Opinión Internacional

Confrontación ideológica en Latinoamérica

La confrontación ideológica en Latinoamérica se intensifica cada día más. Es natural que así suceda, puesto que una de las partes antagónicas, conocida como la izquierda radical o marxista leninista, se niega a morir y reclama derechos a nombre de los pueblos más pobres de Latinoamérica, a quienes endulzan con: propaganda, ofertas incumplibles, manipulaciones, mentiras, discursos fantasiosos, regalos, dadivas y en algunos casos, aplican mano dura; con la pretensión de que sus argumentaciones sean aceptadas por las mayorías, que como sabemos, rechazan permanentemente al comunismo por ser éstos pueblos demócratas, a los cuales les gusta vivir en libertades y con justicia.

Antes eran, la Cuba comunista soportada por: China, la URSS,  Corea, Vietnam, etc., quienes intentaban invadir a toda Latinoamérica, con la semilla ponzoñosa del marxismo leninismo, para derrumbar al sistema político y económico de los EE.UU.,  y de todas las democracias y economías occidentales, con su pretendida ilusión de tener la hegemonía política y económica  mundial.

Afortunadamente no pudieron lograrlo, dado que sus economías socialistas no les respondieron y fracasaron estruendosamente, ante la mirada impávida del mundo. Sus cálculos les fallaron, dadas las múltiples fisuras de sus sistemas políticos, sociales y económicos, con grietas por doquier.

Sus teorías absurdas de igualar a la humanidad por debajo, en lugar de fortalezas crearon más debilidades y más resistencias de las clases medias que preferían oportunidades de crecimiento y de bienestar, dependiendo de su nivel educación y de sus esfuerzos y responsabilidad en el trabajo.

Por el contrario, crearon una nueva clase social embutida en un liderazgo de élites, para dirigir, evaluar y controlar el proceso de transformación política y económica; quienes se daban la gran vida y disfrutaban de inmensos privilegios, a costa del sudor y hambre de la clase trabajadora, quienes eran cada vez más pobres y menos eficientes en sus trabajos.

Como era de esperarse, esta clase social dirigente se corrompió profundamente, dado que no tenían contraparte que les controlara, disciplinara, o castigara; dado que estaban muy cerca del líder máximo y omnipotente en cada uno de los territorios declarados comunistas, sin capacidad moral alguna de corregir tantas fallas y deficiencias.

En este nuevo capítulo latinoamericano de la escalada comunista, con la desaparición de la URSS y la disminución del grado de beligerancia entre los sistemas comunista y las democracias; la mayor responsabilidad cae sobre el gobierno comunista cubano, dirigido por los dictadores hermanos Castros, quienes se niegan a cambiar su obsoleto sistema comunista por una democracia productiva, moderna y políticamente abierta al mundo civilizado y evolucionado, sin la necesidad de confrontaciones fraternas, tales como las confrontaciones existentes hoy día en Latinoamérica, que apenas empiezan.

Lo insólito de la pretensión de los Castros, es la estrategia de imponer electoralmente el comunismo en toda Latinoamérica, con trampas y argucias, y la ayuda de los petrodólares venezolanos que gustosamente Hugo Chávez y sus camaradas pusieron  a disposición de ese proyecto político.

Muy pocos líderes políticos latinoamericanos (demócratas), con autoridad, dignidad y credibilidad, se han pronunciado o han opinado sobre esta confrontación en progreso, que incluso pudiera llegar a niveles de enfrentamientos bélicos entre naciones hasta ahora hermanas, si no se hace algo al respecto.

Uno de los pocos líderes políticos que recuerdo, quién ha estado bien claro en esta evidente amenaza, es el venezolano Alejandro Peña Exclusa, quién desarrollaba a nivel de América, una campaña de alerta, divulgación y denuncias sobre este plan macabro que se cernía sobre Latinoamérica, con la participación activa del gobierno chavista venezolano, bajo la dirección del gobierno cubano, y soportado por él grupo de izquierdista radical, conocido como el Foro de Sao Paulo, con sede en Brasil.

