Opinión Internacional

Hipocresía imperial

La explicación dada oficialmente por el Gobierno de EEUU para prohibir a España la venta a Venezuela de diez aviones de trasporte militar C-295 y dos aviones CN-235 de patrulla marítima, que en las versiones contratadas contienen componentes de tecnología estadounidense necesitados de una licencia de exportación, es una muestra más del doble rasero con el que Washington viene rigiendo, con modos imperiales, hipócritas y muy poco refinados, el concierto internacional de las naciones.

En la nota transmitida al Gobierno español se indica que el presidente de Venezuela, a pesar de haber sido elegido democráticamente, utiliza las instituciones democráticas del país para imponer un gobierno autoritario. Por ese motivo, Washington considera que “podría usar de modo indebido” la tecnología desarrollada en EEUU e incluida en los citados aviones, a pesar de que Hugo Chávez declaró públicamente, con motivo de la firma del acuerdo de compraventa, que serían empleados para “mejorar la lucha venezolana contra el crimen organizado y el narcotráfico”. La prohibición no alcanza a la venta de ocho buques patrulleros a Venezuela, porque en ellos no se integran componentes que requieran el visto bueno de EEUU para su exportación.

Para valorar en su justa medida este incidente, conviene saber que, según un informe de Amnistía Internacional publicado en junio del pasado año, EEUU es el líder mundial en exportaciones de armamento y ostenta el honroso título de “primer proveedor de armas convencionales del mundo entre 1996 y 2003 [último año del que se tienen datos]”. Pero lo más significativo es constatar que, encabezando la lista de los compradores de esas armas estadounidenses figura precisamente Arabia Saudí, país que, además, fue también “el principal comprador de artículos de defensa de Estados Unidos entre 2000 y 2003, por un total de 6.300 millones de dólares”.

Así, para el Gobierno de Bush, el principal obstáculo que impide que Venezuela pueda adquirir los aviones construidos en España parece ser el hecho de que Chávez hubiera sido “elegido democráticamente”, pues es la característica que más le diferencia del actual Gobierno de Arabia Saudí, excelso paradigma de régimen autoritario que, además, ni siquiera podría utilizar autoritariamente ninguna institución democrática —de lo que EEUU acusa a Chávez— porque, sencillamente, tales instituciones no existen en el país arábigo.

Arabia Saudí es regida por una monarquía feudal, autoritaria y vulneradora de los más elementales derechos humanos, impregnada de un fanatismo religioso que exporta sirviéndose de sus vastos recursos financieros, y en cuya corte de emires, príncipes y demás augustas personas se escucharían sonoras carcajadas ante la simple mención de que hubieran de ser elegidos democráticamente, de lo que sí puede alardear el presidente venezolano.

Tampoco en Egipto ni en Pakistán —cuyos gobiernos adquieren sin dificultad armas fabricadas en EEUU— se aprecian síntomas que permitan comprobar que carezcan de cualquier veleidad autoritaria. Un somero repaso de los países que en un pasado no muy lejano han disfrutado de armas ofensivas de fabricación estadounidense —incluyendo las destinadas a la represión brutal de sus propios pueblos— incluiría destacados ejemplos de opresivas dictaduras en Chile, Argentina, Indonesia y varios gobiernos brutalmente arbitrarios de Centroamérica, durante la época más ominosa que padecieron algunos pueblos de este segmento del continente americano.

Es también sorprendente que un Gobierno, como el de Bush, que desde que invadió Iraq en el 2003 ha convertido Oriente Próximo en un complejo laberinto de problemas agravados y que ha aumentado la inestabilidad de la zona hasta extremos antes insospechados, justifique ahora la negativa a la compra venezolana basándose en que “tiene el potencial de complicar la situación”. ¿Dónde está la situación más complicada: en el Caribe o en torno al Golfo Pérsico? ¿Quién ha contribuido destacadamente a lograrlo? No ha sido Chávez, sino Bush, cuya capacidad de agravación de los conflictos —mediante la ciega aplicación de la doctrina de la guerra preventiva antiterrorista— se muestra mucho más peligrosa para la humanidad que las inocuas bravatas verbales a las que nos tiene acostumbrados el original presidente venezolano.

Por último, es de apreciar la apostilla que incluye la nota diplomática de la Embajada de EEUU en Madrid, al constatar que Washington no espera que la decisión comentada “vaya a afectar adversamente las excelentes relaciones” que tiene con el Gobierno de España. No podrá afirmar lo mismo respecto a la empresa aeronáutica EADS-CASA y a sus trabajadores, que ven esfumarse una interesante opción comercial. Esta vez, la imperial bofetada a Venezuela la ha recibido España. ¡Todo sea por la legendaria hermandad de los pueblos iberoamericanos!

(*): Responsable General de Artillería en la Reserva. Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)
(**): CCS®

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