Opinión Internacional

Chile: historia y memoria

Hay dos formas en que los hombres conservan una visión de conjunto de su pasado: la memoria y la historiografía. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? En lo fundamental, consiste en que la memoria es una visión eminentemente subjetiva -a nivel personal o de grupos- y marcada por una serie de condicionantes, y la historiografía lo es menos. No pretendo decir que esta última no esté marcada por esas condicionantes en absoluto, pero -sobre todo si es buena historiografía- lo está, repito, menos.

Pierre Vidal-Naquet, en un lúcido ensayo, hace notar que «la rivalidad organizada de las memorias -individuales y de grupos o colectivas- es una de las características de las sociedades pluralistas. Por ejemplo, en el Chile de hoy, entre la que tiene un miembro de Ejército y el familiar de un detenido desaparecido o un exiliado, hay ciertamente una «rivalidad»; lo estamos comprobando con las reacciones producidas en el país después del arresto de Pinochet en Londres. Y -continúa Vidal Naquet- «no sucede lo mismo en las sociedades totalitarias, donde memoria e historia, ambas oficiales, deben coincidir plenamente bajo pena de ser modificadas por orden de arriba».

En realidad creo que habría que agregar, al menos en el caso de la memoria, que esa modificación «oficializante», se da sólo en el discurso público y cada individuo y grupo conserva la propia por más que no la pueda hacer pública tal cual es; George Orwell se ha referido al tema. Por ejemplo: sin duda era diferente la memoria que un comunista de la ex URSS (cuando todavía existía) conservaba del período stalinista, que la que conservaba un ex habitante del Gulag, sólo que en el segundo caso no podía hacerla pública.

Pero lo que me interesa recalcar en este artículo es que en el Chile de hoy existen «memorias» muy diferentes de lo que fue el gobierno militar 1973-1989, y estas se están haciendo públicas cada vez más libremente. Este es el fenómeno responsable de la importante división que existe en la sociedad chilena hoy, dentro de la cual, como se trata de un tema que despierta -comprensiblemente- profundas pasiones, parecen haber posiciones irreconciliables al respecto.

En cambio, creo que todavía no se está en condiciones de hacer verdadera historiografía sobre esa época (o historia, si tomamos la palabra en cuanto ciencia que relata objetivamente los sucesos). Conspira contra ello la existencia de las referidas pasiones, pero también el que no se conozca mucho más sobre una cantidad de episodios, como la muerte del general Prats, por ejemplo, y de quien vino la orden de asesinato, si es que vino desde Chile o, evidentemente, la suerte de los detenidos desaparecidos e infinidad de otras situaciones que se dieron en los más diversos ámbitos durante un período prolongado, como son 17 años.

Estamos en la etapa de contar nuestras memorias de esos años. Con todo, mientras más fundadas en la realidad sean esas memorias, más fácil será en el futuro construir la historia del período.

Las pasiones y divisiones que motiva la memoria del gobierno militar irán desapareciendo en cuanto este sea un tema de la historiografía más que de la memoria. En ese momento con seguridad seguirán las pasiones, quizás muy fuertes, entre los historiadores, pero cada vez más aminoradas entre el grueso de los chilenos. Claro que para que esto ocurra falta mucho tiempo. Tiempo que se lleva a los actores del drama; que permite juzgar con relativa frialdad y objetividad los sucesos, los que se ven como «de otra época», por personas que no llevan dentro una carga emotiva abrumadora. Tiempo que permite que las virtudes de la prudencia y el perdón primen sobre el ansia imperativa de justicia o, a veces, venganza. Algo perfectamente legítimo o, al menos comprensible en el segundo caso, pero a veces perjudicial para la sociedad chilena en su conjunto en cuanto un proyecto común de futuro. Tiempo que hace posible pedir perdón y perdonar sin sentirse humillado.

Porque pedir perdón y perdonar son cosas que en el discurso aparecen como bellas y fáciles, pero no lo son cuando se es presa de una carga emotiva abrumadora.

Cristián Gazmuri es profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile
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