Como resultado de esta iniciativa de Alejandro Peña Exclusa, la cual venía tomando forma, cuerpo y tamaño, a este político venezolano se le preparó  una burda tramoya, presumiblemente con la participación del G2 cubano, para encarcelarlo y sacarlo del juego político, el cual venía desarrollando con relativo gran éxito. Alejandro Peña Exclusa está ahora enfermo, controlado y estrechamente vigilado.

Es innegable que ese movimiento de la extrema izquierda ha tenido relativo éxito en su expansión, gracias a la inversión del gobierno venezolano, entre otras ayudas externas. Al mismo se la ha bautizado como revolución bolivariana, sin ninguna semejanza ni coincidencia ideológica con el pensamiento del Libertador Simón Bolívar, pero se utiliza vilmente su nombre como señuelo para captar a los incautos.

Desafortunadamente, algunos líderes y gobernantes latinoamericanos miran con simpatía este movimiento conspirativo contra las democracias, y en lugar de contribuir a frenarlo. Por el contrario, lo alientan y lo alcahuetean, al punto de jugar a la democracia, pero por otra parte la apuñalan por la espalda.   Son notorias las simpatías y complicidad manifiesta de los gobiernos argentino, brasileño, paraguayo, uruguayo; y ahora el gobierno peruano, a favor de ese movimiento bolivariano. ¿Se imaginan estos gobiernos, que la confrontación también pudiera afectarles  internamente a ellos?

Estos gobiernos alcahuetes abogan por aceptar al gobierno cubano en todos los foros americanos como un miembro natural de la comunidad por el solo hecho de estar geográficamente ubicado en América, ignorando que el gobierno cubano es una de las dictaduras más antiguas y sanguinarias del mundo, que ha oprimido,  asesinado, encarcelado, perseguido, y desaparecido a cientos de cubanos, por el solo hecho de que esas víctimas humanas no simpatizaban con el comunismo.  

Los líderes políticos de la extrema izquierda latinoamericana, son tan miopes,  sectarios, anti capitalistas y anti norteamericanos, que son incapaces de analizar las verdaderas necesidades del pueblo cubano, al cual condenan a una dictadura eterna, por el simple hecho de adversar al gobierno norteamericano. Prefieren atacar a los EE.UU. por el embargo económico y comercial en contra del gobierno comunista cubano, que emplazar a los Castro a que liberen a Cuba de esa dictadura infernal de más de 50 años. Que desfachatez y hediondez existe alrededor de esas anárquicas clases políticas de ultra izquierda.

Afortunadamente, los gobiernos demócratas latinoamericanos todavía son mayoría y empiezan a despertar y a entender con mayor interés, la verdadera amenaza que este movimiento bolivariano representa para Latinoamérica y obviamente, para América toda. Se espera reaccionen con mayor vigor.

Gobiernos en pleno crecimiento económico, como México, Chile, Perú, Panamá, Colombia, Costa Rica, Honduras, Guatemala, El Salvador, etc., deberían estar preocupados porque este crecimiento no sufra atrasos o descalabros, por causa de esta idea loca de pretender sustituir al capitalismo por el socialismo y a las democracias por dictaduras. ¿Es acaso eso lo que anhelan  los pueblos latinoamericanos?

Honduras experimentó esa amenaza y actuó en consecuencia, como lo creyó correcto. Por ello desató una crisis que casi los borra del mapa latinoamericano. Colombia la acaba de percibir en carne propia, y tuvo que ir a arrodillársele a los Castro, a Rafael Correa y a Hugo Chávez, para que no le causen una crisis más grave que la actual. La confrontación está en pleno progreso, y desconocemos hasta donde podrá llegar. ¿Porque no revisar crudamente el álgido tema, en la VI Cumbre de las Américas?

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