Opinión Internacional

ParaPolítica y ParaEstado

Las dimensiones del documento consagrado en Santa Fe de Ralito por paramilitares y políticos, controvierten literalmente las reducciones y alcances anecdóticos que ha querido darle el ministro del interior y de justicia así como algunos comentaristas y políticos. El contexto de la firma responde a la evidente influencia y predominio territorial del paramilitarismo en Córdoba, Sucre, y corredores estratégicos como el Urabá antioqueño, la Costa Pacífica y el Norte del Valle. La capacidad de exterminio y la creación de condiciones apropiadas para desplazar forzosamente a los propietarios campesinos, se realizaba en paralelo con la proyección de lograr un reconocimiento político de inmensas proporciones. De modo que el documento y las firmas de Ralito, contrario a ser piezas residuales para la Corte, son reveladoras evidencias de una estructura cuasi estatal. La declaración suscrita contiene una poderosa hermenéutica constitucional como medio expresivo de sus conquistas en la guerra.

Las investigaciones académicas sobre la influencia territorial y el cogobierno paramilitar en la Costa Atlántica, Antioquia, Santander y el Valle del Cauca, han estado bien documentadas (Téllez, 2006, Duncan, 2006, Estrada, 2004, Salazar- Castillo 2003, Echandía 2006). Durante la década del noventa y después del 2001, el proyecto paramilitar logró relacionar consistentemente una economía del conflicto con fuentes del narcotráfico y extracciones financieras por contratos, boleteo y extorsión en el ámbito de los gobiernos locales. Las condiciones estaban dadas para establecer el siguiente paso. Aunque no fue un paso, sino un salto. El más importante salto cualitativo: «refundar la patria y firmar un nuevo contrato social». Ante gobiernos tan fracasados como el de Samper y Pastrana, el ambiente patriótico y el lenguaje contractualista de la derecha venía como anillo al dedo. Si el cogobierno de orden local estaba dando resultados, ¿Porqué no contribuir con los sueños de una Nación depurada de guerrilleros, sindicalistas, campesinos e intelectuales de izquierda?

Del proyecto original de autodefensas quedaban sólo recuerdos. Lo que se consolidó fue un mapa de poder regional en cabeza de señores de la guerra. Una superestructura de ejércitos privados que operaban en abierta alianza con tropas regulares del ejército. Castaño realizaba, entretanto, esfuerzos para mostrarse ante los medios como una víctima en dos frentes. Víctima de incomprensión porque la nación no le agradecía sus sacrificios y víctima de algunos frentes paramilitares que no se sometían al proyecto unificado en contra de la filtración del narcotráfico. En realidad negociaba su entrega a los Estados Unidos. Pero otros derroteros planteaban Vicente Castaño, su hermano y don Salvatore Mancuso. Con el enorme poderío económico del narcotráfico y las redes de influencia política dentro de los gobiernos locales, la dirección de la causa paramilitar tendría que legitimarse como un proyecto de Estado – Nación.

¿Absurdo bajo las condiciones políticas de la campaña presidencial del año 2002? De ningún modo, por el contrario, completamente coherente con los discursos predominantes. Porque deberíamos recordar que esta campaña estuvo marcada por ideales de reconstruir la nación sobre nuevos fundamentos. Lejos de procesos de negociación fracasados como el de las Farc. Devolver a los empresarios y ganaderos la seguridad para retornar a sus fincas y darles tranquilidad a los inversionistas para que retornaran los capitales del extranjero. Una nación bajo condiciones de anomia generalizada requería la reconquista de los principios de autoridad y orden. Con este trasfondo, los políticos y testaferros de Córdoba no tuvieron mayores dificultades en respaldar la empresa del paramilitarismo.

Siendo esta la naturaleza del contexto que rodeaba el documento de Santa Fe de Ralito, la dimensión y el alcance del mismo debería replantearse. Porque estamos lejos de un documento de buenas intenciones. Si jurídicamente la Corte estima menores los efectos del documento, políticamente los hechos sí fueron demasiado graves.

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