Opinión Nacional

Actuar o lucubrar

No puedo ser, por formación y por convicción, de aquellos que consideran incompatibles el pensamiento y la acción, es más la acción atolondrada o impensada ha sido la causa de muchas de las desgracias que hoy padecemos.

Albert Camus el egregio intelectual y premio Nobel piet-noire, es decir francés nacido en Argelia, lo dijo inmejorablemente en sus “Cartas a un amigo alemán”, durante la segunda guerra mundial, cuando expresaba: “La razón no puede nada contra la espada, pero la espada blandida por la razón es la eterna vencedora de la espada blandida por la espada”. Pues bien, la espada, el grito, la fuerza bruta, la demagogia sin metas trascendentes, sin sentido de la historia y de la grandeza, están sin duda encarnados en esa mezcla indigesta de Perón, Khaddafi, Saddam Hussein, Fidel, y hasta el calumniado Libertador que pretende ser Hugo Chávez -junto a sus sobreseídos y seráficos 40 compinches-. Para enfrentarlo es necesaria una fuerza coherente y lúcida, pero decidida y con claro sentido de la meta -una sola- a corto plazo, lo que no significa abjuración de nuestras diferencias ideológicas o de sensibilidad, sino instinto primario y vital de supervivencia: En Venezuela no habrá libertad plena y posibilidades de una realización plural y coexistente, sino una vez defenestrado de la primera magistratura el trágico y bocón Chávez, mientras él la ocupe no habrá lugar para la esperanza ni futuro que construir. Simplemente, aquel que crea -a estas alturas- en la posibilidad de que él cambie no es ingenuo, es idiota.

La megaplasta, como denominan con acierto el abortado proceso electoral del 28 de mayo, ha otorgado es cierto, un tiempo mayor -aunque aún indeterminado- y sería tonto no aprovechar para darle contenido sustantivo a una campaña que forzosamente fue y tenía que ser superficial y adjetiva, sobre todo por parte de aquellos que están en condiciones intelectuales de aportar sustancia y sumar inteligencias y voluntades de los mejores venezolanos, es decir de Claudio Fermín y del único candidato en condiciones de derrotar a Chávez: Francisco Arias Cárdenas. En este sentido aplaudo y comparto las posiciones señaladas por figuras como Manuel Caballero o Elías Pino Iturrieta, por ejemplo, pero el sentido de perentoriedad y de necesidad imperiosa pone en el mismo nivel de importancia iniciativas como la planteada por William Izarra -¡Hay que tomar la calle!- junto a las grandes definiciones programáticas y en línea paralela y ascendente: estrategia y táctica, razonamiento y acciones concretas. De que ambas dimensiones pueden manejarse simultáneamente está llena la historia, sin recurrir a más citas -tan desprestigiadas hoy en día- el más lúcido intelectual de la revolución bolchevique fue el autor del golpe de Estado de octubre de 1917 y el organizador del ejercito rojo: León Trotsky.

Criadillas y materia gris, bien engranadas y combinadas, un duelo con Chávez no será nunca un juego floral, ni dar ni pedir cuartel. Tan importante como las discusiones son los diseños de los mecanismos prácticos que impidan un escamoteo electoral: los antikinos, los anticuerpos ya deben estar listos. ¡La pelea es peleando! El terreno es ese, no la Arcadia o el Olimpo. Toquen roca, como diría Oscar Yanes.

Por cierto, ¿Qué ha ocurrido con la gravísima denuncia que hizo el comandante Urdaneta Hernández sobre los 300.000 dólares para la guerrilla colombiana?

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