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Diálogo a la carta

No sabemos cómo manejar en la historia patria reciente, los aconteceres de un Diálogo apaciguar o torpe y  tenebroso, que en lugar de amainar el desespero del pueblo, con hambre y sed de venganza cerebral, se convirtió en la peor amenaza social que pudiéramos tener casi de inmediato, cuando en nombre de toda la UNIDAD DEMOCRÁTICA, han asumido la representación de la orden mandataria del pueblo, subordinándose al presidente rechazado Nicolás Maduro, hasta divulgar un supuesto acuerdo tortuoso, insípido y trastabillante, que dejó asombrado a todo vecino democrático del país, que en proporción mayor al 80% rechaza el mandato de Maduro.

Es comprensible la duda, a sabiendas que el rechazo sería inminente y traumático, ya que asumieron una postura tan deplorable, para imaginarnos lo que pudo haber ocurrido en la tertulia, que no fue más que eso, ya que cuando hemos estado atosigados por el desespero de atender al enviado del Papa Francisco, no podemos entender, que cambien la miseria de la gente del pueblo que come en la basura, a consecuencia de la terquedad de un régimen de gobierno, que quiere seguir impulsando el régimen económico fracasado, por una paz traducida en tolerancia estúpida para permitir que Maduro culmine su mandato pervertido en las miserias del comunismo, denominado por el difunto «eterno» «socialismo revolucionario»

La incertidumbre, sin embargo, nos lleva a razonar sobre lo bueno y lo malo del acuerdo logrado este pasado sábado, entendiendo la dificultad para lograr el sabio consenso, por lo que tenemos que afrontar la salvación de la incertidumbre, aceptando una conclusión deliberada y audaz: “es mejor tomar la acción como una batalla de la guerra, que la perdida de toda la guerra». No se ha logrado todo el objetivo prometido; pero esta batalla llegó al término, más no la guerra. Vendrán más batallas con este enemigo precario y falaz, pero lo poco logrado nos sirve para preparar las futuras acciones.

Es difícil verlo de esa manera, pero la realidad del pensar con razón nos lleva a Karl von Clausewichz: “…la guerra es la continuación de la política por otros medios…”. Todos los teóricos de la guerra nos llevan a esta conclusión: “es preferible la tolerancia política que la guerra entre intolerantes”, a pesar del engaño tan cruel como el recibido hoy, aunque no estamos en guerra, como lo entienden con los intolerantes; no es menos cierto, que tanto el gobierno y la economía de Venezuela si lo están. Mal comprendidos, porque no existe ni siquiera la pregonada “guerra económica”, sino una economía de guerra surgida de la falaz teoría “revolucionaria” del ¡Chávez vive! Esa voluptuosa maldición que nos impregnó el difunto y que nos ha arrastrado miserablemente al país que tenemos.

¡Entonces!, ¿Hay que vivir en la guerra revolucionaria? ¡No!, pero no podemos dejar de vivir, hasta que la situación cambie. Una gran paradoja, que aunque va en contra de lo que queremos, todo cambio logrado es un haber para el objetivo planteado. Lo único malo es el hermetismo pugnante de los signados al diálogo por la MUD, que no entienden que estamos adversos al secreto entre pares, pensando que solo ellos tienen la llave da la caja de pandora.

Ese es el reclamo del pueblo, que nunca ha tolerado los “gallos y medianoche”, cuando tiene certeza y confianza en algunos o muchos de sus líderes, que obviamente, también luchan por la misma causa, aunque no con las “agallas” que ellos demuestran en la búsqueda de un nuevo gobierno de UNIDAD, tolerante y unificador, sin protagonismos orgullosos de creerse los non plus ultra en la política y del intelecto.

¡La desconfianza se crea con el secreto de la verdad! Y la verdad no tiene dueño. El secreto para los que lideran la MUD está en entender lo que dice el vulgo, en el cual no nos incluimos: “…amigos todos, juguemos a una nueva oposición: una izquierda decente, y los liberales haremos lo nuestro. La MUD no merece llegar al Gobierno con esa actitud tan personalista a costilla del hambre y salud de millones…”

@Enriqueprietos

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