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¡La abstención, la consulta y la farsa!

Tres elementos se unieron la pasada semana en la lucha política: las elecciones de la Asamblea Nacional calificadas de fraudulentas, la consulta con las tres preguntas sobre la usurpación, la nulidad de las elecciones y la intervención del régimen; y la calificación de farsa a todos los eventos. Todo un escenario que ha llegado a crear una peligrosa incertidumbre  sobre la seriedad del deseo opositor. Sinceramente, no se entienden las diversas vías tomadas por los nuevos liderazgos que han surgido, ante el abandono de los viejos estrategas de la lucha por la Unidad Opositora.

Siempre se dice que ¡más sabe el diablo por viejo que por diablo! Y sería bueno que lo entendieran, principalmente quienes asumen el papel de diablo y recalcitrantes entrabadores de la política, que a más de este perverso rol, son unos enardecidos simuladores de la verdad. Ellos se oponen a toda idea que intente convencer a la gente, de que la maldad no está en los malos, sino en quienes se creen verdaderos pronosticadores y se oponen a todo lo que emane de conscientes ciudadanos, nosotros entre ellos, que gustan de aplicar la norma de la racionalidad macerada por los años, y que no solo nos hacen ver males de senectud, sino que tratamos de abrir la mente a la vida que hemos asumido en el portal del conocimiento o por las vías del estudio, pero mayormente por la experiencia que dan los años.

Este título sin ánimo de venganza, que busca exponer nuestro pensamiento previo a los hechos ocurridos en esta semana, el proceso electoral del 6D y la consulta popular finalizada ayer 12D. No basta asumir el rol de practicantes procesalistas ni populistas de fotos pronosticadoras. Tampoco queremos usar el ¡yo te lo dije!, ya que no es nuestra idea macerar la rabia que nos da la certeza de nuestra propuesta.

Lo dijimos: participar activamente en la consulta, votando ¡si, si y si¡, no impide  que votemos para la nueva Asamblea Nacional, que es un proceso establecido constitucionalmente cada cuatro años y la actual, vigente hasta el próximo 5 de enero, siempre promovido y conducido por el CNE, el mismo que nos permitió obtener la mayoría el pasado 2015, intervenido por el TSJ con una sentencia no muy santa, ante una demanda infundada que nunca llego a decidirse, Muy criticada, sí, por los mismos opositores de cuadritos, esos a quienes nada les cuadra, porque así lo dijo el habla pistoladas del Grupo de tirapiedras y el de los guerreros del teclado, ¡que fundamentan todas sus suposiciones en verdades de Perogrullo!.

Bien lo dijimos en nuestro artículo anterior “Efectos de la abstención”; “…el resultado de los procesos ha sido pronosticado por una oposición superficial, esa que es oposición pero que no está de acuerdo con ella. Personas que sienten satisfacción orgásmica cuando alguien escribe una estupidez concordada, que no entiende ni sabe lo que es, pero que lo propone un reconocido líder, de quien se dice lo sabe todo y ha estado en el juego. En verdad, un verdadero opositor que conoció al autor de la quinta sinfonía de Beethoven y fue capaz de escribir en contra de sus preludios.”

En verdad, da lástima saber, que la gran mayoría de quienes se dicen opositores, son los que a falta de líderes de vieja o nueva data, “…han manejado la lucha opositora, especialmente después de Chávez, cuando los vivianes y vivianas que chuparon de su mandarina, se dieron cuenta que éste fue todo un fracaso. ¡No se la calan más! y decidieron  soplar la lámpara para ver si aparece el mago.”

Efectivamente, como lo dijimos, apareció el mago el 6D y soplando como adivino, se apoderó de la nueva Asamblea Nacional, nada más ni nada menos que con el 60% de los diputados, a pesar de que el 6 de diciembre de 2020 marcó un hito en la historia del declive del régimen chavista-madurista, cuando se mostró, sin desmentido posible ni atenuantes, la debacle del apoyo político y electoral que alguna vez tuvo el decadente chavismo. Pero, lamentablemente, tenemos que reconocer que aparecieron los “alacranes”, que gústenos o no impidieron que la mayoría fuera tan absoluta como la del 2005, cuando surgió  la nefasta idea de la abstención.

Después de esta debacle, como es el pensar de muchos, en son de raciocinio, debemos entender, que La sociedad venezolana y su liderazgo deben meditar, con el mejor sosiego posible, en lo que esto significa, esa sociedad confundida por el vil liderazgo desprovisto de apoyo popular. Que sabe la ruptura de los lazos orgánicos que tuvo el régimen con la población venezolana hasta prácticamente desaparecer con el llamado “fraude” electoral del pasado 6D.

¿Qué se acabó el 6 de diciembre de 2020? Se fundió la supuesta maquinaria electoral del PSUV –que no es sino un conglomerado de obedientes funcionarios del Estado, civiles y militares, puestos a realizar tareas que la ley prohíbe y castiga–. Se debilitó, de forma considerable, el recurso de coacción que suponen los CLAP, así como otras listas de supuestos bonos y beneficios. Pero también quedo demostrado que el llamado a abstención no es la mejor forma de hacer oposición, porque se pierde la oportunidad de que esa población descontenta manifieste con el voto la ruptura del apoyo al régimen y también la de dar su  apoyo a un nuevo liderazgo opositor.

 @Enriqueprietos

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