Opinión Internacional

México: Zapatistas, Autonomía y Democracia

Un ¡Ya Basta! de Dignidad

La población mexicana está compuesta por 90 millones de habitantes, de ellos cerca de 10 millones son indígenas, descendientes de los primeros moradores de este territorio, al sur de los Estados Unidos. Sin embargo, en el «México imaginario», estos hombres y mujeres no existen fuera de los museos y de las rutas arqueológicas. Desde que fueron despojados de sus territorios, sin derechos y condenados al olvido, el indígena de carne y hueso, el hombre y la mujer, empezaron a caminar por la historia mexicana siempre detrás, con la mirada en el suelo, apenas visibles. La historia oficial les buscó un sitio donde ubicarlos y sólo allí fueron reconocidos. Con el tiempo se convirtieron en un voto más para el partido de Estado, mientras tanto sus hijos morían de hambre, miseria y dolor. Sin escuelas, ni hospitales. De pueblos originarios portadores de una rica y profunda cultura pasaron a ser los más pobres, los sin nombre, los sin rostro.

Sólo la terca y tierna pasión por la vida, hizo posible que diversas etnias lograran sobrevivir ante tanta adversidad. Y sólo después de quinientos años, en el ocaso del siglo XX, cuando México se declaraba un país moderno, firmando el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, un grupo de alzados, indígenas y campesinos, del sureste mexicano unieron sus voces para gritar un ¡Ya Basta! de Dignidad. Indígenas tzeltales, tojolabales, tzotziles, mames y Choles, recuperaron su rostro debajo del pasamontañas. Diez años antes se renombraron en la selva, en las cañadas, en los altos de Chiapas: Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Su nombre tuvo eco en el mundo entero.

Antiguas demandas

El camino de lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas, en México, se empezó a construir mucho antes. Prueba de esto es el Primer Congreso Nacional Indígena, realizado en octubre de 1975, que acogió a numerosas comunidades indígenas mexicanas que encontraron en este congreso un espacio para manifestar sus exigencias de respeto a la autodeterminación de las comunidades indígenas que ellos y ellas representaban.

Al llegar 1978 los Consejos Supremos de indígenas Otomí, Mazahua, Matlalzinca, y Tlahuica pidieron el reconocimiento legal, y no sólo de palabra, de la diversidad étnica y del pluralismo cultural de la tierra mexicana representado y vivo en los pueblos indígenas.

Para el Quinto Centenario de la conquista española en América, miles de indígenas llegaron a San Cristóbal de Las Casas, vistiendo, algunos de ellos, sus trajes típicos. Con arcos y flechas en las manos. Discursos y gritos en contra de la celebración y por la falta de derechos de los pueblos indios, se confundieron con los discursos oficiales, en un 12 de octubre inolvidable. En un acto de rebeldía y anunciación, los indígenas destruyeron la estatua de Diego de Mazariegos, fundador de la ciudad. El EZLN hacía su primera aparición en público y se retiró del lugar sin que nadie lo supiera. El desprecio racista por los indígenas sólo pudo ver a unos cuantos indios bárbaros y sin razón.

Estas y otras acciones revelaban antiguas demandas de los pueblos indígenas en México, cuyo proceso de lucha se sintetiza en iniciativas de ley, resolutivos de foros, congresos, comunicados y declaraciones políticas que pretendían recobrar el lugar que por derecho les corresponde. En todas ellas se pide una nueva relación entre los pueblos indígenas, sus organizaciones y el Estado nacional. Pero es a partir del levantamiento zapatista que estas voces encuentran oídos en la sociedad mexicana porque además plantean la posibilidad de aunar esfuerzos para avanzar hacia una reforma del Estado, pero desde abajo.

Un diálogo de carácter nacional

El ¡Ya Basta! del EZLN pone en evidencia el movimiento indígena en México y lo reviste de una nueva forma de hacer política

En enero de 1996 ellos convocaron a la realización de un Foro Nacional Indígena que se realizó en San Cristóbal de Las Casas. Actualmente los documentos finales de este foro conforman junto con los Acuerdos de San Andrés el programa de lucha de los pueblos indígenas de México.

