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Con cada día que pasa, una función menos

Hace días, Delcy Eloína, alias “Miss Simpatía”, generó titulares en los pocos periódicos que quedan cuando anunció que había “nacido la policía migratoria para preservar la seguridad ciudadana y el control migratorio”.  O, por lo menos, eso es lo que cree ella.  Añadió que será un nuevo cuerpo adscrito a la Policía Nacional Bolivariana y estará presente en los puntos de control que existen en lugares de la frontera terrestre, los puertos y los aeropuertos del país.  Asimismo, agregó que estará integrado por personal de la Policía Nacional Bolivariana ya que dicho organismo está contemplado en la Ley del Servicio de Policía y del Cuerpo Nacional de Policía.

Revisando el Art. 37 de dicha ley, me encuentro con una enumeración de las competencias de la PNB: “orden público, tránsito, fiscalización y aduanas, turismo, aeroportuaria, custodia diplomática y protección de personalidades, penitenciaria, migración, marítima, anticorrupción, sustancias estupefacientes y psicotrópicas, ambiental, delincuencia organizada, antisecuestro, seguridad alimentaria, grupos armados irregulares (…) y cualquier otra vinculada a la prevención del delito”.  Aparte de la pésima redacción —en la cual se enumera actividades meritorias, como “la custodia diplomática”, con acciones más propias de bandas criminales que de un cuerpo policial, como la “delincuencia organizada” (¡ojo, no su combate, que sí sería loable)— lo que uno nota de rompe es la confirmación de algo que se viene armando desde los tiempos del Héroe del Museo Militar: el desmantelamiento de la Guardia Nacional.  A la cual solo le están dejando las funciones menos nobles pero más despreciadas por la población.  Y que no le están encomendadas en el texto de “la mejor Constitución del mundo”, cual es el ataque con armas de fuego a las manifestaciones pacíficas.  Por enésima vez: la función que le prescribe la Constitución vigente a la GN es “el mantenimiento del orden interno” (Art. 328). Mientras que “mantener y restablecer el orden público” NO está entre las funciones de la GN sino, precisamente, en las de la PNB (Art. 322).

Desde su mero comienzo, a la GN le fueron establecidas funciones mediante la Ley del Servicio Nacional de Seguridad de 1938.  En trazos gruesos (y en una redacción infinitamente mejor): “conservar la tranquilidad pública; proteger las personas y las propiedades; prestar el auxilio que reclamen la ejecución de las leyes y las disposiciones del Poder Judicial; intervenir en la averiguación de hechos delictuosos; perseguir y capturar a los delincuentes; prestar apoyo a las autoridades nacionales, estadales y municipales, identificar a las personas; y, en general cuidar de que se mantengan el imperio de la Ley y la estabilidad de las instituciones nacionales”. Para cumplir con ese alto cometido, la GN se organizó en diferentes servicios (muchos de ellos, los que ahora aparecen traspasados a la PNB, que no lo hará mejor que lo que nosotros solíamos).

Por ejemplo, el triunfo en la lucha contra el paludismo se debió en mucho a los esfuerzos de los fumigadores del Servicio de Malariología, pero en mucho, también, a los guardias que repartían pastillas de quinina por los lugares más alejados y agrestes del territorio.  Otro, en todos los puestos de la GN funcionaban de noche centros de alfabetización.  Tan buenos eran que en los años setenta, Cuba le pidió a Venezuela que le mandara una comisión de oficiales de la GN para que los adiestrara en ese cometido.  Y pensar que ahora el régimen le paga ingentes cantidades a la gerontocracia cubana para que ellos nos expliquen cómo se hace eso.  Otro más, lo que llamábamos el “Servicio Rural” se encargaba de la vigilancia de los campos para que los productores se sintieran protegidos en su importante papel de proveedores de alimentos a las ciudades.  Y otro más, el Art. 15 de la ley de 1938 establecía la competencia para que la Guardia Nacional de Fronteras, prestara “permanentemente el servicio de vigilancia de las fronteras, evitando y persiguiendo el ingreso clandestino de personas o cosas al Territorio Nacional”.

Todas ellas, funciones nobles con las que nos ganamos el cognomento de “soldados de la Ley” para usar una frase afortunada de un querido amigo, el general Contreras Laguado. La Guardia tenía consistencia conceptual y filosófica.  Pero parece que ya no más, desafortunadamente. Los últimos comandantes se han dejado despojar, sin pelear, de funciones que eran vitales para la institución, y han aceptado para la Guardia el papel de cuadrilla de matones que le ha endilgado el régimen en su afán de desprestigiar cada vez más a lo que era una corporación laudable por su servicio en la búsqueda del desarrollo nacional, estimable por la seriedad de sus ejecutorias y ejemplar en la rectitud de una gran mayoría de sus miembros.

Ya no más. Ahora lo que la caracteriza es la rudeza, la ignorancia y lo crematístico. Antes, para salir de guardia raso, un joven debía ser bachiller y tener dos años de formación; para llegar a suboficial, ese joven tenía que aprobar cursos de perfeccionamiento y demostrar más de quince años de servicios meritorios y honrados.  Ahora, vaya usted a saber cómo, dónde y por cuánto tiempo forman a unos uniformados ignaros en todo, pero que ya desde el primer día son sargentos.

Cuando este régimen salga (porque ha de salir, nolens volens), la nación deberá analizar muy seriamente si la Guardia Nacional sigue siendo un organismo útil y adecuado para la salud de la República o si, más bien, es prescindible.  Me duele lo que acabo de decir, pero a esa disyuntiva es a la que han llevado los mandos de la institución en la última década.

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