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Los Irreductibles (IV)

“Ya va, ya va”, le dije a YVQK. “Barajéamelo más despacio. Antes de entrarle al referendo revocatorio del 2004 y para rematar lo del 11 de abril, ¿qué me dices del decreto carmonero?”

“Precisamente se trata de deconstruir la conseja de que el retorno al poder del mamarracho galáctico se debió en última instancia al dichoso decreto”, puntualizó YVQK, “cuando la realidad estriba en que fueron las contradicciones de ciertos líderes oposicionistas con sus pasiones, equivocaciones y pretensiones desbordadas las que dieron al traste con el gobierno provisional, y recálcale lo de provisional porque fue el mismo presidente de Fedecámaras quien enfatizó ese adjetivo, pro-vi-si-o-nal, las pocas veces que lo dejaron hablar durante esas infaustas horas.

“La casi totalidad de los testimonios que se manejan aseguran que, durante esos escasos instantes en que Venezuela se liberó de la dictadura chavetona, las intrigas, las chapucerías, los chismorreos indignos y las puñaladas traperas se salieron de cauce entre quienes se suponía que representaban los más altos intereses democráticos.

“Tal fue la magnitud de ese relajo configurado en egoísmos y ambiciones rastreras que el presidente de la CTV ‘comió casquillo’ (para decirlo en lenguaje pavosaurio) y dejó solo al líder del gobierno provisional, ya que aquellos lengüeteros intrigaron a mansalva con la conseja de que los trabajadores iban a quedar por fuera como la guayabera porque lo que se estaba tramando era una ‘dictadura de la oligarquía’.

“Visto semejante desnalgue y dado que muchos milicos habían también ‘comido casquillo’ con el discurso fétido del batracio galáctico, entonces la mesa estaba servida para lo que aconteció”.

“Por cierto”, subrayé, “bien caro que lo ha pagado el general budista paisano tuyo que se erigió como el principal baluarte del regreso al poder del hoy difunto ya cadáver fenecido y putrefacto”.

“Así le paga el demonio a quienes mejor le sirven”, sentenció YVQK. “Lo cierto del caso es que, en vez de ‘rebarajear’ la partida, estos uniformados pusilánimes y cachicornetos prefirieron poner en la silla de nuevo al patuleco galáctico, en una demostración inequívoca de sinvergüenzura y traición ante las víctimas del 11 de abril.

“Hoy, a tantos años de distancia, uno se pregunta, ¿qué se hubiera podido hacer para impedir la tragedia que ineluctablemente se cernía sobre Venezuela? Quizá en la vorágine de esas horas en que se desbordaron las ambiciones no hubo tiempo para pensar en una alternativa que le hubiese asestado el puntillazo fatal y final al chavetonismo.

“Porque, ¿qué habría pasado, por ejemplo, si el gobierno provisional hubiera llamado a las calles a la ciudadanía el 12 de abril? Hasta yo mismo me apoltroné, pensando en la mañana de ese día que la gesta nos había resultado barata en cuanto a pérdidas humanas que lamentar. Suena medio cínico postularlo de esa manera, y aun cuando esos treintipico de muertos y no sé cuántos lesionados en la avenida Baralt dolieron (y mucho), en comparación con las bajas humanas, la diáspora y el infinito sufrimiento de estos veintipico de años de dictadura chavetona, aquellas pérdidas deplorables hoy nos lucen… escuálidas. Y aquí sí vale el término y pido perdón a tu audiencia por esta reflexión tan pragmática y quizás insensible. Es lo que llaman los gringos el what if, el qué hubiera pasado si tan solo…”

“Lo que nos habríamos ahorrado”, concordé. “Pero, ¿cómo es eso de haber llamado a las calles el 12 de abril? ¿Para qué?”

“Pues para forzar la dimisión de todo el tinglado que montó el chavetonismo. Con una multitud de cientos de miles de personas en los alrededores del capitolio, por ejemplo, todos esos diputados marrulleros, tanto chavetones como oposicionistas, habrían puesto las patas en polvorosa y renunciado. Con una muchedumbre gigantesca frente a la corte suprema, todos los magistrados chavetones habrían cogido las de Villadiego, para decirlo en castizo. Y lo mismo habría pasado con todas y cada una de las gobernaciones y alcaldías a lo largo y ancho de Venezuela.

“Pero eso que estás aduciendo es anticonstitucional”, volví a mi rol de abogado del diablo.