Estos documentos hablan de problemas locales y comunitarios. En donde la autonomía es la demanda central que resume el espíritu que rige todas las propuestas presentadas en el foro. Se pide el reconocimiento político y jurídico de los pueblos indios. Desde lo comunitario hasta lo regional en la que cada pueblo tenga acceso al territorio, al autogobierno, al ejercicio pleno de sus sistemas jurídicos, al desarrollo económico, a la administración de fondos públicos en forma autónoma, con el fin de favorecer la educación y la salud de modo que estas demandas puedan ser satisfactoriamente atendidas, sin afectar las formas propias de vida social y cultural de las comunidades indígenas.

Uno de los elementos más relevantes, contemplado en las demandas de autonomía, tiene relación con el asunto de la tenencia de la tierra, de profunda importancia para los zapatistas y para todos los campesinos-indígenas de México. En este sentido se pide una reforma al articulo 27 de la Constitución mexicana referido a la propiedad de la tierra por parte de la Nación. La autonomía Zapatista exige que se rescate el espíritu original de este artículo resumido en dos demandas básicas: “La tierra es para quien la trabaja” y “Tierra y libertad”, impulsada por el caudillo revolucionario Emiliano Zapata y abolida por el gobierno de Salinas de Gortari en 1994.

Los Diálogos de San Andrés, en febrero de 1996, impulsados por el EZLN, y que dan vida a los Acuerdos de San Andrés, son el origen de uno de los documentos más importantes de la última parte de la historia mexicana en la que se abordan Los Derechos y Cultura Indígena. Sin embargo, para el EZLN, la lucha de los pueblos indios no termina con el cumplimiento de estos acuerdos ni con la autonomía indígena por si sola, ya que ésta autonomía no es suficiente para derrotar al régimen imperante por más de 70 años en el partido de la revolución institucional, el PRI. La autonomía, la independencia y la libertad de todo el pueblo mexicano, es lo que impulsa el movimiento zapatista.

Un hecho significativo es que Los Acuerdos de San Andrés contienen un consenso amplio de representantes sociales del movimiento nacional indígena independiente y diversas organizaciones y personas convocadas por el EZLN para que dieran su opinión en los diálogos. Es así como desde varios lugares del país el gobierno escuchó las voces que lo convocaban a cumplir los compromisos que se convirtieron en plataforma de lucha para los pueblos indios y para toda la sociedad mexicana.

El diálogo que formalmente debía ser entre dos partes: el gobierno y el EZLN, y remitida sólo a los aspectos relativos al estado de Chiapas, se convirtió en una comunicación abierta, participativa e incluyente. Intelectuales, activistas del movimiento indígena nacional, medios de comunicación democráticos, hombres y mujeres que trajeron a las mesas de trabajo el pensamiento y la palabra desde toda la geografía mexicana, dejó en evidencia que aún cuando el EZLN es una fuerza rebelde de representación armada, su principal preocupación es abrir espacios que incluyan a la sociedad civil en su conjunto, en una negociación que busca la democracia, la justicia y la dignidad para todos. El EZLN es un ejército mayoritariamente indígena, pero de ninguna manera se considera la vanguardia del movimiento indígena por lo tanto, en las mesas de diálogo no impuso sus concepciones sobre los temas de autonomía, por el contrario incluyó todas las demandas, enriqueciendo las suyas. El diálogo de San Andrés se transformó en un diálogo de carácter nacional, donde las propuestas enviadas a las cámaras legislativas para que se convirtieran en reformas constitucionales, fueron hechas con toda la sociedad mexicana. El gobierno aceptó en su totalidad la autonomía de los pueblos indígenas.

Sin embargo, a la hora de dar cumplimiento a las propuestas de reformas Constitucionales en materia de derechos de los pueblos indígenas, estas fueron cambiadas, desconociendo lo que antes se aceptó y anulando el verdadero espíritu de los Acuerdos de San Andrés

Ante el desconocimiento de la palabra firmada, los indígenas zapatistas deciden hacer realidad su autonomía creando los Municipios Autónomos, practicando de hecho lo que por derecho se les niega.

Autonomía zapatista: una larga noche de resistencia

La Autonomía zapatista no se limita al municipio y está por sobre la idea de autogobierno. No se trata de elegir o destituir a sus a sus representantes, se trata de decidir sobre el futuro de los pueblos: ”Una sociedad autónoma, de hombres y mujeres que autónomamente puedan decidir el destino de sus vidas”, terminando con la subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los indígenas, propuesta central de los Acuerdos de San Andrés.

