Opinión Internacional

La nueva revolución cubana

Todo pareciera indicar que el nuevo responsable del gobierno cubano, Raúl Castro, está dispuesto a crear un nuevo escenario para el país. ¿Es realmente un proceso de apertura? ¿Son medidas con la finalidad de tranquilizar a la población ante la ausencia del gran líder? Quizás se estén preguntando los integrantes del gobierno: ¿Podemos mantener la revolución cubana hoy?

Por lo pronto, las noticias provenientes de Cuba hablan sobre el acceso de la población a comprar ordenadores, reproductores DVD, electrodomésticos, celulares, materiales para la agricultura… incluso, ya pueden tener acceso a los hoteles y sitios claves turísticos. Algunos se dirán: ¡Eso no ocurre en Cuba! Pero, sí ocurre. Pasaron algunos años para que el gobierno de Cuba “abriera la mano” socialista al pueblo. Antes, todos estos privilegios –como en otros sistemas-, solamente estaban destinados para quienes integraban y eran parte del poder. ¿Qué ha cambiado en Cuba para que exista esta apertura?

Hay quienes mantienen que en Cuba todavía no ha pasado nada, porque las estructuras de poder siguen queriendo mantener los esquemas, con los cuales, la revolución cubana triunfó. Planteamiento que en su momento, probablemente, fueran los más adecuados; sin embargo, actualmente, carecen de sentido básico en sociedades democráticas.

La pobreza, ayudada por el embargo ilógico norteamericano, es lo que ha mantenido la revolución cubana en los últimos años. La baja calidad de vida de la sociedad cubana, como la presente en otras sociedades latinoamericanas, es precisamente la que permite el mantenimiento de sistemas opresores, tan perjudiciales como el capitalismo o la globalización, cuando se radicalizan. La falta de una educación integral, fundamentada en valores democráticos, es difícil de conseguir cuando la pobreza se negocia como arma política para alcanzar los recursos básicos. Por otra parte, la estrategia política de los gobiernos norteamericanos ha mantenido estos sistemas, y a la vez, contribuido a generar nuevos patrones populistas, totalitarios y dictatoriales.

Hace falta una generación de jóvenes latinoamericanos con un esquema más inteligente, y actual, de lucha política que permita fundar las bases de un futuro más democrático. Eso sí, cada país debe ser protagonista de su historia y de su destino; pero, no se puede guardar silencio ante aquellos atropellos a los principios básicos de convivencia humana.

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