“Ajá, se encaramó la gata en la batea. De eso mismo se trata, de darle un palo cochinero a todo el conuco leguleyérico chavetón, empezando por la malhadada bazofia constitucional del 99, ‘la bicha’, como bien  mentaba el pútrido galáctico a su propia criatura.

“Yo no soy abogado. Ni siquiera soy pichón de picapleitos, pero he escuchado a catedráticos de esa carrera en nuestras universidades autónomas (nada que ver con ciertos estamentos filibusteros) cuando han calificado a esa mojiganga como una butifarra jurídica, pletórica de atentados contra la lengua castellana, fiel engendro de una constituyente fraudulenta y atiborrada de cuanto pirata parió la extrema izquierda vernácula.

“Es más, el ‘Loco’ Olavarría, quien había apoyado al mameluco galáctico el 98 y luego reconoció su error, poco antes de morir publicó un análisis hermenéutico (que me perdonen los letrados por incursionar en sus predios) donde la conclusión palmaria resultó que la única función de ‘la bicha’ era garantizarle al susodicho el atornillarse en el poder per secula seculorum. Todo el gamelote adicional de derechos y derechas para los hombres y las ‘hombras’, los ‘mujeros’ y las mujeres, no era sino eso: pura paja, pura excusa, puro pretexto para rancharse en el coroto.

“Entonces resulta imperativo darle en la torre al monigote legal chavetón. Esa ‘bicha’ no sirve ni para limpiarse el ortu. Y lo mismo es válido hoy día, cuando la casi totalidad de los venezolanos rechaza el chavetonismo y, por ende, al socialismo, comunismo, intervencionismo, paternalismo, estatismo, clientelismo, y ya asume esa casi totalidad de los venezolanos que el único sistema que nos puede sacar de este abismo es el sistema de libertades económicas, políticas, sociales y culturales, tanto en lo individual como en lo colectivo. La liberación de nuestro país pasa por zumbar al albañal toda esa carroña leguleya, empezando por la piltrafa constitucional producto de un fraude y de un golpe de estado continuado y en frío”.

“¿Ya está madura nuestra sociedad para el capitalismo?”, me atreví a meter el metacarpo en la llaga.

A YVQK pareció que le iba a dar una calambrina apocada.

“Aquí es donde hay que poner los puntos sobre las haches, como le decía Marisela a Santos Luzardo en Doña Bárbara. Sé bien que puede parecer baladí e irrelevante, pero las terminologías cuentan. Yo, en lo personal, me abstengo de utilizar el término capitalismo porque eso es cháchara marxista. Parloteo comunista. Cotorra ñángara. El sistema que defiendo es el liberal, donde se respeta y se alienta la propiedad privada sobre los medios de producción, pero donde también hay estado de derecho para impartir justicia imparcial y así poder defender a los más débiles y a quienes vienen ascendiendo en la movilidad social, en un marco de libertad del pensamiento, pues solo de esta manera se develan las fallas del sistema y solo así se puede proceder a corregirlas”.

“¿Y no es eso mismo lo que vienen sosteniendo los puntales de la oposición?”, lo atajé. “Recuerda que el finado ya putrefacto y sus herederos siempre los han tildado de capitalistas, de derecha maltrecha, de oligarcas, en fin”.

“Ahí está el detalle, como prorrumpió Cantinflas en el filme de Juan Bustillo Oro en 1941. Buena parte de ese liderazgo, hablo de los más conspicuos en sus afanes colaboracionistas y electoralistas, se niegan a desprenderse de los atavismos socialistoides y estatistas que han caracterizado las políticas llevadas a efecto no solo durante el chavetonismo, sino también durante la octava (o novena) república como decía el ganso galáctico y, voy aún más lejos, durante los doscientos años de nuestra vida republicana, herencia indiscutida del mercantilismo que heredamos de la colonia española y que ha sido ancla, rémora y peso muerto de nuestro subdesarrollo”.

“¿Nunca ha habido capitalismo en Venezuela? ¿Se peló el finado junto a toda la zurdería continental?”, interrogué.

“Más pelado que hueso de sabana. Pero prosigamos en el orden cronológico de esta reláfica. Vamos con el revocatorio del 2004”, propuso con su imperturbabilidad proverbial YVQK.

“Háblame de los fraudes. ¿Qué hay de cierto en todo eso?”, aguardé impaciente.

( … )

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@QAlbuerne

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