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La autocracia que tenemos

La autocracia que tenemos, antes con Chávez y ahora con Maduro, no es una de las clásicas autocracias nuestras. Ni las que tuvimos en el siglo XIX, ni las otras tres, de ostensible talante dictatorial, que tuvimos en el siglo XX (Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez), recibían órdenes, como súbditos coloniales, de algún gobierno extranjero. Eran, simplemente, autocracias domésticas que se prodigaban  en concesiones al capital internacional que venía a explotar nuestras riquezas naturales, y hasta no excluían algún arrebato retórico ocasional nacionalista.

La autocracia venezolana actual, que sobrepasa los 17 años, sí consulta y subordina sus actuaciones al criterio de otro gobierno, de carácter dictatorial, el gobierno de Cuba. Chávez y Maduro mutaron la admiración y  supuestas afinidades ideológicas por el sometimiento a Fidel Castro, primero, y a Raúl Castro, después. La dependencia política se extiende a la entrega de beneficios económicos importantes. En octubre del año 2000 se firmó el Convenio Integral de Cooperación Cuba- Venezuela que permite el envío de crudo venezolano a la isla a cambio de la prestación de servicios de educación, de salud y deporte, sin que hasta ahora se sepa cuál es el precio del barril del crudo que se estima para calcular el pago de tales servicios. Para diciembre del año pasado, el economista Luis Oliveros  consideraba que, si se tomaban en cuenta los precios de mercado del crudo, la deuda de Cuba superaba,  con evidente perjuicio para Venezuela,   los 14 mil millones de dólares. En bandeja de petróleo, que es lo  mismo que en bandeja de plata, se  sirve la sumisión a los amos antillanos.

Como hemos enajenado nuestra soberanía, Maduro se apresuró a ir a La Habana, dos días antes del viaje de Obama, por el temor de que Cuba, que ahora está interesada en llegar a entendimientos con Estados Unidos, pudiera querer agraciarse con “el imperio”  ofreciendo una ralentización del proceso autocrático venezolano. Obviamente, no se sabe en qué términos se desarrolló el trato del tema, pero es doloroso que el rumbo político de nuestro país pueda llegar a definirse por manos extrañas. Distinto sería que, en cumplimiento de compromisos internacionales que voluntariamente hemos suscrito, se llegare a aplicar la Carta Democrática Interamericana para restablecer  la normalidad democrática afectada por la alteración del orden constitucional.

El gobierno títere que tenemos, cuyos  hilos se mueven desde Cuba, nos ha vuelto a una condición colonial, que podría caracterizarse con  aquella frase que Rómulo Betancourt  escribió para una situación diferente, conforme a la cual contamos “con permiso para usar himno y bandera, pero sin autodeterminación para resolver como nos venga en gana nuestros problemas internos e internacionales”. Algún día, los investigadores del futuro, lo encontrarán agazapado en un rincón oscuro de la historia.

Entretanto, las puertas del poder sirven para entrar y para salir, y el país pide que Maduro se vaya.

Carlos Canache Mata

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