Música

Mi vida es una sola nota: Incursionando en la música venezolana

Mi encuentro con la música venezolana fue tardío, mis primeros recuerdos se remontan a cuando tenía nueve años y vivía en Klampemborg, pequeño pueblo en las afueras de Copenhague. Allí mis padres solían poner música de los Torrealberos, del Indio Figueredo, un excelente músico nacido en Algarobito en el estado Apure . siempre me he interrogado si no era familia nuestra, ya que se llamaba Ignacio como el padre del prócer Fernando Figueredo que pasó los últimos años de su vida en Puerto Nutrias. También recuerdo de esa época a Ángel Loyola y nunca podré olvidar, por las veces que mamá ponía el disco a Dinner in Caracas de Aldemaro Romero, tal vez por la nostalgia que ella tenía de Venezuela después de vivir 7 años en Europa y yo por la necesidad de entender de dónde provenía yo, ya que la única música que escuchaba, aparte de la clásica, como entonces se le decía a lo que hoy llamamos académica. De ese disco que lamentablemente no guardo en mi colección me recuerdo particularmente de Sombra en los médanos  Conticinio, Fulgida luna, y Dama Antañona y por supuesto el alma llanera.

Cuando regrese a Caracas y viví por unos años con mi abuela lugar en cuya casa vi por primera vez la televisión con el show de Víctor Saume por RCTV, tuve ocasión de escuchar a Mario Suarez y me gustaba particularmente la canción sabaneando . Y por supuesto no podía faltar en la televisión Magdalena Sánchez. Más tarde, ya en mi adolescencia me enamoré con la música del Quinteto Contrapunto que escuché una y otra vez en Margarita en la casa de Margot Boulton en la cueva del bufón, nunca olvidaré Brisas del Torbes  , Pájaro Tilín  , el polo margariteño  , la puerca , Quirpa   y por supuesto Rio Manzananares

Después mi mayor experiencia en el conocimiento de la música venezolana estuvo a  cargo de Paco Vera , quien en nuestras largas  expediciones para cazar patos en  Camatagua , Paco me contaba sobre los buenos arpistos venezolanos, los distintos tipos de bandola, me hizo conocer a Anselmo López y tantos otros grandes intérpretes de la música popular venezolana. Definitivamente mis conversaciones con Don Paco, en el Guárico, en Margarita y en los llanos de apure son para mi un recuerdo imborrable.

Mucho más tarde cuando estuve encargado de organizar la III conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar tuve la fortuna de que Oswaldo Lares me regalara la colección completa  de su arqueología musical venezolana, la que lamentablemente perdí o me botaron en una de las tantas casas en las que viví de adulto.

Sigo, por lo pronto, en mi búsqueda aleatoria de la música que he escuchado y prefiero que sea así para no dejarme llevar por mis preferencias o por la rutina.

En esta ocasión caí en un disco de ese extraordinario ensamble que es Gurrufío. En esta ocasión se trata de las sesiones con Moisés Torrealba, la selección es variada hay joropos, bambucos colombianos, pasajes, valses, merengues. Una de las piezas más hermosas es, sin dudas, la tonada del romance, basada en el pasaje Romance en la lejanía de Pedro Emilio Sánchez. También me detengo por un momento en escuchar esa maravillosa fuga con pajarillo interpretada junto a la camerata criolla:

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