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Fanatismo, terrorismo, tráfico de drogas y corrupción

El mundo, tal como lo ha dicho Francisco, se está enfrentado a expresiones de barbarie inaceptables.

Existen grupos de ciudadanos, de diferentes regiones del globo, que quieren cambiar los sistemas de vida por vías violentas y que están reñidas con lo acordado.

Dado lo sucedido en París el pasado viernes 13 de noviembre, donde fallecieron ciento veintiocho personas y se han identificado cerca de quinientos heridos, por la absurda acción de fanáticos islamistas, debemos llegar a la conclusión de que el fanatismo religioso está motorizando movimientos que agreden de manera fundamental la supervivencia del hombre sobre la tierra. Es decir, estamos ante una nueva forma de destrucción y agresión a la humanidad. Se habla y escribe ya sobre la Tercera Guerra Mundial. Una nueva forma de enfrentamiento.

No podemos dejar de vincular lo sucedido la semana pasada con el terrible embate que fuerzas islamistas que tuvo como consecuencia el derribo de las “torres gemelas” de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, acto que también estrelló un tercer avión contra el Pentágono con un resultado total de alrededor de tres mil fallecidos y el doble de heridos.

En este evento de 2001 se identificaron como “autores materiales” a 19 miembros del grupo de Al-Qaeda; todavía (martes a las seis de la mañana) no se ha avanzado demasiado sobre los responsables del evento parisino pero el gobierno de Francia, con una reacción contundente, ordenó inmediatamente el bombardeo de emplazamientos musulmanes en Raqqua (Siria), capital de la guerrilla musulmana.

Estos dos eventos son expresiones puntuales y terribles que están precedidas de lo que ha recibido la denominación de “invasión silenciosa” del Islam a Europa, EURABIA. Que no solo se compone de la inmigración e invasión de sectores importantes de la sociedad europea por parte de islamistas, sino que se complementa con la proliferación de la descendencia de los islamistas, que tiene una rata de crecimiento del orden de cuatro veces superior a la de la sociedad receptora.

Amén de estos terribles eventos, tenemos que concatenarlos con dos otras expresiones que tienen su desarrollo fundamental en tierras mucho más cercanas a nuestra destruída Venezuela. Son ellas las acciones de las fuerzas irregulares de “terroristas” que comenzaron hace más de medio siglo y que reciben el nombre de “socialismo revolucionario” y que se basan y fundamentan en los muy cuestionables ideales de la revolución cubana que tomó el poder el 1 de enero de 1959 y que comanda la dictadura de Fidel Castro y su hermano sucesor, Raúl.

Además, no sabemos determinar si causa o efecto de esta situación cubana, tenemos el desarrollo y nociva penetración de la industria desarrollada en el siglo pasado y que tiene como objetivo la producción, distribución y venta de drogas estupefacientes que agreden a lo más preciado de la sociedad, su juventud, y que recibe el nombre de “narcotráfico”.

La confluencia de estos tres eventos que se desarrollan en todo el mundo, están conformando situaciones graves que ya se extienden por toda la geografía del globo.

Naturalmente, Venezuela, como el resto del mundo, tiene presencia en cada uno de estos eventos.

Ya la población de hombres y mujeres de procedencia que tiene culturas muy diferentes a la nuestra, es absolutamente notoria. El régimen que nos destruye ha promovido una serie de “conexiones” que denomina estratégicas y que vinculan a la sociedad venezolana y sus expresiones políticas, sociales y económicas con esos pueblos que tienen siglos de lucha por causas religiosas y que se expresan con acciones violentas inaceptables.

El régimen que nos destruye, desde su triunfo electoral de 1998 ha estado muy vinculado con los terroristas latinoamericanos, muy especialmente con los colombianos, al extremo de que son testigos “facilitadores” de las conversaciones entre la guerrilla y el gobierno colombianos y que se suceden, fundamentalmente, en Cuba. Además, nunca se ha ocultado la facilidad de comunicación del régimen con altos personeros del terrorismo.

Tampoco es secreto que el régimen que nos destruye es jugador importante en las actuaciones del narcotráfico, hasta el extremo de que se identifican personas muy vinculadas que se desempeñan en esa desgraciada industria.

Para nuestros intereses nacionales, no podemos excluir las terribles acciones que suceden en infaustas acciones de la corrupción.

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@rafael862

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