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El melodrama de la política monetaria en Venezuela

Por Miguel R. Carpio Martínez
@carpioeconomics

La política monetaria juega un papel fundamental en el desempeño de la economía. En sus entrañas descansa el funcionamiento del sistema de pagos, el control de la inflación y por supuesto, el valor de la moneda. A pesar de esto, desde el segundo semestre de 2014 el comportamiento de los agregados macroeconómicos es poco menos que esquizofrénico.

La primera señal de que las cosas iban a complicarse se evidenció con la fractura entre las reservas internacionales y la liquidez monetaria. Mientras, allá en 2014, las primeras se estacionaron en torno a los $ 20 millardos, la masa monetaria continuó creciendo de forma exponencial. Lo que en su momento era una clara señal de alarma, hoy es una triste realidad en la que, mientras las reservas internacionales cayeron 20% (abril 2016 – abril 2017), la liquidez monetaria creció 231%. ¡Jesús, María y José! “Fin de mundo” diría mi abuela.

Por si fuera poco, hay varios elementos que complican la trama. A ver comencemos por el financiamiento del Banco Central de Venezuela (BCV) a PDVSA. Desde hace bastante tiempo, tal financiamiento ha generado kilómetros de artículos en prensa y publicaciones especializadas. Para estar claros de porque el tema es un coco, debemos tener en cuenta que según estadísticas del BCV para abril 2016 el financiamiento fue de 1.000 millardos de bolívares, sin embargo, para abril de este año la suma es de 7.000 millardos de bolívares. Es decir, un módico incremento de 600% en dinero inorgánico.

Por otra parte, tenemos a un miembro de la familia de billetes que ha acaparado la atención de muchos. Sí, el billete de Bs. 100. Este señor debió desaparecer de la historia en diciembre de 2016. Sin embargo, hemos visto como mes tras mes, se le perdona la vida y sigue existiendo entre nosotros. Curiosamente, no solo circula en la economía si no reproduce. Según cifras oficiales entre enero y abril de 2017 se imprimieron 115 millones de piezas nuevas de este amigo. Como diría Andrés Seger: “Curioso, ¿no?”

En adición a la “generación espontánea” del billete de 100. Tenemos que al cierre de abril, esta denominación representaba el 44% del total de la oferta de dinero. En total los billetes de 100 suman Bs. 637 millardos, mientras que todos los nuevos billetes del cono monetario que están circulando suman Bs. 600 millardos. Pero claro, el billete de 100 debe morir el 20 de julio de este año. A la luz de los datos que he compartido con ustedes debe resultarles obvio el anuncio que hará el gobierno cerca del 20 de julio.

Y bueno, como no es suficiente el desbarajuste del BCV, el 30 de abril se anunció el cambio en la modalidad de pago del beneficio de alimentación (Cesta Ticket Socialista), éste pasó de ser pagado a través de empresas especializadas a ser pagado en efectivo. No es necesario ser Milton Friedman para entender que esta medida inyectará gasolina a la ya abrumadora demanda de efectivo.

Para entender lo anterior, vamos a recurrir a supuestos conservadores. Comencemos con el número de empleados que reciben el beneficio, éste, para nuestro ejercicio será de 2 millones de personas. De acuerdo al decreto 2833, cada empleado debe recibir por bono alimentación Bs. 135.000 mensuales como mínimo.

El valor total del beneficio en nuestra economía de 2 millones de empleados, sería de Bs. 270 millardos, es decir un 42% del valor total de las piezas de 100 existentes al cierre de abril. Si la referencia se hace respecto a los billetes del nuevo cono, la proporción es de 45%. Es importante tener en cuenta que los Bs. 270 millardos se generarán todos los meses, mientras que la liquidez monetaria, a pesar de crecer de manera monstruosa, no podrá equipararse y si lo hace ya conocemos las consecuencias en la presión de los precios.

En otras palabras, estamos ante un típico exceso de demanda. Les dejo a su albedrío hacer el ejercicio con los últimos datos de empleo (abril 2016) publicados por el INE, los cuales arrojan más de 2 millones de personas empleadas.
Aunado a lo anterior no debemos perder de vista la realidad del sector bancario venezolano. Éste ha visto crecer en forma importante sus gastos de transformación (234% entre abril 2016 y abril 2017) y hace importante esfuerzos por ser eficiente. Los bancos grandes tienen ventaja con relación a los medianos y pequeños, ya que su volumen de negocios les permite amortiguar el impacto inflacionario.

No obstante, para todos los bancos los costos del transporte de efectivo se han vuelto «el tema». Cuesta creerlo, pero el costo de cargar un cajero automático es mayor al monto en bolívares de la recarga. A este segmento del drama, debe añadirse que la demanda del servicio como consecuencia del decreto 2833 se va a incrementar, en otras palabras ahora los bancos deberán recargar más veces sus cajeros. Eso en un entorno en donde el BCV actúa torpemente en la remesas de efectivo y coherencia de la política monetaria.

Dada la descoordinación entre los principales factores que integran el mercado monetario y la ausencia de fine tuning entre la política monetaria, fiscal y cambiaria, el horizonte es poco halagüeño para la economía venezolana. De hecho, lo único seguro ante la impresión desordenada de dinero en un entorno contractivo es que el techo de la inflación estará muy alto.
Economista
Profesor UCAB

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