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El silencio autocondena a los tíos

El affaire de los narcosobrinos habría hecho caer cualquier gobierno en el mundo, porque no se trata solo de que los sobrinos de la pareja presidencial -uno de ellos criado como hijo de Cilia Flores y de Nicolás Maduro- estuvieran cometiendo un delito continuado y creciente. Esa desgracia podría ocurrirle a cualquiera que, aun siendo persona recta, un familiar le resulte delincuente. En el caso que nos ocupa, y es eso lo más grave, los delitos se han cometido con amparo y protección del Estado venezolano, con la colaboración de funcionarios civiles y militares, y con el uso y abuso de bienes públicos, lo que constituye un delito per se.

No le pido al presidente Maduro ni a la diputada Flores que condenen a sus sobrinos, de eso se ocupa la justicia estadounidense, como lo demuestra la reciente decisión de culpabilidad acordada por 12 miembros de la Corte de Nueva York; se trata de que condenen los delitos que han perjudicado el patrimonio público y que sancionen a los civiles y militares responsables de esos crímenes sostenidos por años, porque no es un acto de tráfico de droga, es un sistema montado, sostenido y creciente por años. En el juicio “quedó demostrado que los sobrinos no son ni estúpidos ni nuevos en el delito”, son narcotraficantes que actuaban amparados por el Estado venezolano. El silencio autocondena a los tíos.

Maduro le debe una explicación al país. La Asamblea Nacional tiene derecho y obligación de investigar, como debe hacerlo también el Ministerio Público. Es bueno se sepa que actualmente la Fuerza Armada Nacional discute seriamente el asunto, son muchos los que visten uniforme que están implicados y mencionados en el caso, comenzando por los pilotos militares que llevaron a los sobrinos en avioneta privada a Haití. ¿Con orden de quién un Mayor de la Fuerza Aérea Venezolana piloteó esa aeronave? Por cierto, ¿quién autorizó a los sobrinos a hacer uso de pasaportes diplomáticos? La ley no otorga ese privilegio a sobrinos de presidentes de la República o sobrinos de diputados. Los condenados en Nueva York confesaron haber estado rodeados siempre de altos funcionarios policiales,  militares, neo-empresarios y narcotraficantes, para facilitar las conexiones que le permitieron concretar sus fechorías; está demostrado cómo la Casa Militar protegía y acompañaba, como cuando llevaron la droga al hangar presidencial en el aeropuerto de Maiquetía.

Efraín Campos Flores -como ya todo el mundo lo sabe- confesó que parte de las ganancias de la operación era para la campaña de diputado de tía Cilia. ¿No se va a investigar eso? Durante el proceso los sobrinos alardearon de la protección militar y policial con la que contaron, de experiencia de más de una década en el mundo del narcotráfico y de apoyo oficial. Uno se pregunta, cómo tíos o padres no pueden percatarse de la forma en que viven sus sobrinos o hijos, de sus traslados en aviones privados y oficiales, de la vida que se dan y de los bienes que poseen, de los vehículos en que se trasladan, vehículos deportivos, jugueticos caros como un Ferrari. Los tíos tienen que hablar.

Estamos ante un gobierno forajido. Según informaciones de Naciones Unidas, por Venezuela transitan 400 toneladas de drogas por año, somos un trampolín del narcotráfico, y eso ocurre ante los ojos del gobierno, o por qué no decirlo, con la anuencia del gobierno. ¿Cómo no se va a investigar que el Ministro de Relaciones Interiores, el Gral. Néstor Reverol, está imputado con los mismos cargos hechos a los sobrinos? ¿Con qué autoridad se muestra Venezuela ante el mundo? Dos diputados, Diosdado y Cilia, están mencionados en el juicio; del primero dijo Flores Freitas que es él quien controla el narcotráfico en Venezuela. Habla Diosdado, habla Cilia, habla Nicolás, el pueblo tiene derecho a exigirles una respuesta.

Hasta el pago de la defensa de los sobrinos tiene que ser objeto de investigación. Que se sepa, Wilmer Ruperti no es una hermanita de la caridad. ¿Cómo salió de su corazón pagar la factura de los dos prestigiosos bufetes americanos que defendieron a los sobrinos? Ya basta. El silencio autocondena a los tíos.

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