Opinión Internacional

Democracia y socialismo en Cuba

Las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático (SPD) no dejan lugar a dudas sobre su posición en relación con la democracia y la libertad, al abogar por el perfeccionamiento del sistema democrático de elecciones, la actualización del Código Penal de acuerdo con los pactos de derechos humanos (Civiles y Políticos, y Económicos, Sociales y Culturales) firmados por el gobierno de Cuba, así como por perfeccionar el funcionamiento democrático del Partido y las organizaciones políticas y de masas. (1)

Que un sistema económico-social sea esclavista, capitalista o socialista está determinado por las relaciones de producción predominantes, donde una determinada clase social tiene el poder real, el económico, el control sobre los medios de producción; y no, por las formas más/menos democráticas de funcionamiento del sistema político. Han existido repúblicas, democracias y tiranías, tanto esclavistas, capitalistas como socialistas. Una es forma y lo otro contenido.

Las formas y mecanismos democráticos, procuran garantizar, en cualquier sistema, sea capitalista o socialista, que el poder no sea usurpado por una persona o un grupo de ellas, como ocurrió en la URSS con el estalinismo o en los ejemplos conocidos de fascismo en Europa y América Latina. De manera que los principios democráticos son válidos para cualquier tipo de sistema político que pretenda serlo, independientemente de su contenido clasista.

El socialismo solo es posible con el pleno funcionamiento de los mecanismos democráticos; igual que sólo es posible una plena democracia en el verdadero socialismo y la razón es muy simple: el poder real, el económico, la propiedad directa o usufructuaria sobre los medios de producción y las finanzas estarán en manos no de unos pocos burgueses ni de unos cuantos burócratas, sino repartido entre los trabajadores y el pueblo, como quería Martí.

Perfeccionar nuestro sistema político y electoral con las más efectivas normas democráticas es la mejor forma de evitar el arribismo, el oportunismo y el clientelismo y de garantizar que valores y características personales negativos no afecten los intereses del pueblo y que el aparato burocrático no se convierta en una impedimenta para los trabajadores y el progreso de la revolución.

El modo de producción socialista, sobre el cual descasará toda la superestructura y el sistema político, se basará primordialmente en la propiedad directa o usufructuaria de los colectivos laborales y sociales y de las personas y en la organización asociada del trabajo, cuyo eje es la forma democrática colectiva de propiedad, gestión y repartición de las ganancias; en contraposición con el capitalista, que descansa en la propiedad concentrada sobre el capital y el autoritario y jerarquizado sistema asalariado de explotación. Es el sistema de relaciones de producción el que posibilita que las clases poseedoras hagan predominar sus formas de conciencia social y se valgan de los mecanismos más/menos democráticos para ejercer el poder político.

Pero ocurre que en Cuba no hemos avanzado suficientemente en la fase de socialización de la apropiación de la propiedad, el excedente y el poder, en ese nuevo modo de producción, estancados como estamos en la concentración de todo eso en el estado y en el predominio de las relaciones de producción asalariadas, jerarquizadas, un capitalismo monopolista de estado, donde un aparato burocratizado ejerce el control sobre los medios de producción en nombre de los trabajadores y el pueblo; fenómeno que debió transcurrir durante un breve tiempo en el proceso revolucionarios, que sirvió para expropiar a los expropiadores; pero pronto debió evolucionar a la socialización de la propiedad y la apropiación del excedente y a la plena democratización.

Fue Stalin en la URSS quien convirtió “eso” en “socialismo” que, por preservar el trabajo asalariado terminó restaurando plenamente el capitalismo. Aquí muchos lo creíamos también así, solo que unos nos percatamos de ese grave error de concepto y otros pueden estar en trance de entenderlo o no, lo cual hace nuestras diferencias en el seno revolucionario, esperamos que conciliables. Esto ha sido tratado por este y muchos otros autores en distintos trabajos.

De manera que nuestro sistema político actual, que es parte de la superestructura, como lo es también la conciencia social, responde a la base económica existente, a ese modo de producción estatal-asalariado, que se ha ido sedimentando y que ha pasado por socialismo. Tenemos incuestionablemente un sistema democrático representativo, no burgués, ni proletario, sino burocrático y centralizado como el propio sistema económico implantado, puesto que el pueblo vota y elige representantes, pero es un aparato burocrático establecido el que hace las proposiciones de diputados para arriba, controla los poderes políticos y es el que ejerce el poder real económico.

La burguesía moderna puso por nombre “democracia” a su sistema político, cuando todos saben que allí, el poder económico, el real, es controlado por los capitalistas, y lo será mientras no sea expropiada. Que la clase trabajadora pueda aprovecharse de esos mecanismos para luchar por sus intereses inmediatos y mediatos y que la burguesía lo permita o no, son cuestiones ya determinadas por las circunstancias históricas concretas.

El gobierno terrorista de Bush en EE.UU. violó los mecanismos democráticos del sistema para llegar al poder y se mantuvo luego violándolo otros cuatro años más. El sistema político norteamericano demostró así su vulnerabilidad; pero los mecanismos de renovación democrática funcionaron y llevaron al gobierno a un nuevo Presidente al que apoyan otros sectores políticos y una nueva composición social. El sistema capitalista norteamericano no cambió por ello y Obama y su gente van a tratar de sacarlo de la crisis, con otros proyectos que siguen siendo capitalistas; pero distintos.

Cuando Marx se refería a la “dictadura del proletariado”, no describía una forma de gobierno, sino su contenido clasista, pues para él todo estado era en última instancia la dictadura de una clase. Él siempre consideró que el sistema político del proletariado en el poder tendría que ser el más democrático por su contenido y también por su forma. Para Marx y Engels el ejemplo de “dictadura del proletariado” fue la Comuna de París y este fue el gobierno más democrático posible, basado en el sufragio universal, el carácter electivo de todos los cargos públicos –no la designación-, la revocación, el gobierno barato (sin ejército profesional, ni burocracia) y la República Democrática.

En sus “Instrucciones” al 1er Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores Marx señala (2): “El gran mérito de este movimiento (se refiere al trabajo cooperativo) consiste en mostrar que el sistema actual de subordinación del trabajo al capital, sistema despótico que lleva al pauperismo, puede ser sustituido por un sistema republicano y bienhechor de asociación de productores libres e iguales. En “Principios del Comunismo”, escrito en 1847, Engels (3) precisa con toda claridad en su punto XVIII que la vía que tomará la revolución será: “Establecer ante todo, un régimen democrático y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado.”

Los sistemas políticos del llamado “socialismo estatista” tuvieron mucho rechazo en cada país e internacionalmente y el cubano sigue provocando desacuerdo en una parte no despreciable del pueblo y concita preocupación también en segmentos de la izquierda internacional, por sus insuficiencias democráticas, en el control popular y la nitidez de la gestión gubernamental, factores todos que obstaculizan la sana y necesaria renovación del sistema.

Engels (4) advierte en su introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia: “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento, que la clase obrera, al llegar al poder no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que para no peder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles era las características del Estado hasta entonces?….a la larga estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella…

En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo mismo que hizo la Comuna no podrá por menos que amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado…

En primer lugar (la Comuna) cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores…..Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos”.

Si la Revolución quiere avanzar debe ser consecuente con estos planteamientos de Engels y desburocratizar el sistema político. Los seres humanos poseen características personales complejas, las cuales no siempre salen a la superficie, no son conocidas por el pueblo y todavía, por un tiempo indeterminado, responderán a otras formas de la conciencia social que subsisten de las viejas clases de la sociedad burguesa o son importadas por la contaminación capitalista.

El acceso a los cargos públicos no debe concebirse como la llegada al poder para complacerse con sus “ventajas”, sino como la entrega de la vida propia por el bien común. El servicio público leal al pueblo implica vocación de sacrifico, que no todos tienen. El verdadero político del pueblo no disfruta el poder, lo sufre. El único poder verdadero, el que trasciende, el único por el que vale pena luchar y sacrificarse es por el poder que otorga el reconocimiento del pueblo; los otros son secundarios y transitorios, incluidos el poder del dinero, el de las armas y el de las instituciones.

Las personas que han trascendido -por amadas- en la historia, lo han sido sobretodo por su voluntad de servicio al pueblo. Todo el pueblo de Cuba ama entrañablemente a Martí, por su entrega absoluta a su causa. No es deshonroso aspirar a desempeñar un cargo público por elección, ni nadie debe ser sancionado por ello; Martí lo hizo, ¿quién con más honra? La deshonra está en aprovecharse de él para satisfacer aspiraciones mundanas y vanidades personales. El servicio público debe ser sacrificio, no beneficio; pero mientras el ejercicio de los cargos brinde beneficios más que sacrificios, en los aspirantes podrán manifestarse todos los vicios que pueden anidar en cualquier ser humano, pero que solo se desarrollan cuando encuentran condiciones propicias.

La humanidad a través de su propia experiencia histórica ha ido perfeccionando sus mecanismos democráticos, desde la gens y las tribus, pasando por las democracias esclavistas, hasta los sistemas de democracia burguesa y las experiencias de poder popular y obrero de Comuna, Consejos, Soviets y otras que han funcionado en los intentos de construcción socialista. Las masas fueron luchando y conquistando nuevas cotas, conceptos y mecanismos democráticos, que se fueron perfeccionando hasta plasmarse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que son eso: humanos; no son esclavistas, burgueses ni proletarios.

Si elementos de la contrarrevolución y la disidencia en Cuba se apropiaron de la bandera de los derechos humanos, fue porque permitimos que así pasara, al fragor del combate creímos que los derechos humanos eran “burgueses” y cometimos algún que otro exceso que siempre se podrá rectificar sin deshonrar la gran obra. El sol también tiene manchas. La lucha por los derechos humanos invariablemente fue una bandera de los revolucionarios y nuestro sistema político debe estar a la vanguardia en la defensa no solo de los derechos económicos y sociales, sino también de los civiles y políticos.

El Socialismo Participativo y Democrático enarbola esos derechos, los defenderá y procurará que se respeten, pero no hará coro a las instituciones contrarrevolucionarias e imperialistas que se han servido de eventuales errores reales o supuestos que pueda haber cometido la Revolución en este campo para tratar de destruirla. Nosotros, carne y huesos de este proceso, no vamos a prestarnos jamás a semejante juego, que acabaría con las aspiraciones socialistas de todo un pueblo, a la vez hálito de esperanzas para toda la humanidad progresista. Lo hecho pensando que era necesario a la Revolución, hecho está, bueno o malo, y a lo hecho, pecho.

Seamos todos realistas, hubo momentos picos en el álgido camino de luchas clasistas que han caracterizado estos 50 años de agresiones imperialistas de todo tipo, de hecho una guerra total no declarada. Fueron el imperialismo y sus agentes los que cometieron flagrantes y masivas violaciones de los derechos humanos con su bloqueo para matarnos de hambre, sus guerras, atentados, sabotajes, diseminación de plagas y otros. Nos tuvimos que defender y en toda guerra ocurren arbitrariedades, excesos. Las violaciones que pueda haber cometido el lado de acá, como reacción, nunca fueron de ese carácter ni constituyeron políticas oficiales. No hay comparación posible.

La violencia genera violencia y el primero en usarla fue Batista que apoyado por el imperialismo en su golpe de estado en 1952, rompió el sistema institucional sustentado en la Constitución del 40 para evitar la llegada del Partido Ortodoxo al poder. La historia sería otra sin aquel fatídico 10 de marzo. Fue la lucha por restaurar el sistema democrático violado, el principal y primer estímulo a esta revolución. Las diferencias futuras entre cubanos deberán ser dirimidas en el diálogo y por medios democráticos. El SPD no teme a las urnas, se sabe con la razón. “Solo la opresión debe temer el ejercicio pleno de las libertades” dijo el apóstol.

Como resultado del proceso revolucionario las clases explotadoras fueron expropiadas. Es un hecho que no tiene marcha atrás y debe caminar hacia adelante, hacia la socialización. Este debe ser uno de los fundamentos del nuevo consenso.

Ya es tiempo de comprender la necesidad de perfeccionar y democratizar al máximo el actual sistema electoral, de manera que se haga efectivo lo establecido sobre el carácter electivo, revocable y renovable de todos los cargos de primera línea en los gobiernos, nacional o locales, y se incluyan también períodos fijos. Igual deberá revisarse todo el sistema de propuestas para garantizar la mayor honestidad de las personas que puedan luego acceder a los cargos de importancia. Se hace ya insoslayable el establecimiento de plenos controles populares sobre los gastos públicos y los presupuestos, así como sobre los consumos en el ejercicio de los cargos de dirección a cualquier nivel, cuentas bancarias, propiedades y otros aspectos e informaciones relevantes de las personas que vayan a ejercen los cargos.

También deberá contemplarse que el sistema electoral garantice que todas las propuestas para cargos electivos sean hechas desde la base y se eliminen las prerrogativas actuales de las comisiones de candidaturas a todos los niveles que posibilitan el reciclaje indefinido en instancias del sistema burocrático. Tales comisiones deben desaparecer, solo las comisiones electorales elegidas democráticamente en cada nivel y siempre a propuesta de la base respectiva, deben encargarse de organizar los procesos electorales, revocatorios y de referendo a su nivel, pero nunca de hacer proposiciones que siempre corresponderán a las bases concernientes. Los compañeros que asuman cargos ejecutivos o judiciales, deberían dejar sus cargos legislativos, de manera que el que ejecute no sea el mismo que controla o juzgue.

No se trata de copiar mecanismos de la democracia burguesa, ni nada por el estilo, sino de hacer más democrático y directo nuestro sistema actual de Poder Popular que, si funcionara adecuadamente y su sistema de elecciones fuera más democrático, estaría entre los más democráticos de todos los tiempos, entre otras cosas por no ser partidista por ley, puesto que –según lo establecido- no es ningún partido el que postula en ninguna instancia. Nuestro sistema electoral no es partidista por ley y nuestro sistema político en general tampoco debería serlo. El PCC debe dirigir, educar, influir –no administrar- a través de sus militantes y no institucionalmente como está establecido ahora, lo cual debería revisarse para evitar incongruencias.

Acabemos de entender que la continuidad del sistema económico-social no la aseguran los individuos, los partidos, las leyes, ni las armas por sí solos, sino primordialmente, los cambios en las relaciones de producción y el control de la clase de los trabajadores asociados sobre los medios de producción organizados en estructuras de poder real efectivo y democrático que garanticen su renovación. A los capitalistas no les importa cuantos partidos existan, ni les interesa que el partido en el poder se nombre demócrata, socialista, socialdemócrata o hasta “comunista” como en China, siempre que ellos sigan controlando los medios de producción y explotando trabajo asalariado.

Al respecto, lo que debe garantizar nuestra Constitución es el carácter socialista de las relaciones de producción, que el sistema de propiedad esté en manos directas o usufructuarias de los trabajadores y que el trabajo asalariado quede condenado a su desaparición y proscrito en algún momento. Hasta ahora ningún Partido Comunista, tampoco el cubano, ha logrado consolidar el nuevo sistema de relaciones socialistas de producción, por la errónea concepción estatista asalariada de “socialismo”.

Si forma y contenido deben corresponderse, no puede haber sistema más pleno de mecanismos y formas democráticas, que el sistema político del socialismo. Si el socialismo o lo que sea que estamos haciendo, no es capaz de asumir las formas más democráticas y pasar esa prueba, es porque no merece el apoyo mayoritario del pueblo.

La Revolución de Fidel, Camilo, el Che y Raúl, por la que también lucharon los estudiantes, los viejos comunistas, la diversa izquierda cubana y muchos otros cubanos de todas las tendencias políticas, credos religiosos y de todas las generaciones posteriores, si ha de trascender y no quedar en la historia de Cuba como otra revolución frustrada más, deberá avanzar hacia la fase de socialización de la economía, del poder político y hacia la plena democratización.

1-Cuba necesita un socialismo participativo y democrático. Propuestas programática

2-C. Marx. Instrucciones sobre diversos problemas a los delegados del Consejo

Central Provisional. C. Marx y F. Engels. O.E. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973

3-F. Engels. Principios del Comunismo. C. Marx y F. Engels. O.E. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973

4-F. Engels. Introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia. C. Marx y F. Engels. O.E. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973

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http://analitica.com/va/internacionales/opinion/8777149.asp.

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