Opinión Internacional

Portillo debe renunciar

Es indignante para el país y para el futuro democrático peruano que la incompetencia de la ONPE haya derrumbado del todo la credibilidad del sistema electoral.

La prensa independiente y las misiones observadoras, el país y la comunidad internacional han sido testigos de la insólita e indignante conducta de funcionarios que, encabezados por el ingeniero José Portillo Campbell, incumplen con ineptitud flagrante el mandato legal de dar las más plenas garantías para el libre ejercicio de la voluntad popular.

Son reveladoras, al efecto, las declaraciones del jefe de la misión de la OEA, Eduardo Stein, respecto de las fallas profundas de la organización electoral. En relación con esto mismo, ha añadido su sorpresa y malestar porque ayer se suspendiera el conteo oficial, debido al «agotamiento» de los digitadores de la ONPE.

Entre tanto, los pronunciamientos del Departamento de Estado de EE.UU., así como del embajador Hamilton y los representantes diplomáticos de varios países europeos, apuntan en el mismo sentido y expresan preocupación por lo que está pasando.

A su turno, el candidato de Perú Posible, doctor Alejandro Toledo, ha hecho un anuncio preocupante respecto a que su agrupación y el resto del bloque opositor, no reconocerá los resultados que anuncie la ONPE.

En efecto, ¿cómo se puede confiar en la ONPE cuando en el mismo día de las elecciones recién se instalaba el cableado para aislar la red y los sistemas computarizados adolecían de severas fallas, mientras los simulacros arrojaban resultados equivocados?

Todo eso es grave pero hay más. La ONPE ha mantenido una indiferencia sospechosa ante las denuncias de irregularidades previas en Chachapoyas y otras áreas; ante las cédulas mutiladas en Chiclayo y en Lima, que perjudicaban al candidato de Perú Posible; ante la masiva presencia de soldados y policías que, en algunos lugares, extralimitaron sus funciones; y ante la abierta propaganda oficialista en algunos centros de votación, entre otras cosas.

Si el ingeniero Portillo dice ser independiente, ¿por qué acepta todas estas irregularidades mansamente y contesta con evasivas?

Las cosas hay que decirlas con claridad: fue patética la presentación del jefe de la ONPE ante la prensa nacional y extranjera el domingo. Contrariamente a su obligación y su compromiso previo, lo que dio a conocer esa noche no fueron resultados completos, sino sólo de unas cuantas localidades y mesas. Y, hasta ayer en la noche, recién se había hecho el cómputo del 55 % de las mesas, pese a que en elecciones anteriores curiosamente sí cumplió con el escrutinio inmediato y a las 24 horas ya había un porcentaje suficiente como para no tener dudas.

Entre tanto, ¿por qué no permitió que los observadores y personeros fiscalizaran el proceso de digitación electrónica de los resultados? ¿Qué explicación da al hecho de haber ordenado un recuento interno (llamado auditoría), cuando previamente se estableció que no habría conteo rápido?

Esto es mucho más grave porque la ONPE, contradiciendo su publicitada modernidad, no cuenta -hasta donde señalan expertos como los de Transparencia y la OEA- con un sistema de cómputo fiable y suficientemente seguro, como para que no sea infiltrado y manipulado desde centros informáticos ajenos al sistema electoral.

La pésima percepción de la gestión del señor Portillo no es nueva. Fue asaz cuestionable su intervención en el caso de las denuncia de firmas falsificadas para inscribir el movimiento oficialista Perú 2000, a pesar de que en el caso estaban involucrados varios empleados de su entidad. Sólo ante la presión de la prensa y de la ciudadanía se inició una investigación administrativa, cuyos resultados han sido completamente insatisfactorios. ¿Podría, en estas condiciones, darse las debidas garantías para una segunda vuelta?

Así pues, a Portillo sólo le queda el camino de la renuncia. El funcionario señala que él «no puede renunciar mientras se desarrolle el proceso electoral». Pero el artículo 10 de la Ley 26487, que regula la entidad, es aplicable: «… el cargo de jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales es irrenunciable durante el proceso electoral de referéndum u otro tipo de consulta popular, salvo que sobrevenga impedimento debidamente fundamentado».

En esto está el quid del asunto: ¿qué más impedimento que la reiteración de graves faltas como las mencionadas líneas arriba? Es más, según el artículo 8 de la misma ley, «…se considera falta grave, a título enunciativo mas no limitativo, la comisión de actos que comprometan la dignidad del cargo o lo desmerezca en el concepto público». La ley es clara y debe cumplirse. Por el bien del país y del sistema electoral, Portillo debe renunciar.

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