La autonomía zapatista también considera a las mujeres, las tres veces explotadas, por ser mujeres, indígenas y pobres. Dentro de las comunidades tienen acceso a recursos que administran y manejan ellas mismas. Mediante sus tiendas de cooperativas de artesanías tienen la posibilidad económica para emprender por si mismas proyectos productivos que ayuden al sostenimiento de sus hijos y al mejoramiento de su calidad de vida.

La autonomía zapatista y su lucha por su reconocimiento no es una lucha que busca enfrentar a hermano contra hermano, ni mucho menos pretende una separación del país. Lo que busca es contribuir en la creación de una unidad profunda entre mexicanos y mexicanas, una unidad que consolide la soberanía nacional, asumiendo la diversidad de todos los pueblos que forman México, como base para vivir en armonía.

No piden que se les otorgue la autonomía, piden que se reconozca que la han tenido y la seguirán teniendo. Nadie puede otorgarles la capacidad de ser ellos mismos, de mandar en sus pensamientos y hacerlos realidad conforme a su visión del mundo. La autonomía para los zapatistas es parte de una larga noche de resistencia.

En el Estado de Chiapas existen 111 municipios oficiales creados para imponer divisiones políticas y territoriales con el objetivo de fragmentar y controlar a la población indígena, pero ellos han sido capaces de recuperar y transformar sus comunidades, sintiendo que ahí y solo ahí se pueden realizar como indígenas, haciendo valer sus derechos y su cultura. La autonomía les ha permitido ampliar y consolidar lo que ya tenían.

Los indígenas zapatistas levantan la bandera de la autonomía para decir que todavía siguen existiendo, a pesar de que estaban condenados al olvido, y que “sólo eran un número más en la cuenta del gran capital”. Su autonomía dice que son pueblos, no etnias o poblaciones, que hablan un idioma y no dialectos y que como pueblos, como hombres y mujeres tienen derechos individuales y colectivos que deben ser respetados.

Para los zapatistas la autonomía es la base de una sociedad democrática, verdaderamente incluyente, cuya principal preocupación es no reproducir formas de marginación de la que ellos han sido la principal víctima.

Mandar obedeciendo

El ejercicio del Poder como servicio, es lo que define al gobierno dentro de los Municipios Autónomos. Según los ancianos, la autoridad debe ser servidora, debe ser el padre y la madre del pueblo y cuando una autoridad ya no es servidora es que ya no lleva el pensamiento del pueblo en su mente. Un servidor debe llevar a su pueblo, a las personas, a la comunidad, en su cabeza y en su corazón.

En asambleas comunitarias y públicas se toman las decisiones que afectan al pueblo y en esta instancia se nombran a las autoridades internas. Los consejos autónomos administran la educación, la salud, e imparten la justicia, teniendo en cuenta la manera ancestral de organización y desarrollo.

La participación en las asambleas, es a base de un modelo circular, con liderazgo colectivo, donde se manda obedeciendo, asegurando así el real ejercicio de la democracia.

Un mundo en que caben todos los mundos

En los Municipios Autónomos, la tierra es patrimonio familiar y no sólo del hombre o de la mujer. La educación es bilingüe e intercultural. Se trata de una educación concientizadora que promueve la liberación de hombres y mujeres y rescata la historia y usos y costumbres de raíz indígena. Los maestros y maestras pertenecen a las mismas comunidades.

Históricamente la venta de alcohol ha sido uno de los problemas más sentidos en las comunidades indígenas por los daños individuales, familiares, económicos y sociales que representa. En los Municipios autónomos no se expenden licencias de venta de alcohol a menos que las comunidades lo quieran por propio consentimiento. Por razones obvias las mujeres y sus hijos son los más felices con esta medida.

Existen cinco Aguascalientes en diferentes puntos del territorio zapatista que se han creado para dar cabida a las acciones culturales autónomas, fortaleciendo en estos espacios los vínculos con el resto de la sociedad mexicana y del mundo. Hasta estos lugares han llegado, cruzando las fronteras reales y las imaginarias, cientos de hombres y mujeres de diversos colores y razas que cruzando los cercos migratorios y militares logran penetrar hasta el corazón de los rebeldes y sus bases de apoyo. El nombre de Aguascalientes para estos territorios fue tomado del encuentro entre Zapata, Villa y Carranza, los tres héroes de la revolución mexicana, en la ciudad de Aguascalientes al norte de la república, en 1914. Ellos eligieron esa ciudad para dialogar y tomar acuerdos basados en la unidad.

