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Diálogo y paz en Colombia

El mundo democrático está a la espera  que se concrete el anuncio hecho por el Presidente Santos y el máximo jefe de las FARC, ¨Timochenko¨ de que en pocos días se debe firmar el acuerdo definitivo de paz en todo el territorio colombiano.

No sólo la acción del Ejército y la Aviación colombiana, mediante la utilización de una moderna y sofisticada tecnología militar, de la cual no podría escapar ningún  jefe guerrillero que se negara a negociar, condujo al diálogo establecido en La Habana, entre los jerarcas de ambos bandos, sino también algo que para el momento resultaba imprescindible y hasta obligatorio que alguno o varios Jefes de Estado importantes de América Latina intervinieran, como lo hizo Carlos Andrés Pérez en Centroamérica, para poner cese a violencia y alcanzar la paz en nuestro país vecino.

Después de más de 40 años de infructuosa y violenta búsqueda del poder mediante la lucha guerrillera, las Fuerzas Armadas Revolucionarias  de Colombia (FARC)  perdieron a varios de sus máximos comandantes y su capacidad ofensiva, lo que las colocó al borde de una segura derrota,  todo lo cual indicaba que el momento  para evitar un  mayor e inútil derramamiento de sangre, obligó a sus jefes actuales a transitar el camino de la negociación y la paz en la sociedad colombiana.

Desaparecido por muerte natural el Comandante Manuel Marulanda, por razones obvias la lucha guerrillera en Colombia entró en una nueva y difícil etapa, caracterizada no sólo  por lo que significa la pérdida de su máximo jefe, unificador de todas las tendencias y comandos que constituyeron ese ejército irregular, que pudo prolongar la violencia en el vecino país por varias décadas, sino también por  la superioridad militar tecnológica que  demostró el ejército colombiano en sus últimos ataques a los campamentos de la guerrilla, dentro y fuera de sus fronteras, en lo que parecía ser el avance de un cerco o  asedio mortal que  colocaba a las FARC en una posición defensiva, refugiándose en la selva o traspasando los límites los separan de los países vecinos.

En un artículo anterior comentamos, que si bien nuestro país no está en guerra, la muerte de Hugo Chávez dejó sin dirección al gobierno y al  Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) lo que ha provocado el desconocimiento de la jefatura de Nicolás Maduro, por parte de grupos chavistas importantes, y un aumento de la violencia oficial contra la oposición en general, sobre todo después que ésta ganó las 2/3 partes de la Asamblea Nacional. Sólo la intervención de la OEA, UNASUR y varios Jefes de Estado , solicitando un diálogo que conduzca a superar la crisis que atraviesa el país,  ha  podido ahorrarnos  más dolorosos sacrificios humanos, de lo que significan los presos políticos y los exiliados, que sumados al hambre, la inseguridad y la inflación han convertido a Venezuela en un caos.

Y si Colombia logra entrar en una etapa de pacificación que avance inexorablemente hacia un acuerdo definitivo, que inserte a la mayoría de los actuales guerrilleros en la lucha democrática, América Latina puede evolucionar, con mayores posibilidades de éxito  hacia una comunidad de naciones democráticas, que les permita superar el atraso económico, la dependencia de materias primas y la pobreza. Colombia y Venezuela consolidarían las relaciones pacíficas que se han visto afectadas por el cierre unilateral de la frontera por parte de Nicolás Maduro, quien puede ser revocado si se respeta lo establecido en la Constitución Nacional y se realiza el Referendo este mismo año.

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