Opinión Internacional

2011: Odisea para Europa

Stanley Kubrick trató la evolución del ser humano, desde sus orígenes más primigenios hasta los tiempos cibernéticos en su obra de arte “2001 Odisea del Espacio”. En una de las escenas más emblemática del film, cuerpos celestes del espacio danzan alternadamente con los objetos que flotan en el interior de una nave espacial al compás del gran vals compuesto por Johann Strauss (hijo), “El Danubio Azul”. Sin embargo, de la sensación de la armonía pasamos a escenas que involucran a dos astronautas dependientes de una computadora programada para evitar sobresaltos durante la misión espacial, y ¡vaya sorpresa!, el ordenador comienza a  equivocarse en sus cálculos y cae presa de una descompensación emocional que la confronta con sus creadores.

            Valga el recuerdo de estas escenas basadas en el libro 2001, de Arthur C. Clarke, como metáfora de lo que parece estar ocurriendo a esa maquinaria institucional y comercial, creada, con esmero, previsión y cautela, por los países más prósperos de Europa, que –  a partir del colapso del comunismo y la apertura de la “cortina de hierro” – se apresuraron a evolucionar de una manera algo descontrolada. La Unión Europea muestra serias grietas de descomposición como bloque político y económico, de manera directamente desproporcional a como sus instituciones burocráticas llegan a consensos para sus miembros.

            En el primer trimestre de 2010 se tomó la decisión de “rescatar” a Grecia de la bancarrota, a cambio de medidas draconianas – sobre todo para sus habitantes más golpeados por una crisis que el Banco Central Europeo no quiso confrontar por largo tiempo – y el último trimestre cierra con una paquete de ayuda parecido a Irlanda, con posibilidades de que Portugal y España sean los próximos países en graves problemas.  Esto ha desatado un debate sobre la inmigración que, en Francia se ha concretado con expulsión de gitanos; en países como Suecia y Dinamarca ha fortalecido a partidos ultranacionalistas; en Alemania se ha llegado a “decretar” el fracaso del multiculturalismo; y hay un incremento preocupante en tendencias separatistas como lo demuestra el caso de Bélgica – con la victoria en marzo de un partido independentista en la prospera Flandes, que amenaza con separarse de la sureña y más pobre, Valonia –  y en otros lugares como los Balcanes, en donde vuelve a respirarse el hedor del odio étnico con la proliferación de grupos islamistas radicales en Bosnia y de pandillas fascistas en Serbia.

            Es tradicional que Viena reciba el año nuevo con la ejecución de “El Danubio Azul”, que casi se tiñe de rojo, este año, por la acumulación de desechos tóxicos contaminantes de una industria en Hungría. ¿Será esta la premonición de una odisea para la Europa 2011?

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