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Detrás de la Ambulancia … ¿Cuándo nuevamente adelante?

Los primeros meses de 2021 dan muestra de un nuevo año de deterioro económico para Venezuela, prolongando la agonía por una recuperación. Esto ocurre mientras se estima que la gran mayoría de los países empezaran a dar muestras de crecimiento o rebote económico, para así comenzar a recuperar la posición que tenían antes de la pandemia.  

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima para el presente año una recuperación económica global de 6,0%, liderada por “los países en desarrollo y emergentes” (6.7%), donde destacan India (12.5%) y China (8.4%). Hasta los países con economías de bajo ingreso mostrarían una importante recuperación del orden de 4.3% (incluida África subsahariana), mientras las economías emergentes y de ingreso medio lo harían en 6.9%. En este contexto favorable, Venezuela estaría retrocediendo 10,0%, de lejos la mayor tasa de pérdida de producto interno bruto (PIB) a nivel mundial y entre los países de América Latina y el Caribe. Con este retroceso se más que triplicaría a la segunda mayor caída de PIB en la región, esperada para Antigua y Barbuda (3,0%).

Si el FMI está en lo cierto, tan solo 6 naciones latinoamericanas y caribeñas, entre ellas 5 de las islas más pequeñas del Caribe más Venezuela, no verían crecimiento económico este año. Todas los demás países  estarían reflejando una recuperación económica en tiempos de pandemia continuada (entre ellos Perú 8,5%, Argentina 5,8%, Colombia 5,1%, México 5,0% y Brasil 3,7%).

Tendencias Actuales y Pasadas

Para Venezuela, el año 2021 va en vías de ser otro año perdido en el ámbito económico. Su producto ya se ha reducido cerca de 80% entre 2014 y 2020, increíble para una de las economías con más potencial en América Latina y el Caribe, y otrora envidia de muchas naciones.

No hay que olvidar que Venezuela ha mostrado liderazgo en varias oportunidades al registrar las mayores tasas de crecimiento económico a nivel mundial. A título de ejemplo, en el marco del gran impulso petrolero posterior a la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado, el ritmo de crecimiento económico entre 1936 y 1958 (antes del inicio del periodo democrático) fue muy alto para los estándares internacionales (8-9% interanual promedio), combinado con una importante apreciación del tipo de cambio y baja inflación por muchos años. Si bien con posterioridad el país vio reducir su tasa de expansión económica prácticamente a la mitad hasta avanzados los años 70, vio repuntar su producto a tasas equivalentes del lapso 1936-1958, como consecuencia del inicio del proyecto de La Gran Venezuela del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP) 1974-1978. Desafortunadamente, uno de los grandes costos de este proyecto fue la activación de una inflación de niveles de dos dígitos intermedios.  Nuevamente, con la aplicación del programa económico de ajuste de 1989 durante el segundo gobierno de CAP, Venezuela también fue líder de la expansión mundial. Los ampliamente conocidos problemas políticos posteriores se unieron a los económicos para calificar el descalabro que ha ocurrido en los últimos casi 30 años en la economía nacional, impidiendo la ocurrencia de un nuevo liderazgo a escala mundial.   

En los episodios o periodos de tiempo donde Venezuela ejercicio liderazgo, el país mostró sus potencialidades de éxito económico, bases que habrá de tenerse en cuenta para ver el futuro con optimismo. Que “eran otros tiempos”, sí, siempre los van a ser. Lo importante es aprovechar las nuevas circunstancias para tomar las decisiones políticas/económicas adecuadas y mantenerlas en el tiempo, como única vía para generar bienestar colectivo durable.

Un Signo Evidente del Deterioro Profundo y Continuado

En los últimos años, Venezuela ha estado inmersa en una dualidad perversa de contracción económica e hiperinflación profunda y continuada. En particular, el sostenido deterioro del valor de la moneda desde el comienzo del presente año hace pensar que las proyecciones del FMI y tantos otros, desafortunadamente se cumplirán nuevamente. El bolívar soberano, solo este año, ha tenido un explosivo deterioro, pasando de cerca de Bs/US$  1.000.000 hasta cerca de Bs/US$ 2.700.000 el pasado 23 de abril, multiplicándose por 2,7 veces. Este comportamiento se ha repetido año tras año hasta llevar a decisiones de reconversión monetaria, con perspectivas de otra en el corto plazo o de adoptarse otra decisión monetaria de mayores implicaciones, incluida la búsqueda de la consolidación de una moneda digital.

Seguramente hubo quienes pensaban que las estimaciones inflacionarias eran alarmistas, en especial porque la economía venezolana daba muestras de una alta dolarización y muchos de sus precios estaban, en la práctica, fijados en dólares, con lo cual se constituían en anclas para evitar el crecimiento de los precios en moneda extranjera. Craso error, tampoco los precios en dólares se han mantenido fijos. Las expectativas políticas y económicas continúan siendo muy adversas, por lo que hoy día no parecen existir dudas de que las muy negativas expectativas inflacionarias se cumplirán nuevamente. Se podrá discrepar en el nivel o el quantum de la caída del producto o la tasa de inflación, pero no en el panorama económico cada vez más contractivo e inflacionario que se vive.

Las recientes proyecciones del Fondo Monetario Internacional para Venezuela dan cuenta de un crecimiento esperado de los precios de 5.500% para 2021, que sumado a la mencionada nueva contracción económica de 10%, van totalmente en contravía a la del resto de países del globo. ¿Lo peor? Que no se avizoran rectificaciones porque no hay la decisión política ni el programa económico apropiado para revertir estos dos flagelos que empobrecen cada vez más a la población.

En Perspectiva

Las estimaciones del FMI muestran a la economía venezolana en la cola de América Latina y el Caribe. En “el lenguaje popular” se diría que Venezuela va “detrás de la ambulancia”, ubicación que no se merece el país, tanto por lo que fue como por lo que puede llegar a ser si es bien orientada y conducida. No es justo para con una nación que ha dado tanto y tiene tanto potencial, pese a lo perdido.  

El país, conformado por los que siguen dentro como por los que han salido del territorio nacional, está pleno de voluntades y capacidades profesionales y técnicas para ponerlas al servicio del bienestar. Para ello, tan solo habría que brindarles un marco mínimo de estímulo a sus actividades.

Cierto es que el futuro del país demandará superar nuestra condición de país petrolero y se requerirán las mejores capacidades. Todo valdrá la pena para pasar de ir “detrás de la ambulancia” a ir “delante de la ambulancia”, liderando el crecimiento de América Latina y los países emergentes, como ya lo hemos hecho en el pasado. Ello puede ser pronto si nos lo proponemos como nación unida y soberana, y deponemos actitudes contraproducentes, entendiendo que “la política” solo tiene sentido verdadero cuando se ejerce en beneficio de los individuos/la sociedad.

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