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Tom Hanks descifra el Inferno de Boticelli y salva a la humanidad

Especial para Analítica desde Berlín, por: Martha Escalona Zerpa

Primero fue la novela «El Código Da Vinci» (2006), después le siguió «Ángeles y Demonios» (Illuminati, 2009) y ahora se trata de «Inferno» (2013). Todos los libros del escritor norteamericano Dan Brown se convierten en éxitos de venta. Cerca de unos 200 millones de ejemplares vendidos en 55 idiomas son un ejemplo de ello. Sus historias giran en torno a conspiraciones, persecuciones, acertijos a ser descifrados y suspenso, y se desarrollan en museos e iglesias de la vieja Europa, que fungen como rompecabezas que combinan historia, política, arquitectura, religión y arte.

En ellas, el profesor de simbología Robert Langdon juega el rol principal, porque dispone del conocimiento y el ingenio casi detectivesco para descifrar e interpretar mensajes ocultos en los tejidos del lienzo o del texto.

La adaptación de las tres susodichas novelas de Brown al cine llevan el inconfundible sello del director norteamericano Ron Howard y también el del dos veces oscarizado actor Tom Hanks, quien representa el papel principal como Robert Langdon. Con Tom Hanks en el rol protagónico también las adaptaciones cinematográficas han sido éxitos de taquilla. Por si fuera poco, entre la adaptación fílmica de «El Código Da Vinci» y «Ángeles y Demonios» se han recaudado unos $1.200 millones.

Más allá del personaje académico y sabelotodo de Robert Langdon, Tom Hanks ha interpretado casi todo rol y su versatilidad interpretativa lo convierte en uno de los mejores actores masculinos en lengua inglesa de los últimos treinta años.

Inferno, película protagonizada por Tom Hanks
Póster del film

Entre sus mejores interpretaciones recordamos las siguientes: ha sido un abogado enfermo de sida en «Philadelphia» (1993); un gran corredor con una peculiar debilidad mental en «Forrest Gump» (1994); astronauta en «Apollo 13» (1995); sobreviviente con alta capacidad de resiliencia en «Cast Away» (2000); un capitán inglés secuestrado en su propio barco en «Captain Phillips» (2013); y hasta espía en «Bridge of Spies» (2014), la última película de Steven Spielberg rodada en el puente Glienicke en Potsdam. En total, Tom Hanks cuenta con cinco nominaciones al Óscar, de las cuales se ha alzado como mejor actor en dos oportunidades.

También tiene cuatro Globos de Oro en la misma categoría. Su declarada pertenencia al partido demócrata y acérrimo crítico de Donald Trump le ha ganado simpatías más allá de las fronteras estadounidenses.

Ahora, en «Inferno», el profesor Langdon se despierta una mañana en un hospital florentino con un golpe en la cabeza y pérdida de la memoria anterógrada. Pesadillas e imágenes diurnas verdaderamente dantescas e infernales teñidas de rojo dominan su presente y no sabe explicarse la razón de las mismas. Tampoco la razón por la cual se encuentra en Florencia y no en Cambridge, donde realmente vive y trabaja.

Al despertar y aún en estado de schock se encuentra a su lado la talentosa enfermera Sienna Brooks (Felicity Jones), quien lo salva de los disparos de una mujer carabinieri, muy al estilo Terminator. Ambos huyen en un taxi hasta su apartamento en Florencia, la encantadora ciudad de los Médicis. Desde allí inician una carrera contra el tiempo por Florencia, Venecia y Estambul para prevenir una pandemia mundial.

Juntos se hacen a la tarea de descifrar la simbología oculta en el dibujo “Mappa dell Inferno”, de Boticcelli, inspirado en el Infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri, que descubren en un laser pointer hecho de huesos humanos oculto en su chaqueta.

La meta es salvar a la humanidad de su ocaso, de su destrucción. Y las imágenes del infierno tal como las pintó ya Botticelli en 1480 pudieran ser una aproximación en forma de pesadilla de lo que pasaría si la humanidad sufriera una pandemia universal. La razón es que un científico brillante pero criminal, Bernard Zobrist (Ben Foster), ha creado un virus mortal para eliminar a la mitad de la población mundial. Zobrist tenía la idea de que los recursos del planeta no serían insuficientes debido al exceso de población.

De modo que confrontado con esta situación de fuerza mayor, Robert Langdon (Tom Hanks) va recuperando la memoria poco a poco, se encuentra siempre en marcha, con o sin la misteriosa enfermera, y ahora con su antiguo amor, Elizabeth Sinskey (Sidse Babett Knudsen), comicionada por la Organización Mundial de la Salud para impedir la propagación del virus mortal.

Después de muchas correrías por los jardines Boboli, el Palacio Pitti, el Salón de los Quinientos (en el Palacio Vecchio de Florencia), la Plaza de San Marco y los Uffizi de Venezia, Sinskey, Langdorn y otros personajes un tanto siniestros terminarán encontrando al virus empacado en una bolsa plástica en uno de los canales de la Cisterna Basílica de Estambul, que estuvo a punto de ser detonado por la enfermera Sienna, quien ya no es ayudante de Langdorn sino novia del científico terrorista suicida y cómplice de este.

Si se quiere, Langdon es una suerte de exégeta postmoderno y hábil descifrador de la más intrincada simbología críptica. Su labor toca final feliz, salvando a la humanidad de un fin abrupto y monstruoso. El virus, encapsulado en una caja de vidrio transparente, es trasladado por Sinskey a Ginebra para ser examinado y neutralizado.

Junto al entrañable encanto de Tom Hanks, Florencia y Venecia son las protagonistas paralelas de la película. Y en los últimos minutos, naturalmente Estambul. Las tomas panorámicas son en mucho valiosos documentos fotográficos de sus bellezas arquitectónicas y, sin duda, se presta como una invalorable plataforma publicitaria y turística.

Sin embargo, debido al ya conocido estilo conspirativo y casi predecible de las tramas novelísticas de Don Brown, la adaptación de Inferno al cine termina produciendo un cierto aburrimiento opresivo y un agotamiento mental. Lo que caracterizó a las otras acciones de Langdon en las películas anteriores, en Inferno lucen redundantes y predecibles. Pobre Tom Hanks.

Además, la sobrepoblación no es, con seguridad, el mal mayor de la humanidad, sino la injusticia social a todos los niveles de la sociedad, tanto en Oriente como en Occidente. Esto gracias a las muchas guerras que producen aún más miseria, éxodo, hambrunas y destrucción y los masivos efectos del calentamiento global.

Visto desde esa perspectiva, la novela Inferno de Don Brown es simplista y superficial. Y ante un mundo tan complejo, se requieren también respuestas aún más complejas. Y Langdon es tan solo uno entre mil millones de habitantes.

Si ganara Trump en las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, si se mantuviera eternamente Putin en el poder y si creciera aún más la derecha en Europa, entonces ya nadie más sabrá en lo que se convertirá nuestro planeta en los próximos años. Y ni la Divina Comedia de Dante podrá ofrecer mayor ayuda.

https://www.youtube.com/watch?v=me2M3QL7EOE

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