Los Municipios autónomos son una representación de un mundo en que caben todos los mundos, sin necesidad de destruir a los otros y sin dominarlos, decía en una oportunidad el Comandante David, indígena Tzotzil de la zona de Los Altos de Chiapas.

Demasiada osadía

A más de cuatro años de la firma de los Acuerdos de San Andrés, el gobierno desconoce lo pactado, desconoce sus compromisos y desconoce las propuestas que firmó con el EZLN para garantizar una nueva relación entre los pueblos indígenas del país, la sociedad y el Estado.

A cambio ha escrito una larga lista de agravios y violaciones, de las cuales algunos han estremecido a la humanidad. La masacre de 45 indígenas, en su mayoría mujeres y niños, en la comunidad de Acteal en 1997. Un crimen que hasta la fecha se mantiene en la impunidad. Más de 20 mil desplazados de sus tierras y sus hogares, de ellos 8 mil viven en un campo de refugiados en condiciones de extrema pobreza, sobreviviendo de la solidaridad internacional, rodeados por el Ejército mexicano, en estado de alerta permanente, sin posibilidad de regresar a sus lugares de origen.

Los grupos paramilitares se fortalecen día a día, al amparo del Ejército mexicano, entrenados en sus cuarteles, pagadas sus hazañas con prostitución y alcohol. La libertad de tránsito de las 1111 comunidades en resistencia se ve afectada por los retenes paramilitares que en complicidad con la policía y el Ejército detienen, interrogan y hostigan a todo el que tenga cara de zapatista, o sea a todos los indígenas.

A la fecha y con todo en contra, existen 38 Municipios Autónomos, demasiada osadía que hay que castigar. Por eso en 1998 los operativos policiacos –militares en contra de los Municipios Autónomos se caracterizaron por el uso extremo de la violencia en contra de la población civil. Saqueos de casas, profanación de ermitas, destrucción y robo de tiendas comunitarias. En Junio de ese año, 8 indígenas muertos en un falso enfrentamiento, fueron devueltos con sus vientres abiertos y con sus cuerpos en avanzado estado de descomposición, ante la mirada de cientos de hombres y mujeres que puño en alto gritaban que,- podrán matarnos a todos, pero nosotros no daremos ni un paso atrás.

Ante la violencia del Poder que mira a los indígenas como ciudadanos de segunda clase, el EZLN ha contestado con numerosas manifestaciones de que la única opción posible para ellos es el diálogo, y que “el diálogo es bueno si son buenos los corazones que hablan”. En marzo de 1999 más de cinco mil hombres y mujeres, algunas de ellas con sus hijos colgando en sus espaldas, salieron de todos los Municipios rebeldes, rompiendo los cercos militares en silencio. Sin decir una sola palabra ellos y ellas hablaron de Dignidad.

El próximo dos de julio habrá elecciones presidenciales en México. Los resultados se ven inciertos ante tanta palabra que promete, unos “El Poder que sirva a la gente”, otros “La alternancia del Poder”. Mientras tanto para los zapatistas que no quieren el Poder, sino “transformar el Poder”, los últimos meses de un gobierno, que es el responsable del incumplimiento de un pacto que aseguraba avanzar hacia un México más democrático, son utilizados desesperadamente para arremeter en contra de sus comunidades. En las últimas semanas arribó a Chiapas un numeroso destacamento de Policía especial con la amenaza de entrar a los principales zonas zapatistas, teniendo como excusa cualquier argumento que les permita esconder sus verdaderos intereses. Los retenes militares han redoblado sus guardias. Cada día las comunidades indígenas rebeldes reportan los hostigamientos a los que son sometidos. Sobrevuelos de aviones militares, soldados en las veredas y caminos. Amenazas de desalojos, detenciones arbitrarias.

¿Qué esperan?, ¿qué podemos esperar nosotros?. No se sabe, pero mientras tanto los zapatistas, cuya alma y corazón está en sus bases de apoyo, siguen resistiendo, esperando que llegue a su fin la larga noche.

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