Opinión Internacional

El déspota y el bufón

Mientras el antioqueño Álvaro Uribe, presidente de Colombia y el político más popular de su país desde tiempos inmemoriales, se enfrenta con uñas y dientes contra las narcoguerrillas castristas de Colombia poniendo su vida en el intento, un paisano suyo, aunque arataqueño, llamado Gabriel José de la Concordia García, familiarmente conocido como Gabito y mundialmente conocido como el Premio Nóbel de Literatura García Márquez, corre a alegrarle sus horas postreras precisamente al responsable no sólo de las FARC, sino de todos los movimientos terroristas de América Latina y sin lugar a dudas el déspota más cruento y sanguinario de la historia de América Latina: Fidel Castro Ruz.

¿Qué explica está vocación bufonesca, lameculos del tirano y correveidile del siniestro sátrapa caribeño en quien, siendo ya multimillonario y famoso a más no poder, aparentemente no necesitaría aparecer como un vulgar alcahuete cortesano? Precisamente: porque sin el respaldo del déspota cubano no hubiera alcanzado las alturas nobelescas que le permitieran convertirse en el escritor más famoso de Hispanoamérica y probablemente del mundo. Sabida la virosis izquierdista de los miembros de la Academia Suecia dispensadora del más importante y suculento premio literario de la historia. Y el vergonzante izquierdismo estalinista y totalitario que infecta a la cultura de Occidente.

La relación de García Márquez con el tirano cubano, responsable no sólo de decenas y decenas de miles de asesinatos directos o indirectos de ciudadanos cubanos, sino del destierro de millones de sus compatriotas y la pérdida de medio siglo para un continente seducido por su verborrea, su irresponsabilidad monumental y sus delirios de grandeza sólo es comparable con la de Albert Speer, el arquitecto de Hitler, con el líder nazi, a quien acompañara hasta sus horas finales. Pues Castro es un hombre proporcionalmente tan siniestro y de efectos tan devastadores como Hitler, pero protegido por la hipocresía y la doble moral de una cultura política decadente y la estupidez de un establecimiento político sumido en la esquizofrenia del delirio y la irresponsabilidad.

No hay país de América Latina – incluyendo naturalmente el Brasil – que no tenga a su haber muertos caídos en absurdos combates siguiendo instrucciones del castrismo y la delirante inspiración del agónico tirano. García Márquez le ha proveído la coartada intelectual del «realismo maravilloso». El otoño del Patriarca es la más ominosa de las pruebas. La misma que nadie ha osado servírsela a Hitler o a Stalin, a Pol Pot o a Marulanda. Así, el bufón de la corte del Rey Fidel pasará a la historia como el primer novelista exitoso y venerado por haberle dado una pátina de respetabilidad y milagrería a un asesino.

¿Qué pensarán los colombianos de este lameculismo de su primer novelista? Seguramente irá de La Habana a Paris para participar en los honores de la izquierda y la derecha francesas a Ingrid Betancourt el 14 de julio. Se lo habrá recomendado Fidel, detrás de la jugada.

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