Opinión Internacional

La frontera está que arde

La semana pasada habíamos planteado que, la guerra que el gobierno debe librar en la frontera deber ser para recuperar el territorio tomado por los diversos grupos de irregulares- FARC, ELN, FBL, crimen organizado-, y no embarcarse en un tipo de acción con “gríngolas” que sólo ve paramilitares. Y en ellos una conspiración entre el gobierno de Uribe, el imperio y los gobernadores de oposición para desestabilizar a la revolución.

Los bolivarianos están metiendo a la patria y particularmente a los estados fronterizos en un camino que puede terminar en un enfrentamiento militar con Colombia. Ahora, ¿a quién le interesa esto? Me gustaría responder que a nadie en su sano juicio. Pero en la Venezuela actual no necesariamente la lógica y la cordura están sentadas al volante.

La situación actual catalogada de pre-guerra es supremamente dañina para la frontera. La paralización del comercio son malas noticias, pero esta nueva situación podría agravar más el desempleo fronterizo, dificultar el trasiego de personas y mercancías, y aumentar la violencia.

Ahora, la tensión en la frontera escala con la detención de 100 colombianos indocumentados, acusados de ser paramilitares, en una especie de “paracachitos 2”, el envío de 15.000 guardias nacionales a la zona y la declaración de que “Colombia es una gran base yanqui”. Por esto, más allá de la preocupación de colombianos y venezolanos, las alarmas se están prendiendo en la comunidad internacional.

Los brasileños han propuesto un pacto de no-agresión entre Colombia y Venezuela. Ya no se trata de medidas de confianza mutua como las propuestas en la reunión de UNASUR. Se trata de medidas que hay que tomar cuando se está al borde de que cualquier chispa provoque una explosión, que genere una reacción en cadena.

La propuesta brasileña contradice la política de Estado de Venezuela frente Colombia, que había sido: solución bilateral a problemas bilaterales. Pero está sobre la mesa porque el gobierno bolivariano ha destruido el conjunto de mecanismos bilaterales que existían para la solución de controversias y el fomento del desarrollo binacional conjunto. No le interesa. Quizás habrá que recurrir a un tercero, sea el “sub-imperio” brasileño, España, UNASUR o la OEA, peor sería la guerra. Empero, probablemente esta oferta será rechazada porque pondría en evidencia el manejo arbitrario de la relación bilateral, a los verdaderos invasores – y aliados- y evitaría la cacería de mandatarios de oposición. Amanecerá y veremos.

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