Opinión Internacional

En la encrucijada

Es obvio que el país está cada día más dividido. El referendum revocatorio dio sin duda la fracción y la medida del abismo que cada día se agiganta, y extrañamente esta situación se transparentó a pesar del fraude que se realizó de manera más que evidente a favor de Evo Morales, fraude al que todavía no se le ha dado la importancia que ha tenido en los resultados que se expresaron en las urnas, donde este se abrió paso codo a codo con el atropello a las leyes y a la constitución vigente.

Pero ni el mismo fraude pudo ocultar la realidad de Bolivia, no pudo esconder las dos visiones de país que se han consolidado con igual fuerza y exigencia en Bolivia, a saber la visión estatista- etnicista- racista, frente a la visión de país abierta a la lógica del mercado libre, a la democracia, a las autonomías departamentales como proyecto de país.

Frente a esta insoslayable fractura, se yergue el mayor problema cual es la actitud de Evo Morales, su nada conciliador vicepresidente y los ministros que conforman su gabinete y que tienen igual actitud confrontativa. En la Bolivia concebida por Morales, no existe la más mínima posibilidad de diálogo. La actitud que prima desde el gobierno es la de someter y pisotear a quienes no coinciden con la visión de país indigenista y socialista que el gobierno exige implementar sin tregua y sin atender a que el país está dividido en dos visiones de país contrapuestas, razón por la que el gobierno sólo podrá implementar la visión que se propone en la medida en que violente a la otra Bolivia, que trate de someter a quienes exigen un país democrático y autonómico.

Todos han contribuido a que esta situación haya llegado al límite en el que actualmente nos encontramos, y que ahora nos emplaza a la fatal sentencia socrática que señala que hagamos lo que hagamos nos arrepentiremos. Decimos esto porque dadas las circunstancias actuales, si la dirigencia no enfrenta con la decisión y fortaleza que debe hacerlo tendrá que asumir una segura pérdida y si pone el énfasis y la decisión que el momento exige tendrá que asumir la confrontación como inevitable.

El Referendum fue un equívoco, desde esta columna siempre lo sostuvimos y lo seguimos afirmando, no por capricho sino porque hemos ido dando lectura a la realidad que estamos auscultando permanentemente. Era pueril e irreal pensar que el Referendum podría dar respuesta al momento de aguda crisis que nos encontramos viviendo, sabíamos que la consulta no podía ofrecer una respuesta para zanjar la aguda crisis, porque surgió de la ilegalidad, porque se constituyo en una infracción a la constitución vigente y porque además se realizó sobre un padrón electoral fraudulento, razones por demás evidentes para saber que no aportaría con soluciones, sino que llevaría más bien a un punto de mayor tensionamiento de las fuerzas en pugna y confrontación.

El Revocatorio, nos acerca cada vez más al punto de una posible ruptura, va encaminando a ello, a menos que los prefectos ratificados de la media luna, desoigan el mandato del soberano que exigió con su voto que ellos se jueguen por el proyecto de democracia liberal, de sociedad abierta, de defensa de un estado de derecho, por un modelo democrático libertario, frente al modelo indigenista, estatista, comunitario al que quiere reducir Evo Morales y su gobierno al país.

Los prefectos no debieron aceptar ir a un proceso que implicaba la ruptura del marco constitucional y que obviamente se constituía en la llave para implementar la constitución masista.

Después que lo hicieron quien sabe porque razones, no les queda más que defender el modelo y la visión de país por la que el pueblo ha puesto tres veces su voto en las urnas, y tendrán que hacerlo sin tregua, sin pausa, sin cálculos personales, porque el pueblo les imploró, les rogó, les exigió que no abrieran la caja de Pandora y se obstinaron por hacerlo a pesar de todas las advertencias.

No en vano, Heinz Dieterich, teórico del Socialismo del Siglo XXI, profesado por Chávez y Morales, ha asegurado en su último artículo, que «El referendo revocatorio del 10 de agosto en Bolivia, contrario a algunas interpretaciones triunfalistas, es una clara derrota del gobierno que no solo refuerza la división de facto del país, sino que le concede a la subversión separatista un halo de legalidad que antes no poseía.»
Sugiere Dieterich en el mencionado artículo, que la votación que consolido a los prefectos de Santa Cruz y el Beni con un porcentaje superior al obtenido por Evo Morales, y a las cinco regiones de Bolivia que profesan el modelo de autonomía departamentales hay un mandato implicito y una legalidad que permite un planteamiento disidente cual es el de luchar y exigir la implementación de un modelo de país distinto, teniendo ahora estas regiones un principio de legalidad que antes no poseían.

La consolidación de esta realidad a través del voto, se ha convertido en una exigencia, que pone en juego las fuerzas que se contraponen. La situación se plantea así como límite, al punto que cualquier error de parte de las regiones autonómistas puede significar ahora la muerte y extinción del proyecto con la consecuente victoria e implementación del proyecto indigenista, comunista, maoista del gobierno actual. En la presente circunstancia la dirigencia de la Media Luna no puede plantear ninguna situación que no sea debidamente procesada y responsablemente contemplada, la dirigencia tiene que estar a la altura de la circunstancia presente que es harto peligrosa y que no permite seguir dando tumbos ni entrar en experimentos, ni en otros referendums que traen consigo la misma trampa y los riesgos y engaños que ha traído el revocatorio.

Frente a esta delicada situación, las acciones de la agrupación Podemos deben también ser tomadas muy en cuenta de aquí en más, pues sería gravísimo que esta agrupación supuestamente opositora continúe en la lógica de sorprendernos nuevamente con acciones con las que está convirtiendo el parlamento en un bingo en el que se rifa y subasta a diestra y siniestra el país.

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