Opinión Internacional

Esa fea costumbre de los Kirchner de no dar la cara

Los últimos días del año pasado y los que van de este año el país se asemeja en cierta medida a los fines del año 2001.

Triste despedida del año del Bicentenario.  Triste y lamentable, un año para el olvido.

 Un año difícil y complicado por la ausencia del Estado en los hechos y acontecimientos más importantes de incidencia en la vida de los argentinos y en la tan deseada paz social.

El negar sistemáticamente la realidad existente hace que los problemas, tan a la vista de todos, se conviertan en problemas sin solución.

Este autismo ya lleva en las últimas semanas, más de diez muertos a consecuencia de la inacción del gobierno y la conflictividad social está en constante aumento.

Los asentamientos ilegales, la violencia y el delito “in crecendo” y con características pocas veces vistas en el país, los cortes de energía precisamente en los días de fiesta de fin de año y en los días más calurosos, los piquetes que se suceden casi a diario perturbando el libre tránsito por la ciudad, la falta de billetes en los bancos que originan prácticamente un “mini corralito” e  impiden a los ciudadanos juntarse con su acreencias, la estación de trenes de Constitución convertido en un irracional campo de batalla y de destrucción, la inflación prácticamente desbocada, entre muchos otros desmanejos y torpezas del gobierno, son las características distintivas, casi anárquicas, de estos días y muestran el fracaso de la gestión de Cristina.

Mientras tanto, la presidente de los argentinos recluida en su casa de Rio Gallegos y en su refugio patagónico en Calafate, prácticamente sin dar señales de vida y casi alejada de los asuntos oficiales.

¿No debería estar en momentos de crisis en su puesto de mando buscando paliar la tormenta política en vez de dejar el manejo de la cosa pública en el jefe de Gabinete, quien sigue protagonizando bochornosos grotescos escándalos, mientras sigue manifestando que continúa “manejando toda la botonera”, como tratando de justificar su incompetencia y su casi seguro despido de la función pública? 

¿Estará la atribulada viuda gozando de la vacación estival? ¿O estará planeando un cambio de funcionarios de este desprestigiado y cuestionado Gabinete?

¿O tal vez esté evaluando, a la luz del deterioro que sufrió en estos últimos días, la conveniencia  o no de postularse para los comicios presidenciales de octubre y de esa forma evitar o por lo menos postergar, su desfile por los tribunales? 

En realidad, salvo el reducidísimo círculo íntimo de la presidente nadie lo sabe con precisión.

Es una vieja costumbre de los Kirchner que en momentos de crisis o de dificultad refugiarse en su reducto patagónico, de la misma manera que las alimañas se refugian en su madriguera en momentos de peligro.

Es también casi una ilusión peregrina, pensar que Cristina anuncie sus propósitos y permita a la ciudadanía saber.

Una de las características de la gestión del matrimonio presidencial fue  a lo largo de más de siete años no ofrecer conferencias de prensa en las cuales los periodistas puedan evacuar sus dudas mediante preguntas y repreguntas, que en realidad son las de la ciudadanía.

¡Pasamos siete años sin saber, viendo como se improvisaba sobre la marcha! Una característica única en un país que pretende ser democrático.

¡Cuánto aguante y paciencia tenemos los argentinos! Sin dudas somos un pueblo diferente al resto de los mortales.

 

                                                                                 

 

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