Opinión Internacional

Tiros en el pie

“Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

Thomas Fuller

En realidad, ya lo había hecho la propia Presidente cuanto, en Rosario, moduló para sus aplaudidores su grito de guerra. “¡Vamos por todo!”.

Eso es, precisamente, lo que hará doña Cristina cuando, sin lugar a dudas o a discusiones, la escribanía en que los Kirchner han transformado al Poder Legislativo lo convierta en ley, otorgando a la Presidente “en comisión” de la autoridad monetaria tan amplias facultades que le permitirá resolver cuál es el nivel “óptimo” de reservas internacionales (dólares en caja) y como “orientar” el crédito.

A pesar de lo reiterativo, debo recordar que, cuando don Néstor (q.e.p.d.) prohibió las exportaciones de carne, escupió al Cielo con tan poca fuerza que cayó sobre su propia cabeza y la de su sucesora. La Argentina perdió doce millones de cabezas de ganado, cincuenta y ocho mercados para su producto y la escasez hizo subir los precios del principal insumo de la “mesa de los argentinos” a niveles tales que inviabilizaron su compra para los más humildes, haciendo que el consumo cayera de setenta a cincuenta y cinco kilogramos por habitante y por año. Fue un verdadero tiro en el pie.

Otro fue el genial programa que don De Vido –muy solidario y aplaudidor de don Schiavi, después de echarlo- implementó, por orden de don Néstor (q.e.p.d.) en materia de combustibles y de energía. Con el propósito de debilitar a las empresas que actuaban en la Argentina y permitir que los nuevos “amigo-socios” nac&pop entraran a saco en ellas, congeló las tarifas de tal modo que las transformó en ruinosas, se dejó de explorar y de producir, se perdió el autoabastecimiento de petróleo y hoy, con valores internacionales quintuplicados, nos ha condenado a ser netamente importadores.

¿Qué otra explicación que un brutal negociado cabe dar a una operación que implica que la Argentina importe un gasoil más contaminante y más caro que el que produce y exporta?

Allí, aunque por supuesto no lo diga, está el problema de la falta de inversión en infraestructura que la Presidente adjudicó a la necesidad de pagar el Boden 2012, emitido para indemnizar a los afectados por el “corralito” de 2002; la señora de Kirchner, como tantas otras veces, mintió a la sociedad en general y al Congreso en particular, porque omitió decir que el 50% de esos bonos fueron emitidos por su marido para permitir “pagar” al papagayo caribeño Chávez por las importaciones de ese gasoil, que Venezuela no produce, permitiendo la realización, por la existencia de doble mercado en ese país, de uno de los mayores “negocios” financieros de este des-gobierno.

Dadas las dificultades que presenta el escenario externo, por la autoimpuesta necesidad de pagar la deuda y de importar cada vez más combustibles –gas licuado, en este caso- doña Cristina, tan ignorante de las leyes económicas, no tuvo mejor idea que encomendar a Patotín levantar un “muro de Berlín” que impidiera, al menos en teoría, que los dólares aumenten de precio y, además, se fuguen del sistema. Es cierto que, si el ritmo de esa fuga continuaba superando los veinte mil millones anuales, el panorama se convertiría, automáticamente, en insoportablemente explosivo; pero no lo es menos que, como todos sabemos, las restricciones impuestas por don Moreno están paralizando, día a día, a nuevas industrias, que dependen en gran medida de insumos importados que no pueden comprar por no poder pagarlos.

Es decir que, para evitar grandes movimientos cambiarios, se están perdiendo innumerables puestos de trabajo y reduciendo el consumo a fuerza de medidas tan, pero tan cortoplacistas que no aportan solución alguna y sólo más tensión a una economía tan complicada como la nuestra. Menudo tiro se está pegando el Gobierno en el pie.

A los problemas de arrastre que tenía la relación con la CGT y, particularmente, con don Camión Moyano, el Gobierno le ha sumado un frente más complicado aún. Los exabruptos de la señora Presidente contra los maestros ha generado aún más malestar que el problema de los salarios; muchos de ellos han tomado esos agravios como algo personal, y harán tronar el escarmiento, pese a que ello implique dejar a montones de chicos sin clases y, por ende, con una peor educación.

Si el Ministro Sileone, que no paga a un solo maestro en el país pero que encabeza una paritaria nacional, acepta el reclamo del magisterio, abrirá un frente de tormenta aún mayor en las negociaciones salariales de los demás gremios, especialmente con ATE, de consecuencias previsibles para la inflación y, si no acuerda, seguirán las huelgas. Tal como todos preveíamos, después de años de ganarle con los aumentos reales que obtenían, ningún dirigente gremial pondrá su firma en un acta-acuerdo que implique una caída en el salario real y, menos aún, después del aumento escandaloso en las dietas de los legisladores nacionales.

Con el tema del Banco Central sucederá lo mismo. Digo esto porque, saqueando el fondo de la lata de las reservas para pagar la deuda externa y las crecientes –en cantidad y en precios- importaciones de combustibles, dejará sin respaldo alguno a nuestra moneda nacional; si a ello le sumamos que, para seguir alimentando el “modelo” populista, mantener los subsidios (como ratificó De Vido esta misma semana) y “orientar” el crédito, doña Marcó del Pont hará trabajar horas extras a la maquinita de imprimir pesos, tendremos un panorama monetario que, por repetido, no dejará de producir una explosión, traducida en una fuga mayor de capitales, una marcada diferenciación entre los tipos de cambio oficial y “libre” (nada, gracias a Patotín y sus medidas policiales) y, cuando la sociedad tome conocimiento del vaciamiento, hasta una corrida bancaria.

El Gobierno ha decidido mantener el rumbo, a pesar de saber que chocará indefectiblemente la calesita, para intentar ganar las elecciones legislativas de 2013 que, siguiendo una inveterada costumbre y si el panorama aparece como complicado, hasta podría adelantar. Si triunfa en su empeño, reforzando con ello sus mayorías parlamentarias, podrá soñar seriamente con la reelección en 2015. Pero, para octubre del año próximo, los efectos del nuevo tiro en el pie –derivados de la reforma de la Carta del BCRA- convertirán a ese eventual nuevo mandato en un infierno.

El asesinato de las cincuenta y una personas por parte del Gobierno y de TBA (circula por la red un curioso y anónimo mail que atribuye la propiedad de la mayoría de esta empresa a los propios Kirchner y la amenaza de Cirigliano de exponer esa situación y sus derivaciones crematísticas en caso de ver complicado su panorama judicial) no cesa de repercutir sobre la imagen presidencial, en especial después del vergonzoso acto de reemplazo del Secretario de Transportes, que se transformó en una gravísima ofensa a la sociedad en su conjunto y, en especial, a los deudos de las víctimas del crimen. Este es otro, y no el menos grave, tiro en el pie que el Gobierno se ha autoinfligido, lo cual se comprobará con el próximo “accidente” que, si todo sigue igual, don De Vido volverá a atribuir a décadas ajenas omitiendo, por supuesto, la de los Kirchner, que tantos recursos hubieran podido volcar a la infraestructura.

Para achicar el gasto y no cargar con la responsabilidad política de aumentar las tarifas, el Gobierno intenta un novedoso camino, que viola una vez más la Constitución Nacional: pretende imponer a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante una ley del Congreso, la aceptación del explosivo sistema de transportes dentro de su radio geográfico, pese a que su utilización por habitantes del Conurbano que ingresan diariamente a la capital duplica a la población de ésta. El diferendo planteado por la férrea voluntad de no transferir los recursos necesarios para las inversiones y el mantenimiento que los Kirchner prometieron a lo largo de estos nueve años de vacas gordas y que nunca cumplieron, debe ser sometido a la decisión de la Corte Suprema, y no de una escribanía legislativa.

Esto nos lleva al discurso que pronunció don Lorenzetti en la tardía apertura del año judicial. Después de anunciar que hablaría de los grandes problemas que exceden al Poder Judicial, trazó a grandes rasgos políticas que, si fueran defendidas por el Tribunal supremo, permitirían conservar esperanzas sobre el futuro de la República. Su mejor frase, “nadie puede ser perseguido, desde el poder, por pensar distinto”, recibió una tan fuerte reprimenda de doña Cristina que lo obligó a recular en chancletas, pretendiendo que sólo se había referido a los procesos militares.

Con ello, el Presidente de la Corte volvió a ser quien es, es decir, un mero calienta-sillón, dispuesto a tolerar que, desde el Ejecutivo, se desconozcan impunemente las sentencias del alto Tribunal y, peor aún, confeso firmante, con el resto de los poderes del Estado, de unas arbitrarias y anticonstitucionales “políticas de Estado” en materia de juicios penales. ¡Sólo le faltó aplaudir, él también, la designación de don Baltasar Garzón como asesor del Congreso!

Para concluir, un breve párrafo referido a nuestro inimitable Vicepresidente, don Guitarrita Boudou, ya que este affaire, después de la cerrada e increíble defensa que hizo el Gobierno por orden de la señora Presidente, se convertirá, Dres. Rafecas y Delgado mediante, en un nuevo tiro en el pie.

Es que nadie, propio e extraño, entiende cuáles fueron las razones que llevaron a doña Cristina a elegir como compañero de fórmula a este payador desafinado; si los trascendidos tienen algo de verdad –y los “boudou-truchos” arrojados por las barras oficialistas en el Congreso dicen que es así- su nombre era resistido por pesos pesados del entorno: el niño Máximo, La Cámpora (curioso, hoy se cumplen 39 años del triunfo electoral de quien da su nombre a este colectivo de pseudo progres ricos como Creso), Patotín, don De Vido, don Randazzo y muchos más; sin embargo, Ella obligó a todos a aceptar el acto contra natura y hoy se ve obligada a pagar las merecidas consecuencias, dado que estamos frente a un gobierno en el cual nadie hace o dice nada sin permiso.

Tengo la sensación –justificada por la historia internacional- que la ciudadanía, asustada por las tormentas que comienzan a verse sobre el horizonte económico, está comenzando a interesarse –al menos, a enterarse- por los escándalos de corrupción en el seno del Gobierno, ya que éstos, sin maquillaje posible, acaban de cobrarse cincuenta y un muertos y setecientos heridos. Por eso creo, como Majul, que están empezando a entrarle las balas, esas que ha tirado contra su propio pie desde 2003.

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