socorro(1960), de María Ángeles Octavio(1964), Juan Carlos Chirinos(1967), Sonia Chocrón(1961), Luis Felipe Castillo(1962), Norberto José Olivar(1964), Salvador Flejan(1966), Roberto Echeto(1970) y novelas de Karl Krispin(1960): La advertencia del ciudadano Norton(Caracas: Alfa,2010.175 p.), Norberto José Olivar Un vampiro en Maracaibo(Caracas: Alfaguara,2008.256 p.) y Cadáver exquisito(Caracas: Alfaguara,2010.183 p.), Juan Carlos Méndez Guedez(1967): El libro de Esther(1999, Caracas: Relectura,2011.122 p.) y Héctor Torres(1968): La huella del Bisonte(Caracas: Norma,2008.247 p.).

Y, desde luego, dentro de este tiempo literario hay que anotar otros nombres, gente de otras edades, como Federico Vegas u Oscar Marcano(1958), destacados en los dos espacios de la narrativa, ambos con obra bien cernida.

La segunda ha sido empezar a escribir la novela de Chávez. En este segundo ámbito debemos partir de este pasaje de Ana Teresa Torres: “Me estoy refiriendo a ‘la novela de Chávez’ que ya algunos comienzan a demandar…pudiera muy bien desencadenarse una necesidad de escritura de la privacidad, de resguardo de los íntimo que tanta amenaza ha sufrido y resistido…Constato que estos años leí más acerca del totalitarismo que en casi toda mi vida anterior. Comprendí así a esta edad tan tardía que lo totalitario consiste en obligar al ciudadano a diluirse en el ‘pueblo’, para luego, en nombre del pueblo, pueda hacerse cualquier cosa contra el ciudadano. Esta experiencia mía(nuestra) quedará para la literatura, pero no juguemos al comisario. Escribamos con libertad y dejemos que aparezca”(“Cuando la literatura venezolana entró en el siglo XXI” en Varios Autores: Nación y literatura. Caracas: Equinoccio,2006,p.923).

Señalamos algunas obras de esta vertiente, todavía en formación. Tal en la poesía el poema El hueso pélvico(Caracas: Eclepsidra,2002) y todo el poemario País(Caracas: Fundación Bogott,2007.176 p.) de Yolanda Pantin, de versos políticos ambos. En el cuento, los de Milagros Mata Gil(1951): “Carta de una viuda de la guerra civil”(en Luz Marina Rivas: Las mujeres toman la palabra. Caracas: Monte Ávila Editores,2004,p.143-150) sobre la muerte de un ser amado en la masacre perpetrada por el gobierno el 11 de Abril de 2002 en los alrededores del Palacio de Miraflores; Silda Cordoliani(1953): “Del corazón todavía”(de En lugar del corazón. Caracas: Bid & Co.Editor,2008. 153 p.), sobre un asesinato político; Alberto Barrera Tyszka: “Balas perdidas”(de Crímenes. Barcelona: Anagrama,2009.161 p.) sobre el suceder de un desaparecido y Milagros Socorro: “Los vicios de la maestra Ayala”(en Actos de salvajismo y otros cuentos. Caracas: Mondadori,2009.157 p.) sobre un lugar en donde impera un General. Las novelas de Ana Teresa Torres: Nocturama(Caracas: Alfa,2006-198 p.), sobre el oscuro rostro de la Caracas del chavismo; de Eduardo Liendo(1941): El último fantasma(Caracas: Alfaguara,2008.198 p.) en donde el asunto aparece, la carnadura ideológica es también fundamental para la memoria de este período;, de José Balza: Un hombre de aceite(Caracas: Bid & Co. Editor,2008.125 p.) sobre las ideas, vueltas y pensamientos de estos tiempos y la de Karl Krispin: La advertencia del ciudadano Norton, la polémica entre anti-globalizador y un demócrata liberal. En el teatro sobre todo, y muy especialmente, las piezas de Javier Vidal: Ambas tres y C.I.N.K.O(Caracas: Melvin,2001. 172 p.).  Hay, desde luego, dentro de esta temática, muchos otros pasajes que se deberían citar una vez sean bien pesquisados. Muchos de nuestra literatura del futuro está ya insinuada en las hojas de las obras que hemos citado. En todas la belleza literaria está presente.

 

 

LA GENERACIÓN DEL 2007

Esta nueva generación, juvenil, con ribetes parecidos a los jóvenes de 1928, se hicieron presentes en los días previos a la media noche del 27 de Mayo de 2007 cuando fue cerrado por el gobierno de Hugo Chávez(1954) Radio Caracas Televisión(RCVTV), en una típica decisión autoritaria, una forma de tapar el sol con un dedo, para que no tener que escuchar las constantes críticas a todo lo erróneo hecho por quienes nos gobernaban. No se dio cuenta el gobierno chavista, siempre con su baja capacidad de previsión y de prudencia, que lo que cerraba no era solo un canal de televisión sino una de las instituciones de la Venezuela democrática. El 16 de Julio 2007 la planta  logró volver a salir al aire, a través de la televisión por cable. Fue nuevamente cerrado el 24 de Enero de 2010, ello por haber sido siempre un canal irreductible crítico de las tendencias autoritarias que vive la nación desde el 6 de Febrero de 1999.

La insurgencia de esta generación juvenil requiere unas observaciones previas. No fue una casualidad su presencia, nada casual sucede nunca en la historia de los pueblos, todo tiene su raíz. Y la presencia de estos muchachos y muchachas la tuvo, porque tampoco nada se improvisa en el devenir de una nación, siempre la historia termina mandándonos, en eso es que es maestra de la vida como dijo nuestro bisabuelo Marco Tulio Cicerón(106-43 aC) en los días del imperio romano, nuestros tatarabuelos fueron los filósofos griegos.

Tracemos sus antecedentes más evidentes: cuando llegamos al año 1978 gobernada aun Carlos Andrés Pérez, eran los días de su primera presidencia, los tiempos de la mal llamada “gran Venezuela” pero desde el punto de vista de lo que se sucedió en las dos décadas siguientes aquel momento no podía ser más grave, aunque sólo los espíritus sagaces lo advirtieran sin que nadie los escuchara. En esas décadas se hizo presente, junto con el inmenso proceso de corrupción administrativa, que erosionó las bases éticas de nuestro sistema democrático, en el cual las responsabilidades de Pérez, Herrera Campins y Lusinchi son de las más altas. Pero se hizo presente otro hecho en el cual no se reparó como se debía: se presentó la gran “despotilización” de Venezuela, la idea según todos los políticos eran unos corruptos y la acción política la peor profesión, la gente pasó entonces, ante el poder sobre todo de la televisión a desinterarse de la cosa pública, pocos se interesaban por ella, pocos examinaban y estudiaban sus hechos. Esto fue el que permitió a la nación no darse cuenta de la gravedad de la prédica contra la política y los políticos propalada entonces desde los medios de comunicación, sobre todo desde la pantalla chica, desde Radio Caracas Televisión, Venevisión y Televen. Después apareció la anti-política. Todo ello halló al país sin palabras cuando apareció la gran crisis económica en 1983, ya antecedida por el resultado de las cuentas fiscales del 31 de Diciembre de 1977, cuando se comprobó que por vez primera, en el momento en que gozábamos de la mejor situación económica de nuestra historia, gracias a los precios del petróleo, que no había habido superavit fiscal aquel año, cosa que no había sucedido desde la muerte del general Gómez. Gobernaba entonces Pérez, hecho que lo hace el verdadero responsable de la caída de nuestra democracia.  Fue ello por lo que el régimen herrerista nos condujo al “viernes negro”(Febrero 18,1983), se vio desde ese momento como son las crisis económicas las que producen las políticas. Estas se hicieron evidentes en el segundo gobierno de Pérez  con sus tres graves momentos: pérdida del pueblo en el Caracazo en 1989, pérdida del Ejército en 1992 y pérdida del poder en 1993. Por ello, el fenómeno que describimos, la despolitización, pocas veces tomada en cuenta, encontró a la mayoría del país huérfano para enfrentar lo que se hizo presente desde 2 de Febrero de 1999. La única excepción fueron entonces los miembros de la comunidad intelectual quienes se habían mantenido en el análisis de los sucesos del país y de la nueva situación internacional, el 10 de Noviembre de 1989, había caído el socialismo, pero los planteamientos de nuestra elite pensante pocos tomabaron en cuenta. Por ello nadie, salvo quizá Manuel Caballero, no se dieron cuenta de las ideas que portaba el nuevo protagonista, el que nos ha gobernado poniendo en acción lo que hemos denominado el anti-Maquiavelo criollo: gobernar sin proyecto, a la machimberra. Y a partir de 1999 al darse la gente cuenta que habíamos perdido la democracia y, al quedarse la gente sin respuesta a sus preguntas ante el autoritarismo que nos gobernaba, de raigambre fascista, como lo vio a tiempo, antes que nadie Manuel Caballero(Contra el golpe, la dictadura militar y la guerra civil. Caracas: El Centauro,1998.173 p.) y con ribetes de totalitarios, como bien no lo ha mostrado el profesor Francisco Plaza(El silencio de la democracia. Caracas: Los Libros de El Nacional,2011.93 p.). Ante la gran impotencia se inició lo que hemos llamado la gran introspección nacional, llamado por otros el boom histórico, la gran necesidad de ir a la historia y a las ciencias políticas para tratar de explicarnos que nos pasa porque hemos llegado a donde estamos.

Fue precisamente por todo ello que cuando el gobierno tomó la decisión de cerrar RCTV la parte más noble del país tomó la palabra, cosa que hasta ese momento, de aquella forma no había sucedido porque pese a las marchas multitudinarias, pese a los muertos del 11 de Abril de 2002, pese al teatro del Paro Cívico, al circo de la Plaza de Altamira, pese a lo sucedido con el Referendo Revocatorio(Agosto 15,2004), no se había logrado vertebrar un movimiento opositor coherente. Lo que había habido hasta entonces era la presencia de los llamados escuálidos, es decir una multitud de gritones de esquina sin ideas, sin concepciones, empujados por los políticos desempleados del régimen fenecido en 1999, quien ni ello ni sus seguidores se habían dado cuenta que con todos sus logros la República Civil había terminado, era ya solo historia.

Ello llevó a nueva generación a tomar la palabra, encarnando un movimiento de no violencia activa, inspirado por el hindú Mahatma Gandhi(1869-1948) y el nortemamericano Martin Luther King(1919-1968), cercano, aunque ellos no lo hallan visto así, es lo logros del gran ordenador de su patria, el sudafricano Nelsón Mandela(1918). Los tres más que personalidades egregias grandes benefactores, bienhechores, de la humanidad.

 

 

 

Septiembre 13,2008

Mayo 18,2011

 

(Ponencia presentada en las XIII Jornadas de Reflexión, “Ser Joven en Venezuela hoy”, organizadas por la Fundación Francisco Herrera Luque, celebradas en su sede del Centro Altamira, Urbanización Altamira, Municipio Chacao, Caracas, los días 13 y 14 de Octubre de 2008).

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