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Cancillería: Curiosidades, infortunios y traición

Desde la Proclamación de nuestra Independencia existe el Ministerio de Relaciones Exteriores y en los 210 años hemos tenido unos 160 Cancilleres.

En el Siglo XIX fueron más de cien, hubo once que repitieron, algunos seis veces, como Rafael Seijas, quien en casi treinta años, fue Ministro con Páez, dos con Falcón, dos con Guzmán Blanco y una con Rojas Paúl, casi siempre por pocos meses, excepto cuando fue Ministro por tres años de Guzmán. Seijas fue uno de los primeros que se ocupó de los asuntos limítrofes entre Venezuela y la Guayana Británica.

En el Siglo XX tuvimos unos 50 Cancilleres y 5 repitieron: Luis Churión, José de Jesús Paul, Esteban Gil Borges, Luis Emilio Gómez Ruiz y Simón Alberto Consalvi, quien además fue Ministro de Relaciones Interiores y de la Secretaría de la Presidencia de la República. En el Siglo XXI ha habido 11 titulares, entre ellos la primera mujer en estar al frente del Min Popo de RR.EE; y el único repitiente ha sido Elías Jaua.

El Presidente Antonio Guzmán Blanco tuvo 20 Cancilleres en 14 años y Juan Crisóstomo Falcon tuvo 10, pero en un lustro. Los Monagas son imbatibles en tal sentido, pues entre los tres: José Tadeo, José Gregorio y José Ruperto, acumularon 13 años en el poder y desfilaron por el Ministerio de Relaciones Exteriores unos 28 Cancilleres.

El Ministro que estuvo menos tiempo en funciones fue Diego Antonio Caballero (en la época de José Tadeo Monagas), quien ejerció del 23 de Abril al 4 de Mayo de 1849, año en que, por cierto, tuvimos siete Cancilleres en diez meses. EL Ministro por más tiempo titular en toda la historia de la Casa Amarilla, ha sido Pedro Itriago Chacín, Canciller de Gómez por casi 15 años, de 1921 al 36.

Repasando los Cancilleres del Siglo XIX, encontramos nombres de distinguidos diplomáticos como Pedro Gual,  Santos Michelena, José Rafael Revenga y Fermín Toro, que también destacó, como humanista, orador y docente; a Diego Bautista Urbaneja, Gran Maestre de la Masonería venezolana; al sacerdote y general  José Félix Blanco; al historiador Vicente Lecuna, gran bolivariano, conservador del archivo del Libertador; a Simón Planas, quien firmó en 1854 el Decreto de Abolición de la Esclavitud; a Wenceslao Urrutia, el del famoso Protocolo; a Pedro José Rojas, quien firmó el Tratado de Coche que puso fin a la Guerra Federal en 1863; y  al  Prócer  Carlos Soublette, Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paúl y Raimundo Andueza Palacios, todos Presidentes de la República.

De los Cancilleres del Siglo XX hasta 1958, quisiera referirme a  Eduardo Blanco, autor  de la  conocida obra  épica Venezuela Heroica; al Presidente Ignacio Andrade; a Esteban Gil Borges,  quien fue destituido en 1921, al no haber mencionado al General Gómez en su discurso, al inaugurar una estatua ecuestre de Bolívar en Nueva York, posteriormente fue funcionario de la Unión Panamericana, predecesora de la OEA; al ya mencionado Pedro Itriago Chacín, sucesor del anterior; a Caracciolo Parra Pérez,   Canciller de Medina Angarita, quien organizó la primera visita oficial al exterior de un Presidente venezolano, envió la nota de protesta al gobierno de Hitler por el hundimiento del Monagas en el Golfo de Venezuela y presidió con brillo nuestra Delegación  a la Conferencia  preparatoria de las Naciones Unidas, compuesta además por Juan Oropesa, Manuel Pérez Guerrero, Rafael Ernesto López y Pedro Zuluaga; a Gustavo Herrera, Ministro de Hacienda, Educación,  Fomento, Canciller por tres meses en 1945 y firmante junto con Parra Pérez de la Carta de la ONU; y Andrés Eloy Blanco nuestro eximio poeta nacional. No es necesario referirme a los Cancilleres de la Democracia, pues su desempeño es bien conocido por todos.

Así desembocamos en el Siglo XXI, cuando el chavismo ha comenzado su arrase del país y la debacle de la Cancillería, la cual se convirtió en uno de los botines preferidos. El Servicio Exterior fue desmantelado, destrozada la Carrera Diplomática, la Casa Amarilla se enrojece y se envilece, pero lo todavía más deleznable, es que solicita la tutoría cubana y desde entonces la soberanía se transfiere a La Habana.

Uno de los mayores culpable es el actual capo di tutti capi, que fue Ministro durante seis años y medio, sin ocuparse del cargo, pero permitió a sus allegados cometer desmadres nunca vistos en la Cancillería que, desgraciadamente, terminó de consolidar su vasallaje al castrismo. 

Este es un vistazo, sin entrar en materia, de la historia del MRR.EE y de quienes lo tuvieron a su cargo, así podrán apreciar la sideral distancia entre antaño y hogaño, cuando la plaga del Siglo XXI se ha encarnizado con la Casa Amarilla.

Los resultados están a la vista y las soluciones también.

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