Opinión Internacional

Diplomacia y cancillería

Hace más de dos siglos Talleyrand y Chateaubríand sostenían que los diplomáticos deberían ser suprimidos, dejándose solamente los cónsules, que sí cumplen funciones útiles, En aquellos tiempos tal posición resultaba exagerada ya que los diplomáticos tenían problemas que resolver y facultades para ello, Pero hoy ya no. Si un asunto reviste cierta importancia, se telefonean los Cancilleres, si es todavía más importante, se visitan y finalmente, hay la facilidad y frecuencia de visitarse los Jefes de Estado, El extremo de ínutilidad es la Embajada ante el Vaticano, que incluso, especificamente, carece de cometido, ya que la Santa Sede tramita sus asuntos a través de las Nunciaturas, quedando así reducida las misión del Embajador a una de simple archivero. Se trata pues, de un cargo exclusivamente honorífico que las monarquias conceden generalmente a príncipes ancianos y algunas repúblicas a expresidentes. Poco después de caer Pérez Jiménez, nombró Venezuela para tal cargo, a mi magnífico amigo desde la infancia, Tomás Pérez Tenreiro y comentó S.S. Pío XII: «Es primera vez en la historia del Vaticano que un coronel de cuarenta años es recibido como Embajador», Tal episodio lo supe por boca de una sobrina del ancianísímo príncipe de Crúy, Embajador de Bélgica ante el Vaticano.

Su origen es antiquísimo y anteriormente al desarrollo de las comunicaciones, los cargos de Embajadores eran de gran importancia y consiguiente respetabilidad. La dificultad e incluso ausencia de comunicaciones hacia de ellos verdaderos plenipotenciarios y tal palabra no era, como ahora, simplemente pomposa. Determínaban si su país sería amigo o enemigo de aquél donde se desempeñaban, Sus payasadas no eran simples motivos de risitas como hoy, sino que podían provocar verdaderos problemas. Cuando a mediados del siglo XIX nombraron Embajador de España ante Alejandro 11, al Duque de Osuna, este personaje ya era causa de historias por su rastacuerismo. Una vez le vió al Zar un abrigo finísimo de marta y ordenó averiguar dónde lo habian conseguido y al saberlo, mandó hacer dos, para su cochero y lacayo respectivamente. Fue declarado persona no grata y las relaciones entre los dos imperios quedaron interrumpidas varios años. Representan, además del país a la persona del Jefe del Estado y un dudoso desaire del Rey Guillermo al conde Benedetti, Embajador de Napoleón III, fué el pretexto pasa que Francia le declarara la guerra a Prusia en 1870.

Los griegos les reconocían dos categorías, los religiosos (Theoprotoi) y los políticos (Presbeis). En cuanto al origen de la palabra, es incierto. Usada ya en el siglo XV, parece según unos, provenir del italiano ambascia, con el significado de pena, desazón, mal humor, por los que proporciona. Según otros, del alemán ambacht, ambt, amt = empleo. Tenía dos acepciones: una, que con el nombre de Embajadores, comprendia todos los agentes diplomáticos y otra, definitiva hoy, que sólo le da tal denominación a los de primera categoría.

Resumiendo: es, al presente, un gasto elevado e inútil, mantener en el Exterior las Embajadas tal como se viene haciendo. Lo aconsejable seria que los expertos internacionalistas tuvieran oficina en la Cancillería, para tratar y decidir el rumbo a tomar por Venezuela, en general, y para cada caso particular. No creo que haya quien tenga dudas acerca de la importancia que presenta para todo país el aspecto internacional. Creo, por otra parte, que a nuestra Cancillería le corresponde en los momentos, un deber como pocas veces lo ha tenido y es el de obtener el perdón del mundo por el ridículo en que nos pone cada gira oficial.

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