Opinión Internacional

La II Cumbre de la CELAC, una integración que se debilita

Rumbo a la integración regional latinoamericana y bajo el lema: “La lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad”, inicia hoy en la Habana, Cuba, la segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Creada en México durante la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, el 23 de febrero de 2010. La CELAC es el resultado de la convergencia de la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC) y el Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, Grupo de Río.

En la base de este proceso de integración regional está el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien en diciembre de 2008 convocó la primera Cumbre de la CALC, en Salvador, Bahía, Brasil, despertando nuevas expectativas sobre la unidad latinoamericana, la que aspiraba sellar en el Congreso de Panamá de 1826 el Libertador Simón Bolívar. El presidente Hugo Chávez, como Néstor Kirchner en Argentina y Rafael Correa en Ecuador, fueron siempre grandes animadores de esta idea de Lula.

Recordemos que en 1822, Bolívar invitó a los gobiernos de México, Perú, Chile y Argentina a formar junto con Ecuador, Bolivia, Colombia y Venezuela, una Confederación, que debió surgir del Congreso de Panamá, pero que debido a conflictos internos, disputas territoriales e intrigas, sólo asistieron representantes de la Gran Colombia, México y Centroamérica, frustrándose el sueño de una Latinoamérica unida.

La integración regional es, sin duda, un asunto de voluntad política y de interés económico de los gobiernos y empresas, lo ha demostrado la experiencia de la Unión Europea. Después de 192 años del fracaso de aquel proyecto integracionista, en Latinoamérica siguen existiendo divergencias sobre este tema, ideológicas, enemistades, conflictos y rencores ancestrales, que la obstruyen.

Ahora, en un ambiente que no está exento de conflictos internos en los países, ni libre de disputas limítrofes e intrigas, los líderes de América Latina y el Caribe se reúnen en La Habana para hablar de unidad de nuevo, con nuevas voces y en un entorno internacional incierto, debido a los efectos que pueda tener sobre las economías latinoamericanas la modificación de la política monetaria de los Estados Unidos, que sigue siendo el principal destino de las exportaciones de la mayoría de los países.

Pese a que los conflictos, las disputas y las intrigas continúan siendo parte de la vida y coexistencia de los países latinoamericanos aún. Ahí está la guerrilla en Colombia y el proceso de paz en marcha, las protestas de los estudiantes en Chile por educación gratuita, de los comuneros peruanos en contra de las mineras, de los brasileños en contra del mundial de futbol y la lucha del gobierno mexicano contra el crimen organizado. Los problemas limítrofes entre Chile y Perú, entre Bolivia, Chile y Perú por la recuperación de su acceso al mar del primero; la de Nicaragua y Colombia por la isla San Andrés o la de Nicaragua y Costa Rica por el dragado del Río San Juan, entre otras.

Mientras que las intrigas, siguen alimentadas por el enemigo de siempre, Estados Unidos, quien ve en la integración Latinoamericana un peligro a su hegemonía geopolítica en el Hemisferio Occidental. No olvidemos que el éxito de la integración de la Unión Europea, llevó a los Estados Unidos a lanzar la “Iniciativa para las Américas” el 7 de junio de 1990, de la cual surgió la Cumbre de las Américas, que con los años se ha convertido en el escenario del encuentro de dos mundos, el anglosajón y el amerindio, que parecen desconocerse pese a compartir el mismo continente. Tampoco, que en la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata, Argentina, en 2005, los Estados Unidos propusieron crear el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto al que, con el vergonzosa papel del presidente de México, los presidentes latinoamericanos le dijeron no.

Tampoco debemos omitir que, el ALCA ha tenido una resurrección la “Iniciativa Caminos a la Prosperidad en las Américas”, surgida el 28 de septiembre de 2008 en Nueva York, bajo los auspicios del departamento de Estado de los Estados Unidos y con el apoyo de Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú y la República Dominicana, buscando liberar el comercio y los flujos de inversión entres los estados miembros, bajo el disfraz de diálogo político y el interés de compartir experiencias, para promover el crecimiento inclusivo, la prosperidad y el desarrollo sostenible.

Menos aún, debemos olvidar que en abril de 2011, a iniciativa de México y con la “Declaración de Lima”, surgió la Alianza del Pacífico, en un momento en que Colombia parecía quedar aislada de Latinoamérica en julio de 2010, cuando rompió relaciones con Venezuela y Ecuador, distanciándose de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR). Chile, Colombia, México y Perú, conformaron este bloque comercial, hoy calificado de “motor del desarrollo de América Latina. Con ello, México extendió a Suramérica su propuesta de integración, encapsulada en Centroamérica con el Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica (Plan Puebla-Panamá en el gobierno de Fox), creando obstáculos a la unidad pero oxigenar al gobierno de Álvaro Uribe y haciéndole un gran favor a los Estados Unidos.

De este bloque, hoy son observadores Estados Unidos; Canadá; Guatemala; Honduras; Rep. Dominicana; El Salvador; Costa Rica; Panamá; Paraguay; Uruguay; Ecuador; Corea del Sur; Japón; Australia; Nueva Zelanda; China; España; Francia y Turquía. En total 20 países observadores, Costa Rica y Panamá próximos estados miembros. Por lo que vale la pena preguntarse, ¿quién quiere en realidad la integración de América Latina y el Caribe y quiénes están en su contra?

Hoy existen en América Latina y el Caribe diversos mecanismos regionales y subregionales de integración, tales como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC); la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI); el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA); la Comunidad Andina de Naciones (CAN); el Mercado Común del Sur (MERCOSUR); el Mercado Común Centroamericano (MCCA); el Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica; la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR); la Comunidad del Caribe (CARICOM); la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA); PETROCARIBE, entre otros.

Pero desde 2008, en el punto 4 de la Declaración de Salvador, Bahía, Brasil, que se ha mantenido en los documentos de la CELAC, los países manifestaron “…la decisión de promover la articulación y la convergencia de acciones, por medio del intercambio de experiencias y la identificación de áreas de cooperación entre los distintos mecanismos de integración, sobre la base de los principios de solidaridad, flexibilidad, pluralidad, diversidad, complementariedad de acciones y participación voluntaria en las iniciativas consideradas”, con el fin de hacer que todos estos mecanismos converjan finalmente en la CELAC, lo cual parece cada vez más difícil.

Pero al margen de las intrigas que se ciernen sobre la CELAC, se reúnen hoy en Cuba 33 jefes de Estado y de Gobierno, sin la presencia de los Estados Unidos, Canadá, España y Portugal, en un país excluido durante años de los foros internacionales y con el cual México había mantenido relaciones diplomáticas intachable, hasta la llegada del presidente Vicente Fox a la presidencia, donde la deuda de Cuba se volvió la clave del conflicto y los derechos humanos. Las relaciones se enfriaron entres estos dos países, finalmente llegó a México un nuevo gobierno y de una deuda de US$478 millones, le condonó el 70% en noviembre pasado.

A un mes de que se realice la Cumbre de Líderes de América del Norte, entre Canadá, Estados Unidos y México, el presidente Enrique Peña Nieto se encuentra en condiciones de acudir a esa Cumbre, fortalecido por su posición en la Cumbre de la CELAC o debilitado por haber carecido de liderazgo para avanzar en la profundización de un proceso de integración, del que pareciera que México no desea materializar, sino dilatar su avance, en beneficio de la Alianza del Pacífico o de Caminos para la Prosperidad; esperando que un día los Estados Unidos y Canadá quieran formar un Mercado Económico Común.

 

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