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Importar o No Importar: ¿He ahí el dilema?

La teoría económica reconoce que las importaciones pueden completar y disciplinar a la oferta doméstica de bienes. El precio de paridad de las importaciones puede constituir un disciplinador y un Upperbound de los precios en los mercados domésticos (para los bienes transables y homogéneos, por lo que cabe ponderar alguna dispersión producto del valor de marca, entre otros).

Cuando los industriales nacionales, eventualmente, alegan Predación o dumping, así como “competencia desleal”, específicamente en el primero caso, suele requerirse, entre otras evidencias, demostrar precios por debajo de costos marginales (tarea que presenta sus dificultades. Para ser honestos en materia de defensa de la competencia, muchos test económicos-jurídicos exigen previamente haber validado que se detente posición dominante, lo que complica más demostrar la práctica).

Sin embargo, lo anterior no resulta suficiente ni necesariamente concluyente. En este sentido, pueden existir casos donde se presenten estrategias de precios de penetracion o Goodwill, puede tratarse de mercados caracterizados por Learning-by-doing donde los oferentes por medio de precios con descuentos esperan poder benefiarse a futuro de eficiencias de costos, puede tratarse de mercados de productos complementarios en los cuales pueden existir incentivos para internalizar el hecho de que reduciendo el precio de uno o de ambos productos la expansión de la demanda puede compensar con creces el efecto precio, o puede tratarse de mercados de dos lados –Two-Sided markets– como las plataformas digitales donde un lado del mercado subsidia al otro pudiéndose observar precios cero –Zero-pricing– e incluso precios negativos.

Adicionalmente, en el caso del mercado internacional spot -de dónde pueden provenir bienes de consumo final importados en Venezuela- éste puede estar constituido por la oferta de la “sobreproducción” o de aquellas unidades que no se ofrecen en sus mercados domésticos de origen para no afectar los precios. Aún así la estrategia de precios de dicha oferta en los mercados internacionales estaría igualmente basada en valor. Es decir, si la producción a una escala mínima eficiente permite reducir los costos medios, a la par que puede ofertarse en mercados externos cantidades que permitan mantener márgenes positivos en los mercados domésticos -donde la demanda suele ser menos elástica-, en los mercados externos o de exportación pueden ofrecerse los productos a apenas a su costo marginal o a sus costos incrementales (esto último debido a que en los mercados domésticos de origen la demanda puede mostrar disponibilidades de pago suficiente como para encarar los costos comunes y conjuntos).

Unos bienes ofrecidos vía exportación provenientes de una producción o una oferta del tipo Joint-Supply, aún cuando basado en valor su Pricing de exportación, efectivamente puede tener incidencia en la sostenibilidad de la oferta de productos domésticos. Lo anterior a pesar de que los productos domésticos puedan, eventualmente, estar siendo ofrecidos a precios inferiores de los precios domésticos en sus mercados de origen de aquellos productos importados.

Por ello se requeriría construir una teoría del daño plausible, donde efectivamente no sólo se pondere un análisis estático de corto plazo sino asimismo se valore la eficiencia dinámica de la economía doméstica (con esto queremos decir que no sólo se valore el excedente de los consumidores en el corto plazo, sino el Bienestar Social en términos dinámicos. Lo cual en un principio puede coincidir o no).

El fundamento económico para preocuparse por la industria doméstica parte por lo general de un análisis dinámico que advierta cómo, eventualmente, los beneficios de la disciplina que ofrecen los precios de paridad de las importaciones en favor de los consumidores pueden implicar comprometer un valor mayor a largo del tiempo.

Un reclamo de “competencia desleal” por parte de productos de origen importado, de dumping o incluso de Predación se enfrenta al paradigma del Bienestar Social -dinámico y no estrictamente estático-.

En este sentido, cuando se exige evidencia de disminución de la producción y de la oferta doméstica frente a productos de origen importado, los desafíos resultan explicar la causalidad por un lado, así como su naturaleza -¿responde a razones competitivas o no, o si se encuentra basada en una oferta basada en valor?-, así como evidencia de crecimiento económico, y finalmente su incidencia sobre el Bienestar Social.

En el caso venezolano donde recientemente se evidenciaría un crecimiento económico en términos promedio, la evidencia del impacto negativo de las importaciones resulta más compleja, porque no implica que no puede existir un contrafactual que represente una mejor situación respecto al paradigma de Bienestar Social en términos dinámicos, lo que puede ocurrir es que resulte susceptible de ser un tanto especulativo.

Un tema incontrovertido es cuando menos exigir una nivelación del terreno de juego –Level playing Field-. No tiene sentido otorgar beneficios a la producción foránea por medio de la aplicación asimétrica, en detrimento de las actividades económica doméstica, de impuestos, regulaciones, etc. Muchos países a nivel mundial son tremendamente celosos de resguardar dicho principio. Constituye un principio que difícilmente no puede encontrarse alineado con el interés económico general doméstico (el Bienestar Social).

Sin menoscabo de lo dicho hasta ahora, el problema-país que enfrentamos producto de la crisis en el poder de compra de sueldos y salarios, que implica una demanda interna poco profunda, debe ser resuelta por medio de una estabilización macroeconómica, crecimiento económico e incrementos en la productividad, si queremos una solución efectiva. Obviamente estas soluciones no son inmediatas y exigen un cambio de mentalidad pública y privada.

Las mejoras de productividad y competitividad no son tal o no son propias e idiosincráticas de las empresas y de la industria si se encuentran artificialmente basadas en aranceles o en devaluaciones recurrentes de la moneda (especialmente si no se corrige el problema inflacionario. Peor aún se hace recursivo el problema). La mejora en la competitividad relativa resulta un tema crucial porque “mejoras” artificiales -pudiendo responder a la captura de las políticas públicas- resultan cuando menos lesivas a los consumidores en el corto plazo, mientras que las mejoras efectivas de la productividad implican mejoras paretianas -mientras que las primeras resultan una simple captura y transferencia de rentas con costos de pérdida de peso muerto, es decir potencialmente en detrimento del Bienestar Social, mientras la segunda expande este último-. Adicionalmente, las políticas industriales basadas en la protección -y no el fomento- se enfrentan al problema de que cada periodo constituye un juego con una estrategia dominante -la vida fácil- en ausencia de amenazas competitivas efectivas.

La gran pregunta en todo este tema es quien velará por el Interés Económico General -el Bienestar Social- y desempeñará la labor de Estado Benevolente que pondere no sólo los consumidores sino asimismo a las empresas y a la eficiencia dinámica.


Economista UCV. Profesor de Estrategia Competitiva y Digital, Universidad Torcuato Di Tella.

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