Opinión Internacional

El debate constitucional en América Latina

En democracia, las reglas fundamentales del “juego político”, las normas que regulan el funcionamiento del sistema, como aquellas que definen las relaciones entre los poderes del Estado, las que determinan la forma de selección de los gobernantes y las que enmarcan la actividad económica, se inscriben en las constituciones, que, a su vez, se redactan con el más amplio consenso posible. El consenso sobre las “reglas del juego” es necesario para que las controversias sobre las políticas públicas y el disenso político en general se resuelvan pacíficamente y se evite el recurso a la violencia. En varios países de América Latina, como Bolivia, Venezuela y Ecuador, las mayorías gobernantes o a punto de gobernar, quieren modificar las “reglas del juego”. Sería poco razonable hacerlo sin tomar en cuenta las ideas e intereses de las relevantes minorías, que están en la oposición. Además, habría que preguntarse, a la luz de la historia, cuál es la mejor forma de redactar una buena y duradera constitución. Giovanni Sartori, uno de los grandes de la ciencia política contemporánea, afirma que casi no existe una buena constitución escrita por una asamblea constituyente. Las constituciones del setecientos y buena parte de las del ochocientos fueron producidas por las elites intelectuales del tiempo y, en esa época, las constituciones sólo buscaban disciplinar y limitar el ejercicio del poder. La constitución de los Estados Unidos fue, básicamente, producto de los autores de los «Federalist Papers», que, acertadamente, Sartori define como el más grande tratado existente de ingeniería constitucional. En el siglo XX, las constituciones que «hacen texto» han sido redactadas por insignes juristas. La constitución de la India por el jurista inglés Sir Ivor Jennings y la constitución francesa de la V república por Michael Debré. La actual constitución española de 1978 lleva la impronta de ese gran constitucionalista y politólogo español, pero también venezolano, Manuel García Pelayo, uno de los Maestros de mi juventud. Las constituciones asambleares han sido, en cambio, muy comunes en América Latina, casi todas desastrosas, casi todas rehechas continuamente y casi todas ignoradas e irrespetadas. No olvidemos que las constituciones son las estructuras de las cuales depende si seremos bien o mal gobernados. A Sartori le gusta repetir que las constituciones son “nuestra casa”. Para hacer una casa bien, se necesitan ingenieros y arquitectos, si no queremos que se caiga al primer temblor. Obviamente, no se trata de que la constitución sea obra sólo de un conciliábulo elitesco, sino que una comisión de expertos de las diferentes corrientes políticas prepare y presente un proyecto, que será discutido en el país y finalmente aprobado por una asamblea, que refleje proporcionalmente las fuerzas políticas, con una mayoría calificada, generalmente de los dos tercios, para lograr el consenso que garantice la paz.

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