Opinión Internacional

La hipótesis catastrofista de julio

La premisa básica es que el gobierno nacional y el partido oficialista MAS intentarán imponer a partir del dos de julio y por mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente un texto constitucional sin el consenso de los dos tercios para luego someterlo a referéndum aprobatorio en donde sí se sienten seguros de ganar por amplia mayoría.

La Asamblea nacional de los pueblos alimentada por los movimientos sociales y situados por encima de los poderes constituidos constitucionalizaría los cambios estructurales que sentarían las bases de un estado social comunitario bajo la hegemonía de la etnia aymara – quechua.

Sería el triunfo definitivo de la Revolución Democrática y cultural que patrocina el MAS y su Gobierno; que se consolidaría supuestamente por 50 años estableciendo una especie de “dictadura” sobre la base del control y el avasallamiento de los instrumentos institucionales del entramado social e institucional de “la vieja República”.

Esta estrategia de poder hegemónico tiene como instrumento privilegiado el “carisma” y la vocación caudillesca del Presidente Morales y su elevado índice de popularidad sostenido por una política de prebendalismo oficial alimentado por el rentismo exacerbado del Estado y la renta gasífera.

La elección y re-elección del caudillo indígena en la Presidencia en sucesivas consultas electorales completaría esta “utopía” social – comunitarista en pleno corazón de la América del Sur.

La mitad de los ciudadanos rechazarían esta estrategia; desacatarían la Carta Magna “trucha” aprobada al margen de la Ley, declararían estado de resistencia civil y proclamarían un Estado autonómico de hecho.

Líderes campesinos de la parte occidental del país amenazarían con marchas punitivas hacia el oriente y el sur; las Fuerzas Armadas se aprestarían a intervenir para impedir un baño de sangre entre bolivianos.

La Fuerza Armada Nacional de Venezuela, merced al cumplimiento de convenios militares bilaterales, incrementaría su presencia en territorio patrio para impedir el “derrocamiento” del Presidente Morales y de su gobierno revolucionario social-comunitario.

Los estados mayores de los ejércitos de Brasil, Argentina y Chile observarían con preocupación el curso de los acontecimientos sin desechar la hipótesis de intervención militar bajo el patrocinio de la OEA y de los cascos azules de la ONU.

Se estaría al borde de un estallido de violencia de proporciones en el pleno centro del continente.

Menos mal que ésta es sólo una hipótesis catastrofista y que tal vez, como siempre sucede en este país, las cosas tomen su curso racional cuando estemos al borde del abismo.

Quien sabe el Gobierno Nacional, el oficialista MAS y hasta el propio Presidente Evo Morales terminen, al final, aprobando una Carta Magna de consenso, y surja de la Asamblea Constituyente el diseño de país y estado democrático, plural, autonómico y moderno que la gran mayoría de bolivianos está esperando.

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