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La progresiva transexualidad de La chica danesa , por Martha Escalona Zerpa

“La chica danesa” (The Danish Girl) es la actual película del oscarizado director Tom Hooper (El discurso del Rey, Los miserables) y está basada en la novela del mismo título de David Ebershoff. “La chica danesa” cuenta la dramática historia de amor de los artistas plásticos daneses Einar y Gerda Wegener a principios del siglo XX en la ciudad de Copenhage.

El foco de la película se centra en la progresiva y conflictiva transformación psicosexual del pintor Einar Wegener de hombre a mujer, en una época en la cual la transexualidad era calificada de perversión sexual o enfermedad mental y su único tratamiento era la reclusión en un sanatorio y electrochoques. Una vida a ocultas y autoreprimida era por consiguiente la única opción para muchos y muchas transexuales, y también, como sabemos, para otras opciones sexuales como la homosexualidad y el lesbianismo. Aún en la actualidad.

Y, pese a que “La chica danesa” no tematiza el oprobio social y el rechazo de la sociedad ante el tema de la transexualidad, es una experiencia filmica única debido a las fantástcas interpretaciones de los actores Eddie Redmayne (Oscar por The Theory of Everything [La Teoría del Todo]) y Alicia Vikander, quienes dan vida a Einar / Lili y a Gerda.

La intensa dinámica de la pareja de enamorados y el gradual y persistente proceso de cambio en la identidad sexual y psicológica de Einar hacia Lili y sus consecuencias en la vida sexual de ellos está interpretada por Redmayne y Vikander de una forma desgarradora y a la vez liberadora. Porque, por encima de todo, lo que importa es encontrar la felicidad, amar y contar con el apoyo incondicional de una persona de confianza.

El detonador del largo e intenso proceso de redescubrimiento de su verdadera identidad sexual lo inicia una pequeña petición de Gerda: posar con unas medias de nylon para finalizar un cuadro, la cual continúa como una gran broma de presentarse vestido como una mujer, como Lili, a una de las tantas fiestas de amigos y colegas del mundo artístico de Copenhage.

A partir de estas breves pero profundas vivencias, se despierta en él un anhelo dormido, quizás profundamente reprimido, de sentirse más como una ella, como una mujer, y no más como un él. Aquí comienza su gran metamorphosis: darle espacio a la mujer dentro de él y a la vez despedirse de él como hombre.

Los planos de sus manos tocando sus piernas cubiertas con finas medias, o los dedos pasando por su cara mientras observa a una chica en un sexclub, su tibia y delicada sonrisa, su fino parpadear o de él mismo mirando su cuerpo desnudo ante un espejo, son de una gran belleza estética.

Aunado a las actuaciones de los protagonistas, todo en “La chica danesa” es perfectamente estetizado: sus encuadres y la posición de la cámara, la música de Alexander Desplat, los detallados vestidos y ambientación de la época, la luz y finalmente su fotografía.

Si no fuese por la aún más excelente actuación de Cate Blanchett en la película Carol o la soberbia actuación de Leonardo Di Caprio en The Revenant, sería casi seguro que Redmayne y Vikander recibirían los Oscars 2016 como mejor actor y actriz. Pero ya los chances para ello están difuminados, luego de la entrega de los Globos de Oro el pasado enero 2016. Y, sin embargo, por las cualidades de “La chica danesa”, es un imperdible.

Martha Escalona Zerpa/ Especial desde Berlin para Analítica.